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En recuerdo de Delfín Colomé
JUNIO 2018 / número 919

En recuerdo de Delfín Colomé

Un humanista amigo

El pasado 12 de abril se cumplieron diez años desde el fallecimiento, en Seúl, de Delfín Colomé. Nacido en Barcelona en 1946, su desaparición a los 62 años de edad (al morir le faltaban dos días para cumplirlos) fue un duro golpe no solo para su esposa Elena, demás familia y amigos más próximos, sino una lamentable pérdida sufrida como tal por muchas personas pertenecientes a ámbitos muy diversos y de localización geográfica extendidísima.

Licenciado en Derecho en 1968, Delfín Colomé terminó su formación en la Escuela Diplomática de Madrid en 1975. Fue un diplomático de carrera brillantísima, con etapas intensas en el continente asiático que tan bien conocía y por el que tanto se interesó: había sido embajador en Filipinas, en Singapur y, en el último tramo de su vida, en Corea del Sur, y durante un tiempo fue director ejecutivo de la Asia-Europe Foundation. Pero entre sus destinos diplomáticos estuvieron también las embajadas de México, Bulgaria, Noruega, Islandia… Prestó servicios a la Unión Europea, al Consejo de Europa y a la UNESCO. Durante unos años en Madrid trabajó en el Ministerio de Asuntos Exteriores como óptimo director de relaciones culturales en una etapa, por cierto, en la que prestó inestimable colaboración y ayuda a quienes trabajábamos por la difusión de la música contemporánea española en el extranjero desde el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC), unidad del INAEM que ya no existe. También colaboró a la expansión internacional de la red del Instituto Cervantes.

Delfín Colomé era también músico, y su energía vital y su capacidad de trabajo consiguieron que no fuera solo un músico en ratos libres, sino alguien que supo compatibilizar sus distintas vocaciones y hacer profesión de todas ellas. Estudió piano, dirección de orquesta, armonía y composición en su ciudad natal, y fue un profundo degustador, conocedor y estudioso de la Danza, arte músico-teatral al que aportó importantes trabajos teóricos: libros como El indiscreto encanto de la danza (E. Turner, 1989), Pensar la danza (Ed. Turner, 2007), La guerra civil española en la Modern Dance (Ed. de A. Álvarez Cañibano, Centro de Documentación de Música y Danza del INAEM, 2010), o ensayos como Lorca coreográfico (publicado en la sección “Invenciones y ensayos”, del núm. 535 de los “Cuadernos Hispanoamericanos”, 1995).

Al socaire de sus distintos destinos y actividades, Colomé dirigió orquestas como la Orquesta de Cámara de Algeciras o la Cebú Youth Symphony Orchestra, así como otros conjuntos en su juvenil etapa al frente de la “Obra del Ballet Popular”, institución barcelonesa nacida al calor de la sardana. Impartió docencia en el campo de la música de cámara en cursos impartidos bajo el ala de la Fundació la Caixa y fue profesor de Estética en la Universidad Autónoma de Madrid. Hizo crítica y labor difusora de la música escribiendo en “Diario 16” y en numerosas revistas culturales y musicales, así como impartiendo conferencias por todo el mundo.

Dos de sus facetas (la de investigador/escritor y la de apasionado de la danza) se conjugan en varios libros que antes he citado, entre los cuales me parece especialmente interesante (por la especificidad de su tema) el que podríamos denominar como su último libro, pues fue editado después de su muerte. Me refiero a La guerra civil española en la Modern Dance, 1936-1939, texto de bien explicativo título, que publicó el Centro de Documentación de Música y Danza, del INAEM y que prologaron Félix Palomero (entonces director general del INAEM), Antonio Álvarez Cañibano (director del mencionado Centro) y el profesor José Jiménez, bajo cuya dirección había llevado a cabo Delfín Colomé la tesis con la que se doctoró en Estética y Teoría de las Artes, es decir, el trabajo que derivó en tan espléndido libro.

 

Faceta compositiva

En cuanto a su faceta de compositor, Delfín Colomé empezó a hacerse notar como tal en los años ochenta y, desde el principio, en su catálogo de obras quedaba claro que al componer iba a manifestarse como lo que era: un hombre de cultura, una persona de inquietudes y gustos universales, un verdadero humanista. Reparemos, por ejemplo, en una muestra de su música de cámara tan atractiva como El jardín de las delicias, con explícitas referencias al genial cuadro de El Bosco, más un guiño a los Cuadros de una exposición de Mussorgsky, sustanciado en la presencia inicial y final del tema Promenade. En otras ocasiones aludió, como aquí, a compositores del pasado histórico: así, en el Scherzo over Beethoven (paradigma de la ironía y del sentido del humor que formaban parte notoria de su personalidad) juguetea con Para Elisa; en el final del segundo tiempo de su Concierto clásico cita a Chopin; así mismo, hay referencias menos reconocibles a sus admiradísimos Igor Stravinsky (sin duda, una de sus principales devociones musicales) y Rodolfo Halffter (uno de sus maestros) en el Concierto clásico. Y, hablando sobre esta misma obra, a Delfín le gustaba contar que alguien había comparado la esencialidad de su diseño, la limpieza de sus líneas, la sencillez de su metodología con la admirable arquitectura de Alvar Aalto.

