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Alessandro Marangoni
JUNIO 2011 / Número 842

Alessandro Marangoni

Comprometido con el piano italiano

Alessandro Marangoni es aun un joven pianista que desembarcó en el sello Naxos con sus premiadas grabaciones de los Peches de vieillese de Rossini, que no ha concluido y prosigue con buen ritmo a punto de culminar un ciclo de cerca de ocho horas de música. Estos discos despertaron el interés de la prensa especializada, y Marangoni no tardó en acometer otro intenso proyecto de un amplio piano italiano, como es el Gradus ad Parnassum de Muzio Clementi, que en muy poco tiempo se verá completado. Este compromiso con el repertorio pianístico italiano, que como todos saben se encuentra a la sombra de la creación operística, la ha culminado Alessandro Marangoni con la grabación de la obra para piano de Victor de Sabata, que interpretó conjuntamente con Daniel Barenboim en el Teatro alla Scala de Milán, en el cuarenta aniversario de la muerte del que fue uno de los más grandes directores italianos del siglo XX. En esta entrevista, realizada en el encantador Hotel ME Madrid en la madrileña Plaza de Santa Ana, se habló del piano italiano y su evolución, de Rossini y sus Pecados de Vejez, de la visión que se tiene del piano de Clementi y de la novedad absoluta como es el piano de Victor de Sabata. Como italiano, Alessandro mostró su preocupación por la situación cultural actual de su país, al que agradecemos el vuelo exprés que realizó desde Milán para conceder esta entrevista a RITMO. 

ENTREVISTA

¿Cómo llegó usted al piano?

Me inicié con cinco años, aunque es divertido recordar que quería tocar el órgano desde pequeñito y cuando mis padres me trajeron un piano a casa, al ver todo el teclado comencé a llorar porque no tenía los tubos que tienen los órganos. En poco tiempo el piano se convirtió en mi instrumento favorito, teniendo la inmensa fortuna de estudiar con la gran pianista y profesora Maria Tipo en Florencia, en la Escuela de Música de Fiesole, diplomándome primero con el asistente de la maestra, Marco Vincenzi, continuando inmediatamente después de mi graduación con Maria Tipo, que ha sido prácticamente el único profesor que he tenido en mis estudios superiores, ya que consideré no formarme y especializarme con nadie más que con Maria Tipo. Por esa época ya comencé a ofrecer conciertos gracias a la oportunidad que me dieron, y así poco a poco fui estableciéndome dentro del circuito pianístico, especialmente en Italia, que es donde más activamente trabajo. Vivo cerca de Milán, que es uno de los centros musicales italianos con mayor actividad.

¿Hizo lo que se llama “gira de concursos”, o siguió otro rumbo...?

Tomé otro camino, apartado de los concursos para piano; no participé en competiciones internacionales, solo en algunos pequeños concursos en Italia cuando era muy joven, concursos que eran solo a nivel nacional, en los que obtuve bastantes premios.

Pero sí que se inició pronto en la grabación de discos...

Al no participar en concursos internacionales sí que tuve más tiempo para estudiar ciertos repertorios, que gracias a unos contactos se querían llevar al estudio de grabación. Comencé con la grabación de la música para piano de Victor de Sabata (La Bottega Discantica) y seguidamente comenzó mi relación con Naxos, con mi proyecto de la grabación del piano de Rossini.

La influencia de Maria Tipo se habrá visto reflejada en su repertorio...

Desde luego. Gracias a ella he conocido y he estudiado las obras clásicas para piano, como Mozart, Beethoven o Chopin y, por supuesto, Domenico Scarlatti, del que la maestra Tipo es una de las grandes intérpretes mundiales, además de Busoni, pero no mucha música contemporánea para piano, especialmente de la segunda mitad del siglo XX. La música contemporánea la toco con el Trío Albatros, formado por flauta, violín y piano, del que formo parte. Tocamos obras de compositores italianos actuales que han compuesto las obras para nosotros, como Solbiati o Bettinelli.

