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RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
Abvlensis 18, protagonizado por la figura de la mujer en todas sus variantes - Ávila

Abvlensis 18, protagonizado por la figura de la mujer en todas sus variantes - Ávila

Reseña: Octubre 2018

Agosto vio la VII edición del Festival Internacional de Música Abvlensis, dedicado a la mujer en sus aspectos de escritora, poetisa, compositora e intérprete, bajo el nombre general de Silva de Sirenas. Se dispuso así: Preambulum inicial de puesta en común; 4 conciertos; el Studium que acogió alumnos de Interpretación vocal, que hicieron también su concierto final, guiados por el grupo residente invitado y una feliz iniciativa añadida, taller de Coro infantil (entre 9 y 12 años) apodado Seises.    

Concierto inaugural y de clausura tuvieron como escenario el Auditorio Municipal “San Francisco” de la ciudad de Ávila, que patrocina el Festival junto con la JCyL, ambos con sendos llenos totales.

Tiburtina Ensemble hizo el 1º, y como conjunto residente dictó las clases magistrales del Studium. Se trata de un conjunto de 9 solistas femeninas que incluye a su Directora Barbora Kabátková, también tañedora de arpa medieval, y la virtuosa instrumentista Margit Übellaker con 2 dulcimeres o cítaras germánicas. Establecido en Praga en 2008 y su amplio reconocimiento, le ha llevado a grabar ya 3 compactos de éxito, de los que el último Ego sum Homo,dio base y título al programa presentado. Su gran mérito nace en su Directora, capaz de convertir voces con colores diferentes, en un timbre y color único que hace unísonos homogéneos y exactos, como si fuera una sola voz con capacidad dinámica y expresiva; ella misma pasa los originales musicales al tetragrama con sus neumas correspondientes, en auténtico trabajo de orfebrería de la mejor ley, haciendo vivos los textos latinos; su brazo derecho dibuja líneas amplísimas y su mano abre y cierra melodías y temas con exactitud y afinación absolutas, basadas en apabullante técnica respiratoria, vocalización y total dominio de un ritmo natural y flexible.

La abadesa benedictina Hildegard von Bingen, física, filósofa, naturalista, poetisa, visionaria, lingüista y compositora del Medievo, es decir, una mujer fantástica, protagonizó todo el concierto, incluyendo el fragmento de Virtutes O, Deus,qui es tu y el procesional In principio omnes, de su drama litúrgico Ordo virtutum, de los primeros en la Historia, debate del alma humana entre las virtudes y el diablo. Desde la inicial Secuencia O, Jerusalem, iniciado fuera de sala, con un sonido que fue creciendo hasta aparecer en escena, hasta el Salmo 8 final Domine, Dominus noster, todo fue un modelo expresivo e interpretativo tanto en los soli o el Conductus y Antífona instrumentales interludiados sumadas dos flautas de pico tenor o alto, a cappella o en cuarteto o tutti. Puestos a elegir, especiales el Himno Cum vox sanguinis, el Conductus Flos in monte con dúo de soli a cappella, tutti y trío instrumental de sabor a Codex Calistinus y la Antífona lírica y preciosa a solo de Havliková y flauta. Mucha belleza.

 Paul McCreesh y su Gabrieli Consort, aquí como coro mixto a 4 cantores por voz que hicieron memorable la clausura, en la misma línea de respeto a música de todo tiempo y textos que mantienen desde su creación en 1982, aportando savia joven en las voces que empasta igual de bien con las maduras, como prueban la limpieza y nitidez de todos los ataques y el brillo de las cadencias de cierre en admirables pianísimos. Su programa ininterrumpido, intitulado De una Rosa procede todo mi canto, tomado de una de las piezas del S. XX ofrecidas, cuyo autor, el inglés K. Leighton, asemeja las virtudes de la flor con las de la Virgen María (protagonista de todo el repertorio) y exhibe a la 1ª soprano como solista, voz capaz de abordar cualquier género por timbre, técnica y volumen, tanto a solo como en las partes con coro femenino o masculino o el tutti, y con el Consort mostrando que se puede cantar fff sin perder empaste ni expresividad, sino ganando vida y emotividad al contraste.

Como en Caná, la obra final Vox Patris Caelestis de W. Mundy en el tiempo de María Tudor, que glosa durante al menos 15 minutos los méritos de la Virgen para su Asunción y proclamación como Reina del Cielo, fue el mejor vino abulense de despedida, pues la tensión vocal, afinación exquisita, concentración y variedad de grupos vocales incluídos (altos, 2 tenores y 2 bajos; sopranos, 2 T y 2 B; féminas; hombres solos y con 2 B menos y altos; soprano solista y con 2 A y 2 B; y el tutti final y en interludios), probaron la solidez artística de Gabrieli y el trabajo minucioso y efectivo, a la mano, de su Director.

Homenaje inicial a Victoria con su Ave María a doble coro, el auténtico, hecho con mucha solemnidad y pureza de líneas. A destacar también el delicado por tonalidades y efectos Adam Lay Ybouden de M. Martin (n. 1976) y el anónimo estrófico medieval para féminas, sin Director, There is no Rose con tres dúos S-A y soprano sola de hermoso color. Ovaciones repetidas, hicieron regresar al Consort a escena y regalar un delicioso Britten con Coro y cuarteto en of, que reiteró el gran éxito.

José Mª Morate Moyano

ABVULENSIS, Festival Internacional de Música. Tiburtina Ensemble, Directora B. Kabátková. Gabrieli Consort. Director P. McCreesh. Medievo vocal y Ss. XVI, XX y XXI.
Auditorio Municipal San Francisco de Ávila.

Foto: Tiburtina Ensemble en el Auditorio M. San Francisco de Ávila. 

Paso firme - Huelva

Paso firme - Huelva

Reseña: Octubre 2018

Los futuros melómanos se forjan en la música de cámara, género que fundamenta el criterio de un público. Isla Cristina ha celebrado su segundo festival apostando por músicos de talla. Maestros reunidos era el sugerente título a una velada donde seis artistas internacionales han dejado una huella imborrable.

