Revista Ritmo
Ritmo 1929 – 20XX

Fernando Rodríguez del Río

Fernando Rodríguez del Río

Fundador y Director
1929 - 1976

Antonio Rodríguez Moreno

Antonio Rodríguez Moreno

Director
1976 - 2010

Fernando Rodríguez Polo

Fernando Rodríguez Polo

Director
2010

RITMO 1929 - 20XX

Apuntes históricos de una revista española de música clásica
con 88 años en el mercado

La revista de música clásica RITMO, desde su fundación en 1929 hasta nuestro días, ofrece una auténtica enciclopedia de la vida musical española e internacional en el siglo XX y primer cuarto del XXI, en sus más de 900 números. Más de 65.000 páginas con las mejores firmas del periodismo musical español y colaboraciones de grandes nombres de la composición e interpretación. La historia y el desarrollo de las ediciones fonográficas desde el microsurco hasta el CD, el DVD, el Blu-ray e Internet. La vida musical española en la república y en la posguerra. El desarrollo y crecimiento de la música clásica en la sociedad española de la democracia y hasta nuestro días. Más de 80 años de historia de la música clásica en España. Una revista tan longeva se ha debido adaptar a los tiempos, en cada una de las épocas de su historia, siendo este el secreto de su supervivencia. Hoy RITMO ofrece a los aficionados y profesionales un medio de comunicación global, dentro de un entorno multimedia, con ediciones en soporte papel, digital, internet y redes sociales, con una posición líder en el mercado español y una amplia presencia y prestigio internacional.

Desde esta página web queremos anotar destacados apuntes históricos que han sido claves en la historia de la revista, así como agradecer a todas las firmas colaboradoras que han sido y son las auténticas artífices de la existencia de esta revista.


Las claves de la revista RITMO

La revista de música clásica RITMO se fundó en noviembre de 1929 por Fernando Rodríguez del Río, un músico profesional (pianista), agente de conciertos, gran emprendedor, promotor del colegio oficial de músicos, amante del periodismo, de la información y de la divulgación musical. Un gran altruista que nunca dudó en anteponer los intereses de "su revista" a los personales.

El eslogan fundacional de la revista RITMO fue: Al servicio de toda la música.

RITMO, desde su número 1, se ha publicado ininterrumpidamente, salvo el período de la guerra civil española, hasta nuestro días, ofreciendo más de 900 números, con periodicidad quincenal en sus primeros años, pasando luego a mensual.

RITMO afrontó, ya desde el año 2008, el reto digital en Internet con la creación del portal web www.forumclasico.es , que actualmente es líder en la información "online" de música clásica en español, incluyéndose en el mismo la edición digital mensual de la revista. Posteriormente desarrolló el portal www.ritmo.es en conexión con ForumClásico y sus redes sociales en FaceBook y Twitter. Todo ello, le ha permitido estar actualmente a la vanguardia de la información musical global, con nuevos y excitantes nuevos proyectos para la red.

Toda la trayectoria de RITMO ha sido marcada por la labor editorial de una familia, la familia Rodríguez, que con ya tres generaciones al frente de sus actividades y con el apoyo incondicional de gran número de músicos, profesionales, colaboradores y aficionados, ha conseguido llegar a estos más de 80 años de presencia activa y permanente en la vida musical de nuestro país.

Los directores de RITMO:

o    Rogelio del Villar (1929-1936)

o    Nemesio Otaño  (1940-1943)

o    Fernando Rodríguez del Río (Abril 1943 - Mayo 1976)

o    Antonio Rodríguez Moreno (Junio 1976 - Marzo 2010)

o    Fernando Rodríguez Polo (Abril 2010).

