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País musical
RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
Paquito D´Rivera y Vicent Alberola - A Coruña

Paquito D´Rivera y Vicent Alberola - A Coruña

Reseña: Abril 2018

Paquito D´ Rivera nos dejó excelentes modelos de sus influencias en nuestro país, entre festivales y otras aportaciones. Aquí, en Galicia, el trabajo Aires tropicales en un mano a mano con el Quinteto Cimarrón, El propio Fernando Trueba, entusiasta incondicional, convertirá Calle 54 en un documento de referencia. Por esta vez, se trataba de probar el maridaje entre una orquesta dirigida por el también clarinetista Vicent Alberola y el complemento jazzístico del Pepe Romero Trío.  Del programa que nos acompañó, la pieza  The Elephant and the clown (poema sinfónico dedicado a Gaby, Fofó y Miliki), los Payasos de la tele, puras pinceladas cómicas que, desde un quinteto en su origen, avanza en su tratamiento orquesta para lo que vendría en cascada.  Otra obra fue Cape Cod Concert, en memoria de Benny Goodman, también en principio para el clarinetista John Manasse y el pianista Jon Nakamatsu, en 2009, otra fina tracería ampliada pero sin perder intenciones: Bandoneón-pizcas de milonga-;Lecuona-, bolero revirado-;Chiquita Blues- especie de danzón renqueante- y Benny, bien plantado con su desenvuelto swing, siguiendo el dictado propuesto por D´Rivera, al clarinete, y Pepe Rivero, piano.

 Mozart con el Adagio del Concierto para clarinete en La M, fue campo abierto para lo que resultó un reparto de variaciones con absolutas licencias, columpiándose en visibles irreverencias sin ánimo de ofender. D´Rivera, se apuntó a unas humoradas que, en lo musical, repartió con el Pepe Rivero Trío.  Piazzolla, para colmar el cuenco, apoyándose en la sección de cuerdas para desgranar tres piezas emblemáticas:   Revirado, Oblivion o Libertango, antes de probar con otra guinda del propio D´Rivera, la Contradanza y Vals venezolano, en las que la palabra resolutiva se repartieron, él y Alberola al clarinete, con subrayado medido de Pepe Rivero. Nos quedaban los cuatro arreglos de varios compositores, en otro reconocimiento, antes de un bis con Night in Tunisia de Miles Davis: To bird with strings suite sobre temas de Charlie The Bird Parker, desgranado por el saxo de Paquito y el Pepe Rivero Trío: clásicos en slow-swing con reminiscencias memorables: April in Paris, Easy to love, Just Frieds y Whats´s this thing called love.

Ramón García Balado     

Vicent Alberola. Real Filharmonía de Galicia/ Paquito D´Rivera, Trío Pepe Rivero. Obras de Paquito D´Rivera, W.A. Mozart, A. Piazzolla y varios
Teatro Colón, A Coruña 

Foto: Paquito D´Rivera.

Un Bruckner con músculo - Barcelona

Un Bruckner con músculo - Barcelona

Reseña: Abril 2018

La tradición interpretativa de buena parte del siglo XX nos ha transmitido una imagen de las sinfonías de Bruckner como “catedrales sonoras”. De ahí unas versiones que acentúan el carácter trascendental de esta música, ralentizando los tiempos, estirando los temas y difuminando las aristas. En realidad es una imagen parcial e interesada, en absoluto rechazable (¿podríamos acaso abjurar de las interpretaciones de Celibidache?), pero que no debe hacernos olvidar que otro Bruckner, más humano y terrenal, es también posible. Dennis Russell Davies es uno de los directores que han afrontado el reto de mostrar esa otra cara del maestro de Ansfelden.

Curtido en la música contemporánea, Davies se acerca a él desde un planteamiento más abstracto y analítico, como pudo apreciar el público de L’Auditori el pasado 17 de marzo en su interpretación de la Sinfonía n. 8. Nada de recrearse en divinas larguras: la batuta fue al grano, con una rítmica incisiva y unos tempi flexibles y aligerados que revelaron una música más activa que contemplativa, pero no por ello menos fascinante. Bruckner pudo ser un místico, y la extrema belleza del Adagio así lo prueba, pero también amaba la danza popular y era capaz de escribir una música tan contundente y fiera como la del Finale. La OBC, rendida al director, brilló a una altura inhabitual esta temporada.