Era La trucha de Schubert el punto culminante de esta velada: dominio contrapuntístico, depurados timbres y pasajes solistas internos de la mejor escuela; el Finale refrendó su inteligente lectura con un brillante violín en sus sobreagudos, cautivadores viola, chelo y contrabajo así como un piano de inagotable expresividad. Grieg, en formato reducido, gustó por la nitidez de texturas en el Preludio, el cuidado armónico netamente brahmsiano de  la Zarabanda y un Rigodón evocador de apogeos barrocos. Por su lado, dos números de El amor brujo calaron desde el principio en frescura pianística y empaque conjunto digno de principios del siglo XX.

Resaltamos el perfil del pianista, Per Rundberg: retrato del virtuoso bohemio. Su técnica y sensibilidad exacerbadas a añadir de sus ademanes solemnes aderezaron la interpretación.

Huelva se reimpulsa culturalmente con este festival, auspiciado por la asociación “Mundo Arte”. Dicho concierto ofrecía el aliciente de contar con el violinista Kirill Troussov, alumno de Yehudi Menuhin e intérprete de un Stradivarius con que se estrenara el Concierto de Tchaikowsky.

Marco Antonio Molín Ruiz

II Festival de música de cámara de Isla Cristina. Maestros reunidos. Kirill Troussov y Ziva Ciglenecki (violines), Danka Nikolic (viola), Paolo Bonomin (chelo), Vilmos Buza (contrabajo) y Per Rundberg (piano). Suite Holberg, opus 40, de Grieg, Pantomima y Danza ritual del fuego de El amor brujo De Falla y quinteto con piano en la mayor, La trucha, de Schubert. 12 de agosto de 2018. Diez de la noche. Teatro “Horacio Noguera” de Isla Cristina.

Foto: Un momento del concierto (foto de José Manuel Crenes). 

Resolución y compromiso inaugurales - Madrid

Resolución y compromiso inaugurales - Madrid

Reseña: Octubre 2018

Un programa de concierto de resuelta traza inaugural el que presentara los Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid en su arranque de temporada en un Auditorio Nacional con muy buena entrada. Un programa que combinó una obra no demasiado frecuente del repertorio sinfónico-coral: la Misa en tiempos de guerra“in tempore belli”- de Franz Joseph Haydn, con el tácito empaque aguerrido, también, de la: Sinfonía “del Nuevo mundo” de Antonín Dvořák. Una obra romántica incombustible, parcialmente “fusilada”, al menos en carácter, por populares bandas sonoras del cine más comercial y exitoso, y otrora, sintonía habitual.

Un plan a priori ganador para el que no se puede menos que gritar aquello, algo anticuado -ya no se escucha ni en los estrenos, que sería lo suyo-, de: “¡Que salga el autor…!” Bueno… será que resucite… aunque, a decir verdad, vivos siguen ambos -Haydn y Dvořák, me refiero-, al menos a tenor de su frecuente programación y las demostraciones de entusiasmo, como la de esta ocasión, que sus obras, algunas en verdad insistentes, siguen suscitando.

Aparte del elenco orquestal y coral, el cuarteto vocal solista con que contara para la Misa, el director, titular de la agrupación, Víctor Pablo Pérez, fue: Eugenia Boix, soprano, Anabel Aldalur, mezzosoprano, Gerardo López, tenor, y Sebastià Peris, barítono. Todos ellos mostraron un solícito y conforme ajuste a esta versión de la Misa de Haydn. Con voces remarcables. Una Misa que presentó así una lucida y dinámica apariencia de la que fue protagonista el propio coro, eso sí, contando con los dilemas técnicos instrumentales propios de la desenvoltura de su autor y algún que otro solo en atriles de distinguido sello tímbrico. Compromisos técnicos y vivaces articulaciones que se solventaron desde el podio con aliento unitario y atento fraseo.

Similar disposición con la que se afrontara, después, una obra ciertamente alejada, estéticamente al menos: la citada Novena sinfonía del compositor bohemio. Aquí, la estrategia envolvente rodeó con los movimientos extremos, especialmente por un decidido movimiento final, los movimientos intermedios que manifestaron así su, también, comprometedora continuidad sinfónica con alguna que otra entrada y flexibilidad de tempi, desiguales o ásperos. Por lo demás, en lo sinfónico, un correcto deslinde estructural y desarrollo formal.

Ocasión, pues, festiva, resuelta en consonancia, con un programa ciertamente agradecido, sin alardes impostados, y aspiración, hechura y resolución inaugurales.

Luis Mazorra Incera

Eugenia Boix, soprano; Anabel Aldalur, mezzosoprano; Gerardo López, tenor; y Sebastià Peris, barítono. Orquesta de la Comunidad de Madrid / Víctor Pablo Pérez.
Obras de Haydn y Dvořák.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Eugenia Boix, soprano.

“Divolgación” - Madrid

“Divolgación” - Madrid

Reseña: Octubre 2018

Con desenfado -pero absoluto control de la situación- se presentó el espectáculo cómico-operístico de Yllana: The Opera Locos, en una sala rebosante del Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Eso sí, se hizo esperar unos minutos en su multitudinario arranque, antes de rematar así con contundencia y concisión lo que, sobre el programa, era el broche final y festivo -para todos los públicos y paladares- de su Festival de Verano de este año.

Una cascada musical y dramática perfectamente diseñada -sobre el papel- e interpretadas con solvencia -sobre las tablas-, de pequeñas escenas cómicas de apenas unos minutos, a vueltas con tres tenues hilos argumentales marcados siempre por la aparición ya sea como cita fugaz, caricatura o en versión más cercana al original de, al menos, alguna de las arias de ópera más célebres, mayormente de los repertorios italiano y francés (y algún coro…, como, sin ir más lejos, el de los esclavos de Nabucco con el que se rompía el hielo). Eso sí con alguna previsible incursión pop standard y sus crooners trufada por ahí.

El resultado a la postre, al margen de la evidente intención pedagógica o divulgativa -“divolgativa” se diría mejor aquí-, se vivió también desde la grada como un verdadero alarde actoral y canoro. En este sentido todos, los cinco “divos” sobre las tablas, rayaron a un nivel excepcional: ¡Chapeau! Cinco artistas con múltiples roles que, sin salirnos del orden con que los publicitara el propio teatro, fueron esta noche: María Rey Joly, Mayca Teba, Toni Comas, Enrique Sánchez Ramos y Jesús García Gallera.

