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RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
Mozart en revisión - A Coruña

Mozart en revisión - A Coruña

Reseña: Junio 2018

La Misa en Do m. (La Grande) K. 427, de Mozart en revisión de Robert D.Levin, bajo la dirección de Richard Egarr, formado en la Chetham´s School of Music de Manchester, especializándose en órgano en el Clare College Cambridge, antes de ampliar en la Guildhall School of Music & Drama. Siguió la escuela de Gustav Leonhardt y a partir de 2006, tomó la plaza de Christopher Hogwood, como director en la Academia de Música Antigua. Suya fue la voluntad de la versión de Robert D. Levin, de la que se dice que partió de los manuscritos originales, recurriendo también a la diversidad de los papeles usados que ayudaban a precisar los lugares en los que fue compuesta. Se tendría en cuenta igualmente la práctica salzburguesa de doblar partes de los coros con los metales. Así, extrapolará la orquestación para completar la partitura. Nos queda el Kyrie y el Gloria, además del principio del Credo y parte del Sanctus y del Benedictus y sin escribir la mitad del Credo y el Agnus Dei. El resto que pasó por la criba del Sr. Levin, hará suscitar alguna previsible susceptibilidad. Una reconstrucción usando técnicas y criterios musicológicos, que parece soportar cualquier comparación, no solo con las piezas de la misa, sino con otras composiciones de la época.  Queda sobre el papel la orquestación sin transiciones de los fragmentos esbozados para remedar lo que el autor pudo haber tenido in mente.

Los solistas, voces de confianza de Egarr, son cantantes bregados en el espacio de la música sacra y el oratorio. Las sopranos Elisabeth Watts y Kate Royal- sustituta de la anunciada Sophie Bevan-, mostraron un agudo vibrante y un timbre cálido y efusivo, realzado por una mayor presencia a lo largo de toda la interpretación; el tenor Andrew Tortise, a la par de ambas en cuanto a agilidades y mesura y el bajo, de menor protagonismo, mostró una afinidad por el colorido baritonal. Para confirmarles, el concertante compartido en el Dona nobis pacem, pero si alguien merece una atención particular, es el propio coro de Joan Company, que desde la Segunda de Mahler, en Do m., Resurrección, abriendo temporada, nos gratifica en memorables veladas.  Aunque se trata de una obra incomparablemente mayor que las primeras misas salzburguesas, se la criticó a veces por su falta de cohesión estilística. El interés de Mozart por el estilo antiguo o docto, alimentado por las reuniones en la mansión del barón Gottfried van Switten, se muestra en la utilización de texturas arcaicas de continuo en algunos movimientos para solista.

Ramón García Balado

Elisabeth Watts, Kate Royal, Andrew Tortise y Andrew Foster-Williams. Orquestra S. de Galicia y Coro / Richard Egarr. Joan Company. Misa en Do m. K.427 (La Grande), ed. Robert E. Levin.
Palacio de la Ópera, A Coruña      

Foto: Kate Royal.  

Fuego y transparencia - Barcelona

Fuego y transparencia - Barcelona

Reseña: Junio 2018

La Novena sinfonía de Beethoven es una obra icónica, una de esas de éxito seguro, lo que da como contrapartida versiones muchas veces rutinarias. Afortunadamente no fue el caso de la que se dio en el Palau de la Música Catalana. Nada más escucharse los primeros acordes ya se vio que la de Daniele Gatti no iba a ser una interpretación más. Arrancó enérgica para luego desplegarse a un tempo fulgurante, tanto, que la sensación era ambigua: o acababa naufragando en el exceso, o sería de las de quitarse el sombrero. Fue lo segundo. La batuta logró mantener el vuelo fulgurante sin descarrilar, aunque lo más asombroso no fue tanto eso como la transparencia de la lectura, el que cada detalle de la instrumentación, por mínimo que fuera, pudiera apreciarse netamente.

Un Molto vivace incisivo y con un trio de un color cálido y popular, y un Adagio molto cantabile que fue una filigrana de una delicadeza exquisita, prepararon el camino a un Finale apoteósico ya desde el recitativo de violonchelos y contrabajos, expuesto por Gatti con clara intención expresiva. La actuación de un buen cuarteto vocal y de unos coros cada vez más convincentes, con más cuerpo y color en sus secciones, fueron la guinda de una interpretación que quedará en el recuerdo.

Juan Carlos Moreno

Mahler Chamber Orchestra / Daniele Gatti. Marina Rebeka, soprano; Natascha Petrinsky, mezzosoprano; Torsten Kerl, tenor; Luca Pisaroni, bajo-barítono; Orfeó Català; Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana. Novena sinfonía de Beethoven.
Palau de la Música Catalana, Barcelona. 

