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País musical
RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
El arte de los Tomàs - Barcelona

El arte de los Tomàs - Barcelona

Reseña: Diciembre 2017

En la presentación que, micrófono en mano, hizo Benet Casablancas de sus Tres interludios dijo que, con los años, su música se ha ido haciendo más íntima, más delicada en colores. Es cierto, como lo es también que su estilo, con un pie en el expresionismo y otro en el impresionismo, es inconfundible o que los títulos de cada movimiento desconciertan más que ayudan a la escucha. A no ser, claro está, que lo de Pastorale haya que entenderlo en el contexto del cambio climático…

Mas el principal atractivo del concierto que la OBC dio el 24 de noviembre era ver a dos de los miembros del Cuarteto Casals, los hermanos Abel y Arnau Tomàs, desempeñarse como solistas en el Doble concierto de Brahms. Su lectura fue con diferencia lo mejor de la velada, y ello ya desde el tono grave, bachiano, de la entrada del violonchelo. Desde la complicidad que da la experiencia de la música de cámara, hicieron de la partitura un diálogo lleno de carácter, color y musicalidad al que solo le faltó una dirección más imaginativa y una orquesta de sonido más trabajado, sobre todo las trompas. Como cierre se escuchó la Sinfonía n. 5 de Shostakovich, de la que Ono dio una lectura que fue de menos (un inicio sin tensión ni garra, aséptico) a más, pero que no quedará en el recuerdo.

Juan Carlos Moreno

OBC / Kazushi Ono. Abel Tomàs, violín; Arnau Tomàs, violonchelo. Obras de Casablancas, Brahms y Shostakovich.
L’Auditori, Barcelona. 

Foto: Arnau Tomàs, violonchelo (© photo Josep Molina)

Luces de otoño - Madrid

Luces de otoño - Madrid

Reseña: Diciembre 2017

Espléndido comienzo de la VI Temporada de La Filarmónica con la Staatskapelle Weimer bajo la batuta de su director titular, el español Antonio Méndez, y Viviane Hagner al violín. En este programa pudimos escuchar el Concierto para violín y orquesta de Beethoven y la Sinfonía Núm. 2 de Rachmaninov.

Desde los primeros compases, solista, formación y director mostraron una absoluta sinergia a la hora de acometer esta gran página beethoveniana. Viviane Hagner desplegó las virtudes que la hacen célebre: gran delicadeza de emisión, refinada sensibilidad musical y cuidado fraseo, así como una técnica muy depurada tanto en las variadas articulaciones del arco como precisa en los cambios de registro.  La visión de la obra por parte de solista y director incidió más en su aspecto lírico que en el dramático, echando quizá algo de menos unos Tempi no tan dilatados en los movimientos extremos (Allegro ma non troppo y Rondo. Allegro) y más asertividad en los temas principales y sus reexposiciones. Hagner abordó con maestría y resolución la Cadenza al final del primer movimiento, con diáfana ejecución en los difíciles pasajes de dobles cuerdas y siempre con un sonido a la vez límpido y firme. La orquesta, con sus efectivos reducidos a su formación concertante, respondió con delicadeza y concreción a la elegante y  detallista dirección de Méndez.

En la segunda parte del concierto, la Staatskapelle Weimar, con más de 525 años de existencia a sus espaldas, mostró todo su esplendor en la Sinfonía Núm. 2 de Rachmaninov. Ya desde los primeros compases, iniciados con las oscuras sonoridades de los violonchelos y contrabajos, pudo percibirse la profundidad de las cuerdas, que amalgamaron y dieron calidez al resto de las secciones orquestales. El primer movimiento (Largo-Allegro moderato) fue desplegándose gradualmente para exponernos el delicado aroma romántico emanado de los temas asignados a las cuerdas. Una breve pero destacable intervención del corno inglés dio paso a la segunda sección del primer movimiento, con inspiradas intervenciones del violín solista y el clarinete, que sobresalieron con nitidez sobre la rica textura armónica y contrapuntística. Los variados cambios de ritmo y gamas dinámicas dieron el empuje adecuado a este primer movimiento. El Allegro Molto fue atacado con gran vitalidad intercalando el motivo rítmico con el expresivo tema ascendente y recurrente de los violines. En el Adagio se logró uno de los momentos de mayor emotividad por parte de la orquesta y director. El inspiradísimo y nostálgico tema de las cuerdas brotó con plena naturalidad para ser recogido por el sutil solo de clarinete sobre éstas. La música fluyó incesante dando el apropiado matiz a cada reexposición variada de la melodía, y la formación alemana sobresalió en todo momento por la suntuosidad y sonido expansivo de las cuerdas, agentes sonoros indispensables de la escritura del maestro ruso. Finalmente, el Allegro vivace discurrió con la desenvoltura y arrojo adecuados, mostrando la alta sensibilidad y eficacia del joven director Antonio Méndez en la ejecución de los constantes rubatos de los temas de las cuerdas o los continuos cambios de tempo, sin perder en ningún momento el pulso y la visión general de este movimiento. La brillantez orquestal de la obra y su elocuente traducción por formación y director hicieron visible la clara herencia que Rachmaninov debe a la mejor tradición sinfónica de Tchaikovsky o Mahler, ofreciendo un esplendoroso cierre a esta primera jornada del ciclo de La Filarmónica.

Juan Manuel Ruiz

Viviane Hagner. Staatskapelle Weimar / Antonio Méndez. Obras de Beethoven y Rachmaninov.
La Filarmónica. Auditorio Nacional de Música, Madrid.

