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Cuarteto Leonor
ABRIL 2012 / Número 851

Cuarteto Leonor

Cuatro maneras de expresión en una sola

La grabación que el Cuarteto Leonor dedica a los cuartetos de cuerda de Ramón Barce es la segunda de las realizadas para el sello Verso. Va a ver la luz cuando el grupo acaba de cumplir diez años, y tras haber obtenido el Premio “Ojo Crítico” de Música Clásica, 2011, que concede Radio Nacional de España. Con este galardón se reconoció al conjunto como uno de los cuartetos más destacados de España, con el valor añadido de haber surgido en un país en el que la música de cámara, y los cuartetos de cuerda en particular, no tienen la misma tradición y presencia que en otros países de Europa. Alumnos en su día del mítico Cuarteto Melos, del que se habla en esta entrevista realizada en una soleada mañana en el Instituto Francés de Madrid, Delphine Caserta (primer violín), Enrique Rivas (segundo violín) y los hermanos Huertas –Jaime (viola) y Álvaro (cello)– nos hablan de su encuentro con la música de Barce, de la formidable tarea que fue estudiarlos, grabarlos e interpretarlos con asiduidad. Acometen, así, una integral de tres horas de música –once cuartetos–, que están ofreciendo poco a poco en una serie de conciertos en vivo, algunos tan interesantes como el que darán en el Museo de Artes Decorativas de Madrid este mes de abril (día 10) con el arreglo para cuarteto de cuerda del Requiem de Mozart. Admiradores del Melos, evidentemente, no esconden sus preferencias a la hora de hablar de cuartetos como el Alban Berg, el Vogler, Artemis o el Hagen, reconociendo la dificultad y la adaptación especial que debe tener un músico para hacer música de cámara. Junto al Quiroga y al Casals, con el Cuarteto Leonor ya nadie duda de que se ha abierto una nueva línea interpretativa en España en el campo de la música de cámara: el cuarteto de cuerda, que ellos defienden desde la esencia misma de crear música conjuntamente a la obligación de incluirlo a nivel educativo.

¿Cómo han llegado a esta aventura tan comprometida de grabar los Cuartetos de cuerda completos de Ramón Barce?

JAIME HUERTAS.- En principio teníamos el proyecto de hacer un disco con música para cuarteto de cuerdas de compositores de la Generación del 51. Paralelamente el sello Verso tenía y tiene un acuerdo con la Fundación BBVA para editar discos con música contemporánea española. José Miguel Martínez, director de Verso, nos propuso que, en lugar de grabar un cuarteto de García Abril, otro de Cristóbal Halffter y otro de Luis de Pablo, por ejemplo, hiciéramos un disco dedicado en exclusiva a García Abril. Así fue. En Verso quedaron muy contentos con el resultado, con lo que nuestro siguiente proyecto fue grabar la música de Ramón Barce, que nos parecía uno de los compositores para cuarteto más importantes de su generación…

DELPHINE CASERTA.- Y además la grabación coincidió con el fallecimiento del compositor…

JH.- Sí, el final de la grabación del disco de García Abril coincidió con la muerte de Barce. En principio nuestro proyecto era hacer cuatro o cinco cuartetos de Barce, pero entre Verso y BBVA pensaron que lo ideal era hacer una integral y grabar los Once Cuartetos, confiándonos a nosotros la grabación.

¿Tuvieron la oportunidad de estudiarlos con el propio Barce?

DC.- No; no la tuvimos. Ni siquiera llegamos a conocerle en persona…

JH.- Desgraciadamente Barce falleció en 2008, y este proyecto se materializó en 2009. Cuando conocimos a su viuda, a Elena, para comenzar a trabajar esta música, Ramón acababa de morir. Al acercarnos a su música, también nos hemos acercado a la gente que le rodeaba, a la que formaba parte de su círculo vital, conociendo de este modo un poco mejor al hombre y al compositor. Creo que habríamos congeniado muy bien con él; tenemos muchos puntos en común acerca de planteamientos éticos, y también musicales.

¿Cómo pueden definir su música? Desde el primer Cuarteto de 1958 al último de 1999 hay supongo una evolución importante… ¿Cómo es esta música?

