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País musical
RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
El arte permanece siempre - Barcelona

El arte permanece siempre - Barcelona

Reseña: Mayo 2018

Bryn Terfel ha sido un cantante poco frecuente en Catalunya, desde su debut en el Festival de Peralada en 1990, que fue su primera salida al extranjero, cantando Samson et Dalila, y se recuerda el magnífico recital que hizo en el Palau, dentro de la última temporada del Liceu en el exilio, en Marzo de 1999, pero no lo hemos visto actuar escénicamente en la capital catalana, hecho que algún día no muy lejano el Liceu tendría que remediar. Terfel es uno de los grandes intérpretes de la actualidad, con un amplio repertorio desde Mozart a Verdi o Wagner, dando a sus personajes una lección interpretativa de alta gama, aportando además un gran poder de comunicación con el público.

Su Falstaff describe claramente el carácter ridículo y creído, tan plenamente descrito por el genio italiano y su capacidad de contraste es evidente con una impactante versión del personaje de Wotan, tanto en la invocación, como en la despedida, expresando el dolor con una maestría total.  Su gran capacidad histriónica fue evidente en la muerte de Boris Godunov, dando patetismo, dolor y arrepentimiento, con una versión de una teatralidad excepcional. Su versatilidad fue patente en la parte final del programa dedicado al musical americano, fraseado con una gran intención. Su voz mantiene la belleza, aunque quizá ha perdido algo de brillantez, sobre todo en fragmentos como Mefistofele, donde hubo toda la malicia del personaje, pero en algunos momentos el timbre quedaba algo apagado. Como bis dio una impecable versión de El violinista en el tejado.

Completaba el concierto la intervención del Cor Jove de l’Orfeó Català i el propio Orfeò que demostraron su musicalidad y cohesión en obras de Verdi y Wagner, con un estilo más camerístico que operista, junto a la Orquesta Gulbenkian, dirigida por Gareth Jones, acompañando bien al cantante, pero con versiones de oficio.

Albert Vilardell

Bryn Terfel. Cor Jove de l’Orfeó Català. Orfeó Catala y Orquesta Gulbenkian/Gareth Jones. Obras de Verdi, Boito, Wagner, Mussorgski, Keen, Rodgers y Bock.
Palau Grans Veus. Palau de la Música Catalana, Barcelona. 

Foto: Bryn Terfel.

Una gran noche - Barcelona

Una gran noche - Barcelona

Reseña: Mayo 2018

Una obra poco programada de Verdi, Attila, en versión de concierto, dio lugar a una gran noche. Sus artífices fueron unos intérpretes que remarcaron toda la belleza de esta partitura, llena de aciertos. El primer lugar la obra se dio completa, con las “cabalettas” en sus dos estrofas con variaciones bien estructuradas y variadas, dentro del buen gusto y la variedad. Esto es mérito de la directora Speranza Scappucci, que demostró haber aprovechado los años de contacto con Riccardo Muti y consiguió una versión brillante, sin perjudicar a los cantantes y coro, logrando de la orquesta del Teatro un sonido bello, compacto y cohesionado en todas las familias musicales, con detalles muy descriptivos, cuidadosamente interpretados, y además el coro del Liceu consiguió, en una obra difícil, una inteligente capacidad de contrastes. Esperamos ver nuevamente a Speranza Scappucci, que alcanzó, en el repertorio italiano, unas sutilezas que no siempre se logran.

Entre los cantantes destacaron Anna Pirozzi, que mostró una voz potente, penetrante, un registro agudo seguro, una técnica estudiada y una bella línea musical como demostró en la segunda aria, no decayendo en ningún momento y superando a la orquesta que tenía muy cerca. El protagonista Ildar Abdrazakov supo dar el carácter primitivo a Attila, con un fraseo denso, expresivo y brillante. Entre el resto de los cantantes Josep Bros dio vida a Foresto, una partitura llena de dificultades, que superó plenamente, aportando su fraseo sutil, mientras que Vasily Ladyuk, posee una voz brillante, lírica y con posibilidades, pero a veces no acaba de surgir redondeado, completando el reparto los correctos Josep Fadó y Ivo Stanchev.

Albert Vilardell.

Anna Pirozzi, Ildar Abdrazakov, Vasily Ladyuk, Josep Bros. Orquestra y Cor del Gran Teatre del Liceu/Speranza Scappucci. Attila de Verdi.
Gran Teatre del Liceu, Barcelona. 

