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País musical
RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
Paisajes Latinoamericanos - A Coruña

Paisajes Latinoamericanos - A Coruña

Reseña: Julio-Agosto 2017

Concierto de la OSG dirigida por José Trigueros dentro de la serie Orquesta Abanca Resuena y en la jornada conmemorativa del Día de la Música. Programa preferentemente latinoamericano desde Méjico por Arturo Márquez y J.Pablo Moncayo, a la Argentina por A.Ginastera y A. Piazzolla y un invitado por evidentes razones de contexto musical,   G. Gershwin  en la Obertura Cubana,  por los ritmos y las danzas o los instrumentos nativos que supo tratar.  En tres semanas completó su obra Rumba  con el título de Obertura Cubana. Tres secciones que comienzan con un ritmo provocativo para concluir con una rumba de gran dinamismo. En la partitura, especificaría que los instrumentos de percusión fuesen emplazados delante de la orquesta y a poca distancia del estrado del director. Toda una sesión entregada a la importancia de las percusiones de procedencias latinas y el peso impositivo de metales: trompetas, trombones, trompas y demás familia. Para ellos, la pauta a seguir, levantando al público de sus asientos. Un programa a medida. Familiar porque esos sonidos penetran por los poros de la piel en una irresistible claudicación. Una orquesta a pleno rendimiento y un público entregado.

Astor Piazzolla-Libertango y Oblivion- en dos composiciones características de su firma. Piazzolla, volviendo a Gershwin, comentaría: Nunca nos encontramos en la vida, pero siempre sentí que había una cierta afinidad entre su obra y la mía. Quizá porque su música representa a Nueva York y la mía a Buenos Aires. Tango de otra manera y es que la receta tiene sus claves: aquellos comienzos con Nadia Boulanger y Alberto Ginastera.  Creíble a más no poder, por eso y ante los más neófitos, cala con la fe del converso.  Alberto Ginastera con la suite de su ballet Estancia y que en el propio autor defenderá como el vivo reflejo de la propia tradición quintaesenciada. Sin reposo, una electrizante Danza final con el Malambo, que transfigura la danza tradicional.   Méjico con Arturo Márquez en dos obras en esas trazas: Danzón nº 2 y Conga de fuego. José Pablo Moncayó se escuchó por Huapango, casi su obra cumbre. Huapango  pertenece a un tipo de fiestas populares de la región costeña de los estados de Veracruz  y Tamaulipas, y el autor trasladó fidedignamente los aromas de procedencia. Moncayo integró el Grupo de los Cuatro junto a Carlos Chávez, Daniel Ayala y Blas Galindo   

Ramón García Balado

Abanca Resuena. O.S. de Galicia/ José Trigueros. Obras de J.P.Moncayo, A.Márquez, A.Ginastera y G.Gershwin
Palacio de la Ópera, A Coruña

Foto: José Trigueros.

 

La Pasión según San Juan - A Coruña

La Pasión según San Juan - A Coruña

Reseña: Julio-Agosto 2017

Ton Koopman de nuevo con la OSG y su Coro, un puente directo hacia La Pasión según San Mateo BWV 244 escuchada hace un par de años, o el concierto de temporada del mismo curso, acompañado por  Tiny Mathot al clave, entre obras de C.P.E.Bach, W.A. Mozart y J.Haydn. Reconocimiento y aprecio mutuos como comprobamos, hacia un director, organista  y clavecinista, fundador de la Orquesta Barroca de Amsterdam en el 79, que en el 92 ampliaría con la creación del coro. Años antes, viviría una etapa fundamental con P.Herreweghe adentrándose en los espacios historicistas y en ello continuará hasta el presente. Fue precisamente La Pasión según San Juan la obra que les sirvió para trabajar con instrumentos de época, lo que dará pie a las llamadas corrientes historicistas. Bach será una referencia irrenunciable hasta el punto de su ambición llevada a cabo con la integral en registro de su obra coral.

Koopman fue meticuloso en la dirección de esta obra con puntual detallismo y entusiasmo, acompañando a los solistas desde el órgano portativo, en comunión  absoluta con Joan Company en cuanto al coro, una formación compacta y precisa en los balances contrapuntísticos desde los coros de entrada de ambas partes: Unser Herrscher, dessen Ruhm y Christus, der uns selig macht, hasta el confesional de cierre Ruth wohl ihr heiling Gebeine y el coral de conclusión Ach Herr, lass dein lied Engelein. Los solistas eran intérpretes de su confianza por las veces que les tuvo en programas y proyectos. María Espada, elegida para un Misa en Si m. en el Auditorio Nacional, fue una voz de talante lírico  de agilidades controladas con resultados de calidad en sus arias Ich folge dir gleichfall y en Zerfliesse mein Herze. Ariel Hernández Roque, el solista de mayores exigencias por programa, es un dotado lírico ligero con un timbre rico en armónicos y recursos expresivos como dejó constancia en los abundantes recitativos. Mención especial merecen su aria Erwäge, wie sein blutgefärbter Rücken y el descarnado arioso Mein Herz, indem die ganze Welt. No menos atributos se deben al bajo- barítono Klaus Mertens, matizado en amplitud de registro. De su interpretación, el arioso Betrachte, mein Seel o el diálogo con el coro  Mein teuer Heiland, lass dich fragan. Maarten Engeltjes, contratenor en la línea de un Asawa o Daniels, es cantante habitual en los trabajos de Koopman. Dos arias en concreto para destacar su aportación: Von der Stricken meiner Sünden y especialmente, por las demandas de coloratura Es ist vollbract!   