Juan Carlos Moreno                                                                               

OBC / Dennis Russell Davies. Sinfonía n. 8 de Bruckner.
L’Auditori, Barcelona. 

Foto: Dennis Russell Davies.

Tocar sentados o tocar de pie - Barcelona

Tocar sentados o tocar de pie - Barcelona

Reseña: Abril 2018

Hace cinco o seis temporadas, John Eliot Gardiner ofreció en el Palau un programa dedicado a Schumann al frente de la Mahler Chamber Orchestra. Fue el descubrimiento de un Schumann diferente, mejor orquestador que lo que dice el tópico. Un rasgo distintivo del concierto fue que, excepto los violonchelos, los jóvenes músicos tocaron de pie, detalle que para Gardiner significaba dar una mayor libertad de movimiento al intérprete y, con ello, lograr unas versiones más enérgicas y vibrantes.

 El pasado 6 de marzo, el director volvió a la misma sala con otro programa casi íntegramente schumaniano, pero esta vez con una orquesta más tradicional, la Sinfónica de Londres. Tocaron sentados la Obertura, scherzo y finale y lo cierto es que no se repitió la magia sonora de aquel otro concierto. Detalles interesantes aquí y allá, pero en general un sonido más apagado y pesado. Mejor, mucho mejor fue Les nuits d’été de Berlioz. A partir de una voz cálida y de gran belleza, la mezzosoprano Ann Hallenberg maravilló por su facilidad para desgranar los sentimientos de cada una de las canciones, bien arropada por la sutil batuta de Gardiner, que resaltó en todo momento la genialidad como orquestador del compositor.

Se llegó así a la segunda parte, en la que orquesta y director abordaron otras dos obras de Schumann, la obertura de Genoveva y la Sinfonía n. 4. Y esta vez lo hicieron de pie, precisamente para transmitir más energía y fuerza, más color y contraste a las partituras. Fue como la noche y el día respecto a la primera obra, un Schumann pletórico, rebosante de ideas, vital que puso un broche de oro a un gran concierto. Lo habitual cuando se trata de Gardiner.

Juan Carlos Moreno

Orquesta Sinfónica de Londres / John Eliot Gardiner. Ann Hallenberg, mezzosoprano. Obras de Berlioz y Schumann.
Palau de la Música Catalana, Barcelona. 

Foto: Ann Hallenberg, mezzosoprano.

 

Del clasicismo al romanticismo - Barcelona

Del clasicismo al romanticismo - Barcelona

Reseña: Abril 2018

Hoy, cuando tantos y tantos pianistas jóvenes hay que más parecen acróbatas empecinados en tocar lo más fuerte posible y el máximo de notas en el menor tiempo, da gusto encontrarse a alguien como el polaco Rafał Blechacz. Es un intérprete de otro tiempo, dicho sea ello en el mejor de los sentidos: posee una técnica apabullante, deslumbrante, pero también personalidad, gusto e inteligencia, como pudo apreciarse el pasado 13 de marzo en el Palau.

El recital comenzó con dos páginas de Mozart, el Rondó KV 511 y la Sonata n. 8 KV 310, en las que Blechacz dejó constancia de un toque sutil, que más que pulsar parecía acariciar las teclas del piano. La Sonata n. 28 op. 101 de Beethoven que le siguió evidenció el dominio perfecto del pianista sobre el tempo y la dinámica, de ahí una versión pletórica, de sonido casi orquestal. Una vertiginosa Sonata n. 2 op. 22 de Schumann dio paso a la que es una de las especialidades de Blechacz: su compatriota Chopin. Si las cuatro Mazurcas op. 24 fueron una delicia por ese dominio del tempo antes citado, la sutileza poética del toque y un idiomatismo que resaltaba el origen popular de esta danza, la Polonesa op. 53/6 “Heroica” fue un torbellino de intensidad y virtuosismo, ideal para cerrar un gran concierto.

Juan Carlos Moreno                                                                              

Rafał Blechacz, piano. Obras de Mozart, Beethoven, Schumann y Chopin.
Palau de la Música Catalana, Barcelona. 