Foto: Vasily Ladyuk e Ildar Abdrazakov (© Bofill)

Un auditorio en trance - Madrid

Un auditorio en trance - Madrid

Reseña: Mayo 2018

Con unos precios asequibles para semejante plantel y repertorio, un dúo de pianistas excepcional llenó y embrujó de principio a fin, la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música de Madrid. Un concierto que sonaba también a homenaje, homenaje cálido y perpetuo, habida cuenta los cerrados aplausos que se les brindara… y es que nos estamos refiriendo nada menos que al dúo formado por los pianistas cubanos: Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba. Genios y figuras de la improvisación, que se presentaron con un solo título inspirador de su concierto: Trance.

Y sí, la rica polisemia de esta palabra se ajustó a lo celebrado... Un trance que nos habla de viajes..., de sensaciones..., que habla de rito y trascendencia..., se adaptó como un guante a la ordenada sucesión de suculentas improvisaciones que nos brindaron, ya sea a solo cada uno de ellos, ya sea en dúo: Valdés y Rubalcaba, Rubalcaba y Valdés. Dos estilos ciertamente diversos en la concepción de este difícil arte al que sólo se accede por dotes originales, pero que confluyeron en lo principal... en la precisa dosis de magia que transforme y eleve lo cotidiano. Una magia que tiene, para cada uno de ellos, lenguajes personales, especialmente cuando se emplean individualmente... Lenguajes que, también, de alguna manera adaptan, especialmente un más provocador Gonzalo Rubalcaba, cuando se disponen a dúo.

No voy a destacar a ninguno de los dos. Son evidentes sus diferencias, tanto en los retos asumidos como en sus soluciones... A Gonzalo le place indagar posturas iniciales chocantes, extremas y, relativamente, al margen de técnicas previstas. Retos que asume y adapta al conjunto en seguida y con naturalidad. A Chucho, sin embargo, la entidad con la que se ofrece es un todo sin fisuras, donde el germen de sus últimos escarceos musicales, ya estaba presente, siquiera en germen, en los primeros. Dos posturas que tratan, en cualquier caso, de balancearse en ese delicado equilibrio que supone “este trance”: la expectativa y la tensión musical. Un balanceo que debe oscilar entre una justificación contextuada y algo previsible que satisfaga al asiduo aficionado, y la necesaria sorpresa y conmoción evanescente y retadora.

Toda una experiencia artística ofrecida en principio, de un sólo tirón, con una curiosa parada espontánea solicitada in situ por Rubalcaba en su solo, tras tantear ambos pianos... y no quedar excesivamente satisfecho con ninguno de ellos... “¿Está el afinador entre el público, verdad...?” Y así fue menester perfilar aquella afinación tras su pieza, y permitir un leve descanso “técnico”. Cercanía y contacto propios de otras salas que aquí, en todo un Auditorio, resultó un tanto peculiar. Una vuelta de tuerca al protocolo habitual que sin duda ayudó a acercar, aún más si cabe, estos inmensos músicos, a su público.

Con trance como epígrafe general, pues... una experiencia musical que no se disfruta habitualmente en tablas tan curtidas en otros géneros sinfónicos como éstas, y también tan necesitadas de los riesgos y vitalidad de la improvisación... y de nuevos públicos...

Luis Mazorra Incera

Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba. Trance (improvisaciones a solo y dúo, sobre temas “standard”).
CNDM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba.

Series… veintiuno - Madrid

Series… veintiuno - Madrid

Reseña: Mayo 2018

El Centro Nacional de Difusión Musical presentó en su ciclo “contemporáneo” Series 20/21 un nuevo programa de la Sinfonietta de la Escuela Superior de Música Reina Sofía en el Museo Nacional Centro de Arte del mismo nombre. Un programa tripartito ofrecido de un solo tirón, sin intervalos de descanso dispuestos, por un conjunto instrumental multiforme en el que participaron un total de veintiún músicos jóvenes, veintiún excelentes intérpretes de sus respectivos instrumentos, repartidos convenientemente entre aquellas tres obras.

La dirección, piedra angular del éxito de esta empresa, corrió a cargo de Johannes Kalitzke que demostró, de principio a fin, su lúcida identificación y puntual definición técnica, imprescindible en el montaje e interpretación de este repertorio, y, en especial, en su última entrega, obra culminante donde la conjunción entrelazada de todas sus piezas, sólo seis músicos en aquel postrero instante, fuera determinante.

