Ritmo "On Line"
País musical
RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
Nicolà Setaro, el constructor de utopías - A Coruña

Nicolà Setaro, el constructor de utopías - A Coruña

Reseña: Noviembre 2018

La primeras noticias de la llegada de Setaro a A Coruña, nos llevan a 1764, procedente de Oporto, ciudad que le atraerá como enclave militar y administrativo, consiguiendo una licencia por tres años que incluía la construcción de un teatro.  También Santiago tendrá noticias suyas, avalado por el Conde de San Juan, ampliando a la organización de bailes de máscaras carnavalescos. Ferrol será un tercer eslabón, en donde pondrá en pie un coliseo con 29 palcos, 11 lunetas,  además de una cazuela superior. Volverá a A Coruña, en donde para dejar constancia de otro, mientras se reparte profesionalmente entre ambas ciudades.  La Orquesta Barroca de Mateus, pertenece a la fundación que la financia, dedicada a la recuperación de repertorios barrocos con atención al legado luso-brasileño, bajo la dirección de Ricardo Bernardes, especializado en música antigua y que amplia en sus labores de investigación. Siguió la docencia de Dinko Fabris  y Harry Crowl. Mario Pontiggia, fue el responsable de la dirección escénica, con una serie de maniquíes flanqueando la escena en círculo. Borja Quiza, barítono-relator, nos puso al día del curioso personaje, a tumbos por la Europa dieciochesca, mientras se superaba a sí mismo con sus proyectos inviables por presiones inevitables. Vivica, destacó en su línea habitual con el redondeo de las fioriture y la ductilidad en el canto spianato.

En el programa, dos oberturas para cada parte: Francisco A. de Almeida, con la introduzzione de su oratorio La Giuditta y la Sinfonía in Fa, de G.Latilla. Del veneciano Baldassare Galuppi, quien colaboró con C.Goldoni, de su ópera Il mondo della Luna, el aria de Ecclitico Voi lo sapete corre son fatte…, en la voz del   barítono, para dar paso a Vivica en varias arias. De Arsilda, Reggina di Ponto de A. Vivaldi, Io sento in questo seno. Del Alessandro de G.F. Händel, el aria de Rossanna Brilla nell´anima un non intenso. Más Händel  por el aria Lascia la spina, del oratorio Il triunfo del Tempo e dil Disignano. Vivaldi en La Fida Ninfa con el aria de Licori Alma oppressa.  De La Griselda, el aria de Constanza Agitata da due venti…, pura coloratura, y la de Irene Sposa son disprezzata, de Bajazet. El aria alternativa de Il Farnace, Gelido in ogni vena. Borja recobró presencia, en clave buffa por el aria de Uberto, sempre in contrasti, de La serva padrona de Pergolesi,  para pasar al recitativo y aria del Conde Ripoli Non vi dar`mia bella, de G. Scolari. El Mozart del Don Giovanni, muy a cuento para Borja, con Deh vieni non tardar, culminando Riccardo Broschi, el hermano de Farinelli, con el aria de Arbace de la versión de Londres Son qual nave ch´agitata, en la voz de Vivica.

Ramón García Balado

Amigos de la Ópera de A Coruña
Vivica Genaux, Borja Quiza.  Orquesta Barroca Mateus/ Ricardo Bernardes. Escena: Mario Pontiggia. Obras de F.A. Almeida, A.Vivaldi, G.B. Pergolesi, Haendel, B. Galuppi y G.Latilla
Teatro Rosalía Castro, A Coruña.

Foto: Vivica Genaux

La herencia de cuatro culturas - Huelva

La herencia de cuatro culturas - Huelva

Reseña: Noviembre 2018

Colón y Huelva son la fórmula perfecta para un gran concierto. Y fue Savall quien lideraba la interpretación de un programa con que recordar al Almirante. Parecía desmesurado el Palacio de congresos ante una música esencial y profunda como el repertorio elegido. Sin embargo, la predilección por el género y los veinticinco años de la Universidad de Huelva llenaron el aforo. Cuán fácilmente quince músicos pueden colmar de elegancia sonora a un auditorio moderno. El violagambista es un maestro engarzando culturas en conciertos que son toda una ceremonia: cantos y tonadas estaban acompañados también por un relato en orden cronológico. Música cristiana, judía, musulmana y precolombina.

Driss el Maloumi con su voz y laúd árabe engrandeció todo el lirismo y la emotividad de las piezas; memorable el lamento árabo-andaluz del siglo XVI. De la Capilla Real de Cataluña destacamos ¡Viva el gran rey don Fernando! de Verardi (para la conquista de Granada), Todos los bienes del mundo de Del Enzina (la muerte de Colón) y Anónimo sefardí entonado a capella con luces y sombras (Expulsión de los judíos). Secciones que mostraban cuidado de los timbres, amplio espectro dinámico y el drama intrínseco a la propia Historia. Se lucieron David Sagastume y LLuis Vilamajó en respectivas secuencias en medio de este corpus musical.

Jugosos contrastes los del corneto, chirimía y sacabuche, ambientación idónea para el realengo y también capítulos como el Proyecto a los Reyes Católicos (original glosa del corneto). Díaz-Latorre era determinante para poner en pie tan enjundioso relato; hacia el final desbordó sus recursos en una insuperable extroversión. Cuerda frotada y percusión de una austeridad que marcan un inconfundible empaque.

Magníficas las prestaciones del lector, con timbre y discurso muy gratos. Sí echamos en falta a lo largo del concierto la mención del monasterio de La Rábida, Palos de la Frontera así como una plegaria a la Virgen, teniendo en cuenta que Colón estuvo rezando en el santuario de la Cinta a su vuelta de América, en 1493.

Marco Antonio Molín Ruiz

CONCIERTO CONMEMORATIVO DEL XXV ANIVERSARIO DE LA UNIVERSIDAD DE HUELVA. Cristóbal Colón: Los paraísos perdidos. Obras de Cornaro, Binchois, Verardi, Isaac, Del Enzina, Arañés y anónimos desde los siglos XII hasta el XVI. La Capilla real de Cataluña, Hesperión XXI, Driss el Maloumi, Jesús Fuente y Jordi Savall. Palacio de congresos de la Casa Colón de Huelva. 

Foto: Cartel para los conciertos conmemorativos del XXV aniversario de la Universidad de Huelva.