Foto: Viviane Hagner

Una integral trascendente - Madrid

Una integral trascendente - Madrid

Reseña: Diciembre 2017

La integral de sonatas para violonchelo y piano de Beethoven abordada por el dúo formado por Adolfo Gutiérrez Arenas, al violonchelo, y Christopher Park, al piano, en los ciclos camerísticos del CNDM, es empresa impar, valiente y ambiciosa. Una empresa que fue llevada a cabo con aparente naturalidad, limpieza y esmero. Sin aspavientos, conscientes de su intenso y docto propósito, pero sin buscar ninguna oportunidad espuria de lucimiento o interés, que sería lo fácil en este caso, que no se integre en la riqueza musical de estas partituras. Sonatas, cinco, las que forman este corpus completo, capital en la historia de la música para esta singular formación, que oscilaron desde las que ostentan número de opus 5, inicial de su catálogo -anteriores al cambio de siglo y, en esta medida, aún dieciochescas-, hasta las más rezagadas, preclaras y exploradoras op. 102, sin olvidarse del vértigo creador de su edad madura con una exquisita sonata central, intermedia y reconocida: la Tercera, eje y corazón del programa con que arrancaba con fuerza una intensa segunda parte.

Una segunda parte pues de mayor trascendencia musical que, en conjunto con la primera, pensando quizás más de cara al público que al programa, al crítico o al erudito, hubiera tanteado con otras ordenaciones más “de efecto” inmediato. Tersura de sonido, conjunción impecable, dinamismo, contraste tímbrico… para una música que ensalza las características propias de ambos instrumentos, sus sonoridades, furias y articulaciones propias, especialmente en las obras que conformaban su segunda parte, en un diálogo profundo, sincero, de igual a igual, lejos de la fatuidad de otras combinaciones tímbricas más transitadas con piano. Un acierto de programación resuelto por sus dos eminentes protagonistas con brillantez y sentido cabal de la interpretación, con su consecuente y satisfecho lleno absoluto en la sala de cámara del Auditorio Nacional.

Luis Mazorra Incera

Adolfo Gutiérrez Arenas y Christopher Park.
Obras de Beethoven.
CNDM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Adolfo Gutiérrez Arenas.

En torno al Concierto número uno - Madrid

En torno al Concierto número uno - Madrid

Reseña: Diciembre 2017

El Concierto para piano y orquesta número uno de Tchaikovsky, lúcido e inspirado, desde su celebérrima, nunca suficientemente elogiada, introducción a la coda de su último movimiento, vertiginosa tras aquella -tan imitada- enfatización cadencial previa a la entrada triunfante del tema, no por ello deja de estimular e, incluso, sorprender con cada reposición. Sobre todo si ésta puesta en atriles presenta los dos protagonistas de esta noche al piano y sobre el podio: Vanessa Benelli Mosell y Moritz Gnann, respectivamente.

Vanessa Benelli Mosell demostró ser una pianista de inestimable claridad y distinción técnicas desde un primer momento, ya sea en estas disposiciones acórdicas iniciales como, mejor, en las frenéticas octavas paralelas lisztianas o, mejor aún, en los fulgurantes diseños arpegiados directos o, mucho mejor aún, en aquellos diseños más encrespados, geniales en su enmarañada disposición, del sorprendente, hoy especialmente, estertor febril de su delicado segundo movimiento. Una precisión no exenta de obvia potencia sonora, notoria, activa, fúlgida… imprescindible… y bien equilibrada, por otro lado, con el elenco orquestal dispuesto para esta ocasión.

Una Orquesta, la de Santa Cecilia, que fue dirigida en ésta y las otras dos obras de repertorio romántico, por las sabias y expresivas manos, además de una ostensible paleta gestual corporal…, eficaz y absolutamente precisa -dadas las concretas circunstancias integrantes-, de Moritz Gnann.

Notable desempeño también de este último en las otras dos obras que escoltaron, antes y después, al Concierto -y a su inevitable propina por cierto, un terso y bien perlado Claro de luna de la Suite bergamasque de Debussy-. Dos obras en el mismo corazón del más eximio romanticismo germano: la obertura de Tannhäuser de Wagner, nada menos que para abrir boca, y toda una Tercera sinfonía  -la “Renana”- de Schumann, perfectamente entendida, dominada y versada por Gnann desde el podio -tempi, dinámicas relativas, contrastes y, sobre todo, carácter de cada uno de sus cinco episodios-. Un elogio pues del repertorio en torno al Concierto número uno…, que por algo habrá alcanzado tan espléndido y codiciado favor popular.

Luis Mazorra Incera

Vanessa Benelli Mosell. Orquesta Clásica Santa Cecilia / Moritz Gnann.
Obras de Debussy, Schumann, Tchaikovsky y Wagner.
Excelentia. Auditorio Nacional de Música, Madrid. 

Foto: Vanessa Benelli Mosell.

Modernidad, herencia y mesura - Madrid

Modernidad, herencia y mesura - Madrid

Reseña: Diciembre 2017

La Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigida por Víctor Pablo Pérez presentó un estimulante programa en el concierto programado por la Fundación BBVA-ORCAM en el Auditorio Nacional de Música. Un programa que conjugó obras y estéticas continuistas con la tradición romántica heredada, amables, “moderadas” se ha llegado a escribir, dentro de la mal llamada contemporaneidad. En primer lugar un estreno absoluto: Obertura para un buen día de Antoni Parera. Una obra eficaz en su planteamiento inaugural y festivo. Una obra que a la postre convenció al público más reacio y tradicional, y resolvió con ingenio para el más exigente o progresivo. Un equilibrio inteligente donde una retórica-crisol de su discurso, se plasma musicalmente con sana inteligibilidad.

