Revista Ritmo
Editorial
Revista RITMO
SEPTIEMBRE 2018 / número 921

La derogación del Real Decreto para la fusión del Teatro Real y el Teatro de la Zarzuela, al inicio del verano, debería marcar un punto de inflexión en la política cultural del nuevo Gobierno para los centros artísticos dependientes del INAEM (Auditorio Nacional de Música, Ballet Nacional de España, Centro Dramático Nacional, Centro Nacional de Difusión Musical, Compañía Nacional de Danza, Compañía Nacional de Teatro Clásico, Joven Orquesta Nacional de España, Orquesta y Coro Nacionales de España y Teatro de la Zarzuela).

En medio de los calores estivales, períodos vacacionales y estrategias políticas, se ha puesto en marcha un Grupo de Trabajo, con el objetivo del estudio de la reforma de los centros artísticos dependientes del INAEM. Con ello se pretende “mejorar la gestión del citado organismo autónomo vinculado al Ministerio de Cultura y Deporte y adaptarlo a la naturaleza de sus actividades, potenciando también la labor de difusión nacional e internacional de las artes escénicas y musicales que tiene entre sus fines”, según se indicaba en la nota oficial, tras el Consejo de Ministros del pasado 29 de junio.

El Grupo de Trabajo, también según la citada notica oficial, debe analizar un variado número de cuestiones como: el régimen jurídico y organigrama más adecuado para los fines y actividades de las unidades de producción del INAEM; la dotación de recursos humanos y económicos; los mecanismos para la obtención de ingresos y recursos propios, como el patrocinio, el mecenazgo, las tasas y precios públicos; las modalidades de contratación del personal y los convenios y acuerdos laborales; la racionalización y organización del trabajo en sede y en gira; la estructura retributiva; la difusión digital y retransmisión de los espectáculos o la modernización de las infraestructuras y equipamientos del INAEM, entre otros temas.

Que el Ministro de Cultura y Deporte y la Ministra de Política Territorial y Función Pública se hayan puesto manos a la obra para analizar la situación del INAEM, aunque sea gracias al detonante del Real Decreto para la fusión del Teatro Real y el Teatro de la Zarzuela, no es una mala señal para el mundo de la cultura.

La unión del Teatro Real con el de la Zarzuela, bajo el paraguas de un nuevo “Teatro Nacional de la Ópera y de la Zarzuela”, no era una mala idea para la modernización, internacionalización y suma de sinergias, pues se hubiese creado una plataforma más sólida para la mejor proyección de la lírica desde España y, sobre todo, desde la libertad de movimientos que permite la estructura administrativa de la actual “Fundación del Teatro Real”. En la pasada primavera, antes del vuelco político en el Gobierno, esta iniciativa supuso una llamada a la modernización de las estructuras culturales, llamada que ahora parece que ha sido tomada muy en serio por el nuevo ministro.

La planificación de proyectos culturales de dimensión estatal precisa, en los tiempos actuales de Internet, redes sociales y globalización, herramientas administrativas, jurídicas y laborales acorde con la realidad del siglo XXI. La diversificación de las responsabilidades culturales del país entre sus distintas comunidades autónomas también necesita de una sensibilidad que, sin perder el objetivo de la marca nacional e internacional del país, de cabida a las iniciativas que se producen en cada una de ellas de manera singular.

Evidentemente, la rigidez de la normativa administrativa del Estado ha chocado en multitud de ocasiones con los procesos de contratación y funcionamiento de la gestión cultural en el INAEM. Voces cualificadas del Instituto, como la de Antonio Moral en su presentación de la temporada 2018/19 del CNDM y despedida del cargo, han denunciado el difícil corsé administrativo y laboral en el que tienen que hacer su trabajo. Los cambios a realizar han de ir en la dirección de facilitar el desarrollo de los distintos planes culturales en el nuevo INAEM, eliminando trabas, uniendo esfuerzos, estableciendo sinergias, modernizando estructuras de financiación, dentro de la actual y necesaria colaboración con la empresa privada (véase el ejemplo del Teatro Real).

La creación y difusión cultural precisa desarrollarse con cierta libertad de movimientos, de manera distinta a los controles y estructuras habituales de otros sectores del Estado, pues de lo contrario la burocratizamos en demasía, alejándola de sus fines e impidiendo en muchas ocasiones alcanzar los objetivos y resultados demandados.

El traje socialista le sienta bien a la vida cultural española, por lo que esperamos que el resultado del informe de este nuevo Grupo de Trabajo sirva para acometer unas ambiciosas propuestas de reformas en el INAEM, quizá en la línea de una Agencia Estatal. 

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