Del piano a la orquesta y viceversa - Las Palmas de Gran Canaria

Del piano a la orquesta y viceversa - Las Palmas de Gran Canaria

Reseña: Noviembre 2018

El pianista Daniel Ciobanu fue el encargado de dar inicio a la temporada 2018-19 de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas con un recital que giró en torno al trasvase piano-orquesta con dos obras capitales: Los cuadros de una exposición de Mussorgsky, más conocidos en la extraordinaria orquestación realizada por Ravel y 3 piezas de El pájaro de fuego de Stravinsky, de la autoría de la transcripción para piano no se decía nada en el programa de mano, donde el rumano puso en juego una amplia paleta de ataques y dinámicas para recrear con éxito y valentía la variedad de timbres orquestales desde el teclado. La Sonata nº 2 de Prokofiev y 3 preludios de Scriabin, tuvieron lecturas estilísticamente certeras y técnicamente muy completas, que se movieron entre la acidez y contundencia del Prokofiev juvenil al carácter más sombrío de un Scriabin maduro, que permitió a Ciobanu dejar volar su parte elegíaca y reflexiva.

La Bacanal de Silvestri y el Carillon Nocturno de Enescu, solventemente interpretadas, habían iniciado la velada que nos permitió conocer a un joven pianista excelentemente dotado al que podría pedirse algo más de implicación en los pasajes reflexivos y mayor delicadeza al trabajar la franja de los pianísimos, a los que le cuesta descender.   

Juan Francisco Román Rodríguez

Daniel Ciobanu, piano. Obras de Enescu, Mussorgsky, Prokofiev, Scriabin y Stravinsky.
Sociedad Filarmónica de Las Palmas. Teatro Pérez Galdós. Las Palmas de Gran Canaria.
 

El violín espiritual - Madrid

El violín espiritual - Madrid

Reseña: Noviembre 2018

Polifemo ha encontrado un oasis otra iglesia en el centro de Madrid, la Iglesia Evangélica Alemana. En plena Castellana, entre la vorágine y el ruido, la pequeña capilla es un centro de paz que nos acoge. Se inicia allí un nuevo ciclo, «Soledades», con una programación de diez conciertos  que a lo largo de 2018 y 2019 podremos disfrutar en la intimidad de la Iglesia de la Paz, que así se llama el bello templo.

El primero de ellos lo ofreció el violinista Alejandro Bustamante, con un programa elegido para la ocasión, El violín espiritual, en el que interpretó obras a solo de compositores contemporáneos para terminar con una Partita de J. S. Bach.

En la primera parte del concierto eligió una selección de piezas de su recién publicado disco CONTEMPORARY SPANISH VIOLIN, grabado recientemente con el sello IBS Classical, una apuesta generosa para dar a conocer el repertorio compuesto para violín solo de grandes compositores españoles de varias generaciones, desde Rodolfo Halffter, Joan Guinjoan, Antón García Abril y Carmelo Bernaola hasta otros como Jesús Torres, Salvador Brotons, José Zárate y María José Arenas.

Dice Alejandro Bustamante en el programa de mano que “en este concierto escucharemos cinco obras para violín solo que desde diferentes puntos de inspiración reflejan el lado místico y espiritual del ser humano a través de la música”; y a continuación nos fue explicando pormenorizadamente en qué consiste cada obra y las técnicas que iba a usar para su interpretación, en un interesante y motivador alarde pedagógico en su discurso.

Comenzó con Maktub I de la joven compositora María José Arenas, inspirada en un texto de Paulo Coelho que habla de la fortaleza ante la adversidad en el camino de los individuos, “una declaración de intenciones en el aprendizaje de la vida”, dice la autora. Pasión y temperamento en esta pieza con que Alejandro Bustamante abrió el concierto, descubriéndonos el mágico sonido de su violín quasi parlante.

Una vez abierta la puerta, el violinista nos introdujo en la espiritualidad de Salvador Brotons a través de  su pieza Et in terra pax , título que proviene del Gloria de la misa. Comienza la pieza con un ruido de batalla «Furioso», en el que se puede oír la violencia del mundo en que vivimos. Sigue la desolación, el lamento por la consecuencia de las guerras en un tempo «Lento», y poco a poco nos conduce a la búsqueda de un mundo mejor en un final «Calmo» en que el violín (con sordina) asciende desde el registro más grave hacia los armónicos más agudos, como una luz que se pierde en el infinito.

En contraste con la pieza anterior, Bustamante interpretó Canto Nº 2 de José Zárate. Resalta el lirismo del autor: una pieza sin duda para ser cantada, meditativa, con espacios para el silencio. Precisa la fuerza declamatoria del intérprete (dice Zárate), y naturalmente la tiene el violinista, capaz de cambiar de registro emocional sin moverse de su sitio.

Terminó esta primera parte con Tensió  de Joan Guinjoan, una obra que parece deambular en espiral por los cuartos de tono y microtonos, con arrebatos súbitos. Música muy enfadada, discurso “regañón” sin concesiones amables. Tirantez que parece emanar de la tensión de las cuerdas del violín. Difícil y magnífica esta pieza que nos ofreció Alejandro Bustamante demostrando su maestría y madurez como intérprete y músico.

Durante el breve descanso pudimos admirar la belleza arquitectónica de la Iglesia de la Paz, construida en 1909, un proyecto promovido por el Emperador Guillermo II. Se asemeja intencionadamente a la capilla del castillo de una corte medieval. (A resaltar los mosaicos de estilo neorromántico.) 

Escuchar a J. S. Bach en una iglesia alemana adquiere su pleno sentido, pero si además es la Partita en re menor BWV 1004 parece magia. En el púlpito una leyenda: “Ich bin das Brot des Lebens”, y de pronto aparece el violinista en la penumbra del atrio. Después de haber escuchado la música de los compositores contemporáneos, la de J. S. Bach nos parece igual de contemporánea, no envejece, sus atrevimientos y osadías parecen contener toda la música a través de la historia. Alejandro tocó de memoria, con una concentración intensa, austero en los movimientos, con fluidez y enmarcando todo en el plano de la belleza más sublime. Cuando al final de la suite abordó la «Ciaconna», lo hizo con humildad… No quiere que sepamos que es la pieza más difícil que se ha escrito nunca para violín solo… Pero él pudo, y el resultado, mágico, soberbio.

Soledad Bordas

Alejandro Bustamante, violín
El violín espiritual
Obras de Obras de J. S. Bach, Brotons, Zárate, Guinjoan y Mª José Arenas
El canto de Polifemo: Inauguración del ciclo Soledades
Iglesia Evangélica Alemana de Madrid
Paseo de la Castellana, 6.