Una apuesta escénica condensada en que la vis cómica, el mimo, la coreografía, el vestuario, el guion… en suma las facetas más dramáticas adquirieron pronto resuelto y feliz protagonismo. Un protagonismo al que, por otra parte, debiéramos estar ya más que acostumbrados por nuestra abundante y brillante tradición en este sentido. Aunque mejores tiempos se han vivido. Y en este contexto de constante parodia y esfuerzo por mantener la leve continuidad argumental, puede decirse incluso que aquellas arias que se interpretaron con mayor detenimiento, atención y observancia, que también las hubo y bien que se hicieron notar, no desmerecieron en absoluto de esta guisa delirante, sino que, incluso en alguno de los casos, emocionaron en su tragedia… ¿Sorpresa...? Relativa… Al menos hasta que -humor negro- le arrojaran al cantante desde un hombro del escenario…: ¡una soga!

Con tanta megafonía en ristre -al nivel “decibélico” con el que se trabajó no fue de extrañar que en algún momento fugaz llegaran a acoplarse micrófonos-, con tanta música instrumental pregrabada -nada más y nada menos que todas las intervenciones “de acompañamiento” o de orquesta (Verum)-, parecía lo más probable haberse alejado sin remedio de la turbación original de muchas de estas partituras aquí descontextualizadas. Pues no fue así.

Lo demás…, que ya a estas alturas pueden imaginárselo: la interactividad con el espectador -algo forzada por momentos pero eficaz para implicar a un público variopinto (y, por cierto, también relativamente afinado y dispuesto), la sobreabundancia de aplausos y demás demostraciones de satisfacción y afecto que premiaran todas y cada una de estas escenas, o el archi-consabido objetivo secular del enredo amoroso: “cada Juan con su Juana”…, no fueron obstáculo para disfrutar de un espectáculo, con dirección artística de David Ottone y Joe O’Courneen, intenso, concentrado e inteligente, que, ante todo, sirvió de pauta para hacer gala de una espléndida paleta de recursos de los citados cinco cantantes-actores (o viceversa). Y he de decir que, a tenor del éxito cosechado y de la propia apreciación, tras alrededor de hora y cuarto de representación frenética continuada, se podía perfectamente haber alargado algunos minutos más.

Luis Mazorra Incera

Reparto: María Rey Joly, Mayca Teba, Toni Comas, Enrique Sánchez Ramos y Jesús García Gallera. Creado y Dirigido por Yllana. Dirección Artística: David Ottone y Joe O’Courneen. Dirección Musical: Marc Alvarez y Manuel Coves. Idea Original: David Ottone (Yllana) y Rami Eldar. Coreografía: Carlos Chamorro. Escenografía: Tatiana de Sarabia, David Ottone y Yeray González. Iluminación: Pedro Pablo Melendo. Sonido: Luis López Segovia. Vestuario: Tatiana de Sarabia. Caracterización: Tatiana de Sarabia y ARTMAKERS. Música grabada por la Orquesta Sinfónica VERUM/ Manuel Coves. Coproducción de Yllana, Klemark Espectáculos Teatrales S.A y Rami Eldar.
The Opera Locos de Yllana.
Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Festival de Verano. Madrid.
 

Foto: The Opera Locos de Yllana.

 

Decir y mostrar  - Madrid

Decir y mostrar - Madrid

Reseña: Octubre 2018

Todo un reto atreverse a iniciar una nueva temporada musical en Madrid un 1 de septiembre, sábado, conociendo los desajustes que las idas y venidas vacacionales provocan aún en esas fechas. Tal vez el éxito, el optimismo y la gran energía con la que la asociación El Canto de Polifemo concluyó el pasado ciclo musical haya mantenido el impulso y el coraje de los buenos desafíos.

Y acertó de pleno su feliz organizador Francisco M Quirce, en una apuesta fuerte y hermosa: esta vez la convocatoria reunía a dos grandes expertos en la música barroca francesa e italiana del XVII y XVIII: Eva del Campo (clave) y Guillermo Turina (violonchelo). Intérpretes de lujo para un delicado e interesante repertorio franco-italiano: Antonio Vivaldi, Élisabeth Jacquet de la Guerre, Joseph Bodin de Boismortier, Domenico Gabrielli, Francesco Geminiani y Jean-Baptiste Barriére.

Una vez más -como suele ser ya marca de la casa en estos conciertos de la iglesia de las Góngoras de Chueca- la pura ejecución musical estuvo acompañada de una certera labor pedagógica: breves y clarificadores intercalados donde los músicos proporcionan atinados detalles relativos a las piezas, los autores y sus curiosas biografías, así como la evolución musical (el campo de juego) de toda una época. En este caso, Guillermo Turina (que, no en vano, combina su faceta de cotizado intérprete con la labor musicológica e investigadora) supo comunicar al público tanto la rivalidad entre la tradición francesa y la italiana como la admiración mutua que en el fondo se profesaban, un hecho que, finalmente, dio lugar a una fértil hibridación y enriquecimiento recíproco. Pero junto al “decir” llegó el “mostrar”, y ambos músicos -con una actuación tan técnica y precisa como apasionada donde se requería- lograron hacer ver, escuchar, disfrutar y sentir un repertorio único y excelente.

Ernesto Calabuig

Les Goûts Réunis
Sonatas francesas e italianas para violonchelo y bajo continuo
Guillermo Turina (violonchelo) y Eva del Campo (clave)
Iglesia de las Mercedarias de Góngora
Ciclo El canto de Polifemo 

Foto: Guillermo Turina (violonchelo) y Eva del Campo (clave).

Elemental, querida Watson - Santander

Elemental, querida Watson - Santander

Reseña: Octubre 2018

Una vez concluido el concierto de la Orchestra of the Age of Enligthenment y a falta aún de varias jornadas para su conclusión, es ya evidente que la 67ª edición del Festival Internacional de Santander quedará en el recuerdo de su público más fiel como una de las mejores. El sobresaliente desempeño tanto de la formación inglesa dirigida por Laurence Cummings como de la soprano Katherine Watson no ha hecho más que ratificar esa impresión. Enfrentada a un programa dedicado a Telemann y Händel, la expedición inglesa mostró una identificación total con una música que aman y en la que creen profundamente; no sólo la sirven con excelencia en la ejecución, sino con una convicción contagiosa; así, la selección de la Ouverture en Fa mayor TWV 55:F3 del primero sonó a ratos solemne, a ratos saltarina, siempre repleta de vida. La selección de la primera suite de Water music y el Concerto grosso en mi menor, op. 6 n.º 3 HWV 321 del segundo fueron las otras obras puramente instrumentales de la velada.