Cargos destacados de la redacción en épocas recientes:

o    Angel Fernando Mayo, fue Subdirector
(Enero 1977 - Marzo 1981).

o    Javier Alfaya, fue Subdirector
(Abril 1981 - Julio 1981).

o    Ramón Barce, fue subdirector
(Septiembre 1981 - Julio 1993).

o    Manuel Chapa Brunet, fue Redactor Jefe
(Mayo 1975 - Diciembre 1976)

o    Amelia Die Goyanes, fue Redactora Jefe
(Abril 1981 - Abril 1986)

o    Pedro González Mira, fue Redactor jefe
(Febrero 1987 - Octubre 2012)

o    Elena Trujillo, fue Coordinadora de Redacción
(Mayo 1990 - Marzo 2014)

o    Gonzalo Pérez Chamorro, fue Redactor Jefe
(Noviembre 2012 - Octubre .2013)
Editor desde Noviembre 2013

El Consejo Editorial actual: Angel Carrascosa Almazán y Pedro González Mira

Colaboradores destacados en la historia de Ritmo

o    Higinio Anglés, Luis Araque, Conrado del Campo,  Manuel de Falla, Enrique Franco, Antonio Iglesias, Eduardo López Chavarri, Fernando López Lerdo de Tejada, Arturo Menéndez Aleixandre, Joaquin Nin, José Ignacio Prieto, José Puerta, Leopoldo Querol, Joaquín Rodrigo, Ángel Sagardía, Adolfo Salazar, Federico Sopeña, José Subirá y Joaquín Turina, entre otros, en su primera época.

o    Ángel Carrascosa, Manuel Chapa, José Luis García del Busto, Pedro Machado de Castro, Enrique MartínezMihura, Teresa Montoro, José Luis Pérez de Arteaga, Arturo Reverter, Enrique Rubio y Ana Vega, tuvieron puestos de responsabilidad editorial en la redacción en las décadas de los años 60, 70 y 80.

o    Gonzalo Alonso Rivas, Roberto Andrade Malde, Ricardo Badenes, Rafael Banús, Yorenç Barber, Domingo del Campo, Xoan Manuel Carreira, Santiago Herrero, José Miguel López, Santiago Martín Bemúdez, Agustín Muñoz, Alfredo Orozco, José Ignacio de la Peña, Fernando Peregrín, Enrique Pérez Adrián, José Prieto Marugán, Gerardo Queipo de Llano, Joaquín Rubio Tovar, José Carlos Ruiz Silva, Andrés Ruiz Tarazona, Jacinto Torres, María Dolores Vega, entre otros, fueron colaboradores destacados en los años 60, 70 y 80

o    Agustín Blanco Bazán, Jorge Binaghi, Nestor Echevarría, Pierre-Rene Serna, entre otros, son destacados corresponsales internacionales en la actualidad.

o    La lista de los colaboradores de los años 90 y del presente siglo están disponibles en las manchetas editoriales de las revistas actuales, siendo su número muy extenso y de fácil y libre el acceso para su consulta desde las ediciones digitales del archivo histórico de la revista.

Algunos datos de interés:

o     RITMO ha sido galardonada con la Medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes en el año 2004.

o    Actualmente la revista RITMO se publica mensualmente en formato papel y en formato digital.

o   Edita los portales web de música clásica clásica www.forumclasico.es y www.ritmo.es, disponiendo de servicios informativos especiales en redes sociales vía Twitter y Facebook

o    Para una visión más profunda de la historia de Ritmo, y de las personas que han colaborado con la revista, véase nuestro Archivo histórico de revistas en la WEB de Prensa Histórica del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, donde están digitalizadas todas las revistas desde 1929 hasta 2016 (acceder). El archivo digital de las revistas desde 2016 se encuentra disponible en la web de ForumClasico en la sección Ritmo en PDF (solo para suscriptores de la edición digital de RITMO).
Los índices generales de la revista, que cubren los años 1929-1979 y 1980-1988 (dos volúmenes), se pueden descargar libremente, en formato PDF, desde los enlaces que incluimos más abajo. Estos índices fueron realizados por: 1929-1979 por Jacinto Torres y su equipo de documentación formado por Mª Ángeles Martín, Antonio García y Pilar Gutiérrez; 1979-1988 por Valentina Granados y Pilar Gutiérrez (Índices también disponibles en la WEB de Prensa Histórica del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte)