Ramón García Balado

Ton Koopman / Joan Company, Orquestra y Coro de la Sinfónica de Galicia/ María Espada (soprano), Maarten Engeltjes (contratenor), Ariel Hernández Roque (tenor), Klaus Mentens (bajo)/ J.S.Bach: La Pasión según San Juan
Palacio de la Ópera, A Coruña    

Foto: Ton Koopman.

Bach y Buxtehude - Burgos

Bach y Buxtehude - Burgos

Reseña: Julio-Agosto 2017

El concierto de las Huelgas, que por sus dimensiones y acústica, además de por su belleza, lo hacía doblemente apetecible. Así lo debimos entender muchos, pues la afluencia de público fue tal que se quedó fuera buen número de personas.

Así, en este “marco incomparable”, que se decía en los Festivales de España, nos dispusimos a escuchar las obras de J. S. Bach (tres corales de la Pasión según San Mateo) y Buxtehude (Membra Jesu nostri) a cargo del Ensemble Barroco de la Universidad de Burgos dirigido por su titular (Javier Centeno, que se encargó de tuvo lugar en la capilla del Monasterio Bach) y por el director invitado (José Hernández Pastor, que tomó por su cuenta la obra de Buxtehude).

La obra de Buxtehude y los corales de Bach tienen en común una visión amorosa (como acertadamente señaló Javier Centeno en la presentación del concierto) del cuerpo de Cristo en su pasión. Los dos polos de amor y dolor se unen en la creación de una música de fuerte patetismo, emotiva y cerebral al mismo tiempo, que requiere a la vez la implicación de la razón y el sentimiento.

Pues bien, resumiré el resultado en una sola frase: nunca había disfrutado tanto de la interpretación de un coro amateur. El color que tiene el Coro Universitario de Burgos no es el habitual en las agrupaciones “amateur” españolas y la calidad de los solistas (miembros del coro todos ellos, además de su director) muestra un trabajo cuidadoso, reposado y maduro. Habituados como estamos, lamentablemente, al sonido desaforado y desgobernado de los conciertos participativos, escuchar a un coro que sabía lo que hacía resultaba sumamente grato. Lo mismo cabe decir de los pequeños solos, ejecutados todos con absoluta entrega y con cuidado estilístico. Hubo, es cierto, algún fallo de los que llamamos “del directo”, pero ello no deslució en absoluto el concierto, ni ensombreció la atmósfera que los directores y los intérpretes consiguieron crear.

En este último aspecto me quiero detener: a lo largo del concierto se detuvo el tiempo y desapareció, al menos para mí, todo pensamiento ajeno a la propia música. En ese aspecto, es preciso destacar la labor de ambos directores en la creación de esa atmósfera por la que no sólo caminaban los intérpretes sino también, a los pocos segundos, el público entero.

En este sentido, además de la labor continua de Centeno al frente del Coro Universitario, es preciso destacar el trabajo de José Hernández Pastor como director de la mayor parte del concierto: las Membra Jesu nostri. En sus manos, la obra de Buxtehude alcanzó un nivel comunicativo que no se puede expresar con facilidad. Su gesto llevaba de la mano a los intérpretes hacia una interpretación que se percibía clara y precisa en su cabeza, y que emocionaba.

Como cierre, sólo dedicaré unas palabras al Ensemble Barroco (verdadera rara avis en las universidades españolas por la que hay que felicitar a la Universidad de Burgos): su interpretación se ajustó a su función de acompañamiento de coros y solos, bien que en las breves introducciones y ritornelos instrumentales demostraran su sensibilidad y solvencia a partes iguales.

En conjunto, el concierto supuso un verdadero viaje en alas de la música que espero se repita en breve: el esfuerzo realizado por los intérpretes no debería caer en saco roto. Seguro que no será así.

Gerardo Fernández San Emeterio

José Hernández Pastor, Javier Centeno Martín. Coro, solistas y ensemble instrumental de la Universidad de Burgos/Javier Centeno. Obras de Buxtehude y Bach.
Monasterio de las Huelgas Reales. Burgos. 

Foto: Coro, solistas y ensemble instrumental de la Universidad de Burgos.

La magia de William Christie - Granada

La magia de William Christie - Granada

Reseña: Julio-Agosto 2017

La Orquesta del Siglo de las Luces, una formación caracterizada por la búsqueda de una sonoridad auténtica y coherente con el repertorio histórico, dio un espléndido concierto en el Festival de Granada bajo la dirección de William Christie, un emblema de la recuperación historicista de la música de los siglos XVII y XVIII. Este mago del sonido se ha convertido en una referencia fundamental para la musicología, y sus versiones de la música de Lully, Rameau, Campra y otros muchos sigue sorprendiendo por su audacia y genialidad. Cuando fue invitado a dirigir la Orquesta del Siglo de las Luces decidió ahondar en las sonoridades de estilo galante que a comienzos del siglo XVIII triunfaban en el gran reino de Francia, y expandían sus encantos por todo el panorama europeo.