Elegancia, armonía, suntuosidad fueron los rasgos distintivos de las interpretaciones de un Cummings que, desde el clave, parecía dirigir en estado de gracia. El resto del programa -dos arias de Giulio Cesare, una de Il trionfo del tempo e del disinganno y el motete Silete venti, casi nada- permitió escuchar a la ascendente Katherine Watson en un alarde de técnica vocal puesta al servicio de una sensibilidad exquisita. La voz no es grande, pero el efecto combinado de su canto ligado, la belleza del timbre, la académica claridad de las agilidades y la hondura de su fraseo es enorme. A ello, Watson, gran artista, le suma una personalidad y una inventiva muy pronunciada que le sirvió para iluminar, ya fuera de programa, el da capo de Lascia ch’io pianga con una ornamentación muy original.

Darío Fernández Ruiz

Orchestra of the Age of Enligthenment.
Festival Internacional de Santander. Sala Argenta del Palacio de Festivales. 

Foto: La soprano Katherine Watson.

Juventud, talento y magisterio - Santander

Juventud, talento y magisterio - Santander

Reseña: Octubre 2018

En una programación rica en citas sinfónicas de primera magnitud, la presencia en el Festival Internacional de Santander de la JOSCAN (Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria) no ha dejado de llamar la atención. El magnífico nivel demostrado en el concierto extraordinario del pasado 12 de agosto no puede dejar indiferente a nadie y permite hablar de un proyecto consolidado pese a su bisoñez que la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria debe mantener en el tiempo y, si es posible, ampliar.

Quizás así lleguemos un día a comprender cómo es posible que los ochenta y tres jóvenes de 14 a 26 años que la forman pudieran interpretar con tanta entrega y acierto la Sinfonía nº 2 “Pequeña Rusia” de Tchaikovsky, por poner un ejemplo. Ciertamente, no es la partitura más hermosa del compositor ruso, pero sí permitió apreciar el enorme talento del grupo, el magnífico trabajo realizado con todas las secciones por los diez profesores invitados y, claro está, por la batuta del incombustible Enrique García Asensio, que bien podría incluir entre los mayores logros de su larga carrera un triunfal cuarto movimiento, verdadero prodigio de orfebrería musical. Antes, tuvimos ocasión de escuchar la italianísima obertura de Los esclavos felices de Arriaga, de cuyo aire juvenil participa la propia orquesta, y unas nítidas y ligeras Canciones y danzas para Dulcinea de García Abril, quien, presente en la sala, fue largamente ovacionado por el público.

Darío Fernández Ruiz

Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria.
Festival Internacional de Santander. Sala Argenta del Palacio de Festivales

 Poemario de García Abril por Álvarez Losada - Santiago de Compostela

Poemario de García Abril por Álvarez Losada - Santiago de Compostela

Reseña: Octubre 2018

 Calidad de primicia tiene la obra de García Abril, Poemario Concierto para violín y orquesta de cuerdas, contando como solista con José Manuel Álvarez Losada, que realizó estudios de postgrado en la Universit für Musik und Darstellende Kunst Graz.  No nos resistimos a la apreciación que Esther Sestelo Longueira, hace sobre nuestro maestro: La música garcíabrileña tiene la fuerza del color veneciano, la riqueza de los mosaicos bizantinos, la sensualidad y el movimiento del orientalismo, y la seriedad y sobriedad de los policromistas españoles.  El espacio creativo de su música, en el apartado concertante, también nos dejó otra composición dedicada al violín con orquesta. Se trata de Cadencias, obra muy sui generis, ya que alterna una muy bien trabajada parte solista encomendada  al violín, con una gran orquesta que apoya y contrasta las intervenciones, virtuosas o eminentemente líricas, del violinista. Éste, en efecto, parece estar desarrollando una serie de diversas cadencias, sobre supuestas melodías. Lo admirable es la trabazón de la obra, pese a no sujetarse a la tradicional forma sonata sino a una estructura que asemeja a un complicado puzle maravillosamente ensamblado por el compositor. Desde la distancia en la imaginable perspectiva, distinta es la dimensión de Poemario, evidente continuación, a sabiendas de la capacidad de García Abril para entroncar con su actual visión de la música concertante. Mérito para un solista que colaboró interesadamente en su evolución.

La madrugada del panadero de Rodolfo Hallfter, es un ballet que hizo su presentación con la Compañía La Paloma Azul y del mismo la pintoresca suite en tentadores cuadritos sonoros, en un juego de danzas sucesivas que remedan libremente el original en una entretenida variedad de timbres y metros. Diáfana al tiempo que sencilla, sobre el ballet cincelado por  José Bergamín, contando con una coreografía de la directora de la compañía, Anna Sokolov, y una escenografía de Manuel Rodríguez Lozano. Nabor Hurtado González, comentaría: Simpatizamos francamente con esta forma de ballet español: picaresco, sutil, impregnado todo él de la sal andaluza, y aún cuando Don Lindo de Almería, es superior a La madrugada del panadero, no por ello esta obra carece de encantos. La muy conocida Sinfonía en Re, de Juan Crisóstomo Arriaga, es obra que cumple sus requisitos dentro de los parámetros de un clasicismo de perfecta factura, plantándose sus reales desde el Allegro con brio.          

Ramón García Balado

LXI Curso U.I. de Música en Compostela
Álvarez Losada. Real Filharmonía de Galicia/ Maximino Zumalave. Obras de A. García Abril, R. Halffter y J.C. Arriaga
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela 

Foto: José Manuel Álvarez Losada.

