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Luis Agius
NOVIEMBRE 2015 / Número 890

Luis Agius

Alquimista de música y literatura

Cuando uno se encuentra con Luis Agius, no sabe a ciencia cierta si se trata de un escritor que compone e interpreta música o de un músico que escribe buena literatura, teatro y relatos, artículos o ensayos. La mirada de Agius, compositor, pianista y escritor, se proyecta sobre la intelectualidad en el arte, para este hombre de profunda mirada acristalada a través de sus gafas de montura, todo cobra un sentido cuando se unen las palabras arte e intelectualidad, de las que, tras un enorme esfuerzo por parte del músico, del escritor, surgen sus proyectos a modo de libro, a modo de concierto o a modo de ambos, ya que es pionero en un género que podríamos definir como “poemus”, el recitado previo de poesía dramatizada y acto seguido la interpretación de una música pensada para ese poema. “Músicos ante el abismo”, entre otras publicaciones, es un libro del que se habla en esta entrevista y un libro que ha tenido una aceptación muy buena del mundo melómano. Artista intelectual y cultivado en el arte, está convencido de que el artista siempre dará lo mejor de sí mismo si se forma en la intelectualidad.

Se impone una pregunta a la fuerza. ¿Es Luis Agius un escritor que hace música o un músico que escribe?

Lo cierto es que mi vocación es la música; siempre he querido ser músico. No hay una razón que lo explique; la música es mi vida y mi pasión. Una pasión que trato de transmitir en mis conciertos, a los oyentes, a las personas que asisten a mis conferencias. Como una vida sin música es inconcebible e insoportable y ambas, música y vida son una pasión, desde este punto de vista soy músico. Pero también es verdad que la llamada de la literatura es muy fuerte en mí, existe una interconexión invisible entre estas artes, se necesitan la una a la otra, más allá del fenómeno de la sinestesia, que es algo que he comprobado. En mi formación siempre he tratado de cultivarme desde el aspecto intelectual, ya que la clave está en educar la sensibilidad, como trato de explicar en las charlas culturales que ofrezco habitualmente. Como amante absoluto de todas las manifestaciones artísticas, trato de sumergirme en el arte lo más profundo que puedo. Música y literatura en primer lugar, pero seguidas de cerca del resto de las artes, como pintura o filosofía, entendida como arte más que como ciencia.

Hubo algún momento en que la literatura dio un golpe en la mesa en su vida creativa…

En un momento determinado, siendo músico, sintiéndome músico y haciendo constantemente música, actividades irrenunciables en mi vida, comienzo a escribir y, como todo han sido parabienes, aunque el camino sea duro, la recompensa es grande. Sin duda, comenzar a escribir ha merecido la pena y combinar la música con la literatura es muy gratificante.

Ingresa en una lista de compositores/intérpretes que también son escritores, con un importante matiz que le diferencia de aquellos, que sus escritos, en bastantes casos, no son o no están dedicados a la música…

Siempre me ha interesado mucho la filosofía y he estado ligado al mundo del teatro, afirmando en este momento que seguramente extenderé esta proyección a la poesía. En cierta medida, la poesía ya está muy dentro de mi acción creativa, ya que combino poesía y música en mis recitales de piano. Es una fórmula que ha tenido éxito y que no combina música y poesía del modo usual, llámese canción, Lied o melodie. Se trata de ilustrar una poesía con música inspirada en ella, destinada para apreciar mejor las cualidades del poema. En estos recitales de poesía y piano un actor dramatiza el poema, sin ser recitado al uso, ya que expande con su acción teatral más posibilidades expresivas, contando al público el mismo poema, y a renglón seguido yo trato de ilustrar, acompañar y crear un ambiente con una pieza para piano que he compuesto exclusivamente inspirándome en ese poema. Con esta fórmula, contestando a su pregunta, me he acercado tanto a la poesía que me ha llevado a pensar en convertirme no ya en simple ilustrador musical, sino ciertamente en creador puramente literario.