Porque entre las obras acometidas por el citado conjunto instrumental, de vocación didáctica, se alcanzaron a la postre altas complejidades rítmicas y contrapuntísticas -en velocidades exigentes-, y en especial en la obra que remataba velada: el Triple dúo de Elliott Carter. Una partitura, ésta conclusiva, ambiciosa pese a lo que pudiera parecer a priori por la modesta apariencia de su título, aséptico y contable. Una lógica musical implacable, la de Carter, que sólo en este tipo de contexto, ágil y despejado, audaz y entregado a la causa, adquiere su valor.

Un programa que, sin embargo, se había abierto con una constante más sosegada e inmutable, también más nutrida instrumentalmente; una pieza, a la sazón encargo en su día para este mismo proyecto, firmada por Luis de Pablo, presente en la sala: A la memoria de...

Entre tanto, una muestra de un autor nada transitado por estos pagos, Gavriil Popov. Un compositor ruso, nacido en los primeros años del siglo XX, que mostró lo absurdo de este abandono en su inicial, inicial de su catálogo -op. 2- quiero decir, Sinfonía de cámara. Una obra algo heterodoxa por momentos que, aun sirviendo a varios mundos estéticos simultáneamente, presenta ya un perfil notable y, pese al paso del tiempo y drástico cambio de “contextos”, original.

El entregado desempeño de los atriles, con partes de concertación y solo comprometidas en todos sus aspectos, líricos incluidos -pese a lo dicho y los lugares comunes del repertorio-, llevó al mejor de los puertos esta difícil singladura.

Luis Mazorra Incera

Sinfonietta de la Escuela Superior de Música Reina Sofía / Johannes Kalitzke.
Obras de Carter, De Pablo y Popov.
CNDM. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid. 

Foto: Sinfonietta de la Escuela Superior de Música Reina Sofía.

La forza de Rienzi - Madrid

La forza de Rienzi - Madrid

Reseña: Mayo 2018

Una versada, inteligente y práctica dirección de Kynan Johns en torno a la música de los Giuseppe Verdi y Richard Wagner -y viceversa-, dio con los ajuste y dominio precisos para reunir con acierto, flexibilidad y equilibrio las fuerzas, especialmente abundantes en su apartado vocal, puestas en liza por la Orquesta Clásica Santa Cecilia -sobre base de cuatro contrabajos con distribución sesgada hacia las secciones más brillantes y una lucida sección de metal, especialmente brillante en la segunda parte del programa- y la nutrida Sociedad Coral Excelentia.

En programa, un ramillete de obras entre las más célebres del repertorio de coros y preludios de los dos músicos citados. Dos gigantes de la composición que parece que cada vez casan mejor en programas antológicos; en programas mano a mano. Y no en vano su maridaje resulta más complementario que contrapuesto. Se podría hablar casi de un enfoque estético conjunto, fastuoso y teatral, al margen de otras controversias interesadas y locales, anacrónicas al día de hoy.

Mucho más si incluimos casi seguidas en programa, como era el caso, oberturas tan categóricas y versátiles, como las respectivas de Rienzi del alemán o de La forza del destino del italiano, mucho más próximas en su rica concepción de lo que cabría esperar por sus peñas y padrinos… Ambas presumieron de su alarde sinfónico con relativa inquietud formal y retóricas instrumental y dramática herederas de una común tradición de antaño.

Fueron cimas de la velada de esta noche, situadas estratégicamente en una alentadora segunda parte que se remataba después con coros espléndidos y marchas triunfales tan del gusto popular: Aida.

Antes, como ya dije, se había consumado un repaso al repertorio más reconocido de este dipolo creador que incluyera, al margen de las ya citadas, números corales e instrumentales, los más señalados, de La Traviata, Nabucco, El trovador por parte de Verdi, Lohengrin, Tannhäuser y El holandés errante por la de Wagner.

Una fiesta sinfónico-coral de éxito casi asegurado que debería remitirnos a su origen. A la ópera en sí misma. Un producto artístico multidisciplinar, irreemplazable en su formato original, pero que entre sus afortunadas secuelas permite estos derroches antológicos que estimulan imaginación y sensibilidad, y perpetúan, en otros ámbitos, sus impares bellezas, aún sacadas de contexto. Bellezas musicales propiamente dichas, que así congregadas, quedan más patentes… si cabe.