LXI Curso UI de Música en Compostela - Santiago de Compostela

LXI Curso UI de Música en Compostela - Santiago de Compostela

Reseña: Octubre 2018

El viola Ashan Pillai

El titular de la cátedra de viola, bien secundado por  su pianista auxiliar del curso, se decidió por un programa ajustado a una preceptiva divulgativa en la que, para acomodarnos a los planteamientos de la sesión ofrecida, partimos de los criterios  clasicistas de Felipe de los Ríos, un compositor que ejerció en la Capilla Real, en tiempos de Carlos III, en una de esas obras en las que el sonido fluye con natural soltura, y cuyo legado se conserva en el Archivo de Palacio Real. Se trataba de la Sonata Primera para viola, que ya desde el Andante nos invita a seguir la claridad de su exposición, en un intérprete que encuentra en su asistente al confidente ideal.  Del período romántico, la Sonata para viola y piano de Lluis Benejam, un alumno de Guerin, en el Conservatori de Liceu, y que se mantiene dentro de los parámetros de época, aunque su vida profesional tuviese mejor prestancia fuera de España. La obra escuchada, venía pues al caso dentro de una línea ascendente gracias a una cuidada arquitectura y un confesado acercamiento al nacionalismo. Tres tiempos en los que el de entrada Románica, nos sitúa en la línea de las pretensiones de la obra. La opción de Ashan, era la de ponernos al tanto de un patrimonio propio, del que tenemos un conocimiento escaso, aunque lo más sugerente, vendría de inmediato.

En concreto, por Salvador Brotons, también con la Sonata para viola y piano op 28, composición en tres tiempos, en la que la  responsabilidad del solista, crece por las exigencias de los recurso técnicos. El Moderato Amabile, está dispuesto a que demos por hecho que la supuesta amabilidad no se decide por la autocomplacencia relajada, pero mayores actitudes se resuelven en el Molto Allegro y es que nos encontramos ante un salto al vacío, para quien no esté a tono con las formas evolucionadas a partir de la Segunda Escuela Vienesa. Roberto Gerhard, aunque desde la distancia, trasladará los ecos de su escuela a nuestras jóvenes generaciones. Brotons, tuvo también una reconocible influencia de X.Montsalvatge, en cualquier caso, nos hallábamos ante una obra de un joven avezado, en el que Ashan había descubierto su precocidad y sentido de una ansiada madurez. Para compensar en ligerezas, la sonata de Salvador Lestán, de 1884, en una de esas obras reconocibles por sus elementos procedentes de la tradición folklórica, y que en su juventud, había descubierto las cualidades sonoras de la viola d´amore. Detalle de atención a mayores, la transcripción de Ashan de la entrañable canción de F.Mompou, Damunt de tu, no mes les flors.

Ashan Pillai (viola) y J.C.Cornelles (piano). Obras de Felipe de los Ríos, Lluis Benejam, Salvador Brotons y Tomás Lestón.

Concierto de órgano en la Catedral con Roberto Fresco

Roberto Fresco, profesor del Centro de Música de Enseñanza Katarina Gurska de Madrid, se formó en la Hochschule für Musik de Viena con Michael Radulescu, al que debe en parte su evolución, en similar reconocimiento para su maestra Montserrat Torrent, de quien ocupa en la actualidad la plaza en nuestro Curso.  Un Tiento de octavo tono, de Correa de Araúxo, fue la pieza de entrada, autor del primordial Libro de tientos y discursos de música práctica y teórica de órgano, que le confiere el magisterio de ser uno de los adalides del barroco europeo. El florido Tiento de batalla de 5º tono, punto baxo de J.Baustista de Cabanilles, modelo de perfección dentro de este género de obras en los barroquismos y que destaca a parecida altura en las variaciones con arraigo todavía en épocas precedentes. Un modelo de señorío en los dominios del medio registro y en los tientos de falsas, pero especialmente sobresaliente  en el género de la batalla, en su poderío sonoro.

Carles Baguer, con la Sinfonía nº 1, en cuatro tiempos, cuya obra para teclado destaca sobre la de sus contemporáneos, logrando una notable divulgación por su equilibrio, moviéndose entre la vieja tradición de la escuela polifónica, la sonata bipartita y las nuevas corrientes de influencias  alemanas. Un ejemplo de la asimilación de Haydn, en cuanto a la idea  formal y melódica, obra pues, de perfecta transición.

Joan Mª Thomas Sabater, con la Toccata Post  Te- Deum, de 1943, extensa y de brío expresivo, de profundo conocedor de repertorios corales, que había creado la Associació Bach per a la Música Antiga i Contemporània de Palma de Mallorca.  Tomás Garbizu Salabaría, cedió su Sequentia, de 1950, un vivo ejemplo, según comprobamos, de sus actividades como compositor e intérprete de órgano, ligado a la facilidad en cómo improvisaba, dando lugar a veces a no poder distinguir, si improvisaba, destacando además por la comunicación que creaba con su medio de expresión.  Jesús Guridi por el Tríptico del Buen Pastor de 1953, obra de considerable atractivo tímbrico y melódico, producto de su paso por la Schola Cantorum parisina, en donde estudió órgano con Decaux, además de composición con Sérieyx y contrapunto y fuga con D´Indy.  De Joaquín Turina tuvimos el Preludio Op. 10 y la Musette Op. 13, maestro que también conoció una etapa fundamental en la Schola Cantorum y de tal experiencia, surgieron  esas piezas, dentro del escaso catálogo dedicado al órgano. Hubo de pasar entonces los severos rigores de V. D´Indy.  

Roberto Fresco. Obras de Correa de Arauxo, J.B. Cabanilles, Carlos Baguer, Juan Mª Thomás, J. Turina y J.Guridi.
S.A.M.I. Catedral de Santiago de Compostela

La Música callada de Mompou por Josep Colom

Mompou, un compositor de una formación tardía y técnicamente pobre, pero con un componente genial irresistible. Su música está construida a base de pequeñas piezas sin desarrollo ninguno y sin posibilidad de análisis. Su magia es inexplicable, todo producto de la intuición, del hallazgo si se quiere. Él mismo decía que no componía su música sino que, simplemente, la encontraba mientras pasaba horas sentado al piano. Esa falta de método, por así decirlo, es lo que hace que suene tan fresca. La valoración del compositor por Colom y que cundía en razones para una sesión, en la que los cuadernos de la obra, tuvieron como entrada breves citas del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz. Cuatro cuadernos en una interpretación medida por una concisión al límite de una agógica que abundaba en la concentración y el valor de los silencios, gracias a la autoridad de un pianista impregnado del pianismo requerido.