ENRIQUE RIVAS.- Lo más interesante que yo encuentro en su obra para cuarteto de cuerda es lo que él mismo dice, que se encuentra más cómodo escribiendo para cuarteto que para cualquier otra combinación; creía, además, que la viola era el instrumento que sustentaba esta formación. Digamos que toda su estética y todas sus composiciones surgen de su escritura para cuarteto de cuerda. Hace más hincapié en la cuestión polifónica, el contrapunto, y no tanto de la cuestión armónica. Y esto se ve claramente en todos sus cuartetos, comenzando por el Primero, en el que ya comienzas a ver esas líneas con claridad. Barce decía que la escritura para cuarteto de cuerda debía ser una escritura en blanco y negro. Para él sintetiza la formación perfecta, ya que también opinaba que la falta de recursos tímbricos –que sí puede darte una orquesta–, te obliga a hacer un esfuerzo compositivo mucho mayor para sintetizar las ideas, las estéticas, las sonoridades, etcétera.

Históricamente el cuarteto de cuerda es el refugio más íntimo del creador…

ER.- Se dice tradicionalmente que, para cualquier compositor, escribir para cuarteto de cuerda es un esfuerzo que se enlaza con la carga tradicional del hecho de que piense esto. La responsabilidad que tiene un compositor desde la primera nota que escribe para cuarteto de cuerda es esa; debe de tener conciencia de los compromisos históricos que conlleva la composición para cuarteto de cuerda.; tiene que saber, además, que está sintetizada la ideología, la manera de pensar, la estética… Barce tiene Once Cuartetos, que no es poco, y abarca una trayectoria temporal muy larga. Incluso comienza a componer antes de la publicación de su Sistema de Niveles en 1966; lo va elaborando y desarrollando, es muy interesante.

No hay otro compositor español del prestigio de Barce con tal producción de cuartetos de cuerda…

DC.- Por ejemplo, Conrado del Campo, tanto por la calidad como por la cantidad…

JH.- Conrado del Campo es otro estilo diferente. Halffter tiene siete cuartetos; García Abril ha compuesto ahora el Segundo… En general, todos los compositores, o un buen número de ellos, en un momento dado, incluso compositores de zarzuela, como Chapí o Bretón, han tocado este género, pero no siempre con la misma trascendencia.

DC.- Ni con el rigor de Barce.

Es una buena manera de declararse un compositor serio, acaso si piensa el compositor que no lo toman como tal…

ER.- Sí, conlleva cierta entidad componer para cuarteto de cuerda. A su vez, pienso que Barce, después de hacer nuestro trabajo de investigación y de leer mucha bibliografía, para saber un poco cómo y dónde ubicarlo, fue muy valiente en este sentido. Toda su estética, elaborada hacia él mismo, no guardó ningún tipo de reparo para asumir la responsabilidad sobre sus propias ideas, más allá de “venderse” a las corrientes que en aquella época estaban más en boga, a sabiendas que eso tal vez pudiera cerrarle puertas. O a que, en el caso de haberse plegado a esas corrientes, al “mercado”, pudiera haber tenido más éxito. El fue muy honesto en ese sentido. Ha pasado tiempo suficiente para que con esta grabación se le reconozcan estos méritos y se le tenga más en valor.

¿Qué conexiones encontráis en los Cuartetos de Barce? ¿Hay una escritura distinta para cada instrumento?

DC.- En este caso las cuatro voces son bastante homogéneas. Las tesituras son muy conjuntas. No explora el nivel de virtuosismo de los instrumentos llamémoslos ágiles, como el violín. Trabaja más sobre distintas sonoridades; en cada cuarteto se aprecia la búsqueda de una sonoridad distinta, aprovechando los recursos más simples.

JH.- Barce siempre parece buscar una expresividad muy pura. Por ejemplo, en el Cuarteto núm. 4 trata de llevar a cabo un estudio de los instrumentos de electroacústica. Trata a los instrumentos tradicionales con esa intención, por lo que creímos conveniente no introducir mucho vibrato en nuestra interpretación. La música no necesariamente tiene que ser expresivamente “bonita”, o “agradable”; busca la sonoridad en función de lo quiere expresar. Probablemente este Cuarteto, a alguien que no esté muy habituado a la música contemporánea, no le cree una sensación expresiva “bonita”.