“Un buen día” entonces, una buena tarde de otoño mejor quizás, que se siguiera de otros discursos igualmente eficaces pero en un lenguaje más acuciante e incisivo: La ejecución de Stepan Razin de Dmtri Shostakovich. Obra interesante, en primer lugar por su infrecuencia por nuestros escenarios, en segundo lugar por su mordacidad, más atemperada y previsible, en una temática, eso sí, heroica y funesta donde se mueve con soltura el compositor ruso, y donde hoy se luciera, con una voz que corriera fácil por la sala, el bajo Ivo Stanchev en su papel protagonista.

La segunda parte deparaba un manjar mucho más habitual del repertorio sinfónico: la Suite sinfónica de 1919 del ballet El pájaro de fuego de Igor Stravinsky. Una de las páginas de este autor más interpretadas en concierto por estos pagos… y, por ello, la comparación es inevitable, aunque las lecturas, intenciones y resultados válidos puedan ser variados.

Una versión pues, la de esta tarde, planteada con limpieza, naturalidad y fraseo, atendida desde un podio solícito con aquellos elementos más relevantes, de acuerdo a estos tres principios citados, de una, por otro lado, siempre vistosa y consumada textura sinfónica, que no puede disimular, lo intenta por momentos, su profunda deuda con la herencia de Rimski-Korsakov.

Luis Mazorra Incera

Ivo Stanchev, bajo. Orquesta de la Comunidad de Madrid / Víctor Pablo Pérez.
Obras de Parera, Shostakovich y Stravinsky.
ORCAM-BBVA. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Orquesta de la Comunidad de Madrid.

Una mala programación - Pamplona

Una mala programación - Pamplona

Reseña: Diciembre 2017

Puesta como introducción, cualquiera de las obras del tercer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Navarra podría aceptarse sin reservas. Pero programadas a la vez dan como resultado un concierto frío, aplaudido con premeditada contención. A ello se une que la Coral de Cámara de Pamplona es, como bien dice su nombre, una coral de cámara, cuyo sonido quedaba escaso para el Auditorio Baluarte de Navarra. Entre los cantantes solistas tal vez pudo destacar Quiteria Muñoz, pero los papeles no daban para mucho para ninguno de ellos: la ya nombrada, Marta Infante, David Echeverría y Iosu Yeregui. David Echeverría, además, estaba en un nivel claramente inferior.

Así, la Missa brevis de Mozart sonó más discreta de lo que la obra es de por sí. La Missa brevis en honor de San Francisco Javier del padre José María Goicoechea, que falleció pocos meses antes, pudo aportar más interés por ser obra de estreno y de un músico muy querido en Pamplona, y a quien es muy justo reconocer su abnegada dedicación musical y cercanía humana. La revisión de la obra, a cargo del director de la Coral, David Gálvez, detalladamente explicada en el programa de mano, deja en el aire una pregunta fundamental: por qué de entre las obras del compositor Goicoechea se elegía una tan breve e inacabada. Lo cierto es que si bien la obra tiene un tono de solemnidad sincera y llega a momentos de cierto dramatismo, adolecía de pobreza de desarrollo en cada número.

Tampoco fue afortunado El cisne de Tuonela de Sibelius, por problemas de afinación del corno inglés solista, cosa que me sorprendió, porque Juan Manuel Crespo siempre se ha mostrado como un excelente solista. La Suite n.º 4 “Mozartiana” de Tchaikovsky tuvo más protagonismo por el excelente sonido del concertino Yorrick Troman. Pero la obra no deja de ser una partitura menor de entre las del gran ruso, más comercial que realmente artística. Lo cierto es que los programas más interesantes no suelen adjudicarse a los directores invitados; pero en este caso, la batuta de Rubén Gimeno no podía hacer mucho más. La programación en conjunto fue enervante, en su sentido recto: quitó todo entusiasmo. Un problema que no se presenta por primera vez.

Javier Horno

OSN, Coral de Cámara de Pamplona / Rubén Gimeno. Obras de Mozart, Goicoechea, Sibelius y Tchaikovsky. Auditorio Baluarte de Navarra, Pamplona. 

Foto: Rubén Gimeno. 

Festival Cineuropa - Santiago de Compostela

Festival Cineuropa - Santiago de Compostela

Reseña: Diciembre 2017

Nueva edición de Cineuropa con aliciente añadido por la participación como director con la RFG de Timothy Brock, autor de la recreación de  la banda sonora para A Burlesque on Carmen de Charles Chaplin añadida a la compuesta por Hugo Risenenfeld para la Carmen de Cecil B. DeMille.  El reclamo de la figura de bizetiana Carmen, que ya fue objeto de otro programa ofrecido en el Teatro de La Zarzuela madrileño, en 2013, dedicada precisamente a los dos cineastas. Carmen se adaptó al cine de forma  frecuente, en la época del cine mudo: un film d´art de 1909, con Regina Beudet; una versión de Theda Bara y otra de Geraldine Farrar, ambas en 1915 y esta parodia de Charles Chaplin con Edna Purviance, además de una versión de E. Lubitch de 1918, con Pola Negri, y un filme de Jacques Feyder de 1926, con Raquel Meller, no fue sencillamente por el aspecto musical de la obra o por el canto, sino también por su heroína, que cuadraba con el espíritu fatal, revoltoso e independiente de las estrellas de la época, que encarnaban mujeres activas, peligrosas y sensuales. 