Con esta actividad le lleva la contraria a todos aquellos que definen la música como un arte abstracto, como la llamaba Adorno en la “Teoría crítica y cultura de masas”…

Para mí la música genera imágenes, la vinculo con la poesía pero no solo con ésta. Hace poco estrené en la Casa de Valencia en Madrid la composición, mi última obra por el momento, Música sobre cuatro cuadros de Sorolla. La sinestesia que se produce cuando uno observa con detalle un cuadro de Sorolla, en mi caso particular consiste en escuchar música de Granados, y cuando escucho Granados en ver un cuadro de Sorolla…

Luz y color…

Exacto, hay muchas coincidencias entre ellos. Otro caso muy claro son los cuadros de Caspar David Friedrich con la música de Schubert, en la que el ser humano aparece como incierto en su destino, ante un fatalismo delicado. La música es la más poderosa de las artes y su abstracción es realmente concreción. Aparte de la enorme potencia que tiene la música para alterar la polaridad emocional, de la manera más radical, profunda e instantánea, quizá, aunque las demás artes también lo tengan, sea la música la que con mayor intensidad produce estos cambios en quien la vive. Y la capacidad terapéutica de la música es otro factor importante, está comprobado empíricamente su valor, tanto en la curación de enfermedades, como en paliar el dolor o en acompañar al moribundo en el tránsito hacia la nada o hacia otra vida, según la convicción desde donde se mire, que la hace, de nuevo, la más poderosa de las artes. Paradójicamente es profundamente abstracta, pero en su abstracción se concreta. Y es absolutamente tangible y tiene un fascinante poder para transformar la realidad.

¿Cuál es su posicionamiento ante el arte y la música en la situación actual?

Distinguiría varios fenómenos que están ocurriendo, además de la globalización y la trivialización de la cultura, tema que he tratado en un artículo recientemente publicado, siguiendo el modelo de Vargas Llosa en su magnífico ensayo “La civilización del espectáculo”. La cultura, hoy por hoy, se está trivializando y convirtiéndose en un espectáculo; las masas han de ser satisfechas y además con urgencia, son muy voraces, pero, paradójicamente, están cada vez peor formadas. Y el producto cultural que se les tiene que dar no tiene que ser muy complejo, tiene que ser un producto relativamente sencillo para ser fácilmente consumible y todavía más fácilmente olvidable. La gran cultura, la cultura con mayúsculas, es decir, la tradición musical, la literaria, la pictórica y, por supuesto, las corrientes de vanguardia que mantienen la continuidad de estas tradiciones, y que responden a características como complejidad y densidad, que implican un esfuerzo en concentración, formación y educación en la sensibilidad del oyente, lector o espectador, tienen menos margen de triunfo en este mundo globalizado y con poca paciencia. En este marco, en el caso de España, corregido y aumentado, con el déficit cultural atávico que nosotros tenemos, por las características y la propia idiosincrasia del país, hacen que la cultura lo tenga todavía más complicado. Mi posición es la de tratar de reivindicar la cultura con mayúsculas y tratar, en la medida de lo posible, de crear y/o dar a la sociedad un producto cultural digno, que sea igualmente un digno continuador de la tradición y que esté al alcance del que lo demande. El problema de las vanguardias es que en numerosos casos no acaban de conectar con el público, principalmente en el aspecto emocional. La gran cultura contemporánea, sea pintura o música, me fascina, me atrae, en definitiva, me encanta. Pero en algún momento, no me emociona. Sí le pido algo al arte, además de enriquecerme, formarme y abrirme vías, campos y espacios de pensamiento, le pido emoción.

¿Habría que diferenciar el arte de la simple experimentación? ¿Puede haber un error de concepto al llamar arte a cualquier manifestación creativa?

Sí, claro, hay que diferenciar bien estos conceptos. La bicicleta de Picasso no sabemos si es toro o bicicleta, experimenta con las formas. Muchas veces el arte de vanguardia busca epatar y realmente no basta solo con eso. La música clásica, con respecto a otras músicas, tengo claro que tiene una vocación de permanencia. En principio, si tomamos una obra ejemplar como la Novena de Beethoven, siempre es la misma cuando la escuchamos, pero siempre es diferente. Hasta los grandes creadores musicales del siglo XX, incluyo a los Messiaen, Stockhausen o Ligeti, la música nos acompaña y esculpe nuestro espíritu. La música clásica no es un producto de consumo, los músicos vivimos este aspecto de manera muy directa. A mis alumnos les digo: “los Nocturnos de Chopin no se tocan, se viven”. Es como el bloque de mármol que Miguel Angel esculpe y cincela hasta la extenuación, en la búsqueda de la belleza y la perfección, hasta llegar a un estado en que “ya no hay más”. Es la Piedad, es el David; es la belleza, es la perfección. En la medida de mis posibilidades esto es lo que yo intento. No estoy cerrado a componer música atonal, quizá lo haga en el futuro. De momento, todo lo que he compuesto es tonal. Ha sido así a conciencia porque he buscado no solo continuar la trayectoria, también he tratado que la música tenga un poso y peso anclado en esta tradición; trato que la música llegue al oyente como vehículo de emoción. Al final, la música que más conmueve es la que está perfectamente construida, pero que en el fondo es la más sencilla y la más sensible. Los ejemplos están claros: ahí tenemos el caso de Mozart, el colmo de lo inexplicable, ya que una música tan enormemente compleja resulta aparentemente sencilla, siendo profundamente elegante y emotiva. Este es el ideal absoluto del arte.