En Tres canciones cantadas en Las Bodas de Camacho, encontramos una obvia referencia al Quijote de Cervantes… Es decir: la pintura (El Bosco), grandes clásicos de la Música (Mussorgsky, Beethoven, Chopin), maestros de la creación musical del siglo XX (Stravinsky, R. Halffter), un gran arquitecto de la modernidad (Aalto), la cima de la novela (Cervantes)… Y la poesía de cualquier tiempo, destacando la exquisitez sublime, la elevada espiritualidad de José Ángel Valente que le inspiró Breve son.

Como apuntaba, la música de Delfín Colomé es más que solfa, más que música, está repleta de motivaciones, referencias, guiños y homenajes a todas las manifestaciones de la cultura. Es la música de un humanista. Disfrutar de ella es, por supuesto, lo que mejor podemos hacer en su memoria.

 

Reseña de un libro singular

Con carácter póstumo se editó La guerra civil española en la Modern Dance, 1936-1939, un libro en el que Delfín Colomé ofrece su visión sabia de muchos aspectos de la danza contemporánea, a la vez que desarrolla un tema de tan específico y singular planteamiento que, sin duda, va a quedar como referencia ineludible de los ecos que el mundo internacional de la danza se hizo de los horrores de la guerra civil española, a menudo tomados como representación de los horrores de la guerra en general.

Con rigor universitario y buena prosa, el autor traza una semblanza de la personalidad y de la obra de Isadora Duncan, la gran precursora de la danza moderna, y valora las aportaciones de Ruth St. Denis y la importancia de la escuela que esta coreógrafa fundó con Ted Shawn, de la que surgieron inmediatamente figuras capitales de la danza del siglo XX, como Doris Humphrey y Martha Graham.

Colomé sitúa el origen de la Modern Dance precisamente en un espectáculo de Martha Graham ofrecido en 1926, propuesta que considera definitivamente rompedora con la tradición del ballet romántico, cuya última gran figura había sido Marius Petipa. Sigue una reflexión sobre la interacción política/danza que se dio en Estados Unidos en los años treinta, con iniciativas como las coreografías panfletarias de apoyo al Partido Comunista estadounidense, las actividades del New Dance Group y de la Workers Dance League, el Congreso de la Danza y el Festival paralelo que la New Dance League convocó en mayo de 1936, etc.

Tras establecer el paisaje general, Delfín Colomé pasa a comentar todas y cada una de las veintidós coreografías existentes sobre el tema escogido, fruto del trabajo de diecisiete bailarines-coreógrafos, desde Women of Spain, de Ted Shawn, hasta Spanish Woman, de Lily Mehlman (con música de Paul Creston y que presentaba dos partes: Nana por el niño muerto y No pasarán). Con amplitud y pasión, Colomé escribe sobre la genial Martha Graham, valorando la globalidad de su aportación, antes de analizar sus dos coreografías sobre nuestra guerra: Immediaty Tragedy y Deep Song, ambas con música de Henry Cowell.

Sigue el perfil de la multifacética Angna Enters, artista apasionada por el helenismo y el hispanismo, quien nos dejó alguna información acerca de sus dos coreografías sobre el tema: Spain Says Salud! y Flesh Possessed Saint / Red Málaga / 1936. Amplia y muy positiva es la referencia a Helen Tamiris, cuya ambiciosa coreografía titulada Adelante, con música de Geneviève Pitot, levantó gran expectación, entre otras cosas, por el enorme contingente orquestal que requería. Tampoco es pequeño el de Guns and Castanets, coreografía de Ruth Page sobre un tema que le apasionaba, la Carmen de Merimée. Danza de la muerte es presentada por Colomé como la “primera coreografía seria y consistente” de su admirado José Limón, de quien escribe con detalle sobre su figura artística, su técnica de danza y sobre los buenos resultados de su maridaje artístico con Doris Humphrey. Anna Sokolow fue artista muy comprometida social y políticamente, y su ballet sobre nuestra guerra civil (Slaughter of Innocents) es uno (no el único) de los que derivan del impacto causado por el Guernica de Picasso: una madre doliente, en busca de su hijo bajo bárbaros ataques aéreos. Esta coreografía de Sokolow se bailó muchas veces y se tituló Madrid 1937, tras la revisión a la que la sometió su autora en 1944.