Invitado y con razones sobradas, el norteamericano Timothy Brock, especializado en restaurar y componer bandas sonoras, entre las que destacan: The New Babylon de Dmitri Shostakovich; Cabiria, de Manilo Mazza y Opus 1, de Max Butting. También trabajó sobre composiciones a las que trató según su necesario criterio, y así nos encontramos con Entre´acte de E.Satie o la Sinfonía con fuoco de I. Pizzetti.  Chaplin fue un cineasta recurrente en sus atenciones, que dejará para la historia trabajos como Modern Times, The Gold rush, City Lights o The Circus, pero no menos sugerentes resultan sus transcripciones de unas 13 horas de duración de composiciones del propio Chaplin, prácticamente perdidas en la memoria de los curiosos y procedentes de sus tentativas al piano.

Hugo Riesenfeld, fue un compositor austríaco con residencia americana que compuso la banda para la Carmen de Cecil B. DeMille, quien también destacaría con las bandas para  Joan the Woman, del mismo cineasta; The Ten Commandments y The King of Kings, de D.W. Griffith y Sunrise y Tabú de Murnau. Fue niño prodigio  en el Gesselschaft der Musikfreunde, en Viena. Formó un cuarteto en el que estuvieron Arnold Schönberg, Arthur Bodanzky y Edward Falck.   Emigró a Nueva York en 1907, llegando a ser director de la Ópera de Manhattan  de Oscar Hammerstein, antes de continuar con la compañía de Klaw & Erlanger y la Century  Opera, estrenándose en el cine precisamente con la producción para una Carmen de Jesse L.Lasky. Probó el mundo de los teatros de Broadway, desde el Rialto al Tivoli y al Criterium  en  salas de cine con orquesta estable, para el acompañamiento de películas mudas, abriendo nuevas posibilidades profesionales, a las que no fue ajeno.  Mundos sonoros para la RFG entre una ambientación desde una previsible tragicomedia a una comedia-burlesca, lograda con una excelente sincronización con los vertiginosos filmes a los que hubo de servir. La experiencia venía de largo por convocatorias pasadas, de las que nos habían dejado impresiones muy positivas y ante un público de entusiastas cinéfilos entregados a un formato que desde su primera experiencia, convirtieron en capítulo imprescindible.

Ramón García Balado

Real Filharmonía de Galicia / Timothy Brock. Obras de Timothy Brock y Hugo Riesenfeld.
Festival Cineuropa, Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela. 

Foto: Timothy Brock.

Schumann y Cherubini por Víctor Pablo Pérez - Santiago de Compostela

Schumann y Cherubini por Víctor Pablo Pérez - Santiago de Compostela

Reseña: Diciembre 2017

Víctor Pablo Pérez dirigió por primera vez a la R.F.G. teniendo al Coro de la que fue su orquesta, la OSG, para convertirla en una formación de primera línea en el ámbito nacional, con la que tuvo experiencias en los repertorios más diversos. En programa, Schumann con la Sinfonía nº 4, en Re M., obra que a efectos reales es la segunda, pero que, tras su revisión, acabará ocupando esa numeración. Se aprecia como la mejor resuelta, tanto desde el punto de vista armónico como desde el estructural. Es un afortunado ejemplo de reflexión y madurez, tras la revisión de 1851, en esta composición nacida con el título de Fantasía Sinfónica,  pero que el autor se vio obligado por personales urgencias a modificar, para distanciarse de convencionalismo al uso. Sus condicionantes, animan a tratarla de manera subjetiva y así pudimos escucharla, porque del propio director salieron ideas y apuntes que configuraron una interpretación saneada ya desde los ensayos con los miembros de la orquesta. Una sinfonía con más de fantasía por el planteamiento de los movimientos precisamente imbricados desde el Ziemlich langsam- Lebhaft hasta el final Etwas zurückhaltend-Langsam. Responde sin dudas, a esa idea cíclica facilitada por la propia instrumentación, que consigue la claridad de orquestación que asimila influencias precedentes dentro de un romanticismo de plenitud ansiada. Obra a la medida en sus dimensiones para interpretación que se nos ofreció.

Veníamos de escuchar al Coro de la OSG inaugurando temporada con la Sinfonía Resurrección de Mahler de gran altura, para recibirlo esta vez en el Requiem en Do m de L.Cherubini, en el que acapararía protagonismo absoluto y a fe que lo consiguió. Se trataba  de una dedicatoria concreta: A la mémoire de Louis XVI, un compositor que refleja la Francia de mediados del XIX, con sus etapas sociales y políticas de enorme importancia, que en lo musical compartían Gossec, Étienne-Nicholas Méhul y, evidentemente, H. Berlioz. La Francia republicana de las fêtes que le encumbrará a la categoría de autor oficial, por un lado en el espacio de la ópera revolucionaria, pero también por otros géneros sinfónico-corales. Ya en la larga Messe solennelle en Re m., de 1811,  desplegaría ambiciosamente el especial tratamiento del contrapunto aprendido en la escuela del maestro de capilla del Duomo de Milán, Giuseppe Sarti, que le convirtió inmediatamente en un intérprete moderno de la tradición clásica heredada. De la sesión escuchada, dos momentos destacados para apreciar el trabajo conjunto de coro y orquesta: el Dies Irae, el más complejo de los movimientos con el estremecedor Tuba mirum y el clamor de llamada de metales en el Confutatis, con el coro en plenitud de recursos y el Agnus Dei, (sostenuto en Do m.), desde su entrada con la formación afirmándose en un equilibrado control, antes del clima de absoluta serenidad hacia un desvanecimiento emotivo.    