¿Qué modelos pianísticos admira, además de Maria Tipo?

Entre los pianistas del pasado que admiro está Artur Rubinstein, un profesor involuntario e invisible que me enseñó mucho a través sus grabaciones. No puedo dejar de citar a Benedetti-Michelangeli, a Horowitz, y de los pianistas españoles, por supuesto a Alicia de Larrocha, a qiien escuché dos recitales memorable en Pavia. Debo decirle que aunque Larrocha tocaba la música española como nadie, era una maravillosa intérprete de Mozart. Y de los pianistas en activo es Maurizio Pollini una de mis referencias, por todo lo que significa en Italia, además de Daniel Barenboim, que como sabe está en Milán dirigiendo en el Teatro de la Scala.

Cuéntenos algo de lo que significa la presencia de Barenboim en Milán...

Barenboim en Milán es una estrella, especialmente porque está haciendo multitud de cosas excelentes en la Scala. Dirige, toca el piano y tiene encuentros constantes con músicos. La gente puede encontrárselo en el Metro de Milán, en las librerías, en los cafés... Es un artista y un hombre poliédrico, un gran conversador y muy atento a las cuestiones políticas y filosóficas.

Habla del Barenboim filósofo, usted también tiene algo que ver con la filosofía...

Mientras estudiaba piano, simultáneamente estudié Filosofía en el Almo Collegio Borromeo, una de las instituciones educativas más prestigiosas y antiguas del mundo, donde me especialicé en Filosofía de la Música, y muy concretamente en el siglo XIX y sobre Fernando Liuzzi, escritor y compositor que tuvo mucha importancia en la vida musical y cultural de Florencia, sobre el que he escrito un pequeño libro en el que trazo un estudio sobre sus trabajos filosóficos. Liuzzi fue uno de los fundadores del Maggio Musicale Fiorentino y editó el Laudario di Cortona, una colección de canciones medievales, además de componer música de cámara, para piano y gran variedad de canciones sobre escritores italianos, como Giovanni Pascoli.

Qué puede decirnos del piano italiano, de su evolución, de autores tan poco relacionados con este instrumento como Rossini, que hasta los macarrones se asocian más a su persona que el piano...

La verdadera escuela pianística italiana podríamos decir que comienza con Muzio Clementi, reconocido como el auténtico “padre del piano”. Fue un hombre europeo, maestro de Beethoven, que no es poco, componiendo una música para piano fantástica, como sus Sonatas, que adoro especialmente. Un buen amigo mío y gran pianista ha grabado en Naxos varias de sus Sonatas, Pietro de Maria (Op. 40/ 1-3, Ref. 8553500). Mi profesora Maria Tipo también ha sido una defensora y grandísima intérprete de Clementi, grabando la gran mayoría de sus Sonatas.

Qué opina del Gradus ad Parnassum de Clementi, que ha comenzado a grabar para Naxos...

Hay dos maneras o dos vías para entender el Gradus ad Parnassum. Pienso que en el fondo son ejercicios para entender el piano y su interpretación, su ejecución, pero están repletos de música muy hermosa, aunque tenga un fin pedagógico. El Gradus es la suma del pensamiento de Clementi, de toda la poesía de la música pianística de Clementi. Algunos ejercicios son maravillosos para el legato, para las melodías...

¿Cómo en el canto...?

¡Por supuesto, exactamente eso! Son como un compendio del canto italiano. Por ejemplo, el Estudio núm. 5, un Andante quasi Allegretto, contiene todas las características de la poesía de la ópera italiana, de su cantabilidad. No son solo aburridos ejercicios para mejorar o adquirir la técnica como nos enseñaron en el pasado algunos profesores.

En los conservatorios siempre se ha hablado de la “triple C” de la enseñanza pianística, Czerny, Cramer y Clementi...