La primera obra del programa, la Suite de “Les Fêtes Vénitiennes” de André Campra, es un ejemplo singular de la riqueza tímbrica y variedad rítmica que se cultivaba en la ópera-ballet de la corte francesa a comienzos del siglo XVIII. La suite incluye una obertura y diez números danzables que recorren diversos ritmos y combinaciones de instrumentos puestos al servicio de una descripción subjetiva de los tipos carnavalescos de la ciudad de Venecia. Esta circunstancia fue aprovechada por William Christie para obrar su magia junto a los solistas de la Orquesta del siglo de las Luces; en una interpretación viva y festiva, el espectador pudo abandonarse en un viaje imaginario al carnaval barroco, y disfrutar con los juegos sonoros y los guiños rítmicos de la partitura en una magnífica interpretación.

Más sobria en carácter, pero de igual interés sonoro, Le Journal du Printemps op. 1 de Johann Caspar Ferdinand Fischer, un compositor de la órbita germana que sintió el influjo francés y lo materializó en una serie de composiciones orquestales “a la francesa”. El uso de los ritmos con puntillo, la construcción galante de las frases y una instrumentación más dulce se unen a la elección de los ritmos de danza franceses en esta deliciosa pieza, de la que se interpretó la séptima suite. La ductilidad de la Orquesta del Siglo de las Luces se hace evidente en su capacidad para cambiar de registro y resultar igualmente efectiva y sutil en cada uno de ellos; su interpretación de esta suite de Fischer estuvo llena de buen gusto, destacando la musicalidad y tacto preciso de la concertino Margaret Faultless; a ello hay que unir el genio interpretativo de William Christie, quien con un simple gesto de su mano consigue arrancar al conjunto deliciosos giros tímbricos y dinámicos que transmutan una partitura de por sí amable en un singular collage de sensaciones auditivas.

El concierto incluyó también la suite de Les Indes galantes de Jean-Philippe Rameau, la partitura para ballet relacionada con la homónima ópera, una de las más conocidas del autor y que tanto influjo tuvo en la Europa de la ilustración. La obra aprovecha el formato ballet para incluir una amalgama de ritmos de danza que recorren un imaginario tour por el mundo y mostrar la cualidad galante del amor en distintas culturas. A nivel sonoro, la orquesta fue introduciendo diferentes timbres y combinaciones contrastantes, desde la “Marcha de los persas” a la “Entrada de los salvajes” con gran efectividad e interés; la frescura de la interpretación, la rítmica ágil y la claridad melódica extraídas por William Christie fueron un valor añadido a la bondad de la partitura.

Cerrando cada una de las partes del concierto se interpretaron las Suites para orquesta núm. 3 y 4  de Johann Sebastian Bach, pertenecientes a un conjunto de cuatro suites que el genio de Eisenach compuso como concesión al influjo francés que recorría Europa. Ambas suites tienen similar distribución tímbrica, destacando el uso de tres trompetas barrocas que dotan de brillo y fuerza el conjunto orquestal. William Christie dio una lección magistral de interpretación historicista en estas obras, sobradamente conocidas por el público, pues renovó la sonoridad de las piezas ofreciendo una singular versión mucho más diáfana y libre en el tacto y en los tempi. Cabría destacar la “Réjouissance” de la cuarta suite o el famoso “Air” de la tercera, escrita para cuerdas. Hay que incidir en la perfección del sonido de la Orquesta del Siglo de las Luces, cuyo equilibrio y empaste son perfectos, y su adaptabilidad a las exigencias del director, por sutiles que sean, lo convierten en un instrumento perfecto.

Gonzalo Roldán Herencia

FICHA TÉCNICA

Programa:  André Campra, Suite de “Les Fêtes Vénitiennes”; Johann Caspar Ferdinand Fischer, Le Journal du Printemps op. 1 núm. 17; Jean-Philippe Rameau, Suite de “Les Indes galantes”; Johann Sebastian Bach, Suites para orquesta núm. 3 y 4 en re mayor BWV 1068 y 1069.
Orchestra of the Age of Enlightenment
Director: William Christie
Fecha y lugar: Palacio de Carlos V, 25 de junio de 2017
Clasificación: 5 estrellas

Foto: William Christie.

 

Hito y rescate - Huelva

Hito y rescate - Huelva

Reseña: Julio-Agosto 2017

Al comienzo del verano han confluido en Huelva dos hechos musicales extraordinarios. Por una parte, el Liszt a cargo de un especialista como es Borja Otero y por la otra la celebración del centenario de una sonata pianística del compositor español Luis Leandro Mariani.

Hacía mucho tiempo que nuestros auditorios no albergaban una interpretación tan lograda. El concertista y profesor del conservatorio de Huelva Borja Otero lleva años madurando partituras de Liszt, y el público actual es testigo del imponente discurso sostenido en sus prestaciones virtuosas, imprescindibles para que la música no pierda un ápice en su desarrollo y que alcance su apogeo en una dinámica perfecta. Las Rapsodias húngaras poseían acentos y acordes espléndidos, que al son del tema húngaro cobraba una factura colosal. De hecho, Tras una lectura de Dante era la prueba de fuego donde vimos a un pianista con arte hondo y solemne al margen de hueros divismos.