Ramón García Balado

Real Filharmonía de Galicia. Coro de la O.S.G. / Víctor Pablo Pérez / Joan Company. Obras de R. Schumann y Luigi Cherubini.
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela.

Foto: Víctor Pablo Pérez.

Marina Monzó en volandas - Santiago de Compostela

Marina Monzó en volandas - Santiago de Compostela

Reseña: Diciembre 2017

  Bellini y La Sonnambula, para continuar esta iniciativa de colaboración tras Los pescadores de perlas de Bizet, del año anterior. Una ópera arraigada en el gusto de los buenos aficionados.  En el estreno coincidieron la diva Giuditta  Pasta y el no menos portentoso Giovanni B.  Rubini. Para mayor aliciente, Bellini superaría a su colega G.Donizetti, quien también había alcanzado la gloria con Anna Bolena.

La riqueza de sus melodías y el distanciamiento de la dependencia rossiniana, fue otro de los detalles a tener en cuenta.   Nada que objetar ante un público entregado, en uno de sus trabajos que evidenciaba la madurez del compositor, y así bastará con acercarse a la opinión aparecida en la Gazzeta Privilegiata di Milano, en donde podía leerse: No más Pirata, no más Straniera, no más Capuleti e I Montecchi; aquí no hay reminiscencias, ni propias ni ajenas: la inspiración ha sido espontánea y el resultado afortunadísimo. Manuel Coves había dirigido el curso anterior la versión para pequeña orquesta del filme Metrópolis, con música de Gottfried Huppert en el Festival Cineeuropa30, llevando con buen pulso a la orquesta, bien secundado por el Coro Gaos, tan entusiasta y entregado, al que tuvimos en fechas recientes en varias producciones de Amigos de la Ópera de A Coruña, de quienes nos hemos servido al tiempo para completar un elenco con resultados positivos.  Bastante bien se sostuvo esta versión de concierto con las consabidas limitaciones en orden presupuestario, no en vano, la mayoría de cantantes, habían participado recientemente en las óperas y en la Gala Lírica Rossini (Alberto Zedda en el recuerdo).

Marina Monzó, laureada por su capacidad expresiva y prodigiosas agilidades, fue una Amina de relumbrón desde el dúo Ah! vorrei trovar parole, hasta el segundo Son geloso del zefiro  o el que arrastra penalidades en Oh ciel! Che tento? Estremecedora como ya esperábamos, en el final con la cabaletta Ah! Non giunge uman pensiero, estratégicamente ubicado para un apoteósico aplauso de gratitud.  El tenor Jesús León  Elvino, fue un excelente partenaire en los dúos compartidos gozando de un momento de despliegue de recursos en Ah! Perchè non posso, en el que dejó en evidencia un agudo ágil y vibrante, redondeado una labor excelentemente calibrada por la prestancia de un lírico de  respetables aptitudes.  Felipe Boy -Conde Rodolfo-, es un bajo cantante de voz consistente en el registro de recursos oscuros. Su papel le venía a pelo desde su entrada en escena con Vi ravviso, o luoghi ameni, con la ayuda propicia de su presencia física.  Nuria Lorenzo –Teresa-, es una cantante que mantiene la idoneidad para roles como el que defendió, por sus seguros recursos y buena escuela, que compagina con buenas garantías sus compromisos docentes. La soprano Eva Tenorio –Lisa-, de grata tersura y colorido, tuvo que manejarse con seguridad en su competencia con Marina Monzó. También los comprimarios cumplieron en sus cometidos: El bajo Pedro Martínez Tapia –Alessio- y el tenor Pablo Carballido como el -Notario-, para este comienzo de temporada compostelana.  

Ramón García Balado

Jesús León, Marina Monzó, Felipe Bou, Eva Tenorio, Pedro Martínez Tapia, Pablo Carballido, Nuria Lorenzo. Coro Gaos/ F. Briones. Real Filharmonía de Galicia/ Manuel Coves. La Sonnambula de V.Bellini
Amigos de la Ópera de Santiago de Compostela/ Amigos de la Ópera de Vigo.
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela / Teatro Afundación de Vigo.

Foto: Marina Monzó.

El lujo de contar con “Enchiriadis” - Zaragoza

El lujo de contar con “Enchiriadis” - Zaragoza

Reseña: Diciembre 2017

Jorge Apodaca, director del Grupo Vocal Femenino Enchiriadis, gusta de arropar los programas que trabaja -todos fruto de una profunda reflexión y armados con una coherencia notable- bajo el paraguas de una denominación no exenta de poética y belleza. Con el título “Arborescencias” estructuró un repertorio con el que, a modo de menú degustación, se nos ofrecía una exquisita selección de los diferentes programas que han surgido a lo largo de los más de diez años de vida del grupo.