Luis Mazorra Incera

Orquesta Clásica Santa Cecilia y Sociedad Coral Excelentia de Madrid / Kynan Johns. Obras de Verdi y Wagner.
Excelentia. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

Foto: Kynan Johns.

Souvenirs para flautas… con campanita en do - Madrid

Souvenirs para flautas… con campanita en do - Madrid

Reseña: Mayo 2018

La flauta travesera adquirió un empuje de concierto determinante por la abundante producción de dos virtuosos flautistas, compositores y hermanos: los Doppler, Franz y Karl. Un fértil desempeño que destacó así la flauta como instrumento de virtuosismo de concierto al margen de arreglos y préstamos. Unos diseños maravillosos, únicos, filigranas de gran ligereza y agilidad de genuina adaptación por técnica y carácter a la flauta. Unos diseños que han pasado a ser idiosincrasia propia del instrumento en toda moderna orquestación que se precie.

No es de extrañar la frecuente asimilación del instrumento al canto de los pájaros por el público, por los intérpretes y por los propios compositores en sus descripciones pastoriles. Como por ejemplo en las obras que acertadamente, iniciaron y contextuaron el programa que nos ofrecieron profesores de la Orquesta Nacional de España en el ciclo de cámara Satélites auspiciado por dicha institución.

Concierto en el que contaron además con trompas, a solo y en ensemble -cuarteto-, y el, inevitable en este contexto decimonónico, piano.

El servicio prestado por estas partituras al lucimiento flautístico es de tal cariz que es imposible que pueda entenderse en otro instrumento, proporcionando momentos excepcionales en las más reconocibles piezas para flauta sola -como la Fantasía pastoral húngara- y a dúo… con piano.

El contrapunto del sonido de la trompa al inicio, recalcó el aspecto pastoril y campestre que acompaña a menudo al instrumento de esta guisa. Ahora… sin olvidarnos de una furtiva campanita en do... eso sí... ad libitum... De propina, en el mismo clima ágil y festivo, excusado el Andante previo en esta posición añadida fuera de programa, el Rondó para dos flautas y piano de Franz.

Luis Mazorra Incera

Juana Guillem y Antonio Arias (flautas); Salvador Navarro, Eduardo Redondo, José Enrique Rosell, David Melgar, Javier Bonet (trompas); y Pablo Puig (piano). Obras de Franz y Karl Doppler.
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Javier Bonet.

Ovación de gala - Madrid

Ovación de gala - Madrid

Reseña: Mayo 2018

La Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigida por Víctor Pablo Pérez nos sorprendió en su temporada en el Auditorio Nacional con una gala lírica dedicada a la soprano Ainhoa Arteta.

Una gala que comenzara con fuerza... Impetuosamente... con un Ginastera desatado... Altas pulsaciones para el arranque de una primera parte que tuviera sus mejores logros en las páginas de Halffter -Ernesto- y de Montsalvatge... “¡Qué salga el autor...!” gritaremos pues. Y que, al margen de los citados, disculpen de paso, aciertos pero alguna que otra orquestación manida o desequilibrada... también...

La segunda parte estaba dedicada a la música de ópera italiana mayormente verista... con sucinto Réquiem y Verdi coral incrustados... Y, claro, como no podía ser de otra forma, Puccini como protagonista ubicuo... Se notó sin duda el salto cualitativo en todo orden de cosas, en paralelo al despliegue vocal, presencia y carácter de Ainhoa Arteta ya desde las primeras arias de La bohème y Turandot... Entretanto también piezas de lucimiento coral, aquí más equilibradas con la orquesta que en la primera parte, y un intermedio de Manon Lescaut con desasosegantes anticipaciones desde el podio y solos remarcables… de seguido, la emoción del aria: Sola, perduta, abbandonata, como con la que siguiera -Stridono lassú- de I pagliacci de Leoncavallo, con una lúcida orquestación original, de agradecer... Un Verdi desubicado de El trovador, sirvió para subrayar las virtudes corales presentes.

Después La Mamma morta del Andrea Chénier de Umberto Giordano nos devolvió a un trágico carácter para el que el Réquiem de Puccini sirviera pronto de bálsamo… y para terminar… ¡cómo no!... Tosca: Vissi d'arte...

Propinas, dos: O mio babbino caro de Gianni Schicchi de Puccini… “que no necesita presentación”… y una Carmen con anécdota personal y Habanera... de resultas, ovación final y todo el público -al menos hasta donde me alcanzaba la vista- en pie.