 La otra faceta de este díptico venía con la sonata en la mayor, de 1917, del sevillano Luis Leandro Mariani, autor que vivió entre 1864 y 1925. Borja Otero anticipaba al respetable cómo tropezó con esta joya, obra ganadora en un concurso donde aspiraban veintisiete sonatas. Ciertamente, se trata de un testimonio maravilloso donde aflora lo más exquisito de siglos precedentes tamizándose por las tendencias de principios del siglo XX: Allegro de tintes melódicos que recuerdan a Mozart y Mendelssohn, acordes típicamente chopinianos y acompañamiento semejante a las arcadas cuartetísticas; Largo muy clásico cuyo ritmo se corona con bonitos mordentes y Rondó-Allegro con moto donde la profusión de acordes y una sección con puntillo deja asomar las vanguardias de entreguerra. Otero asimiló toda esta riqueza con un despliegue de facultades encomiable.

Se queda muy alto el listón en el Gran Teatro de Huelva después del Día europeo de la música. 

Marco  Antonio  MOLÍN  RUIZ 

RECITAL. Borja Otero (piano). Danzas fantásticas de Turina, sonata de 1917 de Mariani y Sueño de amor, Bagatela sin tonalidad, Tras una lectura de Dante y Rapsodias húngaras nos. 2 y 11 de Liszt. Gran Teatro de Huelva. 21 de junio de 2017. Nueve de la noche. 

Foto: Borja Otero (piano).

La indestructible tradición checa  - Las Palmas de Gran Canaria

La indestructible tradición checa - Las Palmas de Gran Canaria

Reseña: Julio-Agosto 2017

El cuarteto de cuerdas, corazón de la música de cámara, fue el protagonista de la velada organizada por la Sociedad Filarmónica de Las Palmas con el Cuarteto Vlach de Praga como protagonista. El Vlach atesora lo mejor de la gloriosa tradición checa de instrumentos de cuerda. Sus cuatro miembros, excelentes individualmente, se funden en un conjunto impecable en el que ninguno, ni siquiera la primer violín que da nombre al grupo, destaca sobre el resto, algo que no sucede en todos los cuartetos.  El programa comenzó con el Cuarteto nº 2 de Arriaga, delicioso en su juvenil clasicismo, especialmente en las delicadas variaciones del andante.  Con el Cuarteto nº 13 de Shostakovich, uno de los más modernos y disonantes del autor, nos acercamos al borde del abismo que rodeaba al autor ruso, reflejado en sonoridades sombrías y descarnadas, con numerosos solos que los de Praga abordaron en una lectura interiorizada y sin concesiones. Para terminar el Cuarteto Americano de Dvorak volvió a iluminar la escena con sus radiantes melodías llenas de optimismo que los músicos checos ofrecieron con la espontaneidad de quien ha vivido rodeado por estas músicas, no el vano el padre de la primer violín ya transitaba por estas sendas en el primer cuarteto Vlach creado en 1949.

Juan Francisco Román Rodríguez

Cuarteto Vlach de Praga. Obras de Arriaga, Shostakovich y Dvorak.
Sociedad Filarmónica de Las Palmas. Teatro Pérez Galdós.
Las Palmas de Gran Canaria.

Foto: Cuarteto Vlach de Praga.

Una músico completa - Las Palmas de Gran Canaria

Una músico completa - Las Palmas de Gran Canaria

Reseña: Julio-Agosto 2017

Al día siguiente de un esplendoroso Primero de Chaikovski la venezolana Gabriela Montero ofreció en el mismo escenario del Alfredo Kraus un recital para la Fundación Auditorio/Teatro Pérez Galdós en colaboración con la Sociedad Filarmónica que permitió tener una visión más completa de la excepcional pianista. El recital se inició con los Cuatro improntus Op 90 de Schubert en una lectura contundente que no tuvo miedo de explicitar la rabia contenida en estos pentagramas, que pasó a primer plano en numerosas ocasiones, incluso en momentos del famosísimo segundo inpromtu casi siempre interpretado en clave ensimismada. Este enfoque no le impidió recrearse en amplios pasajes líricos como todo el hermosísimo lied del tercer inpromtu. Con estos mimbres, el Carnaval de Schumann fue un caleidoscopio de colores y sensaciones, expuesto siempre con una excepcional técnica que no la libró de algún roce ocasional. En la segunda parte Montero ofreció 5 improvisaciones sobre temas propuestos por el público, en una muestra inagotable de imaginación y fantasía creadora que asombraron a todos por la variedad y riqueza de sus propuestas. Con una referencia a la difícil situación que vine su Venezuela natal finalizó el recital entre el fervor del público asistente.

Juan Francisco Román Rodríguez

Gabriela Montero, piano. Obras de Schubert, Schumann e improvisaciones. 
Sociedad Filarmónica de Las Palmas. Auditorio Alfredo Kraus.
Las Palmas de Gran Canaria.

Foto: Gabriela Montero, piano.