Foto: Natascha Petrinsky, mezzosoprano (foto de Birkigt). 

Cuando la ciencia ahoga a la música - Barcelona

Cuando la ciencia ahoga a la música - Barcelona

Reseña: Junio 2018

El pasado 19 de mayo, L’Auditori de Barcelona acogió el estreno mundial de Inscape, una obra de Hèctor Parra para conjunto instrumental de 16 solistas (todos ellos del Ensemble Intercontemporain), orquesta sinfónica y electrónica. Según el propio compositor y el programa de mano, se trata de un viaje mental desde la tierra hasta otros universos a través de un agujero negro… Dicho así, uno esperaría encontrar una música llena de sonidos nuevos que lleven más allá las posibilidades de los instrumentos convencionales, algo en la línea de Langgaard, Ligeti, Messiaen o Grisey.

No fue el caso: en la media hora que dura, Inscape no aburre, pero sí desconcierta por su abuso de clichés de una vanguardia ya vieja, su estructura inconexa y su desequilibrio sonoro. Este último aspecto es especialmente grave porque hace que los solistas resulten casi siempre inaudibles, estén situados alrededor del director (flauta, clarinete bajo, fagot y quinteto de cuerda) o emplazados en otros puntos del Auditorio (oboes, trompetas, trombones), algunos de ellos al lado de un percusionista que, evidentemente, los ahoga. No hay, por tanto, matiz, ni instrumental ni espacial, solo un violento frenesí de metales y percusión que, sin duda, puede expresar la energía cósmica, pero también sirve para ilustrar el horror de una guerra o, incluso, un estado de ánimo. Y es lástima, porque en la escritura de esos solistas hay momentos muy sugerentes, casi líricos, que entroncan con el impresionismo.

La sensación final es que hay ideas, y valiosas, pero que se quedan en la partitura escrita: una vez esta se hace sonido, todo se pierde, queda ahogado por la falta de equilibrio y transparencia del conjunto. Por eso fue aún más sangrante escuchar a continuación la Sinfonía n. 4 de Mahler, una prueba de cómo se puede escribir para gran orquesta y hacer que todo se perciba de manera diáfana, así como de crear también un mundo sugerente sin necesidad de muletas científicas que solo son una excusa esnob para dar empaque a la música. Kazushi Ono, concentrado y tenso en Inscape, se relajó aquí para ofrecer una versión aseada, fluida, con su punto popular y, en el Poco adagio, sus toques de trascendencia religiosa.

Juan Carlos Moreno

OBC / Kazushi Ono. Obras de Parra y Mahler. Michaela Kaune, soprano. Ensemble Intercontemporain.
L’Auditori, Barcelona. 

Foto: Michaela Kaune, soprano. 

John Adams en el Palau - Barcelona

John Adams en el Palau - Barcelona

Reseña: Junio 2018

El pasado 26 de mayo la OBC cambió su sede habitual en L’Auditori para visitar el Palau de la Música Catalana y ponerse a las órdenes de uno de los compositores más interesantes y activos de la actualidad: el estadounidense John Adams. Las obras escogidas fueron una buena muestra de su evolución desde el minimalismo hasta la creación de un lenguaje personal en el que las técnicas minimalistas conviven con las de la gran tradición. Así, a la fanfarria Short Ride in a Fast Machine le siguió la reciente Absolute Jest, un concierto, o mejor dicho, scherzo para cuarteto de cuerda y orquesta escrito a partir de lo que Adams reconoce es su gran obsesión: los cuartetos de cuerda finales de Beethoven. El Attacca Quartet se encargó de atacar con pasión la parte solista de esta partitura, en la que la constante aparición de breves, pero reconocibles, fragmentos beethovenianos crea una sensación extraña, ambivalente.

Más accesible resulta Harmonium, una especie de sinfonía coral que, partiendo del minimalismo más ortodoxo, va más allá al aportar gestos y estados anímicos. Los coros del Palau mostraron una vez más aquí cuánto han crecido en los últimos tiempos: lo que en otro tiempo habría sido confusión, fue esta vez fuerza, claridad y ductilidad.

Juan Carlos Moreno

OBC / John Adams. Obras de Adams. Attaca Quartet. Orfeó Català, Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana. Cor Jove de l’Orfeó Català.
Palau de la Música Catalana, Barcelona. 

Foto: John Adams (Foto de Margaretta Mitchell)

Albrecht, una batuta de altura - Barcelona

Albrecht, una batuta de altura - Barcelona

Reseña: Junio 2018

La sensación fue prácticamente unánime durante el concierto que pudo escucharse en L’Auditori el 11 de mayo: “esta no es la OBC, ¡nos la han cambiado!”. Suena exagerado, pero es que la transformación de la orquesta fue tan evidente que parecía otra, más flexible, más rica en registros, con un sonido más claro y un registro dinámico más trabajado en sus extremos, con pianissimi audibles y fortissimi potentes, pero sin las estridencias habituales. El responsable de ese milagro tiene nombre y apellido: Marc Albrecht.

Ya en la primera obra que interpretó evidenció que el suyo no sería un concierto de trámite: su versión de los Wesendonck Lieder de Wagner, de un refinamiento camerístico, estuvo atenta en todo momento a respirar con la soprano Lise Davidsen, una extraordinaria voz wagneriana con graves algo metálicos, pero agudos portentosos y, sobre todo, capacidad para transmitir las emociones de cada canción.

En la segunda parte, Albrecht dirigió la Sinfonía n. 4 “Romántica”, que no es precisamente la obra más redonda de Bruckner por su agotador carácter reiterativo. El director dio de ella una versión fluida, viva, admirable tanto por su detallismo como por sus vívidos silencios. Sin duda, uno de los conciertos de la temporada de la OBC.

Juan Carlos Moreno

OBC / Marc Albrecht. Obras de Wagner y Bruckner. Lise Davidsen, soprano.
L’Auditori, Barcelona. 

Foto: Marc Albrecht.

Sin cerrar el círculo - Bilbao

Sin cerrar el círculo - Bilbao

Reseña: Junio 2018

Erik Nielsen, Johannes Martin Kränzle, Richard Wagner y Gustav Mahler parecían, a priori, cuatro sólidos componentes para ofrecer un concierto de altura. No diré que no fue así pero se queda uno con la sensación que el círculo de la belleza quedó sin cerrar, sin poder explicar a las claras las últimas razones. Una pesante obertura de Die Meistersinger von Nürmberg abrió el programa sonó sin la brillantez exigible mientras que toda la segunda parte, también centrada en el genio de Leipzig, se basó en un pout-pourrí que el mismo Nielsen hilvanó con parte de la música orquestal del acto III, de Parsifal más la escena del mismo acto de Amfortas, donde destacó el barítono alemán, con línea de canto muy adecuada.

La primera parte del concierto, muy breve en su integridad, por cierto, se completó con cinco lieder de Des Knaben Wunderhorn, de Gustav Mahler y donde pudimos apreciar tanto la no por menos conocida sorprendente capacidad del compositor para hacer de la orquesta sinfónica grande un instrumento adecuado para el acompañamiento del lied y, por otro lado, el adecuado fraseo e intención del canto de Kränzle, a pesar de la ligereza de su voz en la franja grave. Mucho mejor en los momentos alegres –por ejemplo en su último lied, Lob des hohen Verstandes, donde su voz se expandió a pesar de la ligereza del material hasta provocar la complicidad del público.

Público que, por cierto, tuvo una reacción dominada por la austeridad en la demostración de entusiasmo y ello a pesar de la legión de seguidores de uno u otro compositor, que no son pocos.

Enrique Bert

Bilbao. 03/05/2018. Auditorio Euskalduna. Obras de R. Wagner y G. Mahler. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Dirección musical: Erik Nielsen. 

Foto: Auditorio Euskalduna (Foto: Pablo Cepeda).

Un “Barbero” redondo - Las Palmas de Gran Canaria

Un “Barbero” redondo - Las Palmas de Gran Canaria

Reseña: Junio 2018

Para esta nueva edición del Barbero de Sevilla los Amigos Canarios de la Ópera han apostado por un joven elenco mayoritariamente italiano, algunos ya con reconocidos éxitos en importantes escenarios internacionales, casi todos debutantes en la isla. La función giró en torno al Fígaro de Massimo Cavalleti, de exuberante vocalidad, voz timbrada, de vibrantes agudos, amplio fiato y personalidad desbordante, en la mejor tradición de los grandes Fígaros italianos. Bisó su “Largo al factótum” ante el delirio del público que lo premió con los mayores aplausos de la velada. Paola Gardina, es mezzo de amplia tesitura, timbre penumbroso y certera en las coloraturas. Incorporó intencionadas variaciones en los da capo componiendo una Rosina de carácter que no se arredraba ante nadie. Levy Sekgapane brindó un elegante Conde de Almavida, sirviéndose de su voz de tenor ligero, de escaso volumen pero flexible y bien proyectada que sube con facilidad y solventa  cómodamente los más variados adornos. José Julían Frontal como Basilio, hizo uso de sus muchos recursos vocales e histriónicos, falsetes incluidos, para enfrentar con éxito al arrollador Fígaro. Aunque son habituales los Bartolos veteranos, el veinteañero Riccardo Fassi nos presentó un Bartolo de timbre juvenil y color de auténtico bajo, pletórico en los agudos y sonoro en los graves, que le auguran una prometedora carrera.

Los canarios Blanca Valido, Berta y Fernando García Campero, Fiorello/un oficial, otorgaron relieve a sus respectivas partes.  Bien conjuntadas las voces masculinas del Coro de la Ópera de Las Palmas. Giulio Ciavatti movió a los cantantes con dinamismo y espontaneidad, evitando tanto los puntos muertos como el histrionismo exagerado, empleando escenografía y vestuario tradicionales, con alguna incongruencia como una guardia vestida al estilo de los tercios españoles del XVI. Excelente de Francesco Ciampa, se desempeñó como un rossiniano de raza, flexible en los tempi y las dinámicas, gobernó el desbordante movimiento de la escena sin apreciables desajustes, obteniendo de la Filarmónica de Gran Canaria un sonido limpio y preciso, ágil pero con cuerpo. En resumen, uno de los mejores Rossinis vistos en Canarias en mucho tiempo.

Juan Francisco Román Rodríguez

Massimo Cavalletti, Paola Gardina, Levy Sekgapane, Riccardo Fassi, José Julián Frontal, Blanca Valido, Fernando García Campero. Coro de la Ópera de Las Palmas de Gran Canaria. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria/Francesco Iván Ciampa. Escena: Giulio Ciavatti. El barbero de Sevilla de Rossini.
Teatro Pérez Galdós, Las Palmas de Gran Canaria 

Foto: El barbero de Sevilla de Rossini, Teatro Pérez Galdós
(foto de Nacho González)

 

Un género poco frecuentado - Las Palmas de Gran Canaria

Un género poco frecuentado - Las Palmas de Gran Canaria

Reseña: Junio 2018

Los melodramas o melólogos, recitador y acompañamiento de piano, fueron muy frecuentes durante el siglo XIX. Autores como Schubert Lizst, Berlioz y Wagner lo practicaron. Hoy su ausencia de la actividad musical es casi total. De ahí la importancia de esta velada organizada por la Sociedad Filarmónica de Las Palmas que nos proponía dos melodramas con música de Richard Strauss: El Castillo junto al mar sobre un poema corto de Ludwig Uhland y Enoch Arden, basado en un amplio poema de Alfred Tennyson.  La intensidad de las escenas y el uso de un lenguaje muy visual, espolearon al Strauss dramaturgo que proporciona un elaborado acompañamiento pianístico, moderno y disonante en el breve castillo y más equilibrado y tradicional en Enoch donde únicamente comenta las escenas de mayor carga dramática, procurando no obstaculizar la apreciación del extenso texto.

La producción de la Fundación March fue todo un acierto, desde la categoría pianística de Rosa Torres Pardo, variadísima en la expresión, haciendo uso de una amplia gama de colores e intensidades, siempre atenta a la evolución del texto, a la claridad en la recitación y la sobriedad en el movimiento escénico del actor Pedro Aijón Torres, todo bien cosido por la dirección escénica de Paco Azorín, que con diversas proyecciones y una estudiada iluminación integró al espectador en su propuesta. Especialmente destacable el mesurado uso de la amplificación de la voz del actor, que facilitó su equilibrio sonoro con el piano y la inteligibilidad del texto sin anular los variados matices de intensidad y entonación de Pedro Aijón.

Juan Francisco Román Rodríguez

Rosa Torres Pardo, piano. Pedro Aijón Torres, actor. Paco Azorín, dirección artística.   
Sociedad Filarmónica de Las Palmas. Teatro Pérez Galdós. Las Palmas de Gran Canaria. 

Foto: Rosa Torres Pardo, piano (foto de McFarland). 

CRÍTICA - De la penumbra a la luz - Madrid (CNDM)

CRÍTICA - De la penumbra a la luz - Madrid (CNDM)

Reseña: Junio 2018

Con un sencillo efecto de luz durante el programa de concierto - apertura paulatina de focos en escenario y sala- se presentó en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía el cuarteto de guitarras Aleph. Metáfora visual de un programa musical con nuevas obras, como corresponde al ciclo Series 20/21 del CNDM. Y es que, in crescendo, de las frágiles e íntimas páginas iniciales de Oliver Rappoport –Cuarteto nº 1- y de José María Sánchez-Verdú -Chanson-, se pasó, al término de una primera parte circunspecta, a Un mar de tierra blanca de Mauricio Sotelo, más en línea de alguna de las tramas sonoras que sobrevendrían después.

Malte Giesen, en el segundo estreno absoluto de la tarde -el primero fue la lacónica obra inicial de Rappoport-, planteó una pieza salpicada de ambición formal, extensión y exigencias individuales y de conjunto. Con recursos originales tanto compositivos -formales- como guitarrísticos, en lo que se percibió casi como una síntesis del tratamiento de este conjunto tan particular. Una obra ambiciosa y de título casi explícito: Cuatro movimientos y un Intermezzo sobre dicotomías y continuidad… Y sí, lo escrito, diálogos por parejas y amalgamas sonoros continuos trenzados en una propuesta un tanto enciclopédica, por momentos. De postre, el Cuarteto de Georg Friedrich Haas proporcionó un enfoque más sintético, compacto y conclusivo, para esta especial combinación instrumental.

Un plantel de cuatro guitarras, con un repertorio ad hoc de nuevos planteamientos y estrenos, obras dispares en su concepción, contexto y ambición formal. Desde mi particular punto de vista, hubiera realizado otra ordenación de las obras en programa. Otra ordenación que buscara más que coherencia en el progreso dinámico, estético o… “luminoso…”, distinción, contraste y complementariedad en cada una de las dos partes.

Luis Mazorra Incera

Cuarteto de guitarras Aleph -Andrés Hernández Alba, Tillmann Reinbeck, Wolfgang Sehringer y Christian Wernicke-. Obras de Giesen, Haas, Rappoport, Sánchez-Verdú y Sotelo.
CNDM. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid. 

Foto: Cuarteto de guitarras Aleph.

 

Un Réquiem para recordar - Madrid

Un Réquiem para recordar - Madrid

Reseña: J

Monográfico Mozart en el ciclo de La Filarmónica en Madrid. La Orquesta Filarmónica Nacional de Hungría con János Kovács a la batuta junto al Coro Madrigal, bajo la dirección de Mireia Barrera, y el cuarteto de solistas indicado a pié de página nos ofrecieron el Adagio y Fuga, K. 546, la Sinfonía núm. 39, K. 543 y el Réquiem, K626 del genio de Salzburgo.

El concierto comenzó con la interpretación del Adagio y Fuga por la sección de cuerdas de la orquesta que demostró un perfecto equilibrio y empaste, además de una gran sutileza en el fraseo a la hora de exponer los elementos temáticos contrastantes del primer movimiento. La Fuga fue abordada con gesto asertivo destacando con plena claridad el tema, contrasujeto y partes libres contrapuntísticas de cada uno de los bloques temáticos que la configuran. Versión correcta y bien articulada, a pesar de cierta rigidez en la interpretación y algunas imprecisiones de afinación en los primeros violines.

Continuó la velada con la Sinfonía núm. 39 en la que se unieron el resto de efectivos de la plantilla orquestal. Maestro y formación encontraron la adecuada simbiosis desde los acordes iniciales del Adagio, dando el impulso adecuado al discurso, remarcado por los vientos y timbales. El Allegro discurrió con fluidez y naturalidad diferenciando de forma apropiada los dos temas que lo constituyen. Cabe destacar la actuación de las trompas y maderas por su precisión y articulación, así como los timbales, que subrayaron de forma ponderada los episodios de carácter rítmico compensando así cierta falta de brío en el planteamiento interpretativo. Con una dirección escueta y elegante, el maestro János Kovács, que dirigió a ras del escenario y sin podio, obtuvo exquisitos resultados en el Andante con moto cargado de ricos contrastes, como ocurre en los episodios en modo menor –puro Sturm und Drang-  donde la sección de cuerda primó por su fina articulación y delicado fraseo. El Menuetto. Allegretto-Trío se desenvolvió con viveza y distinción, con una sutil intervención del clarinete solista en el trío. La sinfonía culminó con un brillante Finale. Allegro que mostró las virtudes de todas las secciones instrumentales, adecuadamente acopladas por el maestro húngaro que se muestra muy cómodo con este repertorio.

El Réquiem, K626, plato fuerte de la jornada, se inició con un Intrioitus correcto en su lectura, nítido en la exposición de los retardos armónicos disonantes y en la intervención de la soprano solista, Eszter Zenlényi, pero al que le faltó algo de contraste y energía en las  cadencias o de rotundidad sonora en la parte de los trombones del fugato del Kyrie, por otro lado magníficamente abordado por un Coro Madrigal que  desveló sus líneas contrapuntísticas con suma claridad y articulación rítmica. Sn embargo, fue a partir del Dies irae donde todos los agentes sonoros implicados en la obra lograron encontrar, por fin, su asentamiento adecuado para darnos una versión vibrante y dramática de la Sequenz. Destacable el solo de trombón en el Tuba mirum, al igual que la actuación del barítono István Kovács, el tenor István Horváth, la mezzosoprano Erika Gál y la ya mencionada soprano que conforman el cuarteto vocal elegido para esta ocasión, brillantes por su dominio estilístico, claridad declamatoria y control de la respiración y del fraseo. Bien articulado el Rex tremendae, donde las exclamaciones del coro contrastaron con la delicadeza del Salva me. Las delicadas entradas de los clarinetes en el Recordare precedieron al cuarteto vocal  que mostró un gran empaste y complicidad con maestro y formación. Al igual que en el Dies irae, el Confutatis recuperó la viveza y sentido dramático y dinámico propios de la partitura, con claroscuros muy logrados entre sus breves secciones que derivaron en esa atmósfera enigmática que el coro presenta a partir del Oro supplex et acclinis, y que se une, sin solución de continuidad, con el Lacrymosa, conmovedor por su expresiva intensidad y magnificente Amen final.

Siguió la interpretación con las partes reelaboradas del Requiem por Süssmayr  sobre el material que Mozart esbozó para el Offertorium. János Kovács supo unificar de forma convincente las diferentes secciones, pese a los cambios de estilo y calidad que presentan los añadidos a la obra. Y fue precisamente esta visión aglutinadora mostrada por el director húngaro la que motivó el éxito y acierto de la propuesta, unida a un Coro Madrigal exultante y decisivo en sus intervenciones -magníficamente preparado por Mireia Barrera- junto a un  cuarteto vocal y orquesta muy bien imbricados en el devenir musical.  El resultado brindado fue una versión muy seria y clarividente que sólo muy pocos profesionales logran alcanzar.

Juan Manuel Ruiz

Eszter Zemlényi, Erika Gál, István Horváth, István Kovács, Orquesta Filarmónica Nacional de Hungría, Coro Madrigal (Mireia Barrera) / János Kovács. Obras de Mozart.
La Filarmónica. Auditorio Nacional de Música, Madrid. 

Foto: Eszter Zemlényi (foto: Molnár Ágnes) 

Un peculiar sinfonismo de cámara - Madrid

Un peculiar sinfonismo de cámara - Madrid

Reseña: Junio 2018

Un denso ciclo de conciertos de cámara fue ofrecido en el Auditorio Nacional por los miembros de la Joven Orquesta Nacional de España. Denso, no sólo por su enjundia, que en el concierto que presenciamos fue notoria, sino por tratarse de sólo dos programas consecutivos, pero, eso sí, con una nutridísima nómina de músicos participantes.

Presenciamos, como dije, el primero de ellos, con la sala de cámara a rebosar de público. En atriles, un programa un tanto peculiar. No tanto, si pensamos que se trata de una agrupación de vocación sinfónica que, en su natural didáctico, adopta, de cuando en cuando, esta exigente pose camerística. Y así debe ser, pero decimos que “peculiar” en este sábado vespertino, por poner sobre la mesa dos arreglos de nada menos que la Tercera sinfonía de Beethoven -de cabo a rabo- y de la Suite del Mandarín Maravilloso de Bartók.

Con la segunda partitura, dado el abundante elenco dispuesto que incluyera dos instrumentos de teclado, no había demasiado problema, pero la primera pieza ofrecía otro cariz. Y sí, he de confesar que mis recelos -no soy muy partidario, en general, de estas reducciones en obras sinfónicas de tamaño porte y condición…- eran infundados. Ya desde los dos primeros acordes noté que aquella sonoridad, en esta bien dispuesta versión de cámara, parecía contradecir mis presagios. Y así fue que he de decir, en honor de esta reducción y, en especial, de los que la defendieron esta noche, que me resultó especialmente ajustada, en términos generales, a la letra e incluso, al espíritu… Por momentos, una milagrosa Sinfonía de cámara del de Bonn.

La resolución conforme de la Suite del Mandarín entonces ya no me produjo ninguna sorpresa, además de que aquí la paleta tímbrica y polifónica fue más generosa, y la vistosidad y lucimiento solistas más obvios.

Diestro, concertado, animoso y pródigo desempeño de todos los atriles, en todo momento sin director (!) -un detalle importante que se me escapaba…-, que se continuó con dos obras fuera de programa, también en arreglo -es que “todo tiene arreglo…” me dijeron hace años con pícaro gracejo-: el contagioso Danzón núm. 2 de Arturo Márquez -previsible de esta guisa…- y -algo menos previsible… a veces va por modas esto de las propinas- la furibunda y polimodal Danza rumana -rápida- de Bartók.

Luis Mazorra Incera

Solistas de la Joven Orquesta Nacional de España. Obras de Bartók, Beethoven y Márquez.
JONDE. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: La Joven Orquesta Nacional de España.

Un concierto redentor - Madrid

Un concierto redentor - Madrid

Reseña: Junio 2018

No son habituales las formaciones corales de concierto limitadas a las voces femeninas o a las masculinas. Especialmente las que pretenden abarcar todo el espectro estético habitual de concierto, de un solo tirón. La reducción de las tesituras extremas hace que se restrinjan en paralelo posibilidades de brillantez musical aparejadas: posiciones armónicas mucho más cerradas y tendentes a una densidad no muy aconsejable, con dificultades añadidas así para la clara disposición del contrapunto, esto sin entrar en los problemas de afinación que conllevan posiciones cerradas, especialmente en el registro grave que nos ataña en esta ocasión.

El ciclo de cámara -“Satélites”- que auspicia los Orquesta y Coro Nacionales de España, convocó a una agrupación musical de estas características de epígrafe: Analema Ensemble. Un coro de voces masculinas dirigida por Marco Antonio García de Paz, que presentara en el Auditorio Nacional un programa amplio y, eso sí, prudente en lo que a su duración correspondía, aún con los bises.

Un programa que, pese a estas limitaciones indicadas, tocó todos los palos en una temática de preponderancia religiosa y motivo “redentor”, comenzando por una primera parte mejor dispuesta que nos llevó con fluidez, del prístino Renacimiento de los Palestrina o Victoria, al Romanticismo de los de Hamburgo: Brahms y, especialmente, Mendelssohn. Y es que fue aquí, en este colofón germánico decimonónico, donde se dieron los más aquilatados frutos de la velada, no en vano repetidos en los dos bises que se regalaron al final del programa previsto: Beati mortui, degustado con deleite en su primera disposición en contexto, y Periti autem, en su segunda.

Los intitulados después “siglos XX y XXI” presentaron un perfil más variopinto, si cabe. Un hilo conductor ideal, fracturado ya, sin demasiadas sinergias internas que destacar. Tampoco contraposiciones estimulantes. Y así, un taxativo y efímero Bendicamus Domino de Penderecki remató una sucesión de páginas que partía del Padre Donostia, pasaba por Poulenc -lo más enjundioso de esta sección-, para seguirse de Whiteacre y Ugalde.

Un elogio más de la primordial y sufrida agrupación coral, que aquí tomara una disposición algo más uniforme y limitada, menos transitada también, que, sin embargo, corresponde a buena parte de la historia de esta formación.

Luis Mazorra Incera

Analema Ensemble / Marco Antonio García de Paz. Obras de Brahms, Mendelssohn, Palestrina, Penderecki, Poulenc, Ugalde, Victoria y Whiteacre. 

Foto: Analema Ensemble.

Tocar con ganas, dirigir con ganas - Pamplona

Tocar con ganas, dirigir con ganas - Pamplona

Reseña: Junio 2018

El concierto nº 13 de esta temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra contó con una mezcla de obras singular. Citémoslas en orden: Gárgolas, para orquesta de arcos, de Agustín González Acilu; Concierto para flauta, arpa y orquesta en do mayor, K 299, de Mozart; Sinfonía nº 5, en fa mayor, opus 76, de Dvorák. Los solistas fueron el flautista Xavier Relats y Tiziana Tagliani, en el arpa. Todo dirigido por Charles Olivieri-Munroe.

Y tenemos que mencionar forzosamente algunos desequilibrios. La obra de Acilu no sorprendió a nadie: González Acilu hace referencias en el programa de mano muy loables a Bach, y habla del “campo de libertad técnica” y de la “capacidad reflexiva”. Sinceramente, no advierto en ese tipo de música otra cosa que un gusto por la extrañeza que no entiendo. Y no digo no entiendo el producto final, que es un conjunto de disonancias que no me llevan a ninguna parte, sino ese gusto mismo por la extrañeza. Tal vez, siquiera hay intención de transmitir ningún “gusto”. Lo cierto es que el público respondió con un aplauso protocolario, de pocos segundos y baja intensidad.

Los dos solistas hicieron un trabajo loable, especialmente Tagliani, que frasea con mucho sentido y gusto esta obra mozartiana, pero la orquesta hizo un papel plano, carente de gracia, desde la misma batuta: al director se le notó que lo que verdaderamente le interesaba era la segunda parte, el Dvorák. El clima del concierto cambió por completo entonces. La obra fue ejecutada con brío e intenciones bien encaminadas. El concierto progresó de manera ascendente, sin duda.

Javier Horno

OSN, Xavier Relats y Tiziana Tagliani / Charles Olivieri-Munroe. Obras de González Acilu. Auditorio Baluarte de Navarra, Pamplona. 

Foto: Charles Olivieri-Munroe.

Un programa desigual y compensado - Pamplona

Un programa desigual y compensado - Pamplona

Reseña: Junio 2018

El concierto número doce de la Sinfónica de Navarra, bajo la batuta de su titular Antoni Wit, estuvo integrado por el  Concierto para piano y orquesta en La menor Op.17 de Ignace Jan Paderewski, con Piotr Paleczny al piano, y la Sinfonía Nº 1 en Re mayor, “Titán”, de Gustav Mahler. Dos obras verdaderamente desiguales en cuanto a calidad, si bien la talentosa actuación del solista y la enérgica batuta del director compensaron el desequilibrio.

El arranque del concierto del gran concertista Paderewski es prometedor, pero a la vez hace intuir la escasa altura de los motivos. La obra es sin duda un más que correcto ejercicio de composición y deja lugar a la exhibición del solista, sin regalarle excesivo protagonismo. Añadamos que un nocturno de Chopin de propina (excelentemente servido por  Paleczny) deja aún más clara la limitada inspiración del concierto.

Una sinfonía de Mahler servida en vivo  siempre es más que interesante, aunque, en mi opinión, la primera se alarga excesivamente en su cuarto movimiento. Wit lee a velocidad un tanto ligera ese tema pastoral e idílico de inspiración maravillosa que protagoniza el primer movimiento. Los planos sonoros tan delicados de ese mismo movimiento se vieron a veces resentidos: en este concierto, la orquesta reforzó la plantilla con alumnos del Conservatorio Superior Pablo Sarasate, lo cual tiene muchas contrapartidas positivas, pero resta exactitud y fluidez a más de un pasaje, especialmente en la cuerda. Aún con estas reservas, la primera de Mahler sonó con fuerza expresiva, en la que el viento y los percusionistas cumplieron un papel verdaderamente digno, muy apreciado por el público, que aplaudió las dos partes con similar efusión.

Javier Horno

OSN, Piotr Paleczny / Antoni Wit. Obras de  Paderewski y Mahler. Auditorio Baluarte de Navarra, Pamplona. 

Foto: Piotr Paleczny.

Tasmin Little, un Mozart traslúcido - Santiago de Compostela

Tasmin Little, un Mozart traslúcido - Santiago de Compostela

Reseña: Junio 2018

Tasmin Little cuenta con un Giovanni Battista Guadagnini de 1757 e hizo posible el Delius Inspired Festival, en Bradford, de 2006, para el Concierto nº 4, en Re M. K.218, tendría los vientos a favor por su domino de arco y claridad de tratamiento expresivo, en servicio de una elegancia de escritura en una obra de exigente amplitud de resolución. Un joven Mozart dentro de una jovial anunciada en el Allegro, en el que la solista respondería en correspondencia de criterio al tutti de entrada. Temple que mantendría en los pasajes distanciados del Andante cantábile. La inspiración que embarga al concierto, que da fe de un absoluto dominio de la forma, toma un posicionamiento no menos curioso en el Rondó. Andante grazioso-Allegro ma non troppo, en el que su autor divaga con ostensible claridad en los espacios del Rondó a la francesa, dando cauce sin rubor a detallismos propios de la Jiga e incluso, con el asomo de una gavota. La tentación de las humoradas estaban a la orden del día en el salzburgués y ya en el punto del bis, Tasmin Little añadió otra Jiga de J.S.Bach.  

 Johannes Brahms con las Variaciones sobre un tema de Haydn Op. 56, obra de gancho entre su repertorio por las inmersiones en los modelos clásicos y preclásicos tras descubrir la Feldpartita en Si b M. del gran compositor por su amigo Karl F.Pohl. Un recurso común del hamburgués en este tipo de proyectos. Obra que juega con permanentes y sugerentes alteraciones armónicas, dentro de una libertad melódica absoluta. La orquesta se manifiesta segura en estas formas en las que motivos y temas, transcurren de instrumento a instrumento y en las que el momento álgido viene marcado por el patrón encuadrado entre un Tema y un Final que acomodan dentro de un encuadramiento previsible la serie de las ocho variaciones encadenadas.

Beethoven con la Sinfonía nº1, en Do M. Op.21, obra que para Jan Swafford, por su carácter, recuerda a Haydn más que a Mozart y es que la deuda con el maestro es evidente. De nuevo un clásico-romántico, en un programa orientado en esa línea. Nos movíamos pues en un espacio atinado, justo cuando el compositor está al borde de un cambio trascendental. Llama la atención el Menuetto. Allegro molto vivace, porque anuncia con claridad la forma del scherzo, pero en su conjunto general, la sinfonía muestra muchos de los elementos que desarrollará ampliamente en el resto de las siguientes. Un concierto pues para rencontrarse por una orquesta muy a gusto con el programa elegido para la jornada y en especial por el Concierto para violín de Mozart con Tasmin Little.   

Ramón García Balado

Tasmin Little. Real Filharmonía de Galicia / Christoph König. Obras de W.A. Mozart, Brahms y Beethoven
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela. 

Foto: Tasmin Little (foto de B. Ealovega). 

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