Foto: Rafał Blechacz (c) Marco Borggreve 

Schubertiada por todo lo alto - Barcelona

Schubertiada por todo lo alto - Barcelona

Reseña: Abril 2018

La violinista Isabelle Faust, el violoncelista Jean-Guihen Queyras y el pianista Alexander Melnikov pertenecen a esa rara especie de solistas que disfruta reuniéndose con otros músicos para hacer música de cámara. Y ello en programas confeccionados con inteligencia y gusto. No fue una excepción el monográfico Schubert que pudo escucharse el 19 de marzo en el Palau, cuyo motivo conductor fue la estrecha relación que en la obra del compositor tienen los mundos del lied y la música pura.

Así, la interpretación del lied Sei mir gegrüsst D 741 antecedió la de la Fantasía para violín y piano D 934, basada sobre esa melodía, y la de Die Forelle D 550, la del Quinteto D 667 “La trucha”. Otro lied, Viola D 786, abría el programa, seguido por la Sonata para violoncelo y piano “Arpeggione” D 821. Si el barítono Georg Nigl cantó con estilo y sentido poético, Queyras mostró en la Sonata la cualidad canora y expresiva de su instrumento, mientras que Faust asombró en la Fantasía por la excelencia de su sonido (el fiato inicial fue sencillamente milagroso) y su creatividad musical. Al lado de todos ellos, un Melnikov comedido, sutil. Con esos mimbres, la interpretación del Quinteto “La trucha” solo podía ser fresca, llena de detalles sabrosos y de gozosa inventiva. Lo fue.

Juan Carlos Moreno                                                                           

Isabelle Faust, violín; Jean-Guihen Queyras, violoncelo; Alexander Melnikov, piano; Boris Faust, viola; Laurène Durantel, contrabajo; Georg Nigl, barítono. Obras de Schubert.
Palau de la Música Catalana, Barcelona. 

Foto: Jean-Guihen Queyras (c) Marco Borggreve 

 

Prestancia, compromiso y diversidad - Madrid

Prestancia, compromiso y diversidad - Madrid

Reseña: Abril 2018

Prestancia vocal, riesgo y diversidad estética en el concierto que ofreciera el Coro de la Comunidad de Madrid dirigido por Marco Antonio García de Paz. Obras de enjundia coral del romanticismo -de Mendelssohn para acá-, donde la variedad, una pieza por autor, y la especial ordenación de éstas de cara al contraste de su sucesión en programa, dieron justo protagonismo a la peripecia vocal del coro en sí misma, sin más aditamentos.

Una inteligente puesta a punto donde los aspectos históricos, narrativos o coreográficos, tan manidos y a menudo manirrotos, quedaban un poco de lado en favor de lo que realmente importa en un concierto de estas características: la voz y la coralidad en sí mismas.

Por lo demás, riesgos asumidos con piezas selectas, verdaderos tour de force corales, como el Sanctus de la magnífica Misa para doble coro de Frank Martin o el Mahler a 16, de los Rückert-Lieder de la segunda parte.

Satisfacción por parte de todos y una, de agradecer, muy uniforme ejecución por su exigencia de principio a fin. Una bien ganada propina de Rachmaninov insistió en aquellas virtudes, en un repertorio ya más habitual en nuestros escenarios: su Ave María, transliterado como Bogoroditse Devo.

Toda una lección coral realizada con la aparente modestia que corresponde a este repertorio a cappella, pero con los arrestos y pericia que pocas formaciones como ésta, pueden asumir. 

Luis Mazorra Incera

Coro de la Comunidad de Madrid / Marco Antonio García de Paz.
Obras de Brahms, Busto, Mahler, Martin, Mendelssohn, Poulenc, Rachmaninov, Rheinberger, Schnittke y Tavener.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Coro de la Comunidad de Madrid. 

Impresiones románticas - Pamplona

Impresiones románticas - Pamplona

Reseña: Abril 2018

El noveno concierto de la Sinfónica de Navarra lo conformó un programa entre romántico e impresionista. Las dos primeras obras, el poema Nachtlied de Schumann  y La damoiselle élue de Debussy, comparten un aire vago, remoto. No son obras de impacto y necesitan de una gran delicadeza en la masa coral. Al Orfeón Pamplonés le faltó un poco de calor en el timbre, pero en líneas generales cumplió su papel. Las solistas Marta Mathéu y Marta Infante fueron expresivas cada una en su papel.