Entre trípticos y cuartetos - Madrid

Entre trípticos y cuartetos - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2017

El ciclo Contrapunto de verano que organiza puntualmente por estas fechas el Centro Nacional de Difusión Musical, ha tenido este año tres protagonistas, dos cuartetos y una insigne pianista, en cinco conciertos en el Auditorio Nacional. Programas tripartitos todos ellos, de acusada unidad y acertado espíritu didáctico, que en sus tres primeras entregas se han centrado en el repertorio transcendental para cuarteto de cuerda con el Cuarteto Simón Bolívar. Un cuarteto joven que por ello se mueve con mejor acierto y obvia solvencia en los repertorios más extremos. Así, en el estreno de este ciclo, contara con el Cuarteto en mi bemol mayor apodado “la broma”, con su característico final en que Haydn parece -¡aún al día de hoy!- mofarse de la forma, recurrente en lo temático, del clásico “rondeau” conclusivo... Y que a la postre, bromas aparte, no es sino uno más de sus geniales y generosos rasgos de modernidad. Un Cuarteto, el de Haydn, bien provisto, para nada telonero, con finas maneras y equilibrio sonoro en sus partes, que se siguiera del Séptimo de Shostakóvich.

Un Séptimo cuarteto transido de dolor en origen, que cogiera algo por sorpresa a un abierto y pre-veraniego respetable, en la acusada e inesperada fórmula -“alla Patética”- de contraste inverso de sus dos últimas secciones (/”movimientos”) -se plantea sin solución de continuidad (attacca…), como los dos que le siguen en catálogo con los que forma un tríptico memorable-. Un final convincente y contrastado para esta primera parte. El Séptimo cuarteto “Razumovsky núm. 1” de Beethoven cerró, tras el descanso, esta gala inaugural de ciclo, adoptando una pose concluyente y resuelta. De remate, una propina a ritmo de tango de Gardel, distintivo, algo intruso y, definitivamente (!), estival…: Por una cabeza.

Luis Mazorra Incera

Cuarteto Simón Bolívar. Obras de Beethoven, Gardel, Haydn y Shostakóvich.
CNDM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Cuarteto Simón Bolívar.

Ouverture, cori e intermezzi - Madrid

Ouverture, cori e intermezzi - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2017

Los Orquesta Clásica Santa Cecilia y Sociedad Coral Excelentia, dirigidos por Vicent Alverola, ofrecieron un animado concierto de exaltación para mayor gloria y provecho de la ópera italiana, sus oberturas, coros e intermedios, con páginas de prácticamente todos sus autores románticos más encumbrados del género. Una selección que tocaba todos los palos desde Rossini a Mascagni, pasando por Donizetti, Bellini, Verdi, Ponchielli, Leoncavallo, Puccini o Ponchielli… todo un plantel de “titulares”. De entre sus obras, extractos de, también, las más representativas. Adivinen ustedes… pues sí, a buen seguro habrán acertado: El Barbero, Guillermo Tell o La urraca ladrona, Don Pasquale, Norma, Trovador, Traviata, Vísperas, La Forza o Aida, Gioconda, Butterfly, Payasos y Cavalleria,… Difícilmente se podía haber mejorado la representatividad de esta selección en relación a este tan popular y celebrado repertorio.

Cuidada y resuelta disposición y factura de las dos oberturas iniciales en cada una de los dos partes en que se dividió el programa, respectivamente La urraca y La forza, ambas muy destacadas originalmente como lo fueran en este programa, así como de sus diversos tránsitos orquestales que jalonaron el despliegue coral dispuesto con cuerdas vocales femeninas especialmente pródigas que destacaron allí donde éstas tenían mayor papel relativo. Páginas instrumentales, como las de Guillermo o Las horas de la Gioconda enmarcaron pues estas páginas corales donde destacamos, por su interés, la tempranera selección del final del acto primero de La Traviata y las obras que le siguieran inmediatamente de Don Pasquale, la obertura de Las vísperas o, las dos simétricas, en primera y segunda parte citadas, de La Gioconda.

Luis Mazorra Incera

Orquesta Clásica Santa Cecilia y Sociedad Coral Excelentia / Vicent Alverola. Obras de Bellini, Donizetti, Leoncavallo, Mascagni, Ponchielli, Rossini y Verdi.
Excelentia. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

Foto: Vicent Alverola.

Admirable potencial sinfónico: un placer y un honor - Madrid

Admirable potencial sinfónico: un placer y un honor - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2017

La obertura de Ruslán y Liudmila de Glinka es una oportunidad de lucimiento instrumental que nunca pasa desapercibida. Obra exultante, pabellón y divisa tanto en su posición natural, apertura de programa, como, a menudo, en la posición de brillante propina, tuvo su brío y frenesí distintivos con Yuri Temirkanov al frente de una envidiable y portentosa Orquesta Filarmónica de San Petersburgo construida con grandeza y generosidad sobre la base de… ¡ diez contrabajos ! (y los números procedentes para el resto de la cuerda). Una disposición de efectivos, con las familias de violines primeros y segundos enfrentados simétricamentea al borde del escenario y violonchelos y contrabajos al centro-izquierda, desgraciadamente, harto inusual por estos pagos. Un lujo pues. Esplendor dinámico y expresivo que se viera reflejado pronto por el rendimiento instrumental y vitalidad de la citada partitura inicial y, sobremanera ya, en una espléndida Sinfonía Patética de Tchaikovsky con la que, tras el descanso, concluía la velada.

