Revista Ritmo
Editorial
Revista RITMO
SEPTIEMBRE 2016 / número 899

Desde hace algunas décadas, coincidiendo con el desarrollo social de la música clásica en España, se han ido consolidando, principalmente en verano, gran número de festivales de música a lo largo de toda nuestra geografía. La excelente climatología del país, así como sus entornos artísticos y monumentales, sumados a los estupendos auditorios y salas de conciertos de que disponemos, junto con las no menos importantes infraestructuras turísticas, hacen de España un enclave idóneo para su desarrollo.

Suponemos que el peso económico de estas actividades, dentro del volumen turístico del país, no es significativo, aunque sí aporta una muy positiva influencia para la buena imagen de nuestra oferta turística nacional e internacional. Las nuevas tendencias del sector apuestan por la promoción del turismo de interior, con ofertas de algo más que sol y playa, rescatando la historia y la cultura de las distintas identidades del país. Pues bien, los festivales de música clásica ofrecen un importante valor añadido en todo ello.

Los organizadores de los festivales, ya sean entidades públicas, privadas o mixtas, se están esforzando, con éxito, en descubrir el acervo musical del país, sus intérpretes (con un cartel de excelentes artistas locales, como nunca antes habíamos tenido, más primeras figuras y agrupaciones internacionales del más alto nivel) y emplazamientos singulares, perfectamente renovados y adaptados a las distintas actividades, que ofrecen marcos incomparables para el disfrute de una excelente y bien seleccionada música clásica.

Dando un paso más en la mejor organización de las propuestas turístico-musicales de nuestros festivales, también se facilita a los aficionados, junto con las entradas a los espectáculos, servicios plenos de alojamiento, restauración y turismo local. Son paquetes especialmente diseñados para un tipo de público, ya sea nacional o de otros países, que busca calidad y exquisitez en su tiempo de ocio cultural. La combinación de música más gastronomía local, con espectáculos musicales bajo las estrellas, siembran nuestra geografía turística. Evidentemente, la preparación de todo ello exige una alta especialización y profesionalidad que, actualmente, superan con nota la mayoría de los organizadores.

Si observamos la lista de ciudades españolas en donde se celebran festivales de música clásica nos quedamos realmente sorprendidos por su número y emplazamiento. En un vistazo rápido a la cartelera de festivales en 2016 nos encontramos ciudades como Aranjuez, Ávila, Badajoz, Baeza, Barcelona, Bilbao, Cádiz, Daroca, El Escorial, Formentor, Granada, Las Palmas, Madrid, Orense, Panticosa, Peralada, San Sebastián, Santander, Segovia, Sevilla, Soria, Tarragona, Tenerife, Torroella de Montgrí, Úbeda, Valldemossa o Villanueva de los Infantes, entre tantas otras. Que grandes ciudades organicen festivales de música puede resultar más habitual, pero que pequeñas localidades también opten a esta oferta cultural ya no lo es tanto. Por otro lado, resulta que los festivales de algunas de las pequeñas superan en calidad y servicios a los de las grandes urbes.

Este año, el Festival Castell de Peralada ha cumplido su 30 aniversario y hemos querido, desde esta página editorial, rendir nuestro pequeño homenaje a sus organizadores, como uno de los festivales pioneros del sector. El festival se inició hace 30 años como “una aventura musical”, según indica su presidenta Carmen Mateu de Suqué, aventura que hoy ofrece uno de los certámenes de mayor prestigio de la cartelera europea, tanto por su modelo de turismo musical, como por el nivel y variedad de sus programaciones y artistas invitados. Este año, en su 30 aniversario, destacamos la gala de apertura con Lang Lang, una no menos luminosa gala de aniversario con la ópera como protagonista y la participación de las sopranos Sondra Radvanovsky y Eva-Maria Westbroek, el tenor Marcelo Álvarez, los barítonos Carlos Álvarez y Ambrogio Maestri, con la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC), dirigida por el joven y bravo maestro Daniele Rustioni. Destacamos también un Turandot, que pasa a formar parte del listado de las nuevas producciones del festival. 24 días de programación en el se han unido la música clásica, la música popular, la literatura, un entorno monumental y la mejor gastronomía y entretenimiento. Todo un modelo a seguir. Larga vida al Festival Castell de Peralada.

Nuestras felicitaciones a los organizadores, patrocinadores y público de los festivales de música clásica en nuestro país, animándoles a seguir en la actual línea de superación y fidelidad al concepto, pues están marcando un excelente camino para el desarrollo de la música y del turismo cultural.

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