La obra de Frank tal vez no ha sido escuchada en Pamplona desde hace años, si es que alguna orquesta la ha interpretado en los últimos treinta. Lo cual parece injusto para una sinfonía de tanta belleza. No vamos a decir que es impresionista, pero sí que su romanticismo flota en algunos momentos con una vaguedad muy sugerente. Ramón Tebar supo sacar un primer movimiento muy grandioso e intenso. Los contrapuntos de la cuerda en el segundo movimiento estuvieron más apurados y, siempre cuestión muy opinable, tal vez el tempo del segundo y tercero pudo haber sido un poco más calmado. En general el programa gustó, si bien la obra más aplaudida fue la de Frank.

Javier Horno

OSN, Orfeón Pamplonés, Marta Mathéu, Marta Infante / Ramón Tebar. Obras de Schumann, Frank y Debussy. Auditorio Baluarte de Navarra, Pamplona.

Foto: Ramón Tebar.

Rescate de grandes obras - Pamplona

Rescate de grandes obras - Pamplona

Reseña: Abril 2018

El octavo concierto de la temporada de la OSN comenzó con una obra del polaco Mieczyslaw Weinberg, un compositor que se está dando a conocer en los últimos años, según se informaba en el programa de mano. Con justicia, porque, ciertamente, detrás de la alegría que despiden sus Melodías polacas para orquesta hay un no sé qué especial, profundo, emotivo; y no creo que nos dejemos influir por que esta obra está escrita en 1949, en pleno terror de las purgas comunistas. No puedo por menos que recordar el testimonio de otro judío, Viktor Frankl, y aplicar aquí que sólo el Hombre puede dar sentido a su existencia, aun en las condiciones más precarias. Lecturas aparte, la interpretación de estas Melodías polacas fue magnífica. La batuta de Jacek Kaspszyk supo sacar a todo el programa y a la orquesta sus mejores sonidos.

            A continuación escuchamos el Concierto para viola y orquesta de William Walton, con Isabel Villanueva como solista. La obra de Walton es un correcto ejercicio de composición, hecho con mucha escuela, pero muy escaso de inspiración. La interpretación de Isabel Villanueva estuvo limitada: más allá de las características de su instrumento barroco (una viola Enrico Catenar), faltaba sonido, volumen, potencia en el arco, y eso se percibe ya en la energía de su brazo derecho. La violista empezó excesivamente circunspecta, apurada en los arcos lentos, el sonido era engullido por la orquesta en múltiples pasajes y sólo en algunos momentos, y conforme avanzaba la obra, se advertía esa soltura que se exige a cualquier solista; soltura a la que, dejando a un lado las circunstancias de ese concierto, la obra de Walton no da mucha ocasión.

            En la segunda parte, la versión de Schönberg del Cuarteto con piano en sol menor opus 25 de Brahms mejora “in crescendo”: en el primer movimiento uno piensa que suena a música de cámara innecesariamente inflada con lenguaje orquestal; esa sensación se va diluyendo en el segundo movimiento; en el tercer y cuarto movimentos esto se olvida por completo. La orquestación es, lisa y llanamente, soberbia, y el resultado de conjunto, admirable. El público elogió calurosamente este trabajo y el brillante desempeño de la Sinfónica de Navarra bajo la batuta de  Kaspszyk.

Javier Horno

OSN, Isabel Villanueva / Jacek Kaspszyk. Obras de Brahms-Schönberg, Walton y Weinberg. Auditorio Baluarte de Navarra, Pamplona.