Luis Mazorra Incera

Ainhoa Arteta. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid / Víctor Pablo Pérez. Obras de Bizet, Ginastera, Giordano, Guastavino, Ernesto Halffter, Laboa, Leoncavallo, Mascagni, Montsalvatge, Ovalle, Puccini, Ramírez y Verdi.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

Foto: Ainhoa Arteta.

Tradición, modernidad y… juventud - Madrid

Tradición, modernidad y… juventud - Madrid

Reseña: Mayo 2018

Un concierto escindido en polos distantes, era el aspecto que ofrecía a priori, el programa de la  Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigida por Jordi Francés. De un lado un obra moderna y ambiciosa, todo un Concierto para violín y orquesta de José Luis Turina, con Luis Esnaola en su papel estelar y, de otro, el repertorio sinfónico más acendrado, con la Cuarta de Tchaikovsky.

Pero digo bien que a priori… porque luego se suscitaron, en lenguajes ciertamente alejados estéticamente, esto era presumible, técnicas de disgregación de la orquesta por secciones, similares… especialmente con aquéllas que despliega, con cierto espíritu retador y algo burlón, el dinámico Scherzo de la Sinfonía de Tchaikovsky.

Un solista al violín al frente de la obra de Turina, Esnaola, con perfecta asimilación y compromiso con su destacado y difícil rol, a medio camino de algunos de los conceptos de virtuosismo atribuidos a este tipo de composiciones, y de los concertantes, más en línea con la nueva aceptación de este género.

La Cuarta sinfonía de Tchaikovsky fue una oportunidad de escuchar y sentir la vehemencia, concentración y diligencia de nuevas generaciones de músicos, dirigidas con precisión por Francés. Así se vivió una estimulante transparencia de líneas habitualmente al servicio de ciertas sinergias sinfónicas, una disposición definida y consistente de todos sus bloques temáticos y, en general, cierta concepción tética del discurso, especialmente en sus pasajes más brillantes. Toda una fiesta de estudio, claridad e… ilusión a expensas del repertorio más abierto y comunicativo. 

Luis Mazorra Incera

Luis Esnaola. Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid / Jordi Francés. Obras de José Luis Turina y Tchaikovsky.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Luis Esnaola.

Maximalismo y minimalismo - Madrid

Maximalismo y minimalismo - Madrid

Reseña: Mayo 2018

La conjunción maximalista de estilos distantes, extremos, aunque no tan dispares como pudieran parecer a simple vista, afrontada por Iveta Apkalna en el ciclo Bach-Vermut dio como consecuencia un programa de concierto de aquilatado interés. Si bien, modestamente, no hubiera insistido con dos obras de Philip Glass y  hubiera aprovechado alguno de los dos momentos, especialmente el dedicado a Music in Contrary Motion para ofrecer alguna otra obra representativa de alguna otra opción estética, tan marcada o no. Pero bueno. Esto es lo de menos... si de estética minimalista se refiere... pues eso... se repite autor… y todo coherente.

De inicio una ajustada versión de la Pieza de órgano -fantasía- de Bach que en nada desmerece la vanguardia más atrevida que se le ponga enfrente. Y así fue una vez más. Tras ella, la Conclusión del Acto III de la ópera Satyagraha de Glass. Una estética no demasiado frecuentada en estos ciclos y que de esta guisa, fue de agradecer. Buena disposición y contraste con lo escuchado.

El Preludio y fuga en re menor del Cantor de Leipzig volvió a remarcar aquellas virtudes iniciales dejando paso también a las de la lucida intérprete que en este momento ya acumulaba buenas dosis de dificultades resueltas con solvencia y agilidad. La obra citada de Glass... en movimiento contrario para devolver, así sobre el papel, esta matiné organística sabatina a la opción vanguardista… o no tanto... con dos espléndidas Evocaciones de Thierry Escaich. Una forma brillante, plena y fulminante de cerrar el programa por todo lo alto. Obras las dos, vistosas y originales, que si emplean recursos habituales abundan en radicales contrastes que dan con el punto justo para ofrecer a la postre una imagen formalmente cabal de cada una de ellas y del conjunto de ambas.

Luis Mazorra Incera

Iveta Apkalna, órgano. Obras de Bach, Glass y Escaich.
CNDM. Auditorio Nacional de Música. Madrid. 

Foto: Iveta Apkalna, órgano.