ÁLVARO HUERTAS.- En realidad, no se puede hablar de los Cuartetos de Barce como una evolución, una constante, como ocurre en otros compositores. También por las circunstancias políticas del país en aquel entonces estos compositores vivían un tanto aislados y decidieron romper con eso. Barce quizá era de los que tenían más contacto con el exterior; en su música se aprecian cambios estéticos de un cuarteto a otro, por influencias recibidas en su asistencia a los cursos de Darmstadt o por pura experimentación con las ideas surgidas en su propia investigación o aprendizaje. En el cuarteto siguiente se despegaba de lo anterior y experimentaba de otro modo. Se ve claramente en los cuartetos que son aleatorios. En la grabación nos hemos encontrado con esa disyuntiva: tocar aleatoriamente es diferente en cada ocasión, pero hay que dejar una grabada. En cambio, tras un cuarteto aleatorio, unos años después escribe un cuarteto totalmente cuadriculado, con un concepto totalmente diferente. Quizá no se puede hablar de una evolución estética, si no de estudios muy concretos, de una búsqueda incluso filosófica, ya que él fue una persona con un hondo concepto filosófico.

JH.- Creo que hay una búsqueda para encontrar su propia estética; no creo que existan muchas conexiones aparte de las que el propio Barce experimenta para encontrarse a sí mismo. Precisamente, y debido al aislamiento tras la guerra, este grupo, la Generación del 51, reaccionó de este modo al nacionalismo, buscando estéticas más personales.
 
Barce no debía de sentirse muy cómodo con lo que ocurría en su país…

JH.- Absolutamente. Todo ese grupo fue gente muy valiente. Hicieron lo que creían que tenían que hacer, al margen de críticas e imposiciones. Romper en aquella España con la tradición era bastante arriesgado. Paralelismos con Halffter o con Luis de Pablo no tiene, ya que cada uno evoluciona de forma distinta…
           
ER.- Cada uno tiene su propia personalidad. No sé hasta qué punto antes de escribir evitaba llevar toda esa tradición sobre él y sobre su música. Evitó llevar esto para encontrar de manera honesta su propio lenguaje.

AH.- Era muy consciente de todo esto, seguramente… 

DC.- Curiosamente en estos Once Cuartetos no usó un solo tema popular, como sí hicieron otros compositores de su generación. Puede que no fuera un rechazo, tal vez intentó partir desde cero, componer plasmando sus propias ideas.

JH.- Fue una puesta al día a nivel musical de España ¡Llevábamos cuarenta años de retraso respecto a lo que ocurría en Viena…!

Seguir componiendo como Turina en cierto modo habría sido como darle la razón al régimen, sin que Turina tenga nada que ver…
 
JH.- Claro, fue romper con el atraso que llevábamos en España. Esta Generación rompió con todo eso y le propició un aire de modernidad a la música de este país. Posteriormente cada uno ha evolucionado en su estilo. Hemos tenido trato con García Abril, que es un compositor totalmente diferente, pero hay mucho respeto entre ellos.

¿Durante los procesos de composición tuvo Barce algún cuarteto para el que le escribiera estas obras?

ER.- Por lo que he podido investigar, no tuvo ningún cuarteto como destinatario o en su mente de forma habitual durante los procesos de composición. Sin embargo el Núm. 4 está dedicado al Cuarteto Oficina de Oporto, que lo estrenó.

AH.- De hecho, estos cuartetos estaban sin tocar, y alguno sin estrenar siquiera. Y mucho menos, grabados…

JH.- García Abril decía que lo mejor para un compositor es que se toquen sus obras. Muchas veces se estrenan, como ha ocurrido con los Cuartetos de Barce, pero no se tocan más. Este es un problema habitual con el que se encuentra la música contemporánea.