Foto: Isabel Villanueva

           

David Hill, organista y director - Santiago de Compostela

David Hill, organista y director - Santiago de Compostela

Reseña: Abril 2018

David Hill es un músico con una trayectoria dedicada a repertorios preferentemente sacros, por sus años de formación en la Chethman´s School of Music, con George Guest, y también en el St. John College de Cambridge, al que volverá como profesional entre 2003-7. Organista y director en esta sesión, manejándose con su instrumento Johannus, para amoldarse al programa elegido. En su faceta de director,  El Mozart de la Sinfonía K. 297, en Re m.,   con los efectos coup d´archet y otros primores. El público parisino amaba los alternados de piano y forte, los crescendi a la manera de Mannheim, los comienzos solemnes de obertura a la francesa, los pasajes brillantes e inesperados: Mozart le proporciona todo esto, y calcula de antemano los lugares donde será aplaudido. Con ella se completaba una primera parte excelentemente planteada.  Haydn en su Sinfonía nº 92, en Sol M. (Oxford), una de las más equilibradas en sus cuatro tiempos, en parte por las líneas ocultas que se entremezclan a través de ellos. Perfecta para completar el periplo: Los refinamientos del Adagio-Allegro spiritoso o el consecuente Adagio cantábile hasta el Presto que recupera elementos precedentes.

Casi perdido entre estas obras, el tan traído Adagio para órgano y cuerdas atribuido a T.Albinoni, obra producto del ingenio del musicólogo Remo Giazotto, ansioso de celebridad o de marcarse un tanto. Hacía 1945, confesará el descubrimiento en la Staatsbiblioteck de Dresde atribuida al italiano aunque la verdad, el vínculo real de esta obra con el mismo, se reduce a una similitud con la Sonata en trío Op. 33. Parece mantener con todo, cierto interés y aceptación.

Haendel a través de dos obras con órgano solista: los Concierto para órgano nº 13, en Fa M. HWV 295 (El cuco y el ruiseñor) y  nº 6, en Si b m. del Op. 4 HWV 294, destinados frecuentemente a servir en entreactos del coralismo de gran despliegue. El Sexto, en Si b m., se interpretaba indistintamente también en la versión para arpa, además de la escogida para órgano, e incluso en transcripción para piano. Obras distanciadas de las rigideces contrapuntísticas y que resaltan los sonidos brillantes.  Entrelazadas en cada una de las partes, piezas con encanto indiscutible de Papá Haydn, siempre en su bonhomía: detalles naif para reloj musical, una idea de lo que resultó moda floreciente, los instrumentos de reproducción mecánica de la música,  y para acercarnos las curiosidades de los registros del instrumento, un intento de probar experimentos que moviesen el interés de los curiosos y así nos topamos con los relojes musicales, Flöttenurh (reloj-flauta)

Ramón García Balado

Ciclo de Lugares e Órganos. Real Filharmonía de Galicia / David Hill, director y organista. Obras de Haendel, F.J.Haydn, T.Albinoni y W.A.Mozart.
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela.

Foto: David Hill.

Prueba de resistencia - Santiago de Compostela

Prueba de resistencia - Santiago de Compostela

Reseña: Abril 2018

Bern Alois Zimmermann desde los Ferienkurse für Neue Musik de Darmstadt, epicentro de pretensiones renovadoras que mantiene su vigencia desde entonces, gracias a la iniciativa ambiciosa de Wolfgang Steinecke, Otras tendencias asomarán en su evolución con una mirada amplia hacia el entorno de las músicas más diversas que pujaban por tentar a los compositores del momento, escuela de Darmstadt incluida. El  Concierto para violín y gran orquesta, vendría para descubrirnos el poderío de una solista, Leila Josefowicz, enfrentada al enfrentamiento inevitable desde un discurso tonal agobiado por los desvaríos atonales. El término de Rondó final, queda definitivamente escaso por lo que en él se propone, cargado de citas precedentes.

Leonard Bernstein con Divertimento de 1980, pieza en la que inevitablemente abundan estilemas reconocibles en lo musical, obra de permanentes y afortunados guiños sobre sí mismo. Perfecta para encandilar al oyente desde Sennets and Tuckets, por sus toques de trompeta y trompa; una mazurka que no reniega de sus ancestros o la samba, columpiándose en la misma cuerda; Sphinxes, atrevida en su desmentido con respecto a las anteriores, dando la espalda al Turkey Trot- inevitable recuerdo de West Side Story- o quizás el Blues, genuinamente americano, como su propio autor. Pero lo más in, dicho de aquella manera, la Marcha. The BSO Forever, en vivo homenaje a la histórica Boston Pops y que, con estudiada intención, repetirían en el bis.