Sí, es verdad. La música de Clementi, sus Sonatinas, son muy didácticas, pero si escuchas su música, las Sonatas o incluso el Gradus ad Parnassum, del que hasta ahora he grabado el primer volumen de cuatro, tienen una proyección mucho mayor que la exclusiva de la enseñanza. Son obras de arte, especialmente las deliciosas Variaciones sobre “Batti Batt”i de Don Giovanni de Mozart y algunas de las Sonatas que habitualmente toco.

¿Cómo son estas Sonatas de Clementi?

Son obras con no más de tres movimientos, algunos de ellos con cánones o fugas. Entre mis favoritas están la Op. 25/ 5, con un maravilloso movimiento muy complejo, a base de terceras; o la Op. 30/ 6, con una introducción en adagio sensacional, repleto de intensidad en la belleza de su melodía, “quasi drammatico”.

El siguiente paso a Clementi en el piano italiano curiosamente puede ser Rossini...

Rossini fue mi primer amor. Cuando era muy joven escuché varias de sus óperas y su música sacra, la Petite Messe Solennelle, el Stabat Mater e incluso el Moïse, hasta que descubrí sus alucinantes obras finales para piano. Lo curioso es que su producción pianística es muy grande (comenta que la obra completa ocuparía un total de ocho discos, aproximadamente), incluida la parte con el instrumento en música de cámara y con cantantes. Cuando Rossini dejó de componer para el teatro, en 1829, tras Guillaume

Tell, cuando estaba en París comenzó a componer estas piezas, Peches de vieillese (Pecados de vejez), compuestas todas en París. En ellas concentra toda la música de aquella Europa y se convierte en un profeta con una música muy avanzada, con ciertos avances armónicos (el entrevistador le sugiere algún paralelismo con el último Liszt y Marangoni duda en compararlo) y como un anticipo de la ironía de Satie, coincidiendo hasta en el sentido irónico de los títulos de las piezas. En algunas obras hay didascalias como en Satie. Por ejemplo, en la conocida obra Un petit train de plaisir, comico-imitatif hay una historia en la que un tren tiene un accidente y los familiares de los fallecidos, sumamente tristes, están representados por una polca... En el Petite valse “L’huile de Ricin” las extrañas armonías suenan en el bajo. O la Petite polka chinoise, una contradicción imposible repleta de ironía... ¡Cuándo se ha visto una polca propia de China! Este Rossini siempre tiene un “final feliz”, representa de algún modo su estilo de vida, un amante de la diversión, de la comida, de las mujeres... No es tampoco una música fácil, tiene numerosos pasajes de enorme dificultad y brillantez virtuosística, pero siempre es una música pianística bien escrita para el piano. Él mismo decía que “era el mejor pianista de cuarta clase”... Amaba tocar el piano y muchos sábados en su casa de París se reunía con gente como Stendhal, Chopin o Liszt, pasando la tarde acompañando a cantantes o tocando él mismo. En su música se puede escuchar una influencia evidente de Beethoven, algo de Liszt y especialmente de Chopin. En mi opinión hay un punto de vista muy original: desarrolla originalmente la técnica pianística y la enlaza con la técnica del canto de sus óperas. Es una extraña conexión que le funciona. Es Rossini.

¿Cuántos discos lleva grabados de estos Pecados de vejez?

Hasta ahora he grabado cinco. El próximo en salir será el cuarto volumen, un disco doble, que incluye Cuatro fanfarrias finales, y tras este Naxos editará el quinto. Aún estoy en el proceso de grabación y al tocar estas obras uno va descubriendo las conexiones y los préstamos que el propio Rossini hace de su propia música. Por ejemplo, en una Marcha nos encontramos con una selección, un popurrí con melodías exitosas de sus óperas, como una super fantasía (recordamos ambos la Super Fantasía Carmen de Busoni), y en otras se aprecia la temática melódica de sus óperas. Algunas de estas obras, con temas tan conocidos como los de El barbero de Sevilla, son perfectas para concluir un recital, o como regalo al público, que las aplaude enloquecidamente. Y además está el aspecto educativo; en muchos casos son obras perfectas para el desarrollo pianístico del joven estudiante, pues Rossini estaba muy interesado en el sonido, en su desarrollo y su concepto dentro del piano. Algunos volúmenes los tituló como piezas destinadas al aprendizaje de los jóvenes.