Acceso al Archivo Histórico: Acceder

Descarga en PDF de los índices generales 1929-1979: Acceder

Descarga en PDF de los índices generales 1980-1988: Acceder

o    Números especiales destacados en la historia de RITMO:

1940 Diciembre (nº141): Especial Tomás Luis de Victoria

1949 Noviembre (nº224): Especial 20 aniversario.

1954 Noviembre (nº265): Especial 25 aniversario.

1956 Marzo (nº277): Especial Mozart

1961 Diciembre (nº323): Especial estreno de La Atlántida

1970 Diciembre (nº407): Especial Beethoven

1976 Diciembre (nº467): Especial Manuel de Falla

1977 Diciembre (nº477): Especial Centenario Fonógrafo

1978 Diciembre (nº487): Especial Schubert

1979 Noviembre (nº496): Especial 50 aniversario

1982 Diciembre (nº528): Especial Stranvinsky

1988 Noviembre (nº593): Especial 60 aniversario

2016 Octubre (nº900): Especial  número 900

Números especiales de libre acceso en formato digital desde el
 Archivo Histórico: Acceder

o    Cambios de cabecera en la revista (logotipo):

o    1929 (original), 1957, 1970, 1988 y 2017


Una visión objetiva sobre RITMO

Para cerrar esta página de apuntes sobre la historia de RITMO, y con el fin de dar una visión global sobre la misma, incluimos un artículo sobre  la evolución de nuestra revista a lo largo de estos más de 80 años, publicado en el número 900 de la revista (Octubre 2016) y en el que Pedro González Mira, redactor jefe de la publicación durante más de 25 años,  en la actualidad consejero de la editorial,  ofrece una visión muy objetiva de la evolución de la publicación hasta nuestros días:

900

900: tres dígitos que, alineados, indican que esta revista ha sido editada ya ese número de veces; pero también que  ya queda muy poco para que cumpla 90 años; y algo más, pero que también es poco: para que llegue a los 100. Algo soberbio, increíble, imponente: una publicación musical que tiene serias posibilidades de convertirse en centenaria, en un país en el que sus más egregios historiadores del pasado presente tildaron de país de sordos, pero que, a la chita callando,  supo  y ha seguido sabiendo esquinar esos grandes discursos para, modestamente y sin vergüenzas, llenar las salas de conciertos del mundo de solistas criados en su seno, huyendo de la penuria musical que esos mismos intelectuales de la apreciación creaban con sus opiniones llenas de ignorancia cuando no de intenciones poco confesables. Es decir: aquí talento musical nunca ha faltado, y hasta el extremo de abrirse paso entre las zancadillas de unas estructuras de Poder que siempre vieron en la Cultura una especie de entretenimiento para señoritas, y en ningún caso una pieza clave para la formación de la gente, amén de un indicador más –y no el menos potente- de nuestro producto interior bruto.  Es absolutamente necesario entender esto – y aceptar que así ha sido en un pasado no muy lejano y, por desgracia, para algunos políticos así sigue siendo en la actualidad-  para comprender otras cosas: por ejemplo, cómo demonios ha conseguido esta publicación regalarnos esos 900 números; cómo ha logrado atravesar las múltiples crisis sociales, económicas y hasta de pura identidad cultural que le ha tocado vivir.