Para Mompou: Esta música más que una expresión da un ambiente expresivo, pero en el fondo, está la marca del estado de ánimo. En ese momento domina esa tristeza, esa nostalgia, seguramente la preocupación de la muerte. La Música callada es una música más abstracta. En uno de los sentidos más abstractos, porque a la que no tiene ninguna expresión, también la llaman abstracta, y la mía tiene expresión, y está dentro de la línea melódica. Oírlo y sentirlo gracias a Colom, sobre un grado de exigencia que no deja resquicios a indolencias ni actitudes de ausencia, atendiendo fidedignamente al espíritu de trascenderse, mientras el intérprete, en su austeridad puesta escénica,  nos convence definitivamente que hay secretos ocultos más allá del pentagrama stricto sensu. Liberación de la faramalla y el tumulto procedente del exterior, para entregarse a un obligado acto de devoción hacia el autor. 

Ramón García Balado

Josep Colom. F.Mompou, Música callada.
Capilla del Hostal de los RR.C.C. Santiago de Compostela 

Foto: Josep Colom.

Lied de Schumann teatralizado - Santiago de Compostela

Lied de Schumann teatralizado - Santiago de Compostela

Reseña: Octubre 2018

Versión bajo el prisma escénico de Nicolás A. Guindo en la recreación escénica del Frauenliebe und Leben schumanniano, para la soprano Hasmik Nahapetyan, entremezclado con las Waldszenen, para contribuir  a la recreación escénica de un ciclo transfigurado en una forma de pequeño espectáculo prototípicamente biedermeier, para la recreación de un estilo de época. Iluminación y vestuario, propicio para el momento de las  vivencias schumannianas. Dramaturgia y lieder, a tenor pues de una ambientación precisa. La música del compositor se une más íntimamente con la poesía que la de ningún otro maestro anterior, incluso en los momentos en que no interviene ningún cantante. El poeta del piano escribe también poemas como compositor de lied. Antes de la composición está la selección del texto, como revelan las cartas a Clara, en las que pide que le envíe nuevas poesías, siempre en los resultados, se esconde el anhelo de aproximación al ideal de transparencia y claridad. La línea del poema es elevada por encima de su función de base melódica, haciéndose de este modo presente como figura lingüística independiente, aunque en modo alguno en el sentido de descripción sonora.

 En Amor y vida de mujer, tenemos con la música de Schumann, la más bella caracterización de la sensibilidad femenina dentro de la ambición de una idea y la soprano quiso medir las intenciones de los lieder, resaltando especialmente An meinen herzen, an meiner brust, el obsesivo Nun hast du mir den ersten schmerz getan o el incisivo  Seit ich ihn gesehen. Lo que estaba casi prosaicamente dicho por Chamisso, se consagra con la música. Estamos ante un dilema: La mujer, logrará que el hombre salga de su soledad ensimismada. El intérprete de Schumann encontrará un lenguaje que habrá de formular a través de un espacio rítmico libre, en tramos cortos, con extrema fantasía sonora, con muchos ritardando, con un a tempi escritos, o también sin anotar, detalle que le diferencia de su admirado Johannes Brahms, que exige fiati más largos y menos flexibilidad sonora en el lenguaje. Schumann, el gran taciturno en la vida, era también el gran maestro de la pausa, del recogimiento, de la experiencia sin palabras, de la subida de la tensión por el silencio absoluto. En el conjunto de los lieder del ciclo Amor y vida de mujer, consigue renovar el milagro artístico que nos trasmite su encuentro con la poética de Müller-Schubert.

Ramón García Balado

Amigos de la Ópera de Santiago
Hasmik Nahapetyan/ Mª Teresa García Molero (piano), Mª Cervantes (actriz), J.Fco Contreras (actor y bailarín), Nicolás A. Guindo (dirección). Frauenliebe und Leben y Waldszenen, de R.Schumann.
Teatro Principal, Santiago de Compostela. 

Foto: Hasmik Nahapetyan.

La OBC cierra temporada - Barcelona

La OBC cierra temporada - Barcelona

Reseña: Julio-Agosto 2018

Por segunda temporada consecutiva la OBC escoge una misa de difuntos para cerrar su temporada. Afortunadamente, esta vez ha optado por dejar que la música, concretamente la del Réquiem de Dvorák, hable por sí sola y no como el año anterior, en que la Messa da Requiem de Verdi fue masacrada por un ridículo y pretencioso mapping que estorbaba tanto la interpretación como la audición.

Esta vez no fue así y el primero en agradecerlo fue Kazushi Ono, quien el 2 de junio pudo dirigir a placer una partitura que no goza de la fama de otros réquiems románticos, pero que es una de las creaciones mayores de su autor. Quizá sea exagerado afirmar, como hace el programa de mano, que Ono “en los conciertos se entrega totalmente a una búsqueda mística del hecho musical que sobrepasa las simples lecturas racionales”, pero hay que reconocerle que se esforzó por hacer que su versión mostrara todos los perfiles de la obra, en especial ese lirismo tan característico del compositor checo (Recordare, Jesu pie), sin descuidar el dramatismo de páginas como Dies irae o Confutatis maledictis.

Contó para ello con una orquesta sólida y sin estridencias, unos coros en estado de gracia y unos solistas que cumplieron satisfactoriamente. Un buen broche para cerrar la temporada que ha ido de menos a más.

Juan Carlos Moreno

OBC / Kazushi Ono. Réquiem de Dvorák. Marta Mathéu, soprano; Gemma Coma-Alabert, mezzosoprano; Roger Padullés, tenor; José Antonio López, barítono. Cor Lieder Càmera. Cor Madrigal. Cor Anton Bruckner.
L’Auditori, Barcelona. 

Foto: Gemma Coma-Alabert, mezzosoprano.

Próspera  tradición - Huelva

Próspera tradición - Huelva

Reseña: Julio-Agosto 2018

Acierto el de programar esta obra de Dvoràk, donde se unían los coros de las Universidades de Huelva, Sevilla y el de la Catedral de la Merced. Y la principal ventaja de un concierto sacro dentro de una iglesia es que se unen estética y religiosidad. Sergio Lazo ha emprendido una encomiable labor al interpretar esta composición, a juzgar por el impulso que la gran música está necesitando en la capital onubense. Además, el XXV aniversario de la Universidad de Huelva ha sido un solemne pretexto para poner en pie dicha música.