Sabemos con claridad cuál es la evolución de la música tras Rossini, pero ¿y en el piano? Al menos hasta llegar a Victor de Sabata, cuya obra pianística también ha grabado.

Seguramente hasta Ferruccio Busoni no hay un gran compositor para piano en Italia. Este estuvo muy influido por la tradición europea, y especialmente por la música germánica, como la de Liszt, con esos colores tan oscuros en el piano. De Sabata... es correcto, está en la tradición rossiniana porque adoraba a Rossini y la ópera italiana. Era un hombre repleto de vida, que escribió algunas obras con una idea similar a la que tuvo Leonard Bernstein, pues ambos amaban el jazz, pero veinte años antes. Su ballet Las mil y una noches es maravilloso. Ravel y Richard Strauss veneraban la música de De Sabata, pues su trabajo como director de orquesta todos sabemos que es legendario. Toscanini dirigió cerca de sesenta veces el poema sinfónico Juventus, que yo toco en su versión arreglada por el propio De Sabata para piano. Su hija Eliana me dijo que fue una pena que dejara de componer para dirigir. Tenía un enorme talento para la composición. En sus obras para piano nos encontramos con influencias del jazz, de Ravel y Debussy y con notables avances armónicos. Sus obras orquestales son también excelentes, como los poemas Juventus y Gethsemani, que él mismo transcribió maravillosamente para piano, en la línea de las transcripciones de Busoni. Un director de orquesta que ustedes conocen bien en España, Aldo Ceccato, dirige asiduamente obras de De Sabata y ha grabado la música incidental de Il Mercante di Venezia.

En 2007 hizo un recital dedicado a De Sabata junto a Barenboim...

Fue en el Teatro de la Scala en una conmemoración por los cuarenta años de la muerte de De Sabata. Cuando Barenboim supo de la noticia del concierto, me dijo: “¡De Sabata, increíble, no conocía sus composiciones!” Estaba encantado con su música y me propuso hacer el recital juntos, alternándonos al interpretar las piezas de De Sabata. Fue un gran honor y un gran momento en mi carrera actuar junto a Barenboim.

¿Qué más proyectos discográficos tiene?

Dentro de poco grabo en Malmoe con la Sinfónica de Malmoe y Andrew Mogrelia dos Conciertos para piano de Mario Castelnouvo-Tedesco, una música fantástica. Estas obras son muy particulares, como el propio estilo de Castelnouvo-Tedesco, con influencias de Rachmaninov y de la música hebrea, ya que él era judío. Sus melodías son fascinantes y “enganchan” al público. También he grabado un disco con música de Liszt, que saldrá también en Naxos, con algunas obras de las Armonías poéticas y religiosas y el Via Crucis, junto al Coro Ars Cantica que dirige Marco Berrini. Esta es una música absolutamente grande; con solo dos notas es capaz de crear la mayor poesía. El último Liszt es espléndido. En mi opinión puedes ver la cruz en la música, en la escritura de Liszt, con un fuerte componente teológico. También he realizado conciertos junto a la actriz italiana Valentina Cortese con obras de Debussy y Ravel, recitando ella entre obras poemas de D’Annunzio y poemas que están relacionados con la música, y que sería una buena opción para grabarlos.

Creo que hay está realizando un proyecto muy curioso...

Imagino que habla de ser el primer músico clásico que ha ofrecido conciertos, conciertos virtuales, en “Second Life”. En este mundo virtual de Internet, en “Second Life”, donde se crea un mundo igual al real pero virtual, he ofrecido más de cien conciertos. Gracias a estos conciertos mucha gente accede a la música clásica, es otra vía de acercamiento muy interesante y además muy divertida. Toco en un estudio y mi personaje lo hace virtualmente en una sala con su público. Al tocar las obras de Rossini a mi personaje lo convirtieron en el mismo Rossini, con su rostro y su cuerpo, imagine qué momento... Bueno, como la vida real, pero virtual.