Ustedes están en desventaja, tienen tanto repertorio para cuarteto que será difícil escoger… Un cuarteto de saxos lo tienen claro, tocan lo que le escriben porque apenas tienen repertorio que tocar…

JH.- Nosotros huimos de toda especialización. No queremos que se nos encasille con un repertorio concreto ni como intérpretes de música contemporánea española, aunque nos parezca necesario interpretarla. Además, creemos que es nuestra responsabilidad…

ER.- …Especialmente porque cada obra nueva que incorporas, como estas de Barce, te aporta nuevas sensaciones. Algo va cambiando en el sonido del cuarteto, se va formando y enriqueciendo. Con el paso del tiempo te vas dando cuenta de esta transformación al ir agregando música nueva a tu repertorio. Por ejemplo, cuando hemos tocado el Sexto de Bartók, cuando lo has tocado cinco o seis veces en concierto, percibes el cambio de visión que se ha tenido. En ese momento puedes decir “es nuestro” y ahora vamos a continuar con la obra de una forma bien distinta. Pensando a largo plazo para un cuarteto de cuerda, esta percepción es fundamental.

Antes de que se nos olvide, mencionasteis alguno de vosotros las conexiones filosóficas de Barce con su música…

AH.- Barce no era solo un compositor, era sobre todo un pensador. También creo que cualquier persona que se dedica a crear arte tiene o debe tener una base filosófica, lo que en el caso de Barce es absolutamente manifiesto. Y en este caso cuesta discernir hasta que punto era más un pensador que un compositor o que un pintor, porque también se dedicó a la pintura* y a otras facetas del arte, que no eran otra cosa que una expresión de su pensamiento, esas teorías tan personales que iba creando**. Y muy conscientemente. Empleó su vida en crear una corriente de pensamiento expresada en sus creaciones. ¿Tuvo más o menos seguidores…? No importa, ahí queda su pensamiento plasmado.

JH.- Al principio, cuando nos acercamos a su música, conocíamos lo que un músico profesional podía conocer de Barce, pero a poco que hemos ido profundizando en su obra hemos descubierto a un profundo intelectual. Leyendo sus escritos, uno se da cuenta de que, como ensayista, está al mismo nivel, al menos, que el compositor, con unas ideas muy claras, tanto en la duda como en la certeza…

ER.- ¡Y muy actuales! Tal como están los tiempos hoy están más vigentes que nunca. Esto es una verdad como un templo… Decía que no había que hacérselo fácil al público; lo que tenemos que hacer es dar lo mejor de nosotros mismos…
 
Contando con que el público esté preparado, que tengo mis dudas…

DC.- Claro, el público está también para pensar y para hacer un trabajo de reflexión.

JH.- Y si el oyente-espectador no lo hace, el Estado en los diferentes estamentos, a nivel político y a nivel educativo, deben procurar las herramientas para que los individuos “piensen”, aunque creo que ahora mismo interesa justo lo contrario, como vemos todos los días en la prensa.

Uno por uno, con que Cuarteto de Barce se quedan…
 
ER.- Yo no le podría decir uno solo…

Empezamos bien…

ER.- No, en verdad, me costaría mucho quedarme con uno solo… Incluso a veces me cuesta, de manera memorística, ubicar un fragmento en su Cuarteto, y no es que no los conozca… El valor de esta música está en su sonoridad, por eso es difícil escoger solo uno.
 
DC.- A mí personalmente los dos cuartetos aleatorios (Núms. 2 y 8) son los que más me seducen…
 
JH.- El propio Barce decía de estos Cuartetos, de los aleatorios, escritos sin barra de compás y con “cierta libertad” para el intérprete, que no era necesario ensayar.
 
Algunos se lo tomarán al pie de la letra…
 
JH.- Probablemente sí… Puede que en estos dos casos grabar esta música vaya en contra de lo que el compositor buscaba, pero no hay más remedio… Para Barce su cuarteto favorito era el Núm. 5 (el entrevistador recuerda que además del Quinto, la Tercera Sinfonía era la favorita dce su Obra), y nosotros, en este sentido, el que más hemos programado es el Núm. 5. Pero lo que decía Enrique, es difícil quedarse con uno solo.
 
DC.- A nivel personal yo me quedo con el Núm. 8 o el Núm. 2, en el sentido de que es más como una conversación entre cuatro personas, interactuando y reaccionando espontáneamente a las acciones de tus compañeros, con reflejos al instante. Estas obras solo pueden ser tocadas por cuartetos que son estables, no por cuatro músicos que acaban de juntarse, pues aunque pueda parecer contradictorio, se trata de una aleatoriedad “controlada”.
 