Escuchamos una digna versión cuya sobriedad del principio se fue transformando en el misticismo esperado de los últimos números. Sesenta coristas ponían al oyente en situación desde el Stabat Mater dolorosa para luego matizarse en alternancia con los solistas; el Virgo virginum praeclara era el punto culminante, donde la textura vocal narraba un sentimiento mariano universal (con los hermosos engarces del violín). Finalmente, el Quando corpus morietur inspiró al director a una riqueza de matices que se coronaba en un irrepetible crescendo.

Elenco notable. Soprano de estentórea voz que brillaría hacia el final; contralto aunque de pulquérrimo timbre con trabajoso portamento, un tenor cuyos claros agudos se hicieron un torrente melódico en el Fac me vere tecum flere, crucifixo condolere y un bajo que resultó ser la voz con mayor aplomo.

Correctas y gustosas las prestaciones del grupo instrumental: la cuerda frotada y el piano llevaban al oyente a los entornos camerísticos del Nacionalismo checo (sobre todo en las introducciones). 

CONCIERTO. Stabat Mater, opus 58, de Dvoràk. Lorena Aranda (soprano), Olivia Latina (contralto), Vicente Bujalance (tenor) y Jorge De la Rosa (bajo). Coros de las Universidades de Huelva, Sevilla y la Catedral de La Merced. Grupo de cámara de los Conservatorios de Huelva y Sevilla. Dirección: Sergio Lazo. Iglesia de la Concepción de Huelva. 6 de junio de 2018. Nueve de la noche.

 Exquisitez  camerística 

La música antigua se consolida en Huelva: el ciclo Arquitectura y música, promovido por la Universidad y que arrancase en 2007, ha conseguido reunir a los amantes del género. Iglesias y santuarios onubenses, marcos de estos conciertos, trasladan al público actual a un palpitante pasado.

Plausible elección la del conjunto El cura rojo, que ofreciera sonatas y tríos de Telemann, partituras que atestiguan el apogeo del último Barroco. Este cuarteto se luce con versiones expresivas, de una riqueza tímbrica enriquecida también por dinámica minuciosa. Lo mejor de la velada, el trío en la menor para flauta dulce, violín y continuo: Largo irresistible por su gustosa articulación, Vivace con todo el ímpetu barroco, Affettuoso de prodigiosas texturas y un Allegro de la mejor escuela.

Los instrumentos en su función solista, flauta dulce, oboe y violín, explotaron los originales diseños del compositor para obtener un sobresaliente contrapunto, como ocurriera en un discurso solapado, donde la música iba y venía en perfecta progresión. En cuanto al bajo continuo, chelo y clave fueron el generoso ingrediente exigible para el estilo historicista, esto es: vigor rítmico, acentuación del acompañamiento y dosificada ornamentación. Idea certera la de El cura rojo de reservar para el final un Presto cuyo aire de danza oriental usa Telemann en otras composiciones, algo muy atractivo para todos los públicos.

Como pequeño inconveniente, el oboe en sonatas a solo, donde Alberto Domínguez hubo de enfrentarse a pasajes más imprecisos en la afinación.

Esperemos que las sucesivas ediciones den a conocer otros repertorios. El lleno de la Iglesia de la Concepción este 2018 confirma el progreso experimentado por este ciclo en Huelva.

XII ciclo de música antigua Arquitectura y música de Huelva. El gran legado de Telemann. Sonatas y tríos del autor alemán. Conjunto El cura rojo; integrantes: Alberto Domínguez (flauta dulce y oboe), Miguel Romero (violín), Guillermo Martín (chelo) y Patricia González (clave). 30 de mayo de 2018. Iglesia de la Concepción de Huelva. 

Marco Antonio Molín Ruiz 

Foto: XII ciclo de música antigua Arquitectura y música de Huelva.
Crédito: "Huelva información" y de Alberto Domínguez.

Segundas partes nunca fueron buenas - Las Palmas de Gran Canaria

Segundas partes nunca fueron buenas - Las Palmas de Gran Canaria

Reseña: Julio-Agosto 2018

Las dos últimas comparecencias durante la presente temporada del maestro Günther Herbig, principal director invitado de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, tuvieron diferencias muy pronunciadas entre la primera parte y la segunda. La primera velada arrancó con la Rapsodia española de Ravel donde Herbig realizó una labor modélica por la finura del trazado, la recreación atmosférica y la variadísima paleta tímbrica y dinámica, dejando un Ravel referencial.

En el Concierto nº 20 de Mozart el pianista Matthias Kirschenereit adoptó un enfoque preromántico y rebelde, subrayando los pasajes más escarpados con un fraseo más aristado de lo habitual en este repertorio que incluyó notas de adorno en el famoso movimiento lento y una mano izquierda algo embarullada. La batuta se adaptó a la visión del solista, pese a evidentes desajustes, especialmente en el primer movimiento. La Sinfonía nº 1 de Schumann obtuvo una lectura bronca y recargada, de fraseo entrecortado que impedía respirar a la música con naturalidad, en las antípodas de lo conseguido con Ravel momentos antes. La orquesta tampoco estuvo fina, especialmente los solistas de trompas y oboe.

El segundo día la Sinfonía nº 8 de Schubert fue expuesta desde la más ortodoxa tradición centroeuropea, de sonido lleno y carnoso, sin desatender la atmósfera ominosa que sobrevuela toda la sinfonía ni los estallidos dramáticos en pasajes tan decisivos como los dos fugados.  La Novena de Bruckner por el contrario tuvo una interpretación deslavazada y falta de unción, con bruscas aceleraciones que descuadraban a los músicos y quebraban la unidad de discurso, especialmente en los movimientos extremos. Mejor el Scherzo donde la unidad del movimiento se plasmó con mayor acierto, contrastando adecuadamente el trio central. La respuesta instrumental fue de más a menos con dificultades para bajar del mezo forte y unos metales casi siempre afinados pero faltos de empaste, que llegaron agotados al último movimiento. 