El marcadísimo protagonismo femenino de buena parte de estas coreografías se da también en Women of Spain, de Jane Dudley y Sophie Maslow, quienes utilizaban música de Joaquín Turina y del repertorio flamenco. También había flamenco en parte de la partitura de Legenda / Tragic Fiesta, trabajo de Pauline Koner, mientras que la “panfletaria” propuesta coreográfica de Sophia Delza, utilizaba piezas de Falla y Chopin en las dos partes de que constaba: We Weep for Spain y We March for Spain. De la exhaustiva investigación llevada a cabo por Delfín Colomé y resumida en el libro objeto de esta reseña, se desprende que una coreografía de Ida Soyer también se refiere al conflicto bélico español: War Face, pieza dedicada a un amigo que quedó ciego combatiendo con el Batallón Lincoln y, por extensión, a cuantos lucharon contra el ejército franquista formando parte de las Brigadas Internacionales. Otra rareza detectada por el autor en este libro llevaba el significativo título de No pasarán: fue obra de Lillian Shapero, bailarina de Martha Graham. La militancia ideológica era igualmente clara en dos trabajos sobre este tema estrenados por Miriam Blecher: Advance Scout / Lincoln Bataillon (con música de Ravel) y Flower Festival / Madrid 1937 (música de Tolbie Sacher).

En fin, se trata de un libro riguroso y al mismo tiempo de amenísima lectura, en el que se encuentra no sólo el esperable desarrollo exhaustivo y documentado del tema anunciado en el título, sino muy amplia y valiosa información general sobre la Modern Dance, sus creadores fundamentales y el entorno ideológico, político, social y artístico en el que trabajaron. Una pieza bibliográfica notabilísima. 

por José Luis García del Busto

 

Música y diplomacia
Mi vida junto a Delfín Colomé
 

Cuando conocí a Delfín, en Noruega en 1980, llevaba una temporada sin prestar demasiada atención a la música. Solía decir que los ejercicios de la oposición le habían sacado la vena lírica. En su puesto anterior en Bulgaria, había dado algunos recitales de música de cámara, pero llevaba más de seis años sin componer una sola nota. A menudo se sentaba al piano y tocaba durante un buen rato, encadenando melodías que a mí me parecían preciosas. “¿Por qué no lo escribes? Se te va a olvidar”, le solía reprochar. “No te preocupes. Son tonterías... No merece la pena”, contestaba.

A mí me parecía que aquello era un desperdicio. Muy seria le obligué a disciplinarse en una materia, la composición, que dominaba con fluidez. Así nació, digamos que por mi perseverancia femenina, la Música Neurótica, estrenada en el Konserthus de Estocolmo, o el Vals banal, estrenado en París, o las Variations à propos d’un bateau qui s’endort, para guitarra, que se han tocado por todo el mundo.

Delfín fue, poco a poco, retomando su hábito compositivo y desde el principio de los noventa los intérpretes programan con regularidad las ya más de sesenta obras de su catálogo, entre las que destacaría el Concierto clásico para piano y orquesta, encargo de Caja Madrid para el Festival de Alicante. Grabado por la Royal Academy Orchestra de Londres, un cuarteto de cuerda muy original, Scherzo over Beethoven, estrenado en el Auditorio de Madrid por el Signum Quartett de Stuttgart; las Semioesferas para guitarra y orquesta, interpretadas sobretodo en Estados Unidos. Las creativas músicas que compuso para los Juegos Olímpicos de Barcelona, su ciudad natal, en 1992. En el Festival de Santander estrenó El Jardín de las delicias, un quinteto muy peculiar (en el que Delfín rompe con algunas de sus formas de expresión habituales), en el que hace una lectura musical del famoso cuadro de El Bosco, del Museo del Prado.

Estando tantos años en Asia, compuso sobre lo que le decía su entorno, así surgieron obras con Kites (Cometas) para dos guitarras, Siete Datus para piano (siendo Datu un título nobiliario malayo), el cuarteto Singapur Sling, Three Trees para piano, estrenada en el Kumho Hall de Seúl; o Boracay Beach para dos saxofones (Boracay es una playa paradisíaca en Filipinas).

La voz humana le atraía considerablemente, escribió música para poemas de grandes poetas como nuestro José Ángel Valente, en un ciclo de cuatro canciones: Breve Son; Shakespeare, en Two Shakespeare Sonnets; Cervantes, en Canto de la Poesía del Quijote; Alberti, en Telegrama Nueva York, NY. O poetas Asiáticos: José García Villa, Bonifacio, la lista es larga... Su creatividad estaba siempre activa, amaba los boleros y el rock and roll. En honor de Pérez Prado compuso Mambo NºN.

¿Cómo encontraba tiempo para componer? El solía decir que la razón principal era que no jugaba al golf. Pero yo le vi componer en todas partes: levantándose temprano, en los aviones, aprovechando algunos minutos antes de salir para una cena, porque tenía una gran capacidad de concentración que le facilitaba mucho las cosas.