Aseguro a los lectores que usted está enfrente mía y no hay nada en esta entrevista de virtual... ¿Qué le gustaría grabar, que no le hayan ofrecido?

Mmm..... Me gustaría grabar el Concierto núm. 4 de Beethoven en su arreglo original del propio Beethoven para sexteto, un quinteto de cuerda con piano, que es una rareza apenas tocada. Hay una obra también que adoro que son las Variaciones Goldberg de Bach. La he estudiado pero aun no la he tocado en concierto, ya que necesito madurarla más. Es una música más allá de cualquier catalogación, es una de las grandes obras maestras para el piano, aunque Bach la escribiera para el clave.

¿Qué pianistas admira en Bach?

Por supuesto y de nuevo cito a Maria Tipo. En una visión diferente está Glenn Gould. Y también Sviatoslav Richter, especialmente su interpretación de El clave bien temperado. Actualmente es sensacional el Bach de Grigory Sokolov.

¿Próximos conciertos... alguno en España?

En principio en España no tengo conciertos, lo último que hice fue junto a Aldo Ceccato, una serie de conciertos en Granada y Málaga, donde tienen muy buenas orquestas y un muy buen ambiente musical y en donde hicimos dos Chopin, el Krakowiak y el Andante Spianato y Gran Polonesa. Lo próximo que tengo es el Primer Concierto de Rachmaninov también con Aldo Ceccato en Milán y una serie de recitales con obras de Rossini y Chopin.

Alguna música que no se haya preparado pero que sabe que te está esperando...

Me gustaría estudiar a fondo las Sonatas para piano completas de Beethoven, puesto que algunas las toco habitualmente, pero no todas Es un deseo de cualquier pianista llegar a dominar el ciclo de las 32 Sonatas de Beethoven. También me gustaría prepararme más Rachmaninov, Scriabin y llegando un poco más lejos, Ligeti, del que toco algunos Estudios.

Creo que en el catálogo de Naxos no hay todavía una Musica Ricercata...

Es una buena proposición, la tendré en cuenta...

¿Cómo ve la creación pianística actual en Italia?

He estrenado algunas obras en festivales como el Festival Emilia Romagna, escritas para mí, en algunos casos de compositores que son amigos míos. Pero no estoy tocando otra música contemporánea italiana.

No está Italia culturalmente muy arropada por el Gobierno de Berlusconi...

Estamos inmersos en profundos problemas culturales y en recortes presupuestarios para la cultura. Es el caso, por ejemplo, del Teatro Carlo Felice de Génova, con una historia gloriosa. Pueden ser problemas económicos, pero la falta de dinero no es el eje del asunto. El principal problema es un enfoque que no cuenta con la educación musical; los políticos en Italia quieren matar la música de sus programas electorales. La gente en Italia se está embruteciendo con los medios digitales, como televisión, Internet, consolas, etc.. Pero hay esperanza. Doy clases magistrales en Europa y en Italia y observo que cuando la gente joven se acerca a escuchar las grandes obras de la música, o de la música para piano, se quedan prendados de ellas y vuelven a escucharlas. Encuentro que hay gran interés por la música entre los jóvenes, por escucharla y por tocarla, pero a veces no tienen las posibilidades de acceder a ella. Este es el principal problema: no hay música en el colegio en Italia (el entrevistador le recuerda que en España estamos más o menos igual, con las mismas deficiencias). Es un gran problema.

Si tuviera que recomendar uno de sus discos para que el lector comience a conocer tu trabajo, ¿cuál recomendaría?