Juan Francisco Román Rodríguez

Matthias Kirschnereit, piano. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Günther Herbig. Obras de Ravel, Mozart y Schumann. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Günther Herbig. Obras de Schubert y Bruckner. Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.

Foto: Orquesta Filarmónica de Gran Canaria.

Carmen vuelve de nuevo - Las Palmas de Gran Canaria

Carmen vuelve de nuevo - Las Palmas de Gran Canaria

Reseña: Julio-Agosto 2018

Hacía 6 años que los Amigos Canarios de la Ópera no ofrecían Carmen y su elección del titular de la Filarmónica de Gran Canaria, Karl Mark Chichón, como director musical, fue tal vez lo más acertado de la velada. Chichon conoce la partitura al detalle y se movió desahogadamente entre los variados ambientes que pueblan la pieza de Bizet, otorgando a cada uno su carácter específico, sin excederse pero tampoco quedarse corto. En sus manos la Filarmónica de Gran Canaria sonó con ductilidad y precisión, ora brillante ora sombría según demandaba la acción, atendiendo además a las necesidades específicas de los diferentes cantantes y los coros. De éste último supo obtener delicados matices en los coros de seducción del primer acto, mientras el coro infantil sonó afinado y seguro. El apartado de los cantantes fue más discutible. Annalisa Stroppa encarnó a una protagonista creible, gracias a un físico acorde al rol, su óptima capacidad actoral y una voz de mezzo que tiene en un registro agudo bien proyectado y su capacidad para el matiz sus mejores bazas, frente a un grave de escaso cuerpo y su timbre poco seductor. El Don José de Leonardo Caimi presentó más problemas.

Un físico verosímil, su adecuado desempeño como actor y una voz de tenor de buena pasta, no obviaron problemas de emisión, pese a las buenas maneras en el aria de la flor, que le impidieron mantener una línea de canto coherente, rematada por agudos casi siempre destemplados. Irini Kyriakidou brindó una Micaela en carácter, prodigando agradables reguladores, aunque su voz no sea exactamente la lírica que demanda la parte, lo que la  obligaba a forzar su instrumento, con la consiguiente pérdida de redondez y dulzura en la expresión. Escamillo es un caramelo envenenado que terminó atrapando a Dalibor Jenis, barítono sin el registro grave que exige el torero, que intentó compensar con unos agudos resonantes mantenidos hasta el límite. Muy solventes los secundarios. Abanauara Graffigna, Frasquita; Manuel Pierattelli, Rermendado, Caterina Piva, Mercedes y José Antonio García, Zuñiga, con especial mención a Issac Galán, barítono lírico de voz lozana y timbre luminoso que se ocupó de Morales y Dancäire. A la escena y vestuario de Jesús Ruiz, una Andalucía tradicional cabalmente recreada, le faltó individualizar más nítidamente a Carmen, imposible de diferenciar visualmente del coro. Francisco López movió convenientemente a todos los implicados, iluminando acertadamente los distintos cuadros.  

Juan Francisco Román Rodríguez

Annalisa Stroppa, Leonardo Caimi, Irini Kyriakidou, Dalibor Jenis, Issac Galán, Abenauara Graffigna, Ricardo Bernal, Caterina Piva, José Antonio García. Coro de la Ópera de Las Palmas de Gran Canaria. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria/Karel Mark Chichon. Escena: Francisco López. Carmen. Producción Teatro Villamarta de Jérez.
Teatro Pérez Galdós
Las Palmas de Gran Canaria

Foto: Annalisa Stroppa como Carmen.
Crédito: Nacho González

Todo -o casi todo- tiene arreglo - Madrid

Todo -o casi todo- tiene arreglo - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2018

Un vistoso y lucido concierto coral con abundante material orquestal arreglado para hasta cuatro pianos y un rico despliegue percusivo, tuvo por protagonistas en programa: del lado compositivo, a Stravinsky y Prokofiev, y del interpretativo, al Coro Nacional de España junto a los pianistas Sebastián Mariné, Andrey Yaroshinsky, Sergio Espejo y Jesús Campo, hasta ocho percusionistas y las voces de Elena de la Merced, María Luisa Corbacho, Gustavo Peña, Josep Miquel Ramón y Pedro Llanera, todos dirigidos, en las obras corales, por Miguel Ángel García Cañamero.

Los dos primeros pianistas citados dieron vida a un completo y cabal arreglo para dúo de pianos de la Suite orquestal de 1919 de El pájaro de fuego. Un generoso y comprometido preludio instrumental que preparaba, con el ardor, candidez y resolución que le son propios -y se mantuvieron en esta versión-, el primer plato fuerte coral de la tarde en ésta su “primera-parte-Stravinsky”. Un primer plato coral ofrecido esta vez con todas las de la ley, en una de las instrumentaciones originales -la definitiva- del propio Igor Stravinsky: Las bodas. Pieza deliberadamente cruda, aún hoy, por su destemplanza y automatismo rítmico, insistente y penetrante tesitura y tono de recitación, acentuado por una contundente interpretación de invariable pulso tético. Impulso que se transmitiera, en su “segunda-parte-Prokofiev”, al arreglo de la celebrada cantata de ascendencia “fílmica” de Serguei Prokofiev: Alexander Nevsky. Obra de intenso dinamismo que subiera al estrado tras el descanso, con parejo y destacado elenco coral y, sobre todo, instrumental. Conmovedor, una vez más, solo de mezzosoprano en la profunda voz María Luisa Corbacho en un papel ciertamente agradecido para quien lo encarna con solvencia por su contenido dramático y, sobre todo, por su impactante, aún hoy también, resolución canora.

Luis Mazorra Incera

Solistas vocales: Elena de la Merced, María Luisa Corbacho, Gustavo Peña, Josep Miquel Ramón y Pedro Llanera. Piano: Sebastián Mariné, Andrey Yaroshinsky, Sergio Espejo y Jesús Campo. Percusión: Juanjo Guillem, Rafael Gálvez, Eloy Lurueña, Néstor Pamblanco, Alejandro Tur de Carlos, Quique Peña, Jordi Sanz y Guillermo Masiá. Coro Nacional de España / Miguel Ángel García CañameroObras de Prokofiev y Stravinsky.
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
 

Foto: Elena de la Merced.

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