Si conocemos hasta ahora su pensamiento, conozcamos un poco su creación, tanto la musical como la literaria…

Musicalmente comienzo mi carrera de compositor con piezas para piano, actividad en la que sigo inmerso, piezas primero de pequeño formato, agrupadas en los dos primeros discos, 12 Klavierstücke e Interiores, que algunos llegaron a identificar con la música New Age que se hacía en aquella época, con referentes como Wim Mertens o Michael Nyman; hoy sería Ludovico Einaudi quien triunfa con este tipo de música, que yo sigo componiendo pero con algunas variantes, es decir, con toques más impresionistas, por ejemplo, o su unión a la pintura y la literatura que produce nuevos efectos sonoros… Trato en cierta medida de recoger la tradición sin complejos; lo clásico no pasa de moda, lo clásico es eterno. Me puedo definir como clásico haciendo música moderna. Es una música melódica y descriptiva, de armonía sencilla pero rigurosa, basada en la tradición.

Tradición que ha llevado también al mundo de la ópera…

Sí, hablamos de mi ópera Monsalvat, en la que estuve trabajando durante tres años, entre 2002 y 2005, que fue grabada en una maqueta de presentación por la Fundación Autor, valiéndonos de la tecnología e informática musical. Monsalvat está basada en el cuento del grial de Chrétien de Troyes y nada tiene que ver con Wagner, porque presumo por su gesto que me iba a hacer la pregunta… Esta ópera se convirtió en un gran reto, ya que es una ópera de gran formato, con un libreto original aunque basado en el cuento del grial y, lo más importante, es una ópera tonal. Componer en 2005 una ópera tonal es un reto, un desafío, que implicaba ser denostado y que pudo llevarme a ser etiquetado como conservador, pero mi talante no es ese. Como artista, no me siento cerrado a nada, por lo que podría llegar a componer una ópera de cámara atonal con el paso de los años… Toda obra que tenga una cierta coherencia, que responda a unos parámetros creativos, que busque conseguir una emoción auténtica, es digna de respeto. Sin embargo, la ópera no se ha podido representar por problemas presupuestarios y porque hay un cierto rechazo o temor a montar una ópera tonal a día de hoy, aparte de los problemas intrínsecos que lleva consigo montar una ópera, mayores que cualquier otra creación musical. Las producciones operísticas que se estrenan y montan hoy día son, principalmente, atonales.

No están lejos del drama sus recitales pianísticos basados en la poesía…

Rechacé en su momento escribir Lieder. Los poemas que escojo están en español, que es un lenguaje duro y difícil para escribir canciones. Indudablemente el italiano o el alemán son más musicables, como el francés, algo más complejo. Quizá esta fue una de las causas por las que busqué una nueva manera de poner música a un poema, la dramatización de un actor y luego ilustrar esa música inspirada en el poema con mi pieza para piano. Ahí tenemos las Baladas de Chopin o Brahms, música creada para evocar el texto lírico sin implicar a la voz. Este formato por ahora me está dando buenos momentos, ya que ha triunfado, tanto en España como en el extranjero, Bruselas o Bratislava, con gran aceptación de público.

Hacía dónde van sus preferencias literarias…

Toqué a final de octubre en Lisboa en el Palacio Foz un recital en torno a Pessoa y poetas españoles de la época, como Lorca, Unamuno o Juan Ramón Jiménez, sin descartar otros poetas sudamericanos más modernos o los poetas franceses. He construido un recital al que he bautizado con el título de “Naturaleza, emoción, recuerdo”, porque me parece que son los tres conceptos con los que se unen más fácilmente la música y la poesía. George Steiner decía que “si existiera un lenguaje para la divinidad, estaría formado por tres disciplinas:”, que añado son las de mayor potencia expresiva, evocadora y de entendimiento, “la poesía, la música y las matemáticas”. La poesía y la música llegan hasta lo más profundo del corazón humano, describen los sentimientos con mayor poder, evocan, rememoran y la naturaleza las nutre.