Algo que nos resultaba a los dos muy divertido era la dirección de orquesta. Delfín había estudiado dirección en el Conservatorio y, de joven, dirigía. A partir de los noventa, retorna a la batuta y dirige unos diez o doce conciertos al año. De hecho, fue titular de su propia orquesta de cámara en Andalucía. Ello nos llevaba a hacer verdaderas locuras, como aprovechar cinco días de vacaciones para volar el jueves de Manila a Londres durante el día, llegar a Andalucía el viernes por la mañana, ensayar por la tarde, y el sábado por la mañana, dirigir un concierto, el sábado por la noche en Algeciras, otro el domingo por la tarde en Sevilla, y salir corriendo por la noche para volver a Manila. Diréis que es una locura... pero bueno, nos lo pasábamos muy bien, los conciertos eran un éxito y no hay que olvidar que la dirección de orquesta es una de las actividades mejor pagadas del mundo de la música. De hecho, Delfín ganaba casi tanto dirigiendo dos conciertos en un fin de semana como trabajando medio mes como Embajador…

Por ello, alguna vez se planteó la alternativa de dejar la diplomacia para dedicarse enteramente a la música. Recuerdo, como anécdota, que cuando vino el ministro Abel Matutes a Manila, en la cena oficial que le ofrecimos en la residencia, al brindar, en presencia de altas personalidades filipinas, dijo algo así como: “y brindo por Delfín Colomé porque, con el dinero que podría estar ganando haciendo música por ahí, ha preferido entregarse con tesón a su trabajo de Embajador en Filipinas”.

Pero así fue. A Delfín le gustaba mucho la diplomacia. Hizo una carrera muy gratificante y pensaba seguir al pie del cañón por muchos años. La diplomacia le dio la libertad total para hacer la música que le apetecía, sin limitación alguna. Pero la música confirió también a su carrera diplomática una dimensión distinta, de calidad y altura.

Cuando en 1998 SSMM los Reyes de España acudieron a Filipinas, después de la cena de gala hubo un gran espectáculo que concluyó con una interpretación de dos piezas a dos pianos. Los pianistas eran Amelita Ramos, esposa del entonces Presidente de la República, Fidel V Ramos, y Delfín. Tuvieron un éxito espectacular.

Dirigía también una sensacional orquesta de jóvenes filipinos, la Cebú Youth Symphony Orchestra (de la que fue director habitual) en un concierto en el Palacio Presidencial de Malacañan, después de una vibrante interpretación de La boda de Luis Alonso y de España cañí, el Presidente Estrada, emocionado, entregó a la Orquesta un cheque sustancioso para ayudar, con becas, a los jóvenes músicos más necesitados. Y ante todo el público, tomó la palabra y le dijo a Delfín: “Embajador, procure jubilarse cuanto antes y quédese en Filipinas dirigiendo orquestas y ayudando a nuestro jóvenes músicos...”.

En Seúl también practicó la dirección de orquesta. Corea era un paraíso musical para él, y allí compuso sus últimas obras. La póstuma, su Zortziko, dedicada al insigne guitarrista Agustín Maruri.

por por Elena Colomé


Fondo Delfín Colomé: Donación
Real Academia de España en Roma

La Academia de España recibió en 2011 la donación de la biblioteca del compositor y diplomático Delfín Colomé.

Es gracias a este interés por la institución gianicolense y a la sensibilidad mostrada por sus familiares y, en particular, por su viuda, Dña. Elena Sánchez Ramos, que la Academia ha tenido el honor de recibir la donación de esta valiosa biblioteca que, especializada en música y danza, ha contribuido a enriquecer considerablemente la sección musical de nuestra colección bibliográfica. La donación consta aproximadamente de mil setecientos archivos de música, danza y partituras.

Organizado por la Embajada de España en Italia y la Academia, el 10 de junio de 2011 se celebró un acto de homenaje a Delfín Colomé, al que asistió Dña. Elena Sánchez, durante el cual se hizo entrega oficial de la biblioteca Colomé a nuestra institución. Presidido por el embajador de España, D. Luis Calvo Merino, y por el director de la Academia, D. Enric Panés, contó con la participación del también  diplomático D. Juan José Herrera de la Muela y del director del Centro de Documentación de Música y Danza del Ministerio de Cultura, D. Antonio Álvarez Cañibano. Los varios oradores supieron resaltar, a través de sus emotivas palabras, la valía intelectual, artística y humana del homenajeado, destacando su valiosa labor al servicio de la diplomacia española, así como su importancia en el panorama  musical internacional como compositor, director de orquesta, crítico e investigador. El acto culminó con la celebración de un concierto en el que se interpretaron piezas compuestas por Delfín Colomé.

http://www.accademiaspagna.org/

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