Beethoven… ¡Emperador! - Madrid

Beethoven… ¡Emperador! - Madrid

Reseña: Noviembre 2018

Hay programas de concierto en los que una de las obras y sus solistas respectivos, han dejado tal impresión que ya es difícil superar esta huella, cualesquiera que sean sus partenaires antes o después en programa. Fue el caso del programa que presentó la Orquesta Clásica Santa Cecilia bajo la dirección de Kynan Johns en el ciclo Excelentia. Un programa que ostentaba obras sinfónicas lucidas de los Richard Strauss o Serguei Rachmaninov, pero que, sin embargo, se vieron ensombrecidos de buenas a primeras por una versión magnífica, vital y, también, respetuosa -adjetivos que a menudo no van juntos- del, transitado donde los haya pero que hoy parecía de estreno en Madrid: Quinto concierto para piano y orquesta de Beethoven, tildado, más para bien que para mal, como: Concierto «Emperador».

Y así, se encumbró nuevamente, en primer lugar, a su autor, que curiosamente no lo estrenara en su día -el único de sus Conciertos para piano que no lo hiciera-, y, lógicamente, a su excepcional intérprete esta noche. Un solista que exhibe entre sus avales el ser ganador, en su día, del Concurso internacional de Leeds: el pianista coreano Sunwook Kim.

Dominio, vitalidad y solidez, en una versión que se desprendiera con naturalidad del minucioso pero abierto y comunicativo desempeño de este solista. Articulación precisa con destacado dinamismo, carácter y un riesgo controlado que, de esta guisa, tuvimos la rara ocasión de parecer participar si no de un estreno, sí de una inesperada resurrección o, al menos, de un rejuvenecimiento.

Porque esta obra, que marcó un antes y un después en su género -el Concierto «Emperador»-, quizás por el maltrato a que se la somete en todo tipo de circunstancias, quizás por su carácter pionero en materia de virtuosismo y la trabajada continuidad y diálogo entre masa orquestal y piano no parece ayudar a destacar la brillantez técnica lograda por autores y obras posteriores. Pero quizás también por afrontar su insistente ánimo entre entusiasta y belicoso, con la entereza de un re-estreno y la humildad del respeto a la letra pero, sobre todo, a su espíritu, conformara una estampa sobresaliente, arrastrando así a podio y atriles que redoblaron sus afanes para perfilar una versión en verdad excelente -como reza el titular de este ciclo-.

Un apacible e imperturbable Impromptu en sol bemol mayor de Franz Schubert fue la propina elegida por el pianista Sunwook Kim para responder a los aplausos. El andante despejado de este sereno despliegue melódico, pese a alguna turbulencia en el bajo, calmó todas aquellas furias- y  complementó aquella visión beethoveniana previa, con la generosidad melódica y sutileza tonal modulante de la que hace gala este compositor vienés que, por su corta vida, puede considerarse, pese a los veintisiete años de diferencia, coetáneo del de Bonn -le sobrevivió poco más de año y medio-.

Escuchamos antes el arrebatado, lírico también por momentos, poema sinfónico Don Juan de Richard Strauss y después, nada menos que la ambiciosa Segunda sinfonía de Serguei Rachmaninov. Dos obras de diverso calado en lo estético y en su dispar duración, pero con la común potestad de su vistoso aparato orquestal. Una orquestación que se complace con elencos cuanto más generosos, aquí resueltas con eficacia, tacto y equilibrio entre forma e instrumentación.

Un «Emperador» en profundidad cortejado en ambos flancos por el brillante aparato orquestal, armonías alteradas y formas menos heterodoxas de lo que uno pudiera esperar y desear, lucimiento para las maneras e inteligencia en la gestión de los medios puestos en liza, de su director: Kynan Johns.

Luis Mazorra Incera    

Sunwook Kim, piano.  Orquesta Clásica Santa Cecilia / Kynan Johns.
Obras de Beethove,n Rachmaninov, Schubert y Richard Strauss.
Excelentia. Auditorio Nacional de Música. Madrid.


Foto: Sunwook Kim, piano.

Tubes & Sticks - Madrid

Tubes & Sticks - Madrid

Reseña: Noviembre 2018

Los conciertos de cámara que auspicia los Orquesta y Coro Nacionales de España bajo el epígrafe general de Satélites, con asidua participación de sus propios profesores, comenzaron su andadura esta temporada. Y lo hicieron, como corresponde a un ciclo que trata de sorprender con propuestas entrelazadas, con un programa dinámico y variopinto donde percusión y trombones, trombones y percusión en amor y compaña, fueron absolutos protagonistas.

Si en las tres páginas intermedias, a su aire, lucíanse con independencia los unos de los otros, del solo al dúo, trombones y percusión, en las dos obras que abrían y cerraban velada, demostraron un inspirador potencial conjunto, en cierto modo previsible dada la plasticidad de sus instrumentos protagonistas.

Entre las conjuntas: para empezar, Ich selbst (Yo mismo), de Francisco Coll, hizo confluir ambas familias en un tríptico conciso de breves piezas, formales y contrapuestas; simétricamente, para concluir, un nuevo tríptico, esta vez más en punta, de Paul Sarcich: Music for Tubes and Sticks, con títulos bien explícitos de sus resueltas pretensiones (Meditación / Confrontación / Celebración). Una estimulante paleta tímbrica, bien aparejada, dispuesta y cumplida con un realce y vistosidad que se correspondiera, además, con su privilegiada posición como colofón de programa.

Entre tanto, obras con las citadas tímbricas emancipadas y relativamente homogéneas: una inquieta y sorpresiva Basta para trombón tenor, de Folke Rabe, en un lenguaje atrevido sí, pero inteligible; el jazzístico Duo concertante para los dos trombones, en un lucido y espinoso envite rítmico y, ya para los dos percusionistas, L'Aube Enchantée (El alba encantada), basada en el raga Myan-Ki-Todi de un Ravi Shankar distintivo, modal y atmosférico en eficaz adaptación de Joan Castelló para marimba y vibráfono.

Una ocasión, pues, excepcional de escuchar las ricas posibilidades expresivas del trombón a solo y dúo, resueltas aquí en amor y compaña, con una siempre sugerente, llamativa y multiforme percusión.