Como intérprete también, ¿toca música de otros compositores en sus recitales?

Mi carrera de concertista de piano me ha llevado a grabar dos discos con obras “ajenas”, un recital Chopin y Sonatas de Beethoven procedentes del Manuscrito Sileski, que no es muy conocido en España, ya que es un manuscrito casi apócrifo, en el sentido que contiene variaciones  introducidas por el copista determinado del momento, que, como muchos otros copistas al servicio de Beethoven, copió Sonatas pero no en las versiones definitivas aprobadas por el compositor, existiendo cambios en dinámicas, resoluciones, agógicas o codas, siendo muchas de ellas algunas de las Sonatas más interpretadas del ciclo de las 32. En el caso del recital Chopin lo que hice fue grabar las versiones autógrafas, ya que hay testimonios que afirman que Chopin, en el camino entre su apartamento de París a su editor Pleyel, paraba el carruaje y pedía en cualquier establecimiento que le dieran pluma y tintero para hacer correcciones sobre la marcha, saliendo de su residencia una versión de la obra y llegando a la casa Pleyel otra muy distinta. En el caso de Chopin tenemos versiones autógrafas, versiones de Fontana, versiones del editor, primera edición, en definitiva, que de un mismo Vals o una Mazurka tenemos hasta cuatro o cinco versiones distintas. Por ejemplo, también hay versiones con notables variaciones del Preludio n. 24, del que yo toco una versión diferente a la que se suele tocar. En mis recitales actualmente estoy incorporando a Granados, aprovechando de paso que el próximo año se conmemora el centenario de su desgraciada muerte, a la que dediqué un capítulo en “Músicos ante el abismo”. También interpreto habitualmente a Domenico Scarlatti. Como concertista, el repertorio donde me siento más cómodo es el clásico, Mozart, Beethoven, Schubert y Mendelssohn, como primer romántico, además de ciertas obras de Schumann, Brahms y las Piezas Líricas de Grieg.

¿Y Haydn?

No, Haydn no… Por razones que la verdad no podría explicar. Adoro la música para teclado del siglo XVIII, como Scarlatti o Soler, que son dos de mis caballos de batalla y sobre los que también escribí sendos relatos en “Músicos ante el abismo”. De hecho, estoy preparando un programa llamado “Scarlatti versus Soler”, que consiste en ir alternando una Sonata de Scarlatti con otra de Soler, estableciendo paralelismos estéticos y artísticos entre ellos. Mi repertorio “acaba” en Debussy y Schoenberg, que son autores que he estudiado a fondo y que sí interpreto con frecuencia, además de Rachmaninov. Aunque, resumiendo un poco, soy un concertista que he interpretado más mi propia música que el repertorio convencional.

¿Y que otros interpreten su música, lo hacen, ha editado sus obras?

No están editadas mis partituras, siendo la principal razón quizá que, como compositor actual, he recibido peticiones de mis obras de alumnos, colegas, pianistas amateurs o de personas que han asistido a alguno de mis conciertos, y sentí cierto pudor de entregar mis partituras. No es una razón convincente, lo sé, pero es así. Contemplo que, como intérprete, cuando toco Schubert me acerco a su espíritu e imagino que cuando se acerquen a mi música profundizan en mi espíritu, y esto me causa cierta incomodidad, no sabría explicarlo…

Tienen las interpretaciones de su música alguna improvisación o se rigen por lo ya está escrito, aunque no esté editado…

No, cada vez que las toco lo hago respetuosamente, no hago improvisaciones. Me respeto como compositor… Desde el punto de vista interpretativo, mantengo un control interpretativo sobre mi obra siendo yo el único en interpretarla, aunque no dudo en que otros pianistas aportarían otra visión, incluso mejor. No descarto editar algunas piezas en el futuro…