AH.- A mí me gusta mucho el Quinto, especialmente porque funciona muy bien como obra de concierto, que es algo muy importante. Es quizá el más programable.
 
Viendo que sois una formación estable, habrá que preguntaros como llegasteis a formar el Cuarteto Leonor…
 
AH.- La verdad es que lo tuvimos bastante claro desde el principio. En 2011 hemos cumplido diez años. Es verdad que somos como una familia, pero es que literalmente es así salvo en el caso de Enrique. Pasa en muchos cuartetos. Sabemos que tenemos que trabajar a largo plazo; que en música es absolutamente necesario. Desde el comienzo tuvimos una sensación de continuidad, queríamos ser un cuarteto profesional y buscamos el mejor modo de prepararnos.Así logramos contactar con el Cuarteto Melos, que puso la primera piedra, y que fueron unos profesores excelentes.
 
¿Qué hicieron para llegar a ser alumnos del Melos…?
 
DC.- Más que nada, ellos nos encontraron. Estábamos invitados a tocar en un festival y la segundo violín por entonces del Melos, Ida Bieler, nos escuchó y nos propuso entrar a estudiar con ellos en Stuttgart.

JH.- ¡Cómo para decir que no! Con personas de este nivel, humano y musical, uno modifica su forma de estudiar y entender la música y la vida misma. En general la gente que hace música de cámara está habituada a socializarse, y el compromiso que conlleva es el estar dispuestos, incluso en un momento determinado, a renunciar a ciertos intereses particulares en beneficio de la comunidad. No es necesario renunciar a la idiosincrasia individual, pero todos deben remar en la misma dirección profesional. Bajo mi punto de vista, este es el mayor problema a la hora de plantear una propuesta camerística a largo plazo.
 
Aunque colaboren con otros músicos que tal vez no sean tan sociables, como los pianistas, con los que tocan esa maravilla que es el Quinteto de Franck…

JH.- Con todos los músicos que hemos hecho música de cámara lo hemos hecho por placer. Hemos hecho el Quinteto de Franck, pero también el de Schumann y el de Brahms. El de Franck es una maravilla, está a la altura del Brahms y Schumann.

DC.- Para el público el Quinteto de Franck no llega tan intensamente en la primera audición como el de Brahms, pero tras varias escuchas ya se queda para siempre.

JH.- Cuando alguien ajeno se incorpora al conjunto, ya sea pianista o lo que sea, es interesante observar el grado de simbiosis entre ambos y cómo el cuarteto reacciona a las nuevas aportaciones como un solo instrumento de dieciséis cuerdas, que al fin y al cabo es lo que es.

AH.- Pasamos tantas horas juntos que transformas tu personalidad. Como hablábamos antes de Barce, los proyectos que tienes van construyendo y perfilando tu formación en todos los aspectos, en una especie de aprendizaje sin fin.

También les ocurre a cuartetos en los que apenas queda ninguno de sus fundadores, aunque sigan en activo…

ER.- El Cuarteto de la Gewandhaus y el Mannheimer mantienen el nombre pero llevan cien años de existencia…

El mismo Melos, el Alban Berg y no digamos el Tokio han ido cambiando atriles, manteniendo el mismo nombre aun sin sus fundadores…

AH.- Cuartetos con una larga tradición, como el Melos, el cuarteto alemán por excelencia en los 70 y 80, que en su momento era más importante que el Alban Berg, que era austriaco aunque eran ambos germanófilos. Cuando Gerhard Voss (el segundo violín) dejó el Melos, fue sustituido por una violinista americana… En Stuttgart fue todo un escándalo… Pero mantuvo sus señas intactas, especialmente en Schubert y Brahms, que es donde creemos que el Melos fue insuperable, en el repertorio romántico alemán.

¿Y Beethoven?

JH.- Beethoven es un caso aparte. Nosotros no caemos en talibanismos ni fanatismos, como elegir el Melos para todo, el Hagen o el Mosaïques para todo… El repertorio natural del Melos era el romántico, y aunque su Beethoven (Delphine apunta que es más cerebral) sigue siendo fantástico, por ejemplo en los Op. 18 tal vez haya otros cuartetos que me motivan más, como el Artemis, el Hagen o el Alban Berg, que en general es el que mejor se ha entendido con Beethoven, reconocido también por el Melos. Conjugan la interpretación de los estilos de Sándor Vegh y Walter Levin (Lasalle) con el suyo propio, obteniendo un Beethoven magistral, con un respeto a la partitura mayúsculo.