Luis Mazorra Incera

BRASSDRUM: Juan Carlos Matamoros -trombón tenor-, Francisco Guillén -trombón bajo-, Joan Castelló y Rafael Gálvez -percusión- y José Francisco Martínez -didgeridoo-.
Obras de Coll, Rabe, Sarcich, Schnyder y Shankar.
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.


Los satélites… de «Schubertiada» - Madrid

Los satélites… de «Schubertiada» - Madrid

Reseña: Noviembre 2018

El ciclo de cámara Satélites, auspiciado por los Orquesta y Coro Nacionales de España, deparó, en su segundo envite de temporada en el Auditorio Nacional, una velada en torno a la música, adorable, de Franz Schubert. Se diría, por tanto, que presenciamos una «Schubertiada» en toda regla. Una  «Schubertiada» que, en esta ocasión, dispuso en atriles tres obras para diversos conjuntos de cuerda del vienés, en riguroso orden creciente: sus Trío en si bemol mayor -D. 471- y Cuarteto en mi mayor -D. 353-, en su primera parte, y, por fin, tras el descanso, su, más ambicioso y fecundo, Quinteto -con dos violonchelos- en do mayor -D. 956-.

En el escenario, los profesores -los respectivos para cada una de estas partituras- del Cuarteto Kinnara, cuarteto formado por Jone de la Fuente, Elsa Sánchez, Alicia Salas y Mireya Peñarroja-, con el complemento, en exclusiva para el Quinteto en do conclusivo, del violonchelista Miguel Jiménez.

Toda una sesión monocolor en lo estético que, en la piel de Schubert, adquiere ese intangible aspecto incierto y evasivo que le es tan característico: a ratos ligero o denso, claro y oscuro, formal y espontáneo… pero siempre, siempre, agradecido por su provecho musical. Un cariz que a alguno quizás pueda parecerle irregular o inestable y que, para los más, resulta cautivador, profundo en su conjunto y, ante todo, expectante. Inquietud interna que sostiene con desahogo este tipo de monográficos, lucidos sobre el papel pero que luego hay que defenderlos en vivo. Sí, como en aquellas renombradas «Schubertiadas» históricas. Monográficos que, por cierto, no suelen ser aptos para disfrutar debidamente la obra de otros autores, en algún caso, aún más renombrados.

La forma gradual de presentación también colaboró eficazmente al éxito de la velada. Un éxito que se coronaba, en cada parte, de los más trascendentales: Cuarteto en mi mayor y Quinteto en do mayor. Dos obras que así, respondieron a su meritoria posición en el repertorio.

Especialmente la segunda de ellas, que, con escaso añadido telonero, justificaría prácticamente sola, exenta, un programa de concierto completo -al menos en su encorsetado concepto moderno-. Obra de grandes proporciones y pretensiones legítimas, este Quinteto, que se entrelazaron con aquellos aspectos ambivalentes de su lenguaje, haciendo casi de cada movimiento, un vasto mundo pleno en sí mismo. Música de cámara ofrecida esta tarde-noche con juicio, catadura y acierto, en una versión ajustada a su estética y aquel lenguaje tan generoso, tanto con el intérprete como con el público.

Fiesta de la música de cámara para buena parte de la familia de la cuerda orquestal -a excepción de los sufridos contrabajos-, y un Schubert de perfecto anfitrión: el segundo envite de la serie Satélites de esta temporada.

Luis Mazorra Incera    

Cuarteto Kinnara -Jone de la Fuente, violín; Elsa Sánchez, violín; Alicia Salas, viola; y Mireya Peñarroja, violonchelo-, y Miguel Jiménez, violonchelo
Obras de Schubert.
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

 Foto: El Cuarteto Kinnara

Tchaikovsky-125 - Madrid

Tchaikovsky-125 - Madrid

Reseña: Noviembre 2018

Tchaikovsky -como París- “bien merece una misa…” o un aniversario… Su inusitada popularidad, nada menos que ciento veinticinco años después de su muerte, se antoja todo un prodigio… más aún con la caterva de “eruditos” detractores que su obra ha tenido, especialmente en la segunda mitad del siglo pasado.

La Orquesta Clásica Santa Cecilia bajo la dirección de Paolo Bortolameolli, con la colaboración de la violinista Diana Tischenko fueron los responsables de responder a tamaña efeméride, este centenario largo -125 años-, dentro del ciclo “grandes clásicos” que la Fundación Excelentia realiza en el Auditorio Nacional de Música de Madrid.

En programa, de telonera, un asiduo quizás de otros tiempos: el flamante Capricho italiano del ruso. Una obra de difícil conjunción, especialmente en su comprometido tramo inicial, fraseos de raíz popular pero absoluta adscripción sinfónica, y continuos cambios de tempo. Más aún, como lo afrontara el director chileno, sin subdividir el pulso, sirviendo así más a su delicado carácter melódico que a la impronta rítmica subyacente. Todo, eso sí, para terminar en punta a lomos de tarantella, con el brillante sinfonismo que despliega esta pieza.

Un comienzo extrovertido que convergiera, en esta primer aparte, en una página heredera directa de la música de Tchaikovsky, pero al otro lado de su frontera más nórdica: el Concierto para violín del finlandés Jean Sibelius. Y es que esta obra fue toda una demostración de continuidad sinfónica entre secciones de la propia orquesta y con la solista: Diana Tischenko. Un espléndido Concierto que agradeció, una vez más,  con generosidad esta esmerada aplicación de ambos, especialmente del solista pero también del podio, por su abundante musicalidad y sus, no menos cuantiosos, compromisos técnicos que trufan con tamaña virtud, su partitura, dobles cuerdas, imitaciones… siempre al servicio de la música.

Para rematar, tras el descanso, nada menos que la Sexta sinfonía de Tchaikovsky, la “Patética”. Hechuras más amplias para aquella lógica de fraseo y una, de agradecer, claridad estructural en Bortolameolli. Un deslinde complicado, el estructural, especialmente en su convulso primer movimiento, donde quedara felizmente manifiesto con sus mejores frutos a la postre.

Dentro de un tono general de inquebrantable continuidad, tanto sinfónica como de gesto, por lo demás, sí que fue de notar cierta tendencia, manifestada ya en la primera parte, a afrontar abiertos desequilibrios acústicos entre el viento metal y la cuerda en su conjunto -dispuestos éstos, por cierto, simétricamente primeros y segundos violines, a ambos flancos del podio-. Una particularidad interpretativa, dispuesta así -como contraste (!?)- desde el podio, que podría haberse matizado, dadas las circunstancias del cuerpo del elenco, más aún en aquel gustoso clima de musicalidad general que se impregnara ya, desde los primeros instantes del Capricho.