Este renombrado grupo zaragozano dividió el concierto en cuatro bloques, cada uno correspondiente con un proyecto anterior. Comenzaban su intervención con el estreno de la obra “Altisidora: Oh, tú!”, una de las tres que integran un tríptico compuesto por el recientemente fallecido Alejandro Yagüe y que éste dedicó a Enchiriadis. Una obra muy bella que tuvo una lectura especialmente emotiva. Contó con el recitado de la actriz y miembro del coro Gema Cruz. En el comentario introductorio al concierto, Apodaca hizo una mención muy sentida a otro desaparecido unos días antes, el músico oscense Antonio Viñuales, un importante referente en el mundo coral aragonés.

Tras la obra de Yagüe incluida en el bloque “Matrix Sonora”, título de su recientemente disco compacto publicado con repertorio contemporáneo español escrito en su mayoría para el grupo, vino “American Sound” con cuatro arreglos de música tradicional de América y música de jazz con la colaboración instrumental de Luis Calvo y Javier Callen, guitarra y bajo respectivamente. “On Green Dolphin Street” en versión de Pierre-Gerard Verny, “How High the Moon” adaptada por Gwyn Arch, la celebérrima “Java Jive” según Kirby Shaw y “Panambí Johvé” arreglada por Juan Quintero. Cuando se trabaja con adaptaciones es muy importante escoger las de mejor calidad y en este caso lo eran sin lugar a dudas estando el coro a la altura de las partituras.

Tres obras configuraban el capítulo “Música sacra”: “O Regem Coeli” de Tomás Luis de Victoria, polifonía renacentista que establecía un contraste extremo con lo escuchado anteriormente, a la que siguió el “Kyrie” de Hugo Hammarström y una de las piezas más de moda dentro del repertorio de muchos coros, “Ubi Caritas” de Ola Gjeilo. Tres períodos, tres estéticas, tres retos para Enchiriadis. La calidez con la que sonaron y la profundidad expresiva fueron una constante que atravesó las tres creaciones.

La última sección se dedicó a lo que es el objeto principal del coro, al que dedican la mayor parte de su trabajo, la música contemporánea. De David Lang interpretaron la conocida “I Lie” seguida de “Virita Criosa” de Thomas Jennefelt y, nuevamente de Ola Gjeilo, “Tundra” en la que contaron al piano con Manuel Rodríguez. Aquí, una vez más, el grupo vocal hizo alarde de profundo conocimiento de los lenguajes actuales siendo ideales transmisoras de los contenidos expresivos de la música actual mediante una gran técnica, musicalidad y, muy destacadamente, un pleno convencimiento de los valores que encierran las obras de nueva creación.

He hablado anteriormente de retos: los retos son parte fundamental de la filosofía por la que se rige el coro y su director; por tanto no debe sorprender la elección de estos repertorios ni los espectaculares resultados obtenidos. El perfeccionismo parece guiar al director y sus cantantes llevándoles a un meticuloso trabajo de preparación de las obras que más tarde nos exponen en concierto con una naturalidad que no deja traslucir toda esa labor previa.

Con este variopinto muestrario de creaciones musicales, géneros y lenguajes de que disfrutamos en su actuación quedó patente la versatilidad de esta formación para encarar todo tipo de obras,  sin amedrentarse ante partitura alguna por exigente que resulte y siempre interpretada con una técnica y musicalidad impecables.

Victor Rebullida

Grupo Vocal Femenino Enchiriadis. Luis Calvo, guitarra eléctrica, Javier Callen, contrabajo, Manuel Rodriguez Molleja, piano, Gema Cruz, recitadora. Jorge Apodaca, director. Obras de Yagüe, de Victoria, Hammarström, Gjeilo, Lang, Jennefelt y otros. XX Ciclo Música en San Pablo. Iglesia de San Pablo (Zaragoza) 

Foto. Grupo Vocal Femenino Enchiriadis.

Musica vocal con el mayor nivel artístico - Borja (Zaragoza)

Musica vocal con el mayor nivel artístico - Borja (Zaragoza)

Reseña: Diciembre 2017

El pasado Puente de noviembre la ciudad de Borja se ha convertido como cada año en el escaparate aragonés del mundo coral internacional.

Inaugurando esta cita, la Gala Lírica en recuerdo del maestro Borobia Paños a cargo del dúo Viñaspre-Sánchez con obras de Hahn, Fauré, Debussy y Gounod seguida por los españoles Sorozábal, de Falla, Giménez, Ortega y el cubano Roig. Excelente soprano, con un registro uniforme y sonoro, afilados agudos, buen dominio de la coloratura y capaz de seducir con las melodías más delicadas. El acompañante, conocido ya de galas anteriores, se confirma como garantía de un resultado artístico incontestable. Un elevado listón interpretativo y el saber estar en su papel, con el justo protagonismo y una exquisita complicidad le otorgan la máxima autoridad en su especialidad.

El primer coro en actuar, The Philippines Madrigal Singers de Manila, se mostró como un instrumento magnífico, con una técnica brillante y una cuerda de bajos impactante. Un bloque vocal compacto de timbre brillante gracias a sus voces femeninas al que lo único que podemos cuestionar es la inclusión de algunas obras que no estaban a la altura artística del grupo ni del resto del repertorio. Ejemplos de ello una incomprensible “Amor (más vale trocar)” de Norberto Romualdez Sr., un aburrido arreglo de “Eres tú” de Juan Carlos Calderón o una estruendosa versión de “Circle of life” de Elton John. El punto álgido se encontró en la primera obra, una estremecedora composición de Ily Matthew Maniano titulada “Lux Aeterna” sin desmerecer “Let my love be heard” de Jake Runestad o el popular “Chili con carne” de Anders Enderoth.