¿Cómo escogen el repertorio?

AH.- Como decía, existe una enorme cantidad de música que podemos tocar, aunque existen condicionantes, como invitaciones a tocar ciertas obras, encargos y lo que a nosotros nos gusta.

JH.- Ahora pensamos en incorporar románticos tempranos, como algún Mendelssohn, el Op. 13, que vamos a retomar; algún Schubert y algunos cuartetos españoles que están menos tocados. Ttambién retomaremos el Tercero de Arriaga.

¿Conocen el Arriaga del Sine Nomine?

DC.- ¡Uf… Impresionante! Ellos también fueron alumnos del Melos…

ER.- …Una sonoridad tremenda…

JH.- Son uno de esos cuartetos que cuando los escuchas sabes que podrían ser uno de los grandes, incluso a nivel humano conecta mucho con nuestra filosofía y la del Melos. Es muy “familiar” y sencillo…

No parece sencillo convertirse en un cuarteto de cuerda de cierto nivel…

ER.- En absoluto; se necesita tiempo para conseguir cierta sonoridad. Y si tenemos en cuenta que es difícil vivir como cuarteto, se hace complicado a veces dedicarse en exclusiva…

AH.- Hay una cuestión importante. Con el Plan Bolonia entra en Tercero de Superior la asignatura de cuarteto de cuerda. En este aspecto nos llevan años de distancia en otros países de Europa; el tener cuartetos de cuerdas residentes es bueno tanto para la interpretación como para la enseñanza. Creemos que la música de cámara es muy necesaria para la enseñanza musical de alto nivel, y ya se notan los resultados en los centros que han entendido esto. Tres somos profesores en conservatorios de Madrid, y Delphine está en el Superior de Baleares, y vemos lo que les aporta a los alumnos la música de cámara; encuentran una motivación extra porque la música la hacen entre ellos. Una vez más, para la música de cámara es muy importante la continuidad y trabajarla con especialistas. Para el próximo año nos planteamos comenzar una residencia en la Universidad Internacional de Valencia, que nos permitirá tener una continuidad. También vamos a comenzar este mes de abril una residencia en el Museo Nacional de Artes Decorativas, en el que vamos a tener ocho conciertos al año a los que queremos dar también un toque pedagógico.

Va siendo hora de saber de dónde proviene el nombre de Leonor…

AH.- El nombre de Leonor viene de Leonor Izquierdo, la mujer de Antonio Machado. Hace trece años comenzamos a organizar un curso y un festival en San Esteban de Gormaz, en Soria, que es donde surgió el germen del cuarteto, y desde entonces este curso y festival han girado en torno al Cuarteto Leonor, gracias también al apoyo de la Diputación de Soria. Este curso ha ido creciendo paralelamente al Cuarteto Leonor. Este año lo celebramos del 22 de agosto al 1 de septiembre***. 

Para concluir, me gustaría que espontáneamente me dijeran con que cuarteto se quedarían ahora mismo, aunque esta tarde o mañana fuera otro…

AH.- Para mí el Cuarteto núm. 15 de Schubert, el último. Es una obra monumental, brutal… Recuerdo una interpretación impresionante del Melos en vivo en el Festival de Ezcaray…

ER.- Yo estoy pensando en algún Beethoven… Algún Rasoumovsky op. 59… Recuerdo una Navidad en la que estaba enfermo y me era imposible escuchar los movimientos lentos de los Rasoumovsky porque me afectaban más, y creo que empeoraba…

DC.- A mí me ocurrió algo parecido. Cuanto tuve a mi hijo, si escuchaba esa música me echaba a llorar…

JH.- No es porque sea viola, pero tal vez el Sexto de Bartók.

DC.- Yo me quedaría con Debussy, y no es por hacer patria…

Desde luego tienen ustedes un gusto exquisito. Ha sido un verdadero placer.
 