Luis Mazorra Incera

Diana Tischenko, violín. Orquesta Clásica Santa Cecilia / Paolo Bortolameolli.
Obras de Sibelius y Tchaikovsky.
Excelentia. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

Foto: La violinista Diana Tischenko

Descubrimiento de José Arriola - Santiago de Compostela

Descubrimiento de José Arriola - Santiago de Compostela

Reseña: Noviembre 2018

Arriola, personaje de relato por su truculenta biografía: niño prodigio, entorno familiar cargado de situaciones complejas y trayectoria profesional para reunir un apetitoso compendio que algún día tendrá su relator. Eran algunas de sus canciones el aliciente de la sesión, en la voz de un barítono, Ricardo Franco, de recursos fiables en este espacio lírico. Tres de las Seis sobre textos de A. Machado: El cadalso. La aurora asomaba, La primavera besaba y Epílogo, una recuperación a modo de primicia y formalmente trabajadas dentro de un estilo romántico sin alardes ni exigencias, con una orquestación que en ningún momento, pretende sobreponer sus argumentos sonoros. Siempre a la atención de su texto, en un grupo del que se perdieron algunas de ellas. Un mal que pesará sobre el conjunto de su legado, entre traslados y pérdidas de originales, como fue el caso de un concierto para piano, desaparecido en Berlín tras un bombardeo de la ciudad.  Tres textos cervantinos, y de ellos, Marinero soy de amor, ligeras variantes, si cabe, ya que la orquesta observaba mayor densidad de conjunto, pero firme en su criterio de austeridad, por mor de las exigencias de esas poéticas, en las que el más beneficiado, fue el barítono, pero también el más exigido.  

Una aventura de Don Quijote, de Jesús Guridi, siempre atento a divulgar la música de su tierra, en especial en el ámbito coral, o en las zarzuelas de gran arraigo como El caserío, La meiga. Pudo conocer el poema sinfónico de Strauss sirviéndole pues de argumento, pero en su caso, las armonías y la aproximación al folklore fueron decisivos, contribuyendo a una composición que sabrá dar cuerpo a los capítulos VII y IX, en los que transita el combate de nuestro Hidalgo y el valeroso vizcaíno Don Sancho de Azpeitia. La interpretación ayudó a apreciar las pretensiones del compositor vasco. Strauss, abría y cerraba sesión. El Preludio del Acto I, de Guntram, en sus partes sobre motivos temáticos y la oculta cita procedente de Tod und Verklärung, que nos ayudaba a entender cómo se las traía el autor o los Cuatro interludios sinfónicos de Intermezzo  Op. 72, que musicalmente a manera de equívocos, se nos fue relatando: Reisenfiber und Walzerscene; Träumerai am Kamine; Am Spieltisch y Fröhliche Beschluss. El vals y sus derivados en largos entrecruzamientos, son por ley y voluntad, el hilo conductor en una lectura del autor de Der Rosenkavalier.   

Ramón García Balado

Javier Franco. Real Filharmonía de Galicia / Maximino Zumalave. Obras de J. Arriola, R. Strauss y J.Guridi.
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela (Ferrol y Vigo).

Foto: Maximino Zumalave, en los ensayos del concierto de Ferrol con la Real Filharmonía de Galicia.

Singladura sin reposo - Santiago de Compostela

Singladura sin reposo - Santiago de Compostela

Reseña: Noviembre 2018

Versión de concierto del Holandés Errante, con una orquesta convenientemente reforzada en metales y una dirección puntillista y precisa de Paul Daniel. El Coro del la OSG, de Joan Company, tuvo un reconocimiento rendido, en especial a partir de la entrada de voces masculinas en “Steuermann, lass die Wacht!”, que enlazaría con el de sus compañeras hasta el impetuoso final, cumpliendo en cada intervención que le sitúa como el mayor de garantías de nuestra tierra. Richard Wiegold (Daland) mostraba un físico acorde con el personaje y un creíble modelo de tiefer bass, por su consistencia y amplitud de medios canoros; su contrincante, Alexander Krasnov (Holandés), gracias a un controlado juego de matices, ayudó a estabilidad dramática al primer acto con el dúo “Wie? Hör’ich recht?”, mientras Moisés Marín (El timonel), aparecía a modo de cortafuegos entre las suspicacias de un forzado encuentro, un tenor de agudo excelentemente proyectado y con un registro de amplitud de prestancia segura. Maribel Ortega (Senta), respondería a su rol que anunciaba una lírico spinto de mordente acuciante, en su caso, acentuado por un envidiable timbre penetrante y presencia escénica. Fue su balada la que engrandeció una interpretación rayana en lo incuestionable, a la que prepararía espacio María Luisa Corbacho (Mary), poseedora de una voz carnosa y esmaltada.

El malhadado Erik, infortunado por dictados del destino, fue para Eduard Martynyuk, también tenor, de medios y recursos para situarnos en la realidad del personaje. El dúo con Senta fue un momento tan determinante como el que mantuvieron ella y el Holandés en “Wie aus der ferne”.

Tres actos, sin solución de continuidad, en la que tampoco aparecieron posibles aplausos de espontánea gratitud. Decía el director Felix Mottl que, allí por donde se abra la partitura, salta el viento a la cara. Es evidente, como lo es la omnipresente  presencia del mar. El motivo musical más destacado y notorio es el del Holandés con su barco, que se escucha en las trompas ya en el segundo compás de la obertura entre el trémolo (el viento huracanado) de violines y violas. Su contra tema es el de la redención, que también se oye en la obertura, el cual forma el estribillo compasivo en la balada de Senta. También tienen un motivo característico los marineros noruegos, que adquieren toda su dimensión durante la bamboleante danza del principio del tercer acto.       

Ramón García Balado

Alexander Krasvnov, Richard Wiegold, Maribel Ortega, Eduard Martynyuk, M. Luisa Corbacho, Moisés Martín. Coro de la “OSG” (J.Company) / Real Filharmonía de Galicia / Paul Daniel.
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela. 

Foto: La Real Filharmonía ofreció en versión concierto la ópera El holandés errante. 