El coro letón “Sola” igualmente nos atrapó con su sonido y la interpretación de alguna obra como la versión de Clytus Gottwald para dieciséis voces de “Ich bin der Welt abhanden gekommen” de Mahler o con su poderoso sonido en “Gospodi isuse” de Alfred Schnittke. La selección de composiciones sobre folclore letón así mismo de autores del país también resultó de mayor enjundia compositiva que la de los precedentes filipinos, con versiones de mayor calado y exigencia musical.

De Eslovenia llegaba un coro muy joven con alumnos y ex-alumnos del Conservatorio de Música y Ballet de la capital. Su juventud les confería un color vocal distinto más natural y fresco. Poseedores de una técnica muy cuidada desplegaron un programa girando mayoritariamente en torno a su especialidad: los compositores eslovenos. De entre ellos, varias creaciones de su director Ambroz Copi. Gustó mucho “Elisabetae vero impletum est tempus” de Jacobus Gallus, “Love’s tempest” de Elgar y “Adoramus te” de Monteverdi, de los autores no eslovenos.

Cuando ya parecía que estábamos en un nivel extremo de solvencia coral otro coro con plantilla joven, el de la Universidad de Wyoming, el día de la clausura de las Jornadas sorprendió con un gran concierto, una de las actuaciones mejor valoradas por el público al que supieron transmitir el contenido de las obras. Música popular norteamericana y clásica desde Monteverdi hasta la actualidad, reflejada en obras de los vascos Sarasola y Mocoroa o el estonio Pärt Uusberg y su hermosa creación ”Muusika”. Emocionó “To the mothers in Brasil: Salve Regina” de Lars Jansson y sorprendió la más contemporánea “Lament for a lost child” de Jere Hutcheson. Los aplausos del público ratificaron su excelente actuación.

Concluyeron las Jornadas con un balance nivel artístico altísimo llegado desde los cuatro puntos cardinales. El éxito acompaña desde siempre a este evento que con los ajustes propios de los tiempos cuenta con el entusiasmo de sus organizadores y de las instituciones que la apoyan con pleno convencimiento.

Victor Rebullida 

Oihane Viñaspre, soprano, Omar J. Sánchez, piano, The Philippines Madrigal Singers, Mark Anthony Carpio, director, Youth Choir “Sola”, Kaspars Adamsons, director, Coro de Cámara del Conservatorio de Música y Ballet de Ljubliana, Ambroz Copi, director, University of Wyoming Collegiate Chorale, Nicole C. Lamartine, directora. Repertorio lírico y coral. XXXVII Jornadas Internacionales de Canto Coral “Ciudad de Borja”. Iglesia de Santa María (Borja-Zaragoza) 

Foto: Iglesia de Santa María (Borja). 

Una entrada gentil - Madrid

Una entrada gentil - Madrid

Reseña: Octubre 2017

De nuevo arranca el ciclo de la OCNE que bajo el titular de Satélites va desgranando el potencial camerístico de sus integrantes. Y lo hizo con un Concierto para violín, piano y cuarteto de cuerdas, que partía de una propuesta de romanticismo algo tardío, abandonado quizás a la sombra inminente de modernistas, impresionistas y otro “apaches”, el de Ernest Chausson. Música de cámara con pretensiones de doble-concierto, para afrontar después, tras el descanso, partituras de nuevo cuño pero sólido arraigo en la tradición.

Una primera parte pues de protagonismo solista del violín, Georgy Vasilenko, y del piano, Sebastián Mariné, pero, sobre todo, del rescate de un músico, el citado parisino, que con sabiduría, personalidad y gusto sabe dosificar sus recursos para rematar una obra ciertamente ambiciosa, pero también noble y comunicativa, con un espléndido final.

Una segunda parte más variada, en tono ya tendente al scherzo y finale, convocó los nombres de… Pablo Miyar, con Castillo interior, la obra más atrevida estéticamente de este programa, que mostró notorio lucimiento expresivo en su mezzosoprano solista, Gudrún Ólafsdóttir; de… Francisco Javier Jaúregui, con sus Tres canciones populares vascas de trazo distintivo en línea con su titular, fina instrumentación y armonía consecuente, y… para concluir, dos resueltas danzas argentinas, feliz desenlace, de Jesús Ángel León a la sazón primer violín del conjunto. Como propina, un melodismo cantábile, sosegado y candoroso: Ave María del compositor islandés Sigvaldi Kaldalóns.

Luis Mazorra Incera

Gudrún Ólafsdóttir, mezzosoprano; Georgy Vasilenko, violín; Jesús Ángel León, violín Luminita Nenita, violín; Virginia Aparicio, viola; José María Mañero, violonchelo; Laura Asensio, contrabajo; y Sebastián Mariné, piano. Luis Aguirre, director.
Obras de Chausson, Jaúregui, Kaldalóns, León y Miyar.
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Laura Asensio, contrabajo.

ORCAM: Obras son amores - Madrid

ORCAM: Obras son amores - Madrid

Reseña: Octubre 2017

Günter Herbig volvió al Auditorio Nacional de Música para ponerse al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, con ocasión del Día internacional de la no violencia. Una visita siempre esperada y apetecible, especialmente cuando se trata, como era el caso, del repertorio sinfónico romántico más acendrado de los Schubert y Schumann, tan afín.