* La portada de la grabación de los Cuartetos es un cuadro de Barce, Esferas (1981).
** Ramón Barce fue colaborador asiduo y subdirector de RITMO entre septiembre de 1981 y agosto de 1993, plataforma donde pudieron leerse muchas de sus ideas.
 
DISCOGRAFÍA
 
BARCE: Integral de los Cuartetos de Cuerda.
Cuarteto Leonor.
VERSO. 3 CDs • 171’57’’ • DDD
 
GARCÍA ABRIL: Cuarteto para el Nuevo Milenio. Cuarteto de Agrippa. Alba de los caminos.
Cuarteto Leonor.
Daniel del Pino, piano.
José Luis Estellés, clarinete.
VERSO • 60’53’’ • DDD
 
Como ya hemos leído en esta entrevista, y como ya se ha dicho, la música de Ramón Barce surge de pensamientos filosóficos y de una profunda conexión de la mente del pensador con la mente del músico. Estos Once Cuartetos de cuerda, compuestos entre 1958 y 1999 para la Pieza de Cuarteto que es el núm. 11, son una de las primeras ocasiones en que la música de Barce es recogida en su integridad, sin tener en compañía a otro compositor de la Generación de 1951. Por fin Barce tiene su espacio propio, gracias a un esfuerzo interpretativo enorme del Cuarteto Leonor, que interpreta esta música como si de Bartók se tratase; con la misma intensidad, atención y cuidado en cada momento. Solo hay que escuchar obras como el Cuarteto núm. 5 (1978), un auténtico tejido de texturas que van avanzando hacia un fin común, una búsqueda de una sonoridad propia, o los cuartetos aleatorios, los Núms. 2 y 8, interpretados de manera “conjunta” e inteligente, sin que sepamos cómo pudiera ser la próxima vez, siguiendo las intenciones del compositor (se intuyen conexiones minimalistas en el Fluido y Moderado del Octavo). O las reflexiones que se producen en los primeros cuartetos, como en el Premio Nacional de Música que es el núm. 3, Cuarteto Gauss, en un solo movimiento. Con el paso del tiempo, esta integral se asentará como uno de los clásicos de la discografía española, yendo paralelamente con la imparable ascensión de una formación de cámara que nos deparará incontables alegrías en el futuro.
A estas alturas*, el compositor turolense Antón García Abril es uno de los grandes autores de nuestro país, siempre fiel a su estilo, que encierra una curiosa paradoja: mientras su apego por la tonalidad y sus consecuencias mantienen un público fiel, es precisamente en este apego donde puede encontrar más obstáculos y mostrarse academicista y conservador. Unitario, sin pausas entre los tres movimientos, el Cuarteto para el Nuevo Milenio fluye con un lirismo torrencial, llevado a su máximo esplendor en el movimiento central, un Libero-Espiritual de intensa emoción. El Cuarteto Leonor entra de lleno en el terreno sensual que transmite la obra, mientras que el Cuarteto de Agrippa, estrenado en el Festival de Santander, tiene como modelo a Goffredo Petrassi. A pesar de no superar los doce minutos, a García Abril le basta para mostrar un conseguido equilibrio entre sobriedad y elegancia, entre clasicismo y serenidad. Difícilmente puede escucharse mejor, ya que a los fantásticos miembros del Leonor se les unen Daniel del Pino al piano y José Luis Estellés al clarinete. Cierra el disco el delicioso Alba de los caminos, un quinteto con piano que aumenta el catálogo de obras “garciabrilianas” dedicadas al alba, tan frágil y tan poderosa, tan pura y tan mágica. Este Quinteto es una obra maestra de la música de cámara española, superior a obras de mayor crédito (sigue una estela parecida al de Turina, pero con mayor delicadeza y menor contundencia), con un continuo aire de libertad, con un protagonismo esencial del piano, que ejerce de unidad tímbrica y melódica, “sujetado” armónicamente por el cuarteto de cuerda, que parece ir cerrando puertas al deseo de libertad irrefrenable pianístico. De nuevo una interpretación de alto nivel de este autor que es esencial en la Historia de la Música de España.
 
Por Gonzalo Pérez Chamorro
Foto Cuarteto Leonor: Elena Martín
 
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