Entre tanto, Leticia Moreno protagonizó la concentrada parte solista del inspirado Concierto en mi menor, primero de los dos con violín solista de Shostakovich. Una obra que exalta la condición, personalidad y brillo del sonido de las cuerdas de su solista con un carácter siempre intenso y riguroso, y que tuvo hoy su reflejo en una justa versión del violín y la, consecuente e indispensable en esta obra, del podio y atriles (reducidos proporcionalmente al sostén de seis contrabajos y números consecuentes en la cuerda).

Pero la estimulante experiencia vivida tras el descanso por la incombustible Sinfonía sexta de Tchaikovsky no tuvo parangón. Al menos para mí y, especialmente, en sus movimientos extremos. Un primer movimiento de empaque y convicción, fluido y plástico; atento a sus cambios de carácter. Un segundo previsible, esa especie de Vals asimétrico de acuerdo a sus inaprensibles cánones, tan específicos. Especialmente brillante en la porfiada marcha del tercer movimiento, que no hizo uso de artimañas de tempi excesivos o exabruptos, sino que administró sus recursos dinámicos con inteligencia, juicio y discurso, dejando oír sus voces, sus entradas y el rico contrapunto que aquí se explaya, al margen ya de su obvio impulso visceral –tan maltratado habitualmente-.

Casi de seguido, tratando de evitar así los inconvenientes pero, por otro lado, inevitables aplausos –que alguno hubo pese a todo…- el trágico movimiento calmado final descubrió una inusitada riqueza tímbrica que rara vez queda manifestada con tanta claridad en este denso pasaje. Un pasaje intenso más tendente al espeso lirismo expresivo que a su cierta virtud y color instrumental. Considerada articulación, fraseado y convergencia de tensiones que llevó con la naturalidad de un réquiem sinfónico al aciago golpe de tam-tam y, breve pero impresionante de esta guisa, canto del coro de trombones y tuba que contrastaron así con la explícita prevalencia tímbrica previa de unas trompas articulando y puntuando con diligencia el exhausto discurso de la cuerda. Sentido contraste emocional entre estos dos movimientos yuxtapuestos al que me fue muy difícil sustraerme. Un Temirkanov pues, lucido y lúcido, que alcanzó cotas expresivas personales y universales, a la altura de una partitura trascendente, imperecedera y, a menudo como he dicho, maltratada. Un placer y un honor.

Luis Mazorra Incera

Leticia Moreno, violín. Orquesta Filarmónica de San Petersburgo / Yuri Temirkanov. Obras de Glinka, Shostakóvich y Tchaikovsky.
JJMM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Leticia Moreno.

Consagración en primavera - Madrid

Consagración en primavera - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2017

Con el broche final de programa de La consagración de la primavera de Stravinsky se presentó en el ciclo de La Filarmónica, la Orquesta Sinfónica de Radio Fráncfort dirigida por Andrés Orozco-Estrada. Director que demostrara una soltura de gesto, flexibilidad y reflejos en una conducción ejemplar y que se adornara a menudo de una agilísima subdivisión, siempre solícita y precisa en las entradas de este poderoso conjunto instrumental que se arrancó con una Primera sinfonía de Beethoven, quizás más haydniana de lo habitual, en agilísima, vibrante y concisa versión. Una sinfonía que, de esta manera, desplegó inusitado esplendor inicial. Esplendor digno de páginas de algo más de trascendencia y, claro, de posiciones en el programa más favorecedoras. Magnífico comienzo, pues, por originalidad, por presteza, dinamismo y por una encomiable atención a los detalles de articulación y acentos imitados con puntualidad en un vistoso diálogo orquestal.

El generoso sonido del violonchelo de Gautier Capuçon fue el siguiente protagonista de la noche a lomos de las Variaciones rococó de Tchaikovski. Un sonido de personalidad y timbre tal, que imperó siempre sobre la superficie de una orquesta ajustada en sus quites. Una página de perfiles (hiper-) gentiles y melifluos, ya fuera del “salón burgués”, que precisa de semejante despliegue sonoro solista para adquirir el predicamento de concierto que merece. El tradicional canto de los pájaros adaptado por Pau Casals al violonchelo solista, contó aquí con la totalidad de la sección de violonchelos en ese momento sobre el escenario; fue una propina plena de cortesía, simbolismo y placidez.

Tras el descanso y con la orquesta al completo, se abordó, en versión de concierto, el ballet citado. Un despliegue de aquellas virtudes en la dirección y consecuentes en la ejecución, que dieron buena cuenta de una página comprometida tanto por su técnica, individual y de conjunto, como por la oportuna inteligibilidad del relato implícito. Dinamismo perseverante, congruente con la partitura, y, ante todo, visible afán clarificador en cada número, en cada transición, en cada gesto... La “Amorosa”: sexta de las Diez melodías vascas de Guridi, fue un considerado y bien resuelto remate fuera de programa, tanto por su infinito y universal lirismo como por su ansiado sosiego tras… ¡la Consagración!    

Luis Mazorra Incera

Gautier Capuçon, violonchelo.  Orquesta Sinfónica de Radio Fráncfort / Andrés Orozco-Estrada. Obras de Beethoven, Casals, Guridi, Stravinsky y Tchaikovski.
La Filarmónica. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
 

Foto: Gautier Capuçon.