Sergei Prokofiev  y la Sinfonía nº 5, en Si b. M. Op.100,  con su popular Adagio, pero mejor orientada en el Allegro marcato y en el Allegro giocoso, para entendernos con el autor en sus perspectivas. Los cambios melódicos imprevistos nos ayudan a comprenderle dentro de los colegas de generación en cuanto al despliegue e idea de un sinfonismo necesitado de superar dependencias estéticas. Fue el movimiento final el que decididamente consiguió que confluyesen las ideas que la propia obra propone, gracias en buena medida a la circularidad que recupera el tema principal del inicio.  

Ramón García Balado

Leila Josefowicz. Orquesta Sinfónica de Principado de Asturias / Rossen Milanov. Obras de L.Bernstein, B.A. Zimmermann y S. Prokofiev

Heroicidades - Sevilla

Heroicidades - Sevilla

Reseña: Abril 2018

Volvía la ópera barroca al Maestranza en versión concierto, aunque semiescenificada, con un plantel de primerísimas figuras del canto, y además muy jóvenes. De igual forma, la mítica formación fundada por Trevor Pinnock lucía con una fuerza, definición de sonido y afinación envidiables: los conjuntos que llevan activos tantos años responden a una calidad incuestionable, y no dependen de buenos o malos días. Como Sasha Cooke, como el Goffredo que abría la ópera, aunque con la voz todavía por calentar, algo que fue corrigiendo progresivamente, hasta firmar un Sorge precioso, embellecido por el acompañamiento de un cálido y amoroso chelo. Rinaldo fue encarnado por la mezzo navarra Maite Beaumont, de registro sedoso, suave, muy homogéneo incluso en los graves, pero acaso demasiado lírico para el rol de un guerrero, a más de un volumen moderado. La delicadeza y calidez de la deseada Almirena fue reconocida durante toda la noche, y especialmente cuando nos tuvo en el aire durante el esperado Lascia, por su dominio del tempo y capacidad para crear expectativas.

La poderosa Armida fue recreada por Jane Archibald, una soprano de agudos penetrantes y bien timbrados, tanto como un registro bastante completo y cuidado, como comprobamos en Vo' far guerra, en donde también nos sorprendió el clavecinista Tom Foster, verdaderamente prodigioso. Pero no menos lo fue el Argante del venezolano Luca Pisaroni, ya desde su entrada entre fanfarrias de trompetas y timbales; incluso para la reconciliación con Armida no dejaba de adoptar un aire, diríamos, intimidante: un registro muy amplio que le permitía hablar de amor tanto como amilanar al contrario. Orlinski (Eustazio) nos fue agradando cada vez más, hasta alcanzar momentos como el de Col valor. Añádase además que ornamentó los da capo y consiguió unos graves cálidos y nada forzados. Willett también nos pareció lleno de fuerza y entregado. Bicket quizá no sea el director que esperamos: se sienta en su clave, dirige cautamente, y sin aparente esfuerzo consigue unos resultados asombrosos. Un especial caudillo para unos héroes.

Carlos Tarín

Maite Beaumont, Jane Archibald, Sasha Cooke, Joélle Harvey, Jakub Józef Orlinski, Luca Pisaroni, Owen Willett. The English Concert. / Harry Bicket. Rinaldo de Haendel. Teatro de la Maestranza, Sevilla.

Foto: Maite Beaumont 

Superpotencia rusa - Valencia

Superpotencia rusa - Valencia

Reseña: Abril 2018

El pasado 15 de febrero pudimos asistir, en el Palau de la Música de Valencia, a un concierto con motivo de la celebración de los 250 años de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Para tan insigne conmemoración se desarrolló un ambicioso e interesante plan: la fusión en una única agrupación de la orquesta anfitriona, nuestra Orquesta de Valencia, y de la invitada, Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinski de San Petersburgo, todos ellos bajo la batuta del maestro Gergiev, y para afrontar la Sinfonía nº 7 de Shostakóvich "Leningrado". Genial para unos y vulgar para otros, protesta contra el nacismo de Hitler o contra el comunismo de Stalin, es todo un símbolo musical de los tiempos más difíciles de la ciudad de procedencia de nuestros visitantes rusos, Leningrado o San Petersburgo según regímenes y épocas. La enorme orquesta requerida necesitó expandirse más allá del escenario y ocupar el rellano del órgano con seis trompetas y cuatro trompas, además de las habituales. Contundente y noble fue el sonido resultante y por momentos bien subido de decibelios pero, eso sí, regulando correctamente el celebérrimo crescendo orquestal del "tema de la invasión" partiendo casi dal niente. Algunos de los miembros de la orquesta local asumieron importantes papeles solistas y salieron victoriosos de la batalla en la que el general Gergiev defendió con gloria su medalla de oro del Palau de la música de Valencia.

Todo lo hasta ahora referido sucedió tras el descanso. En la primera parte habíamos escuchado al pianista brasileño Nelson Freire interpretar brillantemente el segundo concierto para piano de Brahms acompañado en este caso sólo por los de San Petersburgo, también bajo las órdenes de Gergiev. Por influencia del crítico vienés decimonónico Hanslick se suele adscribir a Brahms a un sector académico, clásico y supuestamente sereno del movimiento romántico en contraposición a su contemporáneo Wagner. Lo cierto es que tal conceptualización no casa demasiado bien con la realidad. Y como muestra, este segundo concierto para piano y orquesta al que también se suele considerar sereno en contraposición con el primero, pero en el que la calma inicial tan solo dura diez compases. A partir de ahí, los dos primeros movimientos son bastante más agónicos que contenidos. Enérgica fue la versión ofrecida de los mismos, para dar paso a continuación al sonido perlado y cristalino de Freire en un Andante que sí fue lírico, y cerrar con un brillante y juguetón Allegro Grazioso.

Felicitaciones a la academia y a todas las partes implicadas por cosechar este gran éxito, llamado a convertirse en uno de los hitos de la historia de la Orquesta de Valencia.

Ferrer-Molina

Nelson Freire, Orquesta de Valencia y Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinski de San Petersburgo/ Valery Gergiev. Obras de Brahms y Shostakóvich. Palau de la Música de Valencia.

Foto: Valery Gergiev.

La voz solar de Piotr Beczala - Barcelona

La voz solar de Piotr Beczala - Barcelona

Reseña: Marzo 2018

Extraño el recital que Piotr Beczala ofreció en el Palau de la Música, dentro del ciclo dedicado a las grandes voces. Extraño por el tipo de programa, a base de canción italiana, polaca y checa y con un “Celeste Aida” verdiano que cerraba el concierto. Fue la única pieza operística del programa, aunque la tanda de bises incluyó tres arias de ópera (dos de Tosca y “La fleur” de Carmen), una de opereta y otra canción eslava. La rareza no impidió que este fuera un recital magnífico, que no llenó el recinto del Palau (Beczala no se vende a lo mediático) y que supuso reencontrar al tenor polaco en plenitud de forma y no en el Liceu, sino en un espacio más íntimo, que permite escuchar la voz al desnudo. ¡Y vaya desnudez!

Beczala es un cantante seguro, que no arriesga en vano y que se basa en una seguridad técnica que le permite hacer literalmente lo que quiere, sin vedetismos y sin efectismos, con aciertos plenos en las medias voces, con robustez en el centro y los graves y con pletóricos y solares sobreagudos, emitidos con una envidiable proyección.

La cosa empezó bien, con una serie de canciones de compositores italianos de la generación posverista y con sorpresas muy agradables como las piezas de Stefano Donaudy, a las que siguieron otras de Wolf-Ferrari, Respighi y Tosti. Ya en la segunda parte, el nacionalismo polaco de Moniuszko y Karlowicz nos permitió gozar de verdaderas pequeñas obras maestras, servidas con gusto exquisito por Beczala, que aúna ese dominio técnico al que antes hacíamos referencia con un innegable carisma. Y ya, después de la selección de los Zigeunerlieder op. 55 de Dvorák, ese plato fuerte que es el aria de Radamés, resuelta con convicción y máxima soltura. De ahí a la generosa tanda de bises había un paso, y el público agradeció a Beczala su generosidad y estado de gracia. Pulcra, delicada y detallista la prestación pianística de Sarah Tysman.                                                                     

Jaume Radigales (Palau de la Música, Barcelona).