Pues, para empezar, con una sorprendente capacidad para posicionarse ante los distintos Gobiernos en cada momento con una independencia a prueba de bomba, y hablando siempre claro. Para empezar. Porque ese posicionamiento ha tenido lugar en un clima de manifiesta hostilidad, ante crisis –muchas y diversas en la historia pasada y reciente de España- que si bien han sido significativas para desentrañar la naturaleza y los porqués de los buenos y malos momentos de nuestra andadura musical, nunca justificaron esa (falsa) durante demasiado tiempo cacareada ausencia de talento de nuestros músicos. RITMO ha llegado donde ha llegado con una reivindicación como bandera: la defensa de la música española, lo que es de pura justicia poner de manifiesto a la hora de hacer cualquier comentario sobre su historia, pues hoy todo el mundo se ha subido ya a ese carro (es lo que le sucede a los que nacieron cuando ya estaba hecho el trabajo sucio), cuando hace treinta o  cuarenta años la moda más burguesa dictaba que esa era una apuesta de perdedores. En resumen: durante décadas, RITMO no solo ha tenido que sortear crisis, posicionarse ante las clases dirigentes (sin ir contra nadie, pero no a favor de nadie), definir un rol cultural para el periodismo musical aceptable para todos  y convencer a sus lectores; también abordar activamente un asunto que en España ha sido espinoso durante décadas: la evolución de la relación entre el talento de su producto (sus músicos) y los medios –públicos y privados-  existentes para que la música pasase de ser un pasatiempo a constituirse en verdadera industria cultural.  Como resultado de todo ese proceso, un repaso minucioso de los contenidos de esta revista en una horquilla temporal generosa revela que, efectivamente, se han ganado unas cuantas batallas para la creación, difusión y gestión de la música en nuestro país, pero, para desesperación de todos, la responsabilidad de cuantos  males han tenido que vivir esos tres aspectos fundamentales de la cosa musical  casi siempre ha recaído en las políticas culturales dictadas por nuestros dirigentes políticos, nada proclives a una educación en libertad, y  con herramientas libres. Antes y hoy. El de la música clásica en nuestro país ha sido y sigue siendo un problema importante. Pero solo una pequeña parte de un grandísimo problema, el de la Educación.    

Se comprenderá que una glosa de una revista como esta, además de incluir  un largo listado de logros o méritos, debe comenzar con una reflexión como la expuesta arriba. Porque en este país, al hacer este tipo de análisis se sigue imponiendo partir necesariamente de un punto de mira fijo sobre el concepto de supervivencia cultural. En el caso de RITMO, musical, que todavía es peor. Cumplir años encierra su mérito; significa, en principio, haber hecho las cosas bien. Pero a veces, ni aun así: convertirse en testigo de desaliños colectivos, describirlos, denunciarlos y dar soluciones no es un trabajo agradable: esta revista nació en1929, pronto tuvo que parar máquinas por la Guerra Civil, y cuando esta acabó se tuvo que acomodar a una situación política nada fácil; es muy periodístico trabajar en estas condiciones (la censura azuza el ingenio), pero, al mismo tiempo, eso aleja de la esencia informativa para caer en un sentimiento crítico que lo invade todo, aun dentro de los férreos límites que establecía tal censura. Así se tuvo que trabajar en la redacción de RITMO hasta la llegada de la Democracia; con un inconveniente constante: la crítica en sí misma es muy buena, pero cuando se toma como fin, vicia y ensucia la realidad. Se hace necesario, por eso, recordar que en RITMO, como en otras empresas culturales en la España de la post-guerra, sus colaboradores fueron cegados por el vicio de criticar todo lo autóctono y encumbrar los logros de lo extranjero. Hasta hace bien poco hemos seguido arrastrando estas cadenas. Como muchas otras. 