Escoltados por buques insignia del repertorio - Madrid

Escoltados por buques insignia del repertorio - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2017

Cuando uno piensa en “lo sublime en música”, al margen de otras connotaciones de otro tipo, una de las piezas que le vienen inevitablemente a la cabeza es la Pavana de Gabriel Fauré. Un gusto y saber-hacer armónico personal e impecable y una frágil pero eximia riqueza melódica así lo demuestran reposición tras reposición. Los Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid dirigidos por José Ramón Encinar lo certificaron en el prudente arranque de un concierto que tenía, a priori, otras dos sustanciosas paradas. La primera, sustanciosa por su novedad, el “estreno absoluto” -y encargo- de Después de Rimbaud de Gilbert Amy. Obra más ostentosa que la anterior, buscó en la conjunción de unos muy concretos elementos vocales solistas de tímbrica más vidriosa -soprano, voz blanca y narradora-, una triple voz interior y, al tiempo, un destacado contraste con una densa masa coral y sus texturas orquestales.

La Sinfonía “Italiana” de Mendelssohn fue la última estación de este itinerario. Resolución y firmeza sin paliativos, en todo tiempo y lugar, con cierta limitación dinámica y linealidad, eficaz y previsible -especialmente su cuarto movimiento- con abundantes anticipaciones gestuales –especialmente en su primero-. Una célebre y agradecida obra sinfónica, al tiempo tan característica y formalmente tan inspirada, rigurosa a su manera y originalmente dispuesta. Dos buques insignia del repertorio, Pavana e Italiana, que enmarcaron programa.

Luis Mazorra Incera

Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid / José Ramón Encinar. Catalina Peláez, voz blanca; Sandra Cotarelo, soprano; y Marta Knörr, narradora. Obras de Amy, Fauré y Mendelssohn.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

 Foto: Marta Knörr.

Dos tres en uno  - Madrid

Dos tres en uno - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2017

La Sinfonía núm. 3 de Bruckner, apodada “Wagner” abundando en “melomanías” y rivalidades de otra época, es partitura de pretensión y amplitud ambiciosas. Una obra que, de tanto en tanto, pasa por nuestros escenarios, siempre con el marchamo de su relativo esplendor formal. La Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigida por Víctor Pablo Pérez ofreció esta página con un dispositivo orquestal cimentado en su sección de cuerda con números algo justos (sobre la base de 5 contrabajos…) como bien pudo apreciarse, por ejemplo, en su segundo movimiento. Pese a ello, su traducción resultó conforme a la postre, con la mirada puesta en la delimitación de sus fundamentos orgánicos al margen de toda reivindicación, incluidos tempi o dinámicas más exigentes. Mejor allí donde su disposición orquestal doblaba o entrecruzaba secciones, presentó sus más válidas credenciales en el arranque de los primer y, sobre todo, el agradecido tercer movimiento - scherzo-.

Antes, en una modesta posición inicial no por ello menos destacada, una curiosa primicia. El presentado como Tercero, también, de los Conciertos para piano de Mendelssohn, que no es sino una compleción reciente de una obra inacabada por el de Hamburgo. Compleción realizada por Marcello Bufalini en 2006, para mayor regocijo de públicos, teóricos y virtuosos del piano, auspiciada y defendida con celo y entrega por el solista de esta noche y pianista especialmente versado en este autor: Roberto Prosseda. Una partitura que presentó así, a priori, el estimulante interés relativo del estreno… -en España- y el añadido de la aceptación/rechazo de la adaptación estética, técnica e histórica abordada y consumada.

El resultado podemos calificarlo de congruente, pulcro y respetuoso. No podemos afirmar con aplomo si, en todo momento, sentimos o no a Mendelssohn, especialmente en las transiciones, en algún brusco cambio de figuración que recuerda estéticas muy posteriores -de siglo XX- y en la porfía por pasajes de textura y concertación algo monocordes, desgranadas y extensas para su natural y versado genio contrapuntístico. Y mira que esto se le ha criticado a menudo, por ser -sin quizás- el romántico con mayor horror vacui… el romántico no ya más clásico, sino ¡el más barroco! A tenor de la bondad de la síntesis realizada, se aprecia que hay otros ingredientes inaprensibles y comunes al intemporal genio creador, que han sostenido aquel entramado en sus obras originales -como, por ejemplo, la que le siguiera como propina-, y que aquí brillaban por su ausencia. En cualquier caso la experiencia disfrutada, la magnitud de la obra y la seriedad del trabajo realizado, compleción y versión, conformaron a la postre una nueva y solvente página de concierto, cuyo título, numeración y titularidad, dadas las circunstancias, quizás habría que meditar algo mejor.

El otrora celebérrimo Rondó caprichoso del propio Mendelssohn, con su pizpireta fantasía y denuedo, se erigió así, fuera de programa, en una comprometida piedra de toque ante el encomiable esfuerzo de restauración que se acababa de presenciar. Yo no sé si hubiera elegido un Mendelssohn original de propina… al menos no uno tan distinguido… pero esto es otra historia.

Luis Mazorra Incera

Roberto Prosseda, piano. Orquesta de la Comunidad de Madrid / Víctor Pablo Pérez. Obras de Bruckner y Mendelssohn.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Roberto Prosseda.