Para abrir boca - Valladolid

Para abrir boca - Valladolid

Reseña: Noviembre 2018

En el concordante marco de la Capilla del Colegio que mandó erigir Cisneros, La Grande Chapelle que dirige Albert Recasens, en formación sexteto vocal: soprano, contratenor, alto, alto-tenor, barítono y bajo, ofreció un monográfico de motetes de Cuaresma (8), antecedidos por 2 y 1 de Septua y Sexagésima, y culminados por 2 de Pasión y 1 de Preparación para la Resurrección, del genial y popular hispalense Cristóbal de Morales. Citaba en su título el Lamentabatur Jacob, a 5, Responsorio IX de Maitines del III Domingo de Cuaresma, uno de los más hermosos de todo el Renacimiento, que permaneció como Ofertorio en las Misas para el Papa de ese día; como el Introito del Domingo de Septuagésima, Circumdederunt me, a 5, también para Misas de Difuntos (se cantó en la Seo toledana en el funeral de Felipe II), muestras de la difusión que tuvo el autor. Las versiones resultaron excelentes, variando la distribución de voces según el criterio musicológico atento al original de Recasens, que confiere pureza de líneas y sólida afinación, aún con riesgo de un empaste total, que no busca, sino señalar efectos como las imitaciones que abren In illo tempore: Cum turba plurima, a 4, vigor en Emendus in melius, a 5, o emotividad en Peccantem me quotidie, a 4,. Una delicia de repertorio no muy cultivado, rematado con Per tuam crucem/Miserere nostri, a 4, en la Adoración de la Cruz. Bajo y altos notables por su calidad. Éxito agradecido bisando Pater peccavi, a 6, de hermoso tejido polifónico.

La OSCyL, con la soprano inglesa Katherine Broderick y el titular Andrew Gourlay, abrieron la 26ª temporada de abono con Auditorio lleno y un programa Mozart-R. Strauss. Del 1º, la Obertura de El rapto en el Serrallo, K. 384, con su Banda turca tras la cuerda y plantilla reducida, buscando un limpio y ágil sonido que no siempre se obtuvo. Vino después el Aria de la Condesa, Acto II de Las Bodas de Fígaro: Porgi amor qualche riostro, poco apta para una voz como la de Broderick, grande y timbre algo acre, con demasiado squillo más propio para Wagner, que pasó casi desapercibida al hacerse sin interrupción la 4ª de las Cuatro últimas canciones: Im Abendrot, de Richard Strauss, ya con los 97 profesores en escena, seguidas de las otras 3: Frühling, September y Beim Schlafengehen, despistando al público y de alguna manera, al fluir de la música, tal como fue concebida; si la idea de Gourlay fue unir la idea de la muerte citada en Aria y Crepúsculo, creemos que erró pues nada tienen que ver la metafórica por amor de Mozart con la natural por declive vital de Straus. Todo resultó plano y sin brillo. Una vida de héroe, op. 40 del alemán, culminó el concierto. Arrancó el tema con acierto de violas y cellos, pero el discurso del Poema sinfónico se fue perdiendo a medida que avanzaba, sin una visión clara de los objetivos y no por culpa de los músicos, que tocaron bien todo lo escrito, destacando Cizmarovic en el concertino y el resto de cabeceras, pero sonó todo envuelto y sin vida, contra espíritu y título de la obra. En fin, éxito de público, buen programa y no tanto su ejecución. Irá a mejor, seguro.

José Mª Morate Moyano

La Grande Chapelle / A. Recasens. Morales. OSCyL, K. Broderick / A. Gourlay. Mozart y R. Strauss.
Sala sinfónica “J. López Cobos” del CCMD de Valladolid 

Foto: La Grande Chapelle.

Abvlensis 18, protagonizado por la figura de la mujer en todas sus variantes - Ávila

Abvlensis 18, protagonizado por la figura de la mujer en todas sus variantes - Ávila

Reseña: Octubre 2018

Agosto vio la VII edición del Festival Internacional de Música Abvlensis, dedicado a la mujer en sus aspectos de escritora, poetisa, compositora e intérprete, bajo el nombre general de Silva de Sirenas. Se dispuso así: Preambulum inicial de puesta en común; 4 conciertos; el Studium que acogió alumnos de Interpretación vocal, que hicieron también su concierto final, guiados por el grupo residente invitado y una feliz iniciativa añadida, taller de Coro infantil (entre 9 y 12 años) apodado Seises.    

Concierto inaugural y de clausura tuvieron como escenario el Auditorio Municipal “San Francisco” de la ciudad de Ávila, que patrocina el Festival junto con la JCyL, ambos con sendos llenos totales.

Tiburtina Ensemble hizo el 1º, y como conjunto residente dictó las clases magistrales del Studium. Se trata de un conjunto de 9 solistas femeninas que incluye a su Directora Barbora Kabátková, también tañedora de arpa medieval, y la virtuosa instrumentista Margit Übellaker con 2 dulcimeres o cítaras germánicas. Establecido en Praga en 2008 y su amplio reconocimiento, le ha llevado a grabar ya 3 compactos de éxito, de los que el último Ego sum Homo,dio base y título al programa presentado. Su gran mérito nace en su Directora, capaz de convertir voces con colores diferentes, en un timbre y color único que hace unísonos homogéneos y exactos, como si fuera una sola voz con capacidad dinámica y expresiva; ella misma pasa los originales musicales al tetragrama con sus neumas correspondientes, en auténtico trabajo de orfebrería de la mejor ley, haciendo vivos los textos latinos; su brazo derecho dibuja líneas amplísimas y su mano abre y cierra melodías y temas con exactitud y afinación absolutas, basadas en apabullante técnica respiratoria, vocalización y total dominio de un ritmo natural y flexible.

La abadesa benedictina Hildegard von Bingen, física, filósofa, naturalista, poetisa, visionaria, lingüista y compositora del Medievo, es decir, una mujer fantástica, protagonizó todo el concierto, incluyendo el fragmento de Virtutes O, Deus,qui es tu y el procesional In principio omnes, de su drama litúrgico Ordo virtutum, de los primeros en la Historia, debate del alma humana entre las virtudes y el diablo. Desde la inicial Secuencia O, Jerusalem, iniciado fuera de sala, con un sonido que fue creciendo hasta aparecer en escena, hasta el Salmo 8 final Domine, Dominus noster, todo fue un modelo expresivo e interpretativo tanto en los soli o el Conductus y Antífona instrumentales interludiados sumadas dos flautas de pico tenor o alto, a cappella o en cuarteto o tutti. Puestos a elegir, especiales el Himno Cum vox sanguinis, el Conductus Flos in monte con dúo de soli a cappella, tutti y trío instrumental de sabor a Codex Calistinus y la Antífona lírica y preciosa a solo de Havliková y flauta. Mucha belleza.