Sinfonismo galáctico con la R.F.G. - Santiago de Compostela

Sinfonismo galáctico con la R.F.G. - Santiago de Compostela

Reseña: Mayo 2018

Gustav Holst y la apoteosis de la suite Los planetas Op. 32, obra de gran calado por el despliegue de recursos sonoros de esa obra que rechaza cualquier asimilación planetaria: Su accesibilidad facilita el disfrute aportando las mínimas disponibilidades, en una ordenación distinta desde Mercurio, el mensajero alado, para entregarse a Venus, portadora de la Paz, en estudiado contraste o Marte, portador de la guerra, estandarte de su enseña bélica. Júpiter, con un aire de danza sideral o Saturno, en la reposada placidez otoñal y Urano, marcado por las cuatro notas de metales, en otro pasaje de evolución dubitativa, puerta al místico Neptuno en su caída al ostracismo, acunado por el coro de voces femeninas, en unas largas armonizaciones sin texto. Justo lo que el autor pretendía en una obra telúrica que describe las posibles influencias sobre el individuo receptor. Antón Alcalde, con obra en estreno por …That pale blue dot Op. 22, añade el ausente planeta tierra que Holst no había incluido, y que parte de dos puntos de apoyo: Carl Sagan y una distante imagen fotográfica procedente de la sonda Voyager. Obra breve que se resuelve sobre un proceso físico-armónico serial en un movimiento constante marcado entre dos polos gravitatorios entre las notas Mi y Fa, perteneciente a los sonidos que produce la Tierra en su movimiento de traslación alrededor del Sol.  Seguimos pues en el entorno de la astrofísica y derivados.

Jacobo Gaspar con Vía Láctea. Haikú espiral, siguiendo los dictados programáticos, partía de la pequeña forma del Haiku, proponiéndonos un viaje a un imaginario centro de la Vía Láctea, delineado por un trazo en forma de espiral que se refleja tanto en las zonas luminosas como en las que se nos presentan oscuras u ocultas desde nuestra posición en el espacio. Una inmersión sonora dentro de un sentimiento oceánico.  John Williams en una suite tomada de La guerra de las Galaxias, en la que se reconocen las afinidades con el propio Holst, en una definitiva búsqueda de un programa en perfecta consonancia. El peso de las fanfarrias cual línea maestra, el uso del leit-motiv y un melodismo perfectamente tramado, abría con un portentoso de medios orquestal a partir del Tema de gancho seguro que nos aproximaba a los personajes claves: Luke, Obi Wan y Leia. Galácticos heroísmos en su transfiguración sonora de un creador que navegó con desenvuelta seguridad desde Jurasic Park a E.T. , culminando en esta trilogía futurista.     

Ramón García Balado

Real Filharmonia de Galicia/Coro femenino Gaos/ Paul Daniel. Obras de G.Holst, J. Williams, Antón Alcalde y Jacobo Gaspar.
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela

Foto: Paul Daniel.

Electra: pulsiones en carne viva - Santiago de Compostela

Electra: pulsiones en carne viva - Santiago de Compostela

Reseña: Mayo 2018

Versión concentrada para la Electra en la que se prescindió de algunos pasajes de transición y de personajes secundarios. También la orquesta se ajusto al orgánico disponible, por lo que hubo de renunciarse a la paleta de variedad de timbres e intensidades, aceptando las opciones admitidas por el autor, a la que Paul Daniel tuvo acceso en sus fuentes. Siempre la tensión del paroxismo en su acentuado protagonismo, vistos los condicionantes de una obligada versión de concierto. María Ruíz-Electra-, acosada en su cometido por las exigencias, pudo cubrirse en las demandas de una voz drammatico d´agilità plantándose en su encaramiento con Klytemnestra en el dúo Wenn das rechte Blutopfer…, la mezzo Marta Infante, tan familiar en repertorios distantes al que hubo de enfrentarse, pero que supo soportar en envite equidistante por sus recursos consistentes, sobre graves seguros, o el que sostuvo con su hermana Khrysothemis- Ann-Marie Backlund, en los inicios Electra…Ah das Gesicht…, rol que cuenta en su repertorio y que se beneficiaba por un ostensible squillo punzante. Sobre ellas, todo el peso de la fatídica ley de las oscuras pulsiones sobre las que gravita la ópera.  El bajo-barítono Richard Wiegold, sobre el papel, demostraba ventajas en estos repertorios, ