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RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
La OBC cierra temporada - Barcelona

La OBC cierra temporada - Barcelona

Reseña: Julio-Agosto 2018

Por segunda temporada consecutiva la OBC escoge una misa de difuntos para cerrar su temporada. Afortunadamente, esta vez ha optado por dejar que la música, concretamente la del Réquiem de Dvorák, hable por sí sola y no como el año anterior, en que la Messa da Requiem de Verdi fue masacrada por un ridículo y pretencioso mapping que estorbaba tanto la interpretación como la audición.

Esta vez no fue así y el primero en agradecerlo fue Kazushi Ono, quien el 2 de junio pudo dirigir a placer una partitura que no goza de la fama de otros réquiems románticos, pero que es una de las creaciones mayores de su autor. Quizá sea exagerado afirmar, como hace el programa de mano, que Ono “en los conciertos se entrega totalmente a una búsqueda mística del hecho musical que sobrepasa las simples lecturas racionales”, pero hay que reconocerle que se esforzó por hacer que su versión mostrara todos los perfiles de la obra, en especial ese lirismo tan característico del compositor checo (Recordare, Jesu pie), sin descuidar el dramatismo de páginas como Dies irae o Confutatis maledictis.

Contó para ello con una orquesta sólida y sin estridencias, unos coros en estado de gracia y unos solistas que cumplieron satisfactoriamente. Un buen broche para cerrar la temporada que ha ido de menos a más.

Juan Carlos Moreno

OBC / Kazushi Ono. Réquiem de Dvorák. Marta Mathéu, soprano; Gemma Coma-Alabert, mezzosoprano; Roger Padullés, tenor; José Antonio López, barítono. Cor Lieder Càmera. Cor Madrigal. Cor Anton Bruckner.
L’Auditori, Barcelona. 

Foto: Gemma Coma-Alabert, mezzosoprano.

Próspera  tradición - Huelva

Próspera tradición - Huelva

Reseña: Julio-Agosto 2018

Acierto el de programar esta obra de Dvoràk, donde se unían los coros de las Universidades de Huelva, Sevilla y el de la Catedral de la Merced. Y la principal ventaja de un concierto sacro dentro de una iglesia es que se unen estética y religiosidad. Sergio Lazo ha emprendido una encomiable labor al interpretar esta composición, a juzgar por el impulso que la gran música está necesitando en la capital onubense. Además, el XXV aniversario de la Universidad de Huelva ha sido un solemne pretexto para poner en pie dicha música.

Escuchamos una digna versión cuya sobriedad del principio se fue transformando en el misticismo esperado de los últimos números. Sesenta coristas ponían al oyente en situación desde el Stabat Mater dolorosa para luego matizarse en alternancia con los solistas; el Virgo virginum praeclara era el punto culminante, donde la textura vocal narraba un sentimiento mariano universal (con los hermosos engarces del violín). Finalmente, el Quando corpus morietur inspiró al director a una riqueza de matices que se coronaba en un irrepetible crescendo.

Elenco notable. Soprano de estentórea voz que brillaría hacia el final; contralto aunque de pulquérrimo timbre con trabajoso portamento, un tenor cuyos claros agudos se hicieron un torrente melódico en el Fac me vere tecum flere, crucifixo condolere y un bajo que resultó ser la voz con mayor aplomo.

Correctas y gustosas las prestaciones del grupo instrumental: la cuerda frotada y el piano llevaban al oyente a los entornos camerísticos del Nacionalismo checo (sobre todo en las introducciones). 

CONCIERTO. Stabat Mater, opus 58, de Dvoràk. Lorena Aranda (soprano), Olivia Latina (contralto), Vicente Bujalance (tenor) y Jorge De la Rosa (bajo). Coros de las Universidades de Huelva, Sevilla y la Catedral de La Merced. Grupo de cámara de los Conservatorios de Huelva y Sevilla. Dirección: Sergio Lazo. Iglesia de la Concepción de Huelva. 6 de junio de 2018. Nueve de la noche.

 Exquisitez  camerística 

La música antigua se consolida en Huelva: el ciclo Arquitectura y música, promovido por la Universidad y que arrancase en 2007, ha conseguido reunir a los amantes del género. Iglesias y santuarios onubenses, marcos de estos conciertos, trasladan al público actual a un palpitante pasado.

Plausible elección la del conjunto El cura rojo, que ofreciera sonatas y tríos de Telemann, partituras que atestiguan el apogeo del último Barroco. Este cuarteto se luce con versiones expresivas, de una riqueza tímbrica enriquecida también por dinámica minuciosa. Lo mejor de la velada, el trío en la menor para flauta dulce, violín y continuo: Largo irresistible por su gustosa articulación, Vivace con todo el ímpetu barroco, Affettuoso de prodigiosas texturas y un Allegro de la mejor escuela.

Los instrumentos en su función solista, flauta dulce, oboe y violín, explotaron los originales diseños del compositor para obtener un sobresaliente contrapunto, como ocurriera en un discurso solapado, donde la música iba y venía en perfecta progresión. En cuanto al bajo continuo, chelo y clave fueron el generoso ingrediente exigible para el estilo historicista, esto es: vigor rítmico, acentuación del acompañamiento y dosificada ornamentación. Idea certera la de El cura rojo de reservar para el final un Presto cuyo aire de danza oriental usa Telemann en otras composiciones, algo muy atractivo para todos los públicos.

Como pequeño inconveniente, el oboe en sonatas a solo, donde Alberto Domínguez hubo de enfrentarse a pasajes más imprecisos en la afinación.

Esperemos que las sucesivas ediciones den a conocer otros repertorios. El lleno de la Iglesia de la Concepción este 2018 confirma el progreso experimentado por este ciclo en Huelva.

XII ciclo de música antigua Arquitectura y música de Huelva. El gran legado de Telemann. Sonatas y tríos del autor alemán. Conjunto El cura rojo; integrantes: Alberto Domínguez (flauta dulce y oboe), Miguel Romero (violín), Guillermo Martín (chelo) y Patricia González (clave). 30 de mayo de 2018. Iglesia de la Concepción de Huelva. 

Marco Antonio Molín Ruiz 

Foto: XII ciclo de música antigua Arquitectura y música de Huelva.
Crédito: "Huelva información" y de Alberto Domínguez.

Segundas partes nunca fueron buenas - Las Palmas de Gran Canaria

Segundas partes nunca fueron buenas - Las Palmas de Gran Canaria

Reseña: Julio-Agosto 2018

Las dos últimas comparecencias durante la presente temporada del maestro Günther Herbig, principal director invitado de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, tuvieron diferencias muy pronunciadas entre la primera parte y la segunda. La primera velada arrancó con la Rapsodia española de Ravel donde Herbig realizó una labor modélica por la finura del trazado, la recreación atmosférica y la variadísima paleta tímbrica y dinámica, dejando un Ravel referencial.

En el Concierto nº 20 de Mozart el pianista Matthias Kirschenereit adoptó un enfoque preromántico y rebelde, subrayando los pasajes más escarpados con un fraseo más aristado de lo habitual en este repertorio que incluyó notas de adorno en el famoso movimiento lento y una mano izquierda algo embarullada. La batuta se adaptó a la visión del solista, pese a evidentes desajustes, especialmente en el primer movimiento. La Sinfonía nº 1 de Schumann obtuvo una lectura bronca y recargada, de fraseo entrecortado que impedía respirar a la música con naturalidad, en las antípodas de lo conseguido con Ravel momentos antes. La orquesta tampoco estuvo fina, especialmente los solistas de trompas y oboe.

El segundo día la Sinfonía nº 8 de Schubert fue expuesta desde la más ortodoxa tradición centroeuropea, de sonido lleno y carnoso, sin desatender la atmósfera ominosa que sobrevuela toda la sinfonía ni los estallidos dramáticos en pasajes tan decisivos como los dos fugados.  La Novena de Bruckner por el contrario tuvo una interpretación deslavazada y falta de unción, con bruscas aceleraciones que descuadraban a los músicos y quebraban la unidad de discurso, especialmente en los movimientos extremos. Mejor el Scherzo donde la unidad del movimiento se plasmó con mayor acierto, contrastando adecuadamente el trio central. La respuesta instrumental fue de más a menos con dificultades para bajar del mezo forte y unos metales casi siempre afinados pero faltos de empaste, que llegaron agotados al último movimiento. 

Juan Francisco Román Rodríguez

Matthias Kirschnereit, piano. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Günther Herbig. Obras de Ravel, Mozart y Schumann. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Günther Herbig. Obras de Schubert y Bruckner. Auditorio Alfredo Kraus. Las Palmas de Gran Canaria.

Foto: Orquesta Filarmónica de Gran Canaria.

Carmen vuelve de nuevo - Las Palmas de Gran Canaria

Carmen vuelve de nuevo - Las Palmas de Gran Canaria

Reseña: Julio-Agosto 2018

Hacía 6 años que los Amigos Canarios de la Ópera no ofrecían Carmen y su elección del titular de la Filarmónica de Gran Canaria, Karl Mark Chichón, como director musical, fue tal vez lo más acertado de la velada. Chichon conoce la partitura al detalle y se movió desahogadamente entre los variados ambientes que pueblan la pieza de Bizet, otorgando a cada uno su carácter específico, sin excederse pero tampoco quedarse corto. En sus manos la Filarmónica de Gran Canaria sonó con ductilidad y precisión, ora brillante ora sombría según demandaba la acción, atendiendo además a las necesidades específicas de los diferentes cantantes y los coros. De éste último supo obtener delicados matices en los coros de seducción del primer acto, mientras el coro infantil sonó afinado y seguro. El apartado de los cantantes fue más discutible. Annalisa Stroppa encarnó a una protagonista creible, gracias a un físico acorde al rol, su óptima capacidad actoral y una voz de mezzo que tiene en un registro agudo bien proyectado y su capacidad para el matiz sus mejores bazas, frente a un grave de escaso cuerpo y su timbre poco seductor. El Don José de Leonardo Caimi presentó más problemas.

Un físico verosímil, su adecuado desempeño como actor y una voz de tenor de buena pasta, no obviaron problemas de emisión, pese a las buenas maneras en el aria de la flor, que le impidieron mantener una línea de canto coherente, rematada por agudos casi siempre destemplados. Irini Kyriakidou brindó una Micaela en carácter, prodigando agradables reguladores, aunque su voz no sea exactamente la lírica que demanda la parte, lo que la  obligaba a forzar su instrumento, con la consiguiente pérdida de redondez y dulzura en la expresión. Escamillo es un caramelo envenenado que terminó atrapando a Dalibor Jenis, barítono sin el registro grave que exige el torero, que intentó compensar con unos agudos resonantes mantenidos hasta el límite. Muy solventes los secundarios. Abanauara Graffigna, Frasquita; Manuel Pierattelli, Rermendado, Caterina Piva, Mercedes y José Antonio García, Zuñiga, con especial mención a Issac Galán, barítono lírico de voz lozana y timbre luminoso que se ocupó de Morales y Dancäire. A la escena y vestuario de Jesús Ruiz, una Andalucía tradicional cabalmente recreada, le faltó individualizar más nítidamente a Carmen, imposible de diferenciar visualmente del coro. Francisco López movió convenientemente a todos los implicados, iluminando acertadamente los distintos cuadros.  

Juan Francisco Román Rodríguez

Annalisa Stroppa, Leonardo Caimi, Irini Kyriakidou, Dalibor Jenis, Issac Galán, Abenauara Graffigna, Ricardo Bernal, Caterina Piva, José Antonio García. Coro de la Ópera de Las Palmas de Gran Canaria. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria/Karel Mark Chichon. Escena: Francisco López. Carmen. Producción Teatro Villamarta de Jérez.
Teatro Pérez Galdós
Las Palmas de Gran Canaria

Foto: Annalisa Stroppa como Carmen.
Crédito: Nacho González

Todo -o casi todo- tiene arreglo - Madrid

Todo -o casi todo- tiene arreglo - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2018

Un vistoso y lucido concierto coral con abundante material orquestal arreglado para hasta cuatro pianos y un rico despliegue percusivo, tuvo por protagonistas en programa: del lado compositivo, a Stravinsky y Prokofiev, y del interpretativo, al Coro Nacional de España junto a los pianistas Sebastián Mariné, Andrey Yaroshinsky, Sergio Espejo y Jesús Campo, hasta ocho percusionistas y las voces de Elena de la Merced, María Luisa Corbacho, Gustavo Peña, Josep Miquel Ramón y Pedro Llanera, todos dirigidos, en las obras corales, por Miguel Ángel García Cañamero.

Los dos primeros pianistas citados dieron vida a un completo y cabal arreglo para dúo de pianos de la Suite orquestal de 1919 de El pájaro de fuego. Un generoso y comprometido preludio instrumental que preparaba, con el ardor, candidez y resolución que le son propios -y se mantuvieron en esta versión-, el primer plato fuerte coral de la tarde en ésta su “primera-parte-Stravinsky”. Un primer plato coral ofrecido esta vez con todas las de la ley, en una de las instrumentaciones originales -la definitiva- del propio Igor Stravinsky: Las bodas. Pieza deliberadamente cruda, aún hoy, por su destemplanza y automatismo rítmico, insistente y penetrante tesitura y tono de recitación, acentuado por una contundente interpretación de invariable pulso tético. Impulso que se transmitiera, en su “segunda-parte-Prokofiev”, al arreglo de la celebrada cantata de ascendencia “fílmica” de Serguei Prokofiev: Alexander Nevsky. Obra de intenso dinamismo que subiera al estrado tras el descanso, con parejo y destacado elenco coral y, sobre todo, instrumental. Conmovedor, una vez más, solo de mezzosoprano en la profunda voz María Luisa Corbacho en un papel ciertamente agradecido para quien lo encarna con solvencia por su contenido dramático y, sobre todo, por su impactante, aún hoy también, resolución canora.

Luis Mazorra Incera

Solistas vocales: Elena de la Merced, María Luisa Corbacho, Gustavo Peña, Josep Miquel Ramón y Pedro Llanera. Piano: Sebastián Mariné, Andrey Yaroshinsky, Sergio Espejo y Jesús Campo. Percusión: Juanjo Guillem, Rafael Gálvez, Eloy Lurueña, Néstor Pamblanco, Alejandro Tur de Carlos, Quique Peña, Jordi Sanz y Guillermo Masiá. Coro Nacional de España / Miguel Ángel García CañameroObras de Prokofiev y Stravinsky.
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
 

Foto: Elena de la Merced.

Virtuosismo e improvisación hindúes - Madrid

Virtuosismo e improvisación hindúes - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2018

Quizás al público español, incluso al que se precie de melómano, le digan poco o muy poco los nombres de difícil pronunciación para nosotros, de instrumentos de percusión -o asimilados- como los: Mridangam, Ghatam o Morsing… mucho más quizás nos diga… el “violín”… también presente y rey, especialmente en lo melódico y modal, de esta actuación… Y es que así, con estos mimbres, el espectáculo del Festival de la India -India en concierto; música y danza- ofrecido en los Teatros del Canal madrileños, ochenta minutos de rica y bien trenzada improvisación, ofreció desde la calma, el rito, la afinación y un sereno apunte melódico inicial… unas rítmicas complejas, frenéticas y exigentes por momentos, con solos de todos los instrumentos mencionados y un entendimiento, por momentos, milimétrico…

Fue el Ambi Subramaniam Ensemble comandado al violín, por el citado Lakshminarayana Ambi Subramaniam Jr., pero con apartados destacados para todos sus integrantes que no puedo dejar de mencionar individualmente, respectivamente en los instrumentos citados con anterioridad: Balasubramanian Natesan, Radhakrishnan Narayanaswamy y Satya Sai Ghantasala. Una visión que, por momentos pareció bastante influida por las dinámicas de improvisación más contemporáneas en el reparto de protagonismos solistas, pero que, en cualquier caso, logra una resuelta síntesis de sus elementos, con un destacado apartado de virtuosismo en el que están incluidos todos los citados.

Un concierto enmarcado en una experiencia de coproducción artística más amplia, con tres programas diferenciados, de los Teatros del Canal, la Embajada de la India, el Consejo Indio de Relaciones Culturales y la Casa de la India, presentado hoy in situ por la Agregada cultural de la citada Embajada en España.

Luis Mazorra Incera

Ambi Subramaniam Ensemble: Lakshminarayana Ambi Subramaniam Jr. -violín-, Balasubramanian Natesan -mridangam-, Radhakrishnan Narayanaswamy -ghatam-, Satya Sai Ghantasala -morsing-.
Improvisaciones sobre composiciones de música hindú.
Teatros del Canal. Madrid. 

Foto: Ambi Subramaniam Ensemble.

Una temporada bien vale un oratorio - Madrid

Una temporada bien vale un oratorio - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2018

El final de la temporada de conciertos de los Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid en el Auditorio Nacional de Música, eligió el gran oratorio Elías de Mendelssohn como remate y piedra de toque, bajo la dirección de su Titular Víctor Pablo Pérez. Una obra remarcable de la historia de la música, y del oratorio en particular, realizada con medios plausibles pero limitados -no llegaron a cuarenta los cantantes de la masa coral inicial-, con la orquesta proporcionada con aquella contingencia canora.

Proporción de la que salieron beneficiados también, no hubiera sido necesario en cualquier caso, un excelente cuarteto vocal solista formado por: María Espada, soprano; Anna Alás, mezzosoprano; José Bros, tenor; y José Antonio López, barítono. Un cuarteto que tanto en sus intervenciones solistas como en los concertantes, mostró una notable presencia acústica en sala, resuelta dicción y crédito en sus respectivos papeles. Una solvencia que arrastró los demás ingredientes que fueron así de menos a más, desde una obertura un tanto titubeante y desdibujada, tras aquella concisa maldición inicial de Elías. Un gran oratorio para un final de temporada, resuelto con eficacia y ajustado uso de los recursos, que también contaron con los Pequeños Cantores de la Comunidad y una solista de esta agrupación.

Nuevamente insistimos en congratularnos con la iniciativa didáctica de ofrecer en vivo y en directo, sobre la marcha, en la forma habitual de los espectáculos escénicos, la letra original y su traducción proyectadas en paneles o superficies planas… una pauta que esperemos cunda en otros ciclos. Aquí resulta especialmente necesaria, toda vez la escueta limitación de sus recientes programas de mano.

Luis Mazorra Incera

María Espada, soprano; Anna Alás, mezzosoprano; José Bros, tenor; y José Antonio López, barítono. Orquesta, Coro y Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid / Víctor Pablo Pérez.
Oratorio Elías de Mendelssohn.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: La mezzosoprano Anna Alàs.

Dos satélites en torno a Beethoven - Madrid

Dos satélites en torno a Beethoven - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2018

Hay autores que, pese a formar parte de muchas de las historias de la música que circulan por ahí, incluso estudiados académicamente en nuestros centros, no suelen visitar las programaciones de conciertos. Las razones son variadas. Y la moda también tiene su parte de responsabilidad.

Son, por ejemplo, los casos de los Franz Berwald y Conradin Kreutzer, compositores que conformaron la velada que bajo el título general: “El legado de Beethoven”, presentaron miembros correspondientes de la Orquesta Nacional de España -Ensemble Clásico de Madrid-, en el concierto de clausura de esta temporada del ciclo de cámara de la citada institución: “Satélites”. Y todos, autores, primero, e intérpretes, corroboraron sobre las tablas el Auditorio Nacional, la idoneidad de aquel título, especialmente en su segunda parte.

Porque el sueco Berwald adoptó un perfil más correcto, elegante y formal en su Gran septeto, que su colega alemán, Kreutzer, en el suyo homónimo, con una más interesante enjundia armónica que justificaba su posición postrera en programa. Un Kreutzer que, como bien recordaba el programa de mano, no es el afamado violinista que todos hemos mencionado de carrerilla desde niños en razón de la dedicatoria de Beethoven en su Sonata “Kreutzer”…  su Novena sonata para violín y piano… (no la Quinta, apodada Sonata primavera, como indicaba con intención aclaratoria dichas notas al programa… ésta última, la Primavera con dedicatoria nobiliaria y mecenas).

En suma, un programa relativamente inhabitual, con referencias sólidas en el meollo mismo del siglo romántico, y una interpretación, tanto en sus facetas de conjunto como individuales, convincente.

Luis Mazorra Incera

Ensemble Clásico de Madrid: Enrique Pérez, Miguel Simó, Javier Bonet, Mario Pérez, Martí Varela, Joaquín Fernández y Laura Asensio.
Obras de Berwald y Kreutzer.
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid 

Foto: Ensemble Clásico de Madrid.

 

Y Bach creó la música… - Málaga

Y Bach creó la música… - Málaga

Reseña: Julio-Agosto 2018

El pasado 21 de junio, Día Europeo de la Música, la Sala Unicaja de Conciertos María Cristina se vistió de gala al convertirse en el marco de una interpretación estelar a cargo del virtuosismo pianístico de la malagueña internacional Paula Coronas y el muy premiado y reconocido Cuarteto Mainake integrado por profesores de la Orquesta Filarmónica de Málaga. Asimismo esta actuación puso el broche de oro a la temporada 2017-2018 de la Sociedad Filarmónica de Málaga.

El atractivo programa titulado “Regresando a Bach” –con motivo del 333 Aniversario del nacimiento del padre del barroco musical europeo- tuvo dos partes. La primera corrió a cargo del Cuarteto Mainake (dos violines, una viola y un violonchelo) que realizó una magistral interpretación del Cuarteto Americano op. 96 del compositor A. Dvorak (1841-1904).

Fue en la segunda parte cuando unieron sus quehaceres musicales la pianista Paula Coronas y el cuarteto de cuerdas para interpretar (coronados con pelucas barrocas para mejorar la inmersión en el universo bachiano) el Concierto para piano y cuerdas en Re Mayor BWV 1054 de Bach, compuesto en el año 1738 para clave. El propio Bach arregló este concierto (antes para violín e inspirado en el Concierto en Mi Mayor) que está considerado como uno de los más virtuosos y característicos del conjunto de 6 conciertos cuyos manuscritos originales reposan en la Biblioteca Estatal de Berlín.

El concierto BWV 1054 resultó, de las manos de la Coronas, sublime en su interpretación y magistral en el respeto a la pureza estilística del compositor de Leipzig.  Por su parte, el cuarteto obedeció con relevante brillantez  a las exigencias técnicas y estilísticas del concierto barroco.

La densa y tupida escritura polifónica del Allegro Vivace de esta composición exhibió una claridad, precisión rítmica y limpieza absolutamente destacables; las voces y motivos temáticos fueron expuestos por los habilísimos dedos de Paula Coronas con un virtuosismo y una depuración interpretativa magistral.

El Adagio del segundo movimiento –conocido como “Lágrimas de Cristo”- resultó un alarde de pureza, sensibilidad y recogimiento propios de este lamento despacioso y sentido que invita a la meditación espiritual.

Como contraste –propio del barroco- llegamos al Allegro del tercer movimiento, rebosante de belleza, virtuosismo y emoción. Sus difíciles pasajes exigieron una decisiva coordinación ejecutante del piano solista con el Cuarteto Mainake, resuelta con maestría por ambas partes.

El broche final de dicho programa musical lo puso la sublime interpretación de la Rapsodia Sinfónica op. 66 para piano solista y cuerdas de J. Turina (1882- 1949). Las espléndidas páginas del maestro sevillano aunaron elegancia, brillantez, fuerza, temperamento y la exquisitez de la huella impresionista que recibió el músico durante su estancia parisina. Gran colofón final donde el piano protagonista y el Cuarteto Mainake dialogaron muy expresivamente en un empaste de cuerdas muy tímbricas.

Como regalo final al público asistente, pianista y cuarteto interpretaron un emocionante Libertango del compositor argentino A. Piazzolla, motivo de la ovación y el aplauso concluyente de una actuación a la altura de la celebración que los convocaba.

Verónica G. Prior (Musicóloga)

Día Europeo de la Música, Sala Unicaja de Conciertos María Cristina.
Paula Coronas, piano. 

Foto: Día Europeo de la Música en la Sala Unicaja de Conciertos María Cristina de Málaga, con Paula Coronas, piano.

Composición y pianismo de Bonnín de Góngora - Paredes de la Nava

Composición y pianismo de Bonnín de Góngora - Paredes de la Nava

Reseña: Julio-Agosto 2018

Bajo el sereno y sobrio románico de nuestras tierras castellanas fue convocado el compositor y pianista Bonnín de Góngora para la celebración de dos conciertos consecutivos los días 12 y 13 de julio del presente año.

Los conciertos tuvieron lugar en “La casa de las lágrimas” palacio del siglo XIX y en el salón de plenos de Paredes de Nava, abrazado por las letras de nuestro inmortal Jorge Manrique.

Y en esta atmósfera, el compositor ejecutó algunas de sus obras ya clásicas en su repertorio y otras de nuevo cuño, la mayoría pertenecientes a dos de sus nuevas creaciones: la “Suite Venanti” inspirada en la obra pictórica del reconocido pintor italiano y algún movimiento de la –todavía inconclusa- “Suite Benalmádena”. Los conciertos se celebraron auspiciados por la fundación “Lourdes Alonso”, que se volcó en la celebración de los mismos.

Comenzó el concierto en “La casa de las lágrimas” con la tradicional “Evocación”, obra relativamente cómoda para el íncipit de un concierto: obra sumamente expresiva y que predispone ya al oyente a un “climax” trascendente. La ejecución por su propio autor fue a la que nos tiene acostumbrados: dominio absoluto de la pulsación, de la agógica y de la expresión. El público ya estaba “en notas” y subyugado en los muros palaciegos. Prosiguió el concierto con las notas de la “Poesía nº 9”, verdadera poesía musical en la que el compositor-pianista no escatimó en alardes de fuerte expresividad, como en la reexposición del tema en el cenit expresivo de la obra. Mas, no obstante, fue –como otras muchas veces- el “Cuento del Retiro nº 6” intitulado “EL vagabundo y la Vida”, con su volcánico discurso, el que alzara el ánimo del público que, en el segundo concierto provocó el espontáneo “¡Grande!” dirigido al compositor durante la ejecución de la misma.

La pulsación “volante” del autor hizo su acto de presencia en la pequeña obra “La muchacha dorada” inspirada en la obra homónima de García Lorca: delicada en sus matices, delicado fraseo y articulación, armonías recónditas y resonantes invocaron la figura poética lorquiana con suma delicadeza y maestría.

En el segundo concierto, con programa común al primero hecha la salvedad de algunos movimientos de la “Suite Venanti” y de la “Suite Benalmádena”, el paisaje lírico cambió merced a la ejecución de los movimientos “Autunno trasimeno” –de la primera- y “La calle Real” de la segunda.

En el citado movimiento de la primera, el compositor nos retrotrajo a un brumoso y melancólico otoño, haciendo gala –una vez más- del perfecto dominio en los “piano y pianísimo” escritos en la obra.

Mas en “La calle Real” de la poderosa “Suite Benalmádena” su autor nos trajo toda la luz de la misteriosa tierra de Andalucía, con sus duendes, misterios y Sibilas: toda una exhibición de fortaleza anímica y espiritual.

Tubal-Caín

Palacio de las Lágrimas y Sala de plenos de Paredes de Nava. Compositor y pianista
Josué Bonnín de Góngora. 
Paredes de la Nava (Palencia)

Foto: Josué Bonnín de Góngora. 

VII Xornadas de Música Contemporánea - Santiago

VII Xornadas de Música Contemporánea - Santiago

Reseña: Julio-Agosto 2018

La cuerda de saxos por Rafael Yebra

Diferentes instrumentos de la cuerda de saxos en el concierto confiado a Rafael Yebra, músico formado con A. Gomis, J.M.Londeix, M.B.Charrier y que siguió en clases magistrales por un  programa  Erasmus. Dirigió y coordinó el ciclo Saxornadas y realizó actividades solísticas diversas desde el TAC, a la O. S. Vigo 430, RFG, estrenando obras de J.Gaspar, Mª García-Mendoza, Pablo Beltrán, L. Carro o F. Buide, algunas en el programa de esta tarde. Creó el colectivo Multiplensemble, presentándose en el Festival Are More, con un monográfico dedicado a K.H.Stockhausen, en colaboración con el Goethe Institut de Madrid.  En programa, Luís Carro con When al lis lost, para saxo soprano e Ictus, para saxo alto, una manifestación y propuesta sonora sobre sí misma mediante elementos transformadores del timbre y la exploración del espectro agudo  y una elaboración del contorno melódico llevado casi de forma puntillista, hasta el empleo de técnicas menos habituales. J. González incluyó Señales-trumpet, para saxo soprano, producto de su fascinación por los antiguos barcos transoceánicos y el protocolo del uso de las trompetas como trasmisores de información. Pablo Beltrán y Laberinto, para saxo soprano, electrónica y video, dentro de una perspectiva visual y sonora diseñada por el músico, el video-creador Mig Seoane y el propio instrumentista. Un fundamento sobre el mito griego de Dédalo para esconder al Minotauro.

Juan Eiras con Diacronías I, para saxo barítono, perteneciente a un grupo de obras a solo con medios electroacústicos. La ilustración parte de la poética de L.Berio cuando habla de sus Sequenze: Son obras escritas para un único tipo de virtuoso que es aceptable hoy en día, sensible, inteligente y con los más altos niveles de virtuosismo técnico e instrumental.  Rumor de frío II, para saxo barítono, pertenecía a Jacobo Gaspar, quien recientemente estrenó con la RFG Vía Láctea. Haiku espiral. Una pieza de un ciclo que toma como punto de partida la aproximación a determinados contextos sonoros, que por su actitud, en su comportamiento dinámico, nos ayuda a percibir lo que entendemos por rumor, en su comienzo, predominaban los sonidos de naturaleza percusiva.

Rafael Yebra (saxos). Obras de Luis Carro, Juan Eiras, Pablo Beltrán, J.González y Jacobo Gaspar
Igrexa da Universidade, Santiago de Compostela

O pulso da fala: Entre John Cage y Steve Reich 

Martin Bresnick, profesor de la Yale University, se escuchó por Caprichos enfáticos, en dos entregas, un primer grupo de cinco piezas y el final con la obra Farándula doble. Telón de fondo, los grabados goyescos de Los desastres de la guerra y los terrores del absolutismo de Fernando VII. Farándula simple, se resolvía con marimba y xilófono, con el resto de instrumentos abocados a un final macabro. Farándula de charlatanes, en medio de un enredo de percusiones o Estragos de la guerra, con un sombrío tema antes de  Extraña devoción! que incorporaba el recitado del Pater Noster en latín, como parte del discurso musical.

John Bergamo con Piru Bole, inspirada en los ritmos de la tablá con su acercamiento a otras culturas, en concreto las percusiones de las Indias Orientales aunque sin un arraigo fijo por sus devaneos con experimentos  que se sucedían en el conjunto de percusión ajenos a la tradición indú.  John Cage con Living Room, obra caprichosa por el entorno en el que se desarrollaba, el mobiliario habitual de un salón, usando una instrumentación caprichosa. En su segundo tema, hacía referencia al poema The World is Round, de Gertrude Stein, que al buen criterio de los intérpretes, fue recitado en forma de susurro.  Clapping Music de Steve Reich, desde la atalaya del minimalismo, pieza basada en una serie rítmica inicial de doce sonidos, tocada al unísono por dos intérpretes al comienzo de la partitura, antes de desarrollarse en un complejo e intrincado discurso polirrítmico, mediante modificaciones del tempo de uno de los ejecutantes hasta una coincidencia colectiva en el final.

O pulso da fala y aquí nos encontramos con Fernando Buide, pieza para piano y cuatro percusionistas. El título de la obra surgía de la intención de  remedar con instrumentos, el pulso de una animada conversación entre varias personas. Además de muchos motivos fragmentarios que se presentaban en unísono, en vibráfono, marimba y piano, la obra desenvuelve un número importante de ostinatos y patrones rítmicos que se alternan y superponen creando una textura musical siempre cambiante, las acumulaciones de las superposiciones, son el impulso que va creando la narrativa de la obra. La sección de percusión cuenta con instrumentos como vibráfono y xilofón, con altura determinada, usando al mismo tiempo un bombo y un guiro. También suyo fue el arreglo actualizado del Dum Pater familias del Codex Calixtinus.

J.Vicente Faus, Fernando Buide del Real, Miembros de la EAEM. Obras de Martin Bresnick, John Bergamo, J.Cage, Códex Calixtinus, S. Reich y F. Buide del Real
Sala Mozart, Auditorio de Galicia. Santiago de Compostela

Enrique X. Macías: Sonata por Isabel Pérez Dobarro 

Comenzaron las VII Xornadas de Música Contemporánea en el CGAC con una actividad que conmemora el 60 Aniversario de Enrique X.Macías (1958-1995) en la que Carlos Villanueva, catedrático de Musicología de la USC, recordaba su actitud beligerante, basada en una osada manipulación de las materias en análisis y la permanente obsesión por la incapacidad de completar sus obras, primando el ideario de trabajo abierto, casi como un reflejo de un status bipolar. Manuel Bragado, editor, recuperaba la memoria de la Sonata, en su estreno en ese centro en abril de 1995, con Roberto Bolea, en su etapa que ratificaba el ideario del trabajo en permanente construcción, y el enfrentamiento forjado tras la consecución del Premio de la Crítica, en 1976 y su actitud provocadora en espacios como las perfomances plásticas, antes de entrar de lleno en la obra del homenajeado.

 La Sonata de 1989, pudo escucharse en dos de sus tiempos- Impromtu I- Refrain- en interpretación de Isabel Pérez Dobarro, una pianista  cuyo interés por la música actual, la llevó a formar parte del Int. Fest. For Contemporary Performance, en The Mannes School of Music of Music neoyorquino, colaborando con el pianista Marc Ponthus, así como en el NYUCME, dirigido por Jonathan Hass, estrenando Books of Throws de Laars Graugaard. La Sonata de Macías, tuvo su estreno en las III Xornadas de Música Contemporánea,  dentro de las seguidas en otro ciclo anterior al actual, a cargo de Roberto Bolea, su dedicatario, un trabajo madurado a lo largo de tres años y que deja como resultado una pieza de cambios metronómicos permanentes dentro de unas fluctuaciones agógicas y variaciones de registro, realzados por contrastes dinámicos. Las tensiones y dificultades extremas, dentro de una amplitud no muy extensa, nos traslada invariablemente a los rigores conceptuales del postserialismo de Darmstadt en sus propuestas más reveladoras, un auténtico tour de force para la solista.  En la  trayectoria de Macías, destacaríamos sus experiencias en los Encuentros de la Fundación Gulbenkian, los cursos de Darmstadt, la dinamización del Gabinete de Música Electroacústica de Cuenca, la participación en el Instituto de Sonología de Utrecht o en el Groupe de Recherche Musicale de París y en el Festival Antidogma de Turín.  Fue premiado en el Tribuna Int. Gaudeamus de Holanda, en el de Jóvenes Compositores de la Fundación J.March, con Souvenir I y el Cristóbal Halffter de Composición.

Isabel Pérez Dobarro (piano). Enrique X.Macías: Sonata- Impromtu I- Refrain-.
CGAC (Centro Galego de Arte Contemporáneo) Santiago de Compostela.

Ramón García Balado 

Foto: Isabel Pérez Dobarro.

“Matheus” y maratón Brahms - Valladolid

“Matheus” y maratón Brahms - Valladolid

Reseña: Julio-Agosto 2018

J-Ch. Spinosi y su Ensemble Matheus cerraron el Ciclo Antigua en la Sala de Cámara de forma anómala, pues sólo ofrecieron Las cuatro estaciones de Vivaldi, ocupando el Maestro y un traductor el resto del tiempo con breves ejemplos musicales y explicaciones sabidas, todo ello sin anuncio previo. La versión resultó caprichosa y retocada, de lo que no fueron culpables los “Matheus” (excelentes violista, clavecinista y cellista del continuo) sino el propio Spinosi, que parece tomar a broma todo aquí últimamente. El arreglo del Summer time del Porgy&Bess de Gershwin, añadido al final, fue lo más serio del mini-concierto.

Pasión y razón es el título dado por Julio García Merino, Bibliotecario de la OSCyL y Comisario de la Exposición, a la muestra que sobre la vida y obra de quien fue su Director emérito, Jesús López Cobos, se visita en el CCMD; concienzudo trabajo: video, carteles, programas, cartas, fotos, grabaciones y anécdotas, recorren su amplia trayectoria profesional, regida siempre por la Pasión por la Música y la Razón como rectora e inspiradora de la misma. Todo un homenaje, que se amplió respetando dos programas diseñados por él conforme a esos criterios y que ya no pudo dirigir; Brahms protagonista y el pianista onubense Javier Perianes intérprete de los Conciertos 1 y 2, Re m. y Si b. M., ops. 15 y 83. Andrew Gourlay asumió el 1º, completado con la Sinfonía nº 26 en Re m. “Lamentatione” de Haydn y Variaciones sobre un tema de Haydn, op. 56a del hamburgués en su 1ª época; y Pablo Casado asumiendo el 2º, más su Sinfonía nº 3 en Fa M., op. 90,  del Brahms más maduro, para excelente panorámica del autor.

El Titular Gourlay tuvo a un pianista que se plegó a sus tempi, que obtuvo un hermoso color en su sonido, haciendo un Adagio primoroso con las cuerdas graves y con excelentes maderas, con un toque exquisito y un ataque brillante en el Allegro final. Perianes se ganó al público a base de calidad y hubo de premiar esa entrega con el Nocturno, op. 54/3 de Grieg, meditado y finísimo. El Maestro, salvo una caída de tensión en el Poco più moderato; feliz intervención del dúo flauta-oboe y trompas III y II. Completó  18º de temporada con primicia orquestal, Sinfonía “Lamentatione” de Haydn, 19 músicos en pie y dos cellos (sin el color del clave ausente), al  detalle, correcta, pero falta de ese espíritu preciso, Menuet como mejor momento. Las bellas Variaciones brahmsianas sonaron limpias, vientos acertados y relaciones poco diferenciadas.

En el 19º, Perianes volvió a triunfar, con un Heras-Casado que se mostró muy energético, natural y conocedor en tan difícil acompañamiento, ayudando a los atinados contrastes dinámicos del pianista, con excelente colaboración de la trompa inicial y del cello solista en el bello Andante, ambos dulces y sentidos, como el trío clarinete-fagot-piano, rematando éste el Concierto con  gracia verdadera. La Sinfonía, también complicada, tuvo apropiado romanticismo, buen gusto y expresión, pudo haber mayor amplitud en el Poco Allegretto y tuvo su pasión el Allegro, todo en un nivel contenido y algo menos logrado que el Concierto. Bonito recuerdo ambos días.

José Mª Morate Moyano

Sinfónica de Castilla y León, Javier Perianes/A. Gourlay/P. Heras-Casado. Obras: Haydn, Brahms.
Sala Sinfónica “Jesús López Cobos” del CCMD de Valladolid.    
  

Foto: Perianes volvió a triunfar con Heras-Casado (foto de Vanity Fair)

Mozart en revisión - A Coruña

Mozart en revisión - A Coruña

Reseña: Junio 2018

La Misa en Do m. (La Grande) K. 427, de Mozart en revisión de Robert D.Levin, bajo la dirección de Richard Egarr, formado en la Chetham´s School of Music de Manchester, especializándose en órgano en el Clare College Cambridge, antes de ampliar en la Guildhall School of Music & Drama. Siguió la escuela de Gustav Leonhardt y a partir de 2006, tomó la plaza de Christopher Hogwood, como director en la Academia de Música Antigua. Suya fue la voluntad de la versión de Robert D. Levin, de la que se dice que partió de los manuscritos originales, recurriendo también a la diversidad de los papeles usados que ayudaban a precisar los lugares en los que fue compuesta. Se tendría en cuenta igualmente la práctica salzburguesa de doblar partes de los coros con los metales. Así, extrapolará la orquestación para completar la partitura. Nos queda el Kyrie y el Gloria, además del principio del Credo y parte del Sanctus y del Benedictus y sin escribir la mitad del Credo y el Agnus Dei. El resto que pasó por la criba del Sr. Levin, hará suscitar alguna previsible susceptibilidad. Una reconstrucción usando técnicas y criterios musicológicos, que parece soportar cualquier comparación, no solo con las piezas de la misa, sino con otras composiciones de la época.  Queda sobre el papel la orquestación sin transiciones de los fragmentos esbozados para remedar lo que el autor pudo haber tenido in mente.

Los solistas, voces de confianza de Egarr, son cantantes bregados en el espacio de la música sacra y el oratorio. Las sopranos Elisabeth Watts y Kate Royal- sustituta de la anunciada Sophie Bevan-, mostraron un agudo vibrante y un timbre cálido y efusivo, realzado por una mayor presencia a lo largo de toda la interpretación; el tenor Andrew Tortise, a la par de ambas en cuanto a agilidades y mesura y el bajo, de menor protagonismo, mostró una afinidad por el colorido baritonal. Para confirmarles, el concertante compartido en el Dona nobis pacem, pero si alguien merece una atención particular, es el propio coro de Joan Company, que desde la Segunda de Mahler, en Do m., Resurrección, abriendo temporada, nos gratifica en memorables veladas.  Aunque se trata de una obra incomparablemente mayor que las primeras misas salzburguesas, se la criticó a veces por su falta de cohesión estilística. El interés de Mozart por el estilo antiguo o docto, alimentado por las reuniones en la mansión del barón Gottfried van Switten, se muestra en la utilización de texturas arcaicas de continuo en algunos movimientos para solista.

Ramón García Balado

Elisabeth Watts, Kate Royal, Andrew Tortise y Andrew Foster-Williams. Orquestra S. de Galicia y Coro / Richard Egarr. Joan Company. Misa en Do m. K.427 (La Grande), ed. Robert E. Levin.
Palacio de la Ópera, A Coruña      

Foto: Kate Royal.  

Fuego y transparencia - Barcelona

Fuego y transparencia - Barcelona

Reseña: Junio 2018

La Novena sinfonía de Beethoven es una obra icónica, una de esas de éxito seguro, lo que da como contrapartida versiones muchas veces rutinarias. Afortunadamente no fue el caso de la que se dio en el Palau de la Música Catalana. Nada más escucharse los primeros acordes ya se vio que la de Daniele Gatti no iba a ser una interpretación más. Arrancó enérgica para luego desplegarse a un tempo fulgurante, tanto, que la sensación era ambigua: o acababa naufragando en el exceso, o sería de las de quitarse el sombrero. Fue lo segundo. La batuta logró mantener el vuelo fulgurante sin descarrilar, aunque lo más asombroso no fue tanto eso como la transparencia de la lectura, el que cada detalle de la instrumentación, por mínimo que fuera, pudiera apreciarse netamente.

Un Molto vivace incisivo y con un trio de un color cálido y popular, y un Adagio molto cantabile que fue una filigrana de una delicadeza exquisita, prepararon el camino a un Finale apoteósico ya desde el recitativo de violonchelos y contrabajos, expuesto por Gatti con clara intención expresiva. La actuación de un buen cuarteto vocal y de unos coros cada vez más convincentes, con más cuerpo y color en sus secciones, fueron la guinda de una interpretación que quedará en el recuerdo.

Juan Carlos Moreno

Mahler Chamber Orchestra / Daniele Gatti. Marina Rebeka, soprano; Natascha Petrinsky, mezzosoprano; Torsten Kerl, tenor; Luca Pisaroni, bajo-barítono; Orfeó Català; Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana. Novena sinfonía de Beethoven.
Palau de la Música Catalana, Barcelona. 

Foto: Natascha Petrinsky, mezzosoprano (foto de Birkigt). 

Cuando la ciencia ahoga a la música - Barcelona

Cuando la ciencia ahoga a la música - Barcelona

Reseña: Junio 2018

El pasado 19 de mayo, L’Auditori de Barcelona acogió el estreno mundial de Inscape, una obra de Hèctor Parra para conjunto instrumental de 16 solistas (todos ellos del Ensemble Intercontemporain), orquesta sinfónica y electrónica. Según el propio compositor y el programa de mano, se trata de un viaje mental desde la tierra hasta otros universos a través de un agujero negro… Dicho así, uno esperaría encontrar una música llena de sonidos nuevos que lleven más allá las posibilidades de los instrumentos convencionales, algo en la línea de Langgaard, Ligeti, Messiaen o Grisey.

No fue el caso: en la media hora que dura, Inscape no aburre, pero sí desconcierta por su abuso de clichés de una vanguardia ya vieja, su estructura inconexa y su desequilibrio sonoro. Este último aspecto es especialmente grave porque hace que los solistas resulten casi siempre inaudibles, estén situados alrededor del director (flauta, clarinete bajo, fagot y quinteto de cuerda) o emplazados en otros puntos del Auditorio (oboes, trompetas, trombones), algunos de ellos al lado de un percusionista que, evidentemente, los ahoga. No hay, por tanto, matiz, ni instrumental ni espacial, solo un violento frenesí de metales y percusión que, sin duda, puede expresar la energía cósmica, pero también sirve para ilustrar el horror de una guerra o, incluso, un estado de ánimo. Y es lástima, porque en la escritura de esos solistas hay momentos muy sugerentes, casi líricos, que entroncan con el impresionismo.

La sensación final es que hay ideas, y valiosas, pero que se quedan en la partitura escrita: una vez esta se hace sonido, todo se pierde, queda ahogado por la falta de equilibrio y transparencia del conjunto. Por eso fue aún más sangrante escuchar a continuación la Sinfonía n. 4 de Mahler, una prueba de cómo se puede escribir para gran orquesta y hacer que todo se perciba de manera diáfana, así como de crear también un mundo sugerente sin necesidad de muletas científicas que solo son una excusa esnob para dar empaque a la música. Kazushi Ono, concentrado y tenso en Inscape, se relajó aquí para ofrecer una versión aseada, fluida, con su punto popular y, en el Poco adagio, sus toques de trascendencia religiosa.

Juan Carlos Moreno

OBC / Kazushi Ono. Obras de Parra y Mahler. Michaela Kaune, soprano. Ensemble Intercontemporain.
L’Auditori, Barcelona. 

Foto: Michaela Kaune, soprano. 

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