 Paul McCreesh y su Gabrieli Consort, aquí como coro mixto a 4 cantores por voz que hicieron memorable la clausura, en la misma línea de respeto a música de todo tiempo y textos que mantienen desde su creación en 1982, aportando savia joven en las voces que empasta igual de bien con las maduras, como prueban la limpieza y nitidez de todos los ataques y el brillo de las cadencias de cierre en admirables pianísimos. Su programa ininterrumpido, intitulado De una Rosa procede todo mi canto, tomado de una de las piezas del S. XX ofrecidas, cuyo autor, el inglés K. Leighton, asemeja las virtudes de la flor con las de la Virgen María (protagonista de todo el repertorio) y exhibe a la 1ª soprano como solista, voz capaz de abordar cualquier género por timbre, técnica y volumen, tanto a solo como en las partes con coro femenino o masculino o el tutti, y con el Consort mostrando que se puede cantar fff sin perder empaste ni expresividad, sino ganando vida y emotividad al contraste.

Como en Caná, la obra final Vox Patris Caelestis de W. Mundy en el tiempo de María Tudor, que glosa durante al menos 15 minutos los méritos de la Virgen para su Asunción y proclamación como Reina del Cielo, fue el mejor vino abulense de despedida, pues la tensión vocal, afinación exquisita, concentración y variedad de grupos vocales incluídos (altos, 2 tenores y 2 bajos; sopranos, 2 T y 2 B; féminas; hombres solos y con 2 B menos y altos; soprano solista y con 2 A y 2 B; y el tutti final y en interludios), probaron la solidez artística de Gabrieli y el trabajo minucioso y efectivo, a la mano, de su Director.

Homenaje inicial a Victoria con su Ave María a doble coro, el auténtico, hecho con mucha solemnidad y pureza de líneas. A destacar también el delicado por tonalidades y efectos Adam Lay Ybouden de M. Martin (n. 1976) y el anónimo estrófico medieval para féminas, sin Director, There is no Rose con tres dúos S-A y soprano sola de hermoso color. Ovaciones repetidas, hicieron regresar al Consort a escena y regalar un delicioso Britten con Coro y cuarteto en of, que reiteró el gran éxito.

José Mª Morate Moyano

ABVULENSIS, Festival Internacional de Música. Tiburtina Ensemble, Directora B. Kabátková. Gabrieli Consort. Director P. McCreesh. Medievo vocal y Ss. XVI, XX y XXI.
Auditorio Municipal San Francisco de Ávila.

Foto: Tiburtina Ensemble en el Auditorio M. San Francisco de Ávila. 

Paso firme - Huelva

Paso firme - Huelva

Reseña: Octubre 2018

Los futuros melómanos se forjan en la música de cámara, género que fundamenta el criterio de un público. Isla Cristina ha celebrado su segundo festival apostando por músicos de talla. Maestros reunidos era el sugerente título a una velada donde seis artistas internacionales han dejado una huella imborrable.

Era La trucha de Schubert el punto culminante de esta velada: dominio contrapuntístico, depurados timbres y pasajes solistas internos de la mejor escuela; el Finale refrendó su inteligente lectura con un brillante violín en sus sobreagudos, cautivadores viola, chelo y contrabajo así como un piano de inagotable expresividad. Grieg, en formato reducido, gustó por la nitidez de texturas en el Preludio, el cuidado armónico netamente brahmsiano de  la Zarabanda y un Rigodón evocador de apogeos barrocos. Por su lado, dos números de El amor brujo calaron desde el principio en frescura pianística y empaque conjunto digno de principios del siglo XX.

Resaltamos el perfil del pianista, Per Rundberg: retrato del virtuoso bohemio. Su técnica y sensibilidad exacerbadas a añadir de sus ademanes solemnes aderezaron la interpretación.

Huelva se reimpulsa culturalmente con este festival, auspiciado por la asociación “Mundo Arte”. Dicho concierto ofrecía el aliciente de contar con el violinista Kirill Troussov, alumno de Yehudi Menuhin e intérprete de un Stradivarius con que se estrenara el Concierto de Tchaikowsky.

Marco Antonio Molín Ruiz

II Festival de música de cámara de Isla Cristina. Maestros reunidos. Kirill Troussov y Ziva Ciglenecki (violines), Danka Nikolic (viola), Paolo Bonomin (chelo), Vilmos Buza (contrabajo) y Per Rundberg (piano). Suite Holberg, opus 40, de Grieg, Pantomima y Danza ritual del fuego de El amor brujo De Falla y quinteto con piano en la mayor, La trucha, de Schubert. 12 de agosto de 2018. Diez de la noche. Teatro “Horacio Noguera” de Isla Cristina.

Foto: Un momento del concierto (foto de José Manuel Crenes). 

Resolución y compromiso inaugurales - Madrid

Resolución y compromiso inaugurales - Madrid

Reseña: Octubre 2018

Un programa de concierto de resuelta traza inaugural el que presentara los Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid en su arranque de temporada en un Auditorio Nacional con muy buena entrada. Un programa que combinó una obra no demasiado frecuente del repertorio sinfónico-coral: la Misa en tiempos de guerra“in tempore belli”- de Franz Joseph Haydn, con el tácito empaque aguerrido, también, de la: Sinfonía “del Nuevo mundo” de Antonín Dvořák. Una obra romántica incombustible, parcialmente “fusilada”, al menos en carácter, por populares bandas sonoras del cine más comercial y exitoso, y otrora, sintonía habitual.

Un plan a priori ganador para el que no se puede menos que gritar aquello, algo anticuado -ya no se escucha ni en los estrenos, que sería lo suyo-, de: “¡Que salga el autor…!” Bueno… será que resucite… aunque, a decir verdad, vivos siguen ambos -Haydn y Dvořák, me refiero-, al menos a tenor de su frecuente programación y las demostraciones de entusiasmo, como la de esta ocasión, que sus obras, algunas en verdad insistentes, siguen suscitando.

Aparte del elenco orquestal y coral, el cuarteto vocal solista con que contara para la Misa, el director, titular de la agrupación, Víctor Pablo Pérez, fue: Eugenia Boix, soprano, Anabel Aldalur, mezzosoprano, Gerardo López, tenor, y Sebastià Peris, barítono. Todos ellos mostraron un solícito y conforme ajuste a esta versión de la Misa de Haydn. Con voces remarcables. Una Misa que presentó así una lucida y dinámica apariencia de la que fue protagonista el propio coro, eso sí, contando con los dilemas técnicos instrumentales propios de la desenvoltura de su autor y algún que otro solo en atriles de distinguido sello tímbrico. Compromisos técnicos y vivaces articulaciones que se solventaron desde el podio con aliento unitario y atento fraseo.