 

Discernimiento, dominio y detalle - Madrid

Discernimiento, dominio y detalle - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2017

La riqueza artística que atesoran los ballets como tales espectáculos máximos de danza, de música y de teatro quedan de manifiesto cuando las obras y el potencial interpretativo puesto a su servicio son comparables. Fue el caso del Ballet Nacional de Cuba en su visita a los Teatros del Canal madrileños. Un doble programa en cartelera: una primera semana con El cascanueces de Tchaikovsky con todos los ingredientes en vivo, incluida la orquesta –la Verum dirigida con discernimiento y soltura por Giovanni Duarte-, la segunda con el más representativo ballet clásico, emblemático en la flamante carrera artística de Alicia Alonso: Giselle de Adolphe Adam. Dos coreografías magníficas de una vistosidad, emoción y naturalidad dramáticas notables por sus aparentes candidez y energía. Dos coreografías planteadas por Alicia Alonso y basadas en las originales de Lev Ivánov y, Coralli y Perrot, respectivamente.

La versión de El Cascanueces resaltó por la indudable conjunción y empaque de todos sus elementos, incluidos los musicales, aquí presentes, como ya se ha dicho, en vivo. Un Cascanueces que no se vanaglorió de ideas artificiosas o espectaculares, de frívola imaginería, sino que respeta y aprovecha la dramaturgia implícita en el libreto original de Petipa basado en un cuento del genio Hoffmann, y encaja éstos con detalle en su milagrosa partitura, para ofrecer una visión conjunta unitaria de múltiples elementos. Cuadro que surgió así con candor y virtud de la autoridad de la música misma. Un profundo y explícito respeto a una tradición que se incorpora aquí con relativa facilidad y pedagogía, sin atajos, a la iconografía, juicio y fascinación del público moderno -que no “global”…-.

Giselle planteó otra problemática y magisterio más ligada al brillo del baile en sí mismo y la propia dramaturgia, al margen de una tímbrica más plana y servil. Un acierto a tenor del simbolismo profundo de una historia algo contradictoria en sus detalles de venganzas y trascendencia, de lógicas y sentimientos, tan romántica y eterna, ingenua y cruel al mismo tiempo. Exaltación máxima del ballet clásico, con números justamente vitoreados de su primera bailarina, excepcional, etérea y volátil, prodigiosa por momentos, así como del nutrido cuerpo de baile en su conjunto, sin olvidarse de los correspondientes partenaires encabezados por sus dos atribulados protagonistas… todo un lujo que se puso al día sin traicionar una coma, en una apuesta escénica más convincente y personal que la anterior en este aspecto concreto. Una pena que esta última no se ofreciera con música en vivo, aunque, andando la representación, la hilazón y dominio, magia e inteligencia, riqueza de recursos y generosidad que destiló esta meditada puesta en escena y sus cuerpos de baile, pusiera todo aquello en un segundo plano.  

Luis Mazorra Incera

Ballet Nacional de Cuba. Orquesta Verum / Giovanni Duarte. Obras de Adam y Tchaikovsky.

El cascanueces y Giselle.
Teatros del Canal (Coproducción de los Teatro La Fenice de Venecia, Teatro Carlo Felice de Génova y Ballet Nacional de Cuba. Madrid. 

Foto: Ballet Nacional de Cuba.

Todas las Rusias  - Madrid

Todas las Rusias - Madrid

Reseña: Julio-Agosto 2017

La Universidad Politécnica de Madrid cerró su ciclo de conciertos en el Auditorio Nacional de Música con un lucido programa desde “todas las Rusias”. Un programa para todos los públicos, melómanos o no, que contara con dos de las obras más populares del repertorio. Del de concierto solista: el Segundo de Rachmaninov; y del repertorio sinfónico propiamente dicho: Scheherezade de Rimsky-Korsakov. Un programa ofrecido en el Auditorio Nacional de Música donde un eficaz y envolvente Miguel Romea dirigiera a la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española. Y son precisamente estos calificativos del podio, los que extendemos a la fluida interpretación resultante, incidencias al margen, del bello e inmediato poema (¿“ciclo”, “suite”…?) sinfónico en cuatro movimientos de pretensión “orientalista” de Rimsky, con una amplia y decidida apuesta dinámica y protagonismo sobrado a la postre de la sección de viento.

El Segundo concierto de Rachmaninov presentó a un David Huh de sonido exuberante -para prueba un botón, sus bien pertrechados acordes a solo iniciales que en nada desmerecieron con el volumen orquestal que le siguiera- y una solvencia técnica impecables en obra de máxima exigencia. Si bien en una excelente actuación, eché en falta -una vez más, aunque bastante menos que en otras ocasiones- el protagonismo de su escritura pianística interior… Una escritura minuciosa que debe más a su romanticismo exacerbado que al impresionismo coetáneo del que rehúye explícitamente. Y que, por tanto, incluso en sus intrincadas y desgranadas peroratas interiores “… de acompañamiento (?!)”, nunca “decadentes”, presenta una acusada vitalidad latente que debe ser puesta en relieve. Más aún, ante semejante y generoso alarde técnico, como el que aquí se demostrara. 

Luis Mazorra Incera

David Huh, piano.  Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española / Miguel Romea. Obras de Rachmaninov y Rimsky-Korsakov.
UPM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Miguel Romea.

 

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