Su faceta de escritor también está vinculada con la música…

Mi libro “Músicos ante el abismo” es un sueño cumplido, ya que funde los dos mundos, la música y la literatura, las manifestaciones artísticas donde me siento completamente lleno. Es un libro que preparé durante más de cuatro años, publicándose en 2014 y que ya va por la segunda edición. Considero que es un libro novedoso, ha sido recibido con éxito como “experimento” de literatura musical, que es básicamente ensayista y de divulgación, con aportaciones tanto nacionales como internacionales muy prestigiosas y de enorme calidad, pero en la que en el aspecto literario, de literatura de ficción, comprobé que existían lagunas. La literatura de ficción basada en la música clásica es relativamente escasa y la magnífica aceptación que ha tenido “Músicos…” y está teniendo entre los melómanos me llena de satisfacción. Mi interés era divulgar y entretener, de ahí el éxito del libro, ya que si se entretiene, se divulga mejor, ahí está precisamente el ejemplo de Leonard Bernstein… Algunos lectores me cuentan que tras leer el libro escuchan y entienden de otra manera la música de Sibelius o la Sexta Sinfonía, la “Patética”, de Tchaikovsky, un auténtico réquiem o testamento musical, después de estar escuchándola y entendiéndola toda la vida de otra forma… O Mahler, que regresa a Viena para morir, siendo consciente de que está escribiendo la música del futuro…

Un músico ante el abismo también es Schubert…

Gracias por hacer este apunte, ya que precisamente estoy embarcado en un proyecto que es un abismo en sí mismo, como es la figura y la música de Schubert, que da para un libro entero.

Otro punto importante de su actividad creativa literaria es, si podríamos llamarla así, literatura “no musical”… ¿Hasta qué punto puede aislarse de la influencia musical?

Tengo que confesar que para mí la música es un inspirador y disparador total de la creación literaria. Tengo colegas escritores que afirman no poder escribir con música porque su influencia es tal, que se ha desvirtuado lo que perseguían y se horrorizan con el resultado final. Afortunadamente en mi caso, la música es una fuente de inspiración y no influye en el contenido de lo que escribo. Vivo en la música, no puedo desvincularme de ella. Mi reto como artista es mantenerme lo más digno posible y con la mayor calidad posible, aunque el día solo tenga 24 horas y no se pueda disponer de todo el tiempo que quisiéramos, ya que me consume unas energías tremendas. He de decir que la música gratifica más, esta es una respuesta a una pregunta reciente que me hicieron, pero, en la literatura, existe el daimon de la escritura y cuando este te dice que escribas no puedes evitarlo… He escrito obras de teatro, como “Todos somos Albert Camus” y “Mi nombre es Sarah” (ambas en Ediciones Antígona), que será dirigida en breve por José Manuel López Caballero, pintor y una de las voces imprescindibles en la obra pictórica de Goya. José Manuel, y me da bastante reparo decirlo, afirma que este es el texto teatral más sintético y claro que se ha escrito en España en los últimos años. Esta obra, fruto de pensamiento crítico, gira en torno a la figura de Hannah Arendt. En ella he hecho un enorme esfuerzo de síntesis.

Amplía su faceta a la pedagogía…

Llevo dando clases particulares y en academias, tanto de piano, armonía o informática musical muchos años. Se trata de una experiencia maravillosa poder transmitir mis vivencias. Como profesor, me han hecho aprender del mismo modo que han ido aprendiendo mis alumnos. Paradójicamente, la enseñanza musical es hoy más difícil, existiendo unos medios técnicos muy grandes y con un acceso tan abrumador a tantas fuentes se ha dificultado, hay demasiado caudal de información. Lo ideal sería encontrar un equilibrio entre este enorme caudal de información, la enseñanza decimonónica y las corrientes actuales pedagógicas de la escuela libre y del respeto a la objetividad de la música y la partitura.

Cómo es un amanecer en Tokio

Esperanzador, repleto de luz y de alegría, teñida de una cierta melancolía y una dulce tristeza. Tsunami en Sendai y Amanecer en Tokio es la obra en lo personal que más me ha conmovido y con la que más he disfrutado como compositor. Es un homenaje al pueblo japonés y a la vertiente cultural japonesa más ligada a la nuestra, que curiosamente es la música y el piano. En esta obra describo el tsunami que padeció Japón en 2011, donde se percibe la violencia de la naturaleza, para tornar en un himno como canto de alabanza y paz, repleto de dulce melancolía, y finalmente culminar en una exultante alegría. También es un homenaje a los constructores de pianos japoneses, ya que me causó una enorme impresión ver fotografías de los pianos destrozados sobre el lodo de negro cieno tras el tsunami, que daba a entender el enorme sufrimiento que habitaba en ese desolador paisaje.

Un bello homenaje. Ha sido un placer, gracias por su tiempo.

Por Gonzalo Pérez Chamorro

 Portal de Música y Literatura de Luis Agius:

http://www.parnasodelasmusas.es/

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