Similar disposición con la que se afrontara, después, una obra ciertamente alejada, estéticamente al menos: la citada Novena sinfonía del compositor bohemio. Aquí, la estrategia envolvente rodeó con los movimientos extremos, especialmente por un decidido movimiento final, los movimientos intermedios que manifestaron así su, también, comprometedora continuidad sinfónica con alguna que otra entrada y flexibilidad de tempi, desiguales o ásperos. Por lo demás, en lo sinfónico, un correcto deslinde estructural y desarrollo formal.

Ocasión, pues, festiva, resuelta en consonancia, con un programa ciertamente agradecido, sin alardes impostados, y aspiración, hechura y resolución inaugurales.

Luis Mazorra Incera

Eugenia Boix, soprano; Anabel Aldalur, mezzosoprano; Gerardo López, tenor; y Sebastià Peris, barítono. Orquesta de la Comunidad de Madrid / Víctor Pablo Pérez.
Obras de Haydn y Dvořák.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Eugenia Boix, soprano.

“Divolgación” - Madrid

“Divolgación” - Madrid

Reseña: Octubre 2018

Con desenfado -pero absoluto control de la situación- se presentó el espectáculo cómico-operístico de Yllana: The Opera Locos, en una sala rebosante del Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Eso sí, se hizo esperar unos minutos en su multitudinario arranque, antes de rematar así con contundencia y concisión lo que, sobre el programa, era el broche final y festivo -para todos los públicos y paladares- de su Festival de Verano de este año.

Una cascada musical y dramática perfectamente diseñada -sobre el papel- e interpretadas con solvencia -sobre las tablas-, de pequeñas escenas cómicas de apenas unos minutos, a vueltas con tres tenues hilos argumentales marcados siempre por la aparición ya sea como cita fugaz, caricatura o en versión más cercana al original de, al menos, alguna de las arias de ópera más célebres, mayormente de los repertorios italiano y francés (y algún coro…, como, sin ir más lejos, el de los esclavos de Nabucco con el que se rompía el hielo). Eso sí con alguna previsible incursión pop standard y sus crooners trufada por ahí.

El resultado a la postre, al margen de la evidente intención pedagógica o divulgativa -“divolgativa” se diría mejor aquí-, se vivió también desde la grada como un verdadero alarde actoral y canoro. En este sentido todos, los cinco “divos” sobre las tablas, rayaron a un nivel excepcional: ¡Chapeau! Cinco artistas con múltiples roles que, sin salirnos del orden con que los publicitara el propio teatro, fueron esta noche: María Rey Joly, Mayca Teba, Toni Comas, Enrique Sánchez Ramos y Jesús García Gallera.

Una apuesta escénica condensada en que la vis cómica, el mimo, la coreografía, el vestuario, el guion… en suma las facetas más dramáticas adquirieron pronto resuelto y feliz protagonismo. Un protagonismo al que, por otra parte, debiéramos estar ya más que acostumbrados por nuestra abundante y brillante tradición en este sentido. Aunque mejores tiempos se han vivido. Y en este contexto de constante parodia y esfuerzo por mantener la leve continuidad argumental, puede decirse incluso que aquellas arias que se interpretaron con mayor detenimiento, atención y observancia, que también las hubo y bien que se hicieron notar, no desmerecieron en absoluto de esta guisa delirante, sino que, incluso en alguno de los casos, emocionaron en su tragedia… ¿Sorpresa...? Relativa… Al menos hasta que -humor negro- le arrojaran al cantante desde un hombro del escenario…: ¡una soga!

Con tanta megafonía en ristre -al nivel “decibélico” con el que se trabajó no fue de extrañar que en algún momento fugaz llegaran a acoplarse micrófonos-, con tanta música instrumental pregrabada -nada más y nada menos que todas las intervenciones “de acompañamiento” o de orquesta (Verum)-, parecía lo más probable haberse alejado sin remedio de la turbación original de muchas de estas partituras aquí descontextualizadas. Pues no fue así.

Lo demás…, que ya a estas alturas pueden imaginárselo: la interactividad con el espectador -algo forzada por momentos pero eficaz para implicar a un público variopinto (y, por cierto, también relativamente afinado y dispuesto), la sobreabundancia de aplausos y demás demostraciones de satisfacción y afecto que premiaran todas y cada una de estas escenas, o el archi-consabido objetivo secular del enredo amoroso: “cada Juan con su Juana”…, no fueron obstáculo para disfrutar de un espectáculo, con dirección artística de David Ottone y Joe O’Courneen, intenso, concentrado e inteligente, que, ante todo, sirvió de pauta para hacer gala de una espléndida paleta de recursos de los citados cinco cantantes-actores (o viceversa). Y he de decir que, a tenor del éxito cosechado y de la propia apreciación, tras alrededor de hora y cuarto de representación frenética continuada, se podía perfectamente haber alargado algunos minutos más.

Luis Mazorra Incera

Reparto: María Rey Joly, Mayca Teba, Toni Comas, Enrique Sánchez Ramos y Jesús García Gallera. Creado y Dirigido por Yllana. Dirección Artística: David Ottone y Joe O’Courneen. Dirección Musical: Marc Alvarez y Manuel Coves. Idea Original: David Ottone (Yllana) y Rami Eldar. Coreografía: Carlos Chamorro. Escenografía: Tatiana de Sarabia, David Ottone y Yeray González. Iluminación: Pedro Pablo Melendo. Sonido: Luis López Segovia. Vestuario: Tatiana de Sarabia. Caracterización: Tatiana de Sarabia y ARTMAKERS. Música grabada por la Orquesta Sinfónica VERUM/ Manuel Coves. Coproducción de Yllana, Klemark Espectáculos Teatrales S.A y Rami Eldar.
The Opera Locos de Yllana.
Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Festival de Verano. Madrid.
 

Foto: The Opera Locos de Yllana.

 

Página 1 de 62Primero   Anterior   [1]  2  3  4  5  6  7  8  9  10  Siguiente   Último   
Esquina inferior izquierda Esquina inferior iderecha
Portal web DotNetNuke por DOTWARE tecnología a punto   GEN. 0,2187541 s