Los primeros años de la revista  fueron de severa supervivencia. Resistir en esos convulsos años con un producto de diseño artesanal de increíble altura fue lo que hizo el primer representante de la saga de los Rodríguez, Don Fernando Rodríguez del Río,  fundador y alma mater de la ´primera´ RITMO. Rogelio del Villar y Nemesio Otaño  fueron los primeros directores (1929-1936 y 1940-1943, respectivamente), hasta que don Fernando desembarcó en el cargo, que ocupó hasta 1976. Aquellla  RITMO fue un extraordinario producto de época, por las firmas que configuraron su mancheta; una publicación  que supo combinar  altura intelectual y el ´ juego´  con el régimen franquista de las secciones femeninas y frentes de juventudes de turno: realmente se tuvo que pagar un precio muy bajo para poder seguir haciendo lo que realmente interesaba: prensa musical nacional en todos los órdenes, y en todos los lugares,  desde los conservatorios a las salas de concierto pasando por la universidad y las asociaciones corales o de bandas municipales. Todo lo que hoy se puede consultar sobre el mundo musical de la España de la  Dictadura, lo bueno y lo menos confesable, pasa indefectiblemente por repasar aquellos números de RITMO.

A don Fernando, que era un notable pianista, le sucedió su hijo, don Antonio Rodríguez Moreno -que era un hombre al que le gustaba la música para órgano de Bach, y, ante todo y sobre todo, ´su ´RITMO-, se podría decir que en un momento en el que el país estaba afrontando su primera transición política. Suele decirse que esta revista ha conocido hasta hoy tres etapas, con los nombres de los Rodríguez al frente, pues a la muerte de don Antonio, el trabajo de la dirección recayó en Fernando Rodríguez Polo, es decir, su actual director. Es verdad, pero no toda la verdad. Porque desde el abuelo al nieto, nunca  en esta casa se ha podido percibir una línea programática cerrada. Lo mejor de esta publicación es poder comprobar a través del tiempo que, efectivamente, no hizo nunca doctrina sino que el tiempo, cada tiempo, fue - y sigue siendo-  su dueño. Por eso hacer coincidir sus etapas con las de los tres directores es una falacia: las etapas de la revista han sido las que ha atravesado el país desde 1229 hasta hoy, lo que arroja un total de bastante más que tres. ¿Se pueden delimitar, diferenciar, definir?

Ya se ha hablado de la primera, que es clara: los años de galeras. Pero a partir de la teórica segunda etapa, ya con don Antonio como director, los acontecimientos en RITMO se suceden a la misma velocidad que los cambios en el país: a un ritmo frenético y con diferentes resultados. El flamante nuevo director hereda la idea básica de su padre acerca de la necesidad moral de trabajar por la música española; pero la música española de la España oficial no avanza a la misma velocidad que la de la España real. Y esa tensión dialéctica entre sueños y realidades se pone de manifiesto en las páginas de la revista con envidiable fluidez y todo lujo de detalles, algo en lo que, sin duda, jugó un papel determinante un plantel de firmas que en esos momentos se estaba creando pero que apuntaba altas maneras, como al paso del tiempo se ha demostrado palmariamente. RITMO se convirtió así en escuela de críticos, pero continuaba siendo un producto artesanal, mientras que  las cosas avanzaban muy rápido hacia una democracia que nadie imaginaba pudiera surgir de manera tan natural y sencilla, al menos en apariencia. Pero sucedió. En ese momento la revista podría haber seguido el camino fácil, el testimonial, el trazado por las últimas fuerzas del oficialismo, pero no fue así. Gracias, sin duda, a la sagaz visión de futuro de don Antonio.

Hay varios factores que en ese momento determinan el importante cambio a que se ve a ver sometida la publicación. Por un lado, una apremiante necesidad de profesionalización de sus cuadros; y  por otro la fuerza de la creatividad que marca el empuje de la tercera generación de los Rodríguez: Antonio sigue al pie del cañón, pero su hijo, el segundo de los ´fernandos´, apremia con ideas y hechos: RITMO ha de adquirir un compromiso comercial claro, ´al servicio de la Música´, de toda la música,  sin el cual es imposible no ya su absolutamente necesaria modernización sino su supervivencia (otra vez la palabra mágica). Es decir por segunda o tercera vez la revista muestra su instinto, su auténtico ADN.  Y otra vez saca la cabeza. En esta ocasión, con mucha más fuerza.