Seguramente Rossini. Se descubre un mundo muy particular en torno a estas obras de Rossini. Y para concretar aun más y si el lector desea hacerse con un solo disco, recomendaría el que está a punto de salir al mercado, el cuarto volumen de los Pecados de Vejez. Es una música increíble, muy interesante en su escritura pianística y repleta de bellezas, muy indicado para los jóvenes pianistas por las propuestas tan frescas que transmite Rossini, que puede asegurar además el entusiasmo con que es recibida por el público.

Siendo usted el intérprete, parece una indiscutible recomendación. Muchas gracias. 

DE CLEMENTI A DE SABATA, PASANDO POR ROSSINI

Sentado al piano, los últimos diez años de vida de Rossini estuvieron dedicados a componer sus Péches de vieillesse (Pecadillos de vejez), trece volúmenes que anticipan el exotismo y la ironía de Satie y condensan toda la gracia e ingenio del de Pésaro. Estos Péches son un agudo retrato de la sociedad parisina del momento, tan superflua o amaneradamente profunda. Alessandro Marangoni los toca con la mirada puesta en todas sus esquinas, desde los salones de París, las reuniones con Stendhal, Liszt y Chopin a la influencia beethoveniana. El Vol. 6, que está dentro del segundo disco, del que se ha omitido el Etude asthmatique (por duración, se incluirá en otro volumen), contiene Péches tan bellos como el lánguido Mon Prélude hygiénique du matin (qué maravillosa melodía cromática), el salonístico Prélude baroque (los ecos de los Valses de Chopin son evidentes) o el beethoveniano y solemne Memento homo, con modulaciones tonales que recuerdan a las últimas Sonatas. En Marangoni, que demuestra una delicadeza exquisita, su toque y ataque a la nota se endurece intencionadamente en obras tan irónicas como Un Petit train de plaisir, aunque escuchándole en la deliciosa Une caresse à ma femme se descubre a un pianista de una entidad tremenda, capaz de frasear y cantar del mismo modo como si una mano estuviera deslizándose sobre una suave piel femenina. En esta parada rossiniana Marangoni no para de descubrirnos nuevas cosas, nuevos enlaces, nuevos giros en esta música tan brillante e inesperada de alguien como Rossini. En el Valse lugubre (Vol. V, disco tercero) los delicados contrastes están muy bien tocados, como la dejadez que se transmite en el Impromptu anodin, perfectamente captado por el pianista italiano. La atmósfera francesa es evidente en obras como el Prélude convulsif, de una escritura acentuada “alla Beethoven”. La capacidad musical de Marangoni se agiganta en obras como la barcarola La Lagune de Venise, con aire de improvisación idóneo para esta música.

Antes de Rossini está la figura de Clementi, “más seria” y con una intención pianística mayor, aunque la obra de Rossini, como nos cuenta Marangoni en la entrevista, está muy bien escrita para el piano. Inmerso en el Gradus ad Parnassum, Marangoni lo toca con una clara intención poco virtuosa, destacando voces, polifonía y un canto continuo con un admirable legato (el Adagio sostenuto, núm. 14, es una joya de honda intimidad). Y si antes de Rossini estaba Clementi, tras Rossini Marangoni grabó más piano italiano, en este caso el desconocido piano (como toda su obra) de Victor de Sabata (La Bottega Discantica, 165). Tocado como en el resto de grabaciones para Naxos de Alessandro Marangoni en un Steinway de la colección de Angelo Fabbrini, de gran brillantez armónica, Marangoni toca pequeñas y deliciosas obras como valses, polcas, un pequeño ciclo de tres piazas muy original (Caline – Habanera-Do you want me?), repleto de connotaciones jazzísticas, y dos transcripciones para piano del propio De Sabata de sus poemas sinfónicos Juventus y Gethsemani, que “descubren” a un pianista poderoso ante el torrencial sonoro que tiene este piano. Este es solo el comienzo de la relación de un pianista italiano, Alessandro Marangoni, con el repertorio para piano de su amada Italia.

Por: Gonzalo Pérez Chamorro

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