Porque el programa que defendiera en esta temporada constó, descanso de por medio, de la Sinfonía “trágica” (cuarta) de Schubert y la Sinfonía “primavera” (primera) de Schumann. Dos obras enmascaradas, un poco a la sombra de otras homónimas, asiduas y celebérrimas de sus catálogos respectivos, que por ello supusieron, de esta guisa conjunta y confinada, un reconocimiento más allá de roles teloneros o asimilados, a las que a menudo se las relega. Por tanto, sin parecerlo a priori, un programa de concierto, en este sentido, atrevido… Atrevido, especialmente por las ineludibles limitaciones de ensayo que rodean la práctica profesional de la dirección de orquesta, aquí más apremiantes.

De hecho, los aciertos y desvelos del podio, y los resultados ofrecidos desde los atriles, pronto llegaron a su apogeo, a su tope, en el primer movimiento de la “Trágica”,  Adagio molto-Allegro vivace, y allí permanecieron sin grandes perturbaciones ni destellos destacables -algún solo…- , hasta la finalización. Una dirección de podio con abundantes, y lógicas, anticipaciones rítmicas y dinámicas, y un cometido cabal y envolvente, más acusado según nos adentrábamos en materia, que levantó hasta donde dio de sí, un programa con enjundia para más parada y fonda. En cualquier caso, el reconocido talento y discernimiento de Herbig en este su repertorio, y algunos momentos puntuales, especialmente en los primeros lances del concierto, dejaron un buen sabor de boca, resuelto a la postre.

Luis Mazorra Incera

Orquesta de la Comunidad de Madrid / Günter Herbig.
Obras de Schubert y Schumann.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

Foto: Günter Herbig.

Tres en uno: director, solista y concertino - Madrid

Tres en uno: director, solista y concertino - Madrid

Reseña: Octubre 2017

El solista Gordan Nikolić fue protagonista por partida triple en el concierto de inauguración de temporada en el Auditorio Nacional de Música de la  Orquesta Sinfónica de Madrid. Y es que su presentación al frente de la orquesta incluyó tanto la dirección, siempre con su violín en ristre, una conducción en cierta medida compartida con el propio conjunto y sus atriles destacados; como el amplio ademán y liderazgo del concertino; o, ya en el ejemplar Concierto en mi menor de Mendelssohn, el rol destacado de sus solista virtuoso. Tres en uno.

A la postre, una interpretación de musicalidad en primer plano. Gestos musicales con un alto grado de profundización en el instrumento, pero, lógicamente, a cambio, cierta ambigüedad en el ataque de la orquesta en su conjunto, especialmente en los momentos más comprometidos directorialmente como en Coriolano, por ejemplo, sus pizzicatos finales, o, sin ir más lejos, los primeros ataques de esta obertura, tan heroicos como premonitorios y sombríos.

Una apuesta decidida por el concepto musical, sus sinergias, empatías y gestos, que se tradujera en un disfrute legítimo de las obras desde el punto de vista de sus intérpretes materiales, sin intermediarios.

Luego de aquel Beethoven citado, dos Mendelssohn: el Concierto citado para mayor lucimiento de su solista en un contexto general enérgico, expuesto con extroversión desde sus primeros lances; y, en segunda parte, con toda la orquesta de pie, salvedad hecha de los seis violonchelos, una vivaz y estimulante Sinfonía italiana que, de esta guisa, erguida, encarnaba así sus raíces instrumentales históricas.

Una fiesta pues compartida y participada de unos músicos protagonistas directos de una música ilustre, su música, que así se contagiara a un público siempre ávido de constatar in situ la implicación de, también, sus artistas.

Luis Mazorra Incera

Orquesta Sinfónica de Madrid / Gordan Nikolić: director, concertino y solista.
Obras de Beethoven y Mendelssohn.
OSM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Gordan Nikolić.

Inauguración Festival 2017 - Santander

Inauguración Festival 2017 - Santander

Reseña: Octubre 2017

Una nueva edición del Festival Internacional de Santander (y van sesenta y seis) arrancó el pasado 5 de agosto en el Palacio de Festivales con la sala Argenta abarrotada y deseosa de escuchar la siempre atractiva BBC Philharmonic bajo la dirección de Juanjo Mena y presenciar el regreso de Juan Pérez Floristán, ganador del Concurso Internacional de Piano Ciudad de Santander Paloma O’Shea el año pasado. El programa, además, garantizaba el disfrute del melómano y del espectador casual si las cosas salían medianamente bien. ¡Y vaya si salieron! Desde los primeros compases de la mítica Obertura Egmont de Beethoven, quedó claro que la formación inglesa sigue ofreciendo un sonido depurado en todas sus secciones: cuerda sedosa, viento metal brillante, viento madera cálido… La batuta de Mena, firme y al tiempo flexible, dio a cada una el relieve adecuado, logrando un sonido empastado que no les abandonaría en toda la velada. Ese temple fue, quizás, el rasgo más característico de su notable versión de la Sinfonía Fantástica de Berlioz, partitura un punto grandilocuente, pero elección pintiparada para la ocasión. Entre ambas piezas, tuvimos ocasión de escuchar, sin la presión del concurso, al prometedor Juan Pérez Floristán, cuya versión de la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov demostró audacia, variedad tímbrica y facilidad para hacer cantar al piano. Apremiado por los aplausos, ofreció como propina la breve pero densa y casi fúnebre The tides of Manaunaun de Cowell, que supuso un contrapunto muy sugerente.

Darío Fernández Ruiz

Festival Internacional de Santander.

Foto: Juanjo Mena.


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