Con más fuerza; quizá la misma con que España va haciendo suya la idea de país descentralizado administrativamente; de país necesitado de construcción de piscinas en sus pueblos, pero también de redes culturales que se extiendan en la España radial que se está diseñando. Este es quizá el momento de mayor gloria de la revista, el de la Transición política, posterior construcción de sus principales infraestructuras musicales (salas de concierto, orquestas, etc., en el caso de la música)  y puesta en marcha de las mismas. Todo este trasiego marca sin duda otra época en la publicación, en la cual se realiza una importantísima labor en la difusión de la gestión musical realizada desde las recién nacidas comunidades autónomas, que es muchísima, muy buena y sobre todo necesaria para abordar un futuro que mira hacia Europa sin complejos. Es decir, situando el vector del progreso no ya en la descentralización sino en la cesión de identidad nacional a Europa para ganar algo mucho más esencial: la entrada por la puerta grande en un mundo que comienza a globalizarse. 

Pero los hechos se suceden a tal velocidad que en poco tiempo las ideas se agotan. ¿Hablamos ya de una nueva etapa? Pues algo así. Porque ya metidos en la década de los ochenta del siglo XX se produce una tremenda revolución  que a cualquier revista de música que se preciara le concerniría directamente: el paso del vinilo al soporte digital en la reproducción musical grabada. Si los años 60 y 70 habían sido para los principales países europeos las décadas del auténtico despegue artístico tras la post-guerra europea, los ochenta, con sus recién nacidos cedés significaban para nosotros los españoles la democratización musical esperada: se acabó eso de tener que viajar a Londres para comprar vinilos con prensados de calidad; los Furtwängler, Klemperer, Barbirolli, Walter, Karajan, etc. comenzaron a entrar en nuestras casas de forma masiva y bien oídos.  Y RITMO, otra vez, tuvo que cambiar. Y cambió. Porque ante semejante avalancha discográfica la revista se escoró en buena medida hacia el mundo del disco, de manera directa o indirecta: no solo había discos, se creó un estilo periodístico que han seguido al pie de la letra todas las que han venido luego: hablar de un músico, de una música, de un intérprete… pero explicando todo eso con un disco en la mano. El disco como guía espiritual y herramienta de trabajo se había convertido en el rey de la fiesta musical.  

La primera década del siglo XXI  significa para RITMO un nuevo cambio, que si bien estaba siendo cantado a velocidad de vértigo, nadie podía prever que fuera acompañado de una de las crisis económicas más salvajes de la historia reciente y la más importante revolución sociológica en el consumo probablemente de la historia del hombre: la industria discográfica, que llevaba ya tiempo sometiendo al disco a un grado de explotación insoportable, agotó al consumidor, al mismo tiempo que se consolidaba Internet y Lehman Brothers daba el estallido. La crisis de la que todavía seguimos hablando hoy había comenzado, ante la pasividad y el descreimiento de la autoridad competente. Para la revista, todo esto coincide, además, con el fallecimiento de don Antonio. Su actual director ha de gestionar en estas circunstancias  avatares muy complejos: un mercado musical no ya esquilmado sino absolutamente roto y unos hábitos de consumo cuya base intelectual tiene tres dígitos (140 caracteres) no son las mejores circunstancias para seguir desarrollando una empresa cultural como RITMO. En el  nuevo escenario -un mar de aguas turbias y revueltas-  la nueva música, los nuevos intérpretes (que son mejores que nunca) y los compositores jóvenes tienen que buscarse la vida para sobrevivir. Pero ¿y RITMO? ¿Qué hará en los próximos años?  Pues a mí me parece que lo de siempre: seguir estando al lado de la Música, de sus protagonistas, porque, al fin y al cabo,  esta  es una revista que siempre supo dónde estar y hacer bien algo tan sencillo y a la vez tan complejo: sobrevivir. Ojalá no esté equivocado.

Artículo de Pedro González Mira, publicado en el número 900 de Ritmo (Octubre 2016)

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