Foto: Piotr Beczala y el pianista Helmut Deutsch, en el Palau de la Música / LORENZO DI NOZZI

La pasión por el lieder - Barcelona

La pasión por el lieder - Barcelona

Reseña: Marzo 2018

Siempre he creído que el género del lieder, que tanta belleza contiene, no tenía en Barcelona un público muy numeroso, y esto se ha podido comprobar en los diferentes ciclos de  lied que se han ido creando en Barcelona, y ninguno se ha consolidado completamente. Por esto quedé sorprendido de ver un Palau de la Música, totalmente lleno y me pregunté, habrá sucedido el milagro, pero lo que llenó la sala fueron dos grandes nombres de la lírica y además uno muy mediático, Diana Damrau y Jonas Kaufmann.

El programa que llevan en gira son las Italienisches Liederbuch, de Hugo Wolf. Se trata de cuarenta y seis poemas italianos anónimos, traducidos al alemán por Paul Heyse, donde el compositor creó canciones cortas,  con temas amorosos, que describen las diferentes vicisitudes por la que pasan dos personas que se quieren, con unos textos preciosistas y una música que expresa sus estados de ánimo.

La interpretación de ambos artistas tuvo una gran química, contrastando el canto más extrovertido pero sutil de Damrau, con el carácter más intimista e introspectivo de Kaufmann. El tenor dio una lección de cómo una voz operística puede contenerse hasta el máximo, remarcando con delicadeza y pasión su gran amor y también los pequeños desengaños entre enamorados, contrastando los momentos más románticos con los de un cierto dramatismo o algo irónicos, con su voz bella, utilizando sus bellísimos pianísimos en los momentos etéreos y dando más fuerza con toda naturalidad, comunicando al público el sentido del texto, Damrau supo estar a la altura con un canto muy cuidado, lleno de picardía y gestos muy femeninos, no exentos de una cierta coquetería. Fueron acompañados, con su maestría de siempre, por Helmut Deutsch, que supo profundizar el carácter de cada texto, expresando su alta gama de colores y contrastes.

Albert Vilardell

Diama Damrau, Jonas Kaufmann, Helmut Deutsch. Italienisches Liederbuch, de Hugo Wolf
Ciclo Palau Grans Veus. Palau de la Música Catalana, Barcelona. 

Foto: Diama Damrau, Jonas Kaufmann y Helmut Deutsch.

Clasicismo con toque mediterráneo - Barcelona

Clasicismo con toque mediterráneo - Barcelona

Reseña: Marzo 2018

La recuperación del patrimonio musical catalán es uno de los objetivos de la OBC. Dentro de él, siempre me había sorprendido la insistencia en la obra de Fernando Sor, sobre todo porque cada recuperación acostumbraba a ser un fiasco, tanto por la propia música como por la desidia del director de turno. Tanta insistencia tuvo, sin embargo, premio el 23 de febrero con una suite del ballet Cenicienta. No será un dechado de originalidad, pero interpretada como Jan Willem de Vriend lo hizo sonó fresca, llena de gracia, de chispa y de sabrosos detalles instrumentales, y muy próxima en cuanto a espíritu a la página que abría el programa, la Obertura en estilo italiano D. 591 de Schubert. Así sí, todo un acierto. No obstante, el plato fuerte de la velada lo constituyó el Concierto para violín de Beethoven, con un Thomas Zehetmair que sustituyó en la parte solista a la inicialmente prevista Vilde Frang. Fue, sencillamente, una lección interpretativa hecha a partir de un dominio técnico impecable puesto al servicio de la obra y la expresión, con momentos tan extraordinarios como los pianissimi que arrancó en el Larghetto. Chocó, eso sí, la elección de las cadencias de Wolfgang Schneiderhan, cuyo virtuosismo extremo contrastaba con el enfoque más historicista de la versión de un excelente De Vriend.

Juan Carlos Moreno

OBC / Jan Willem de Vriend. Thomas Zehetmair, violín. Obras de Schubert, Sor y Beethoven.
L’Auditori, Barcelona. 

Foto: Thomas Zehetmair (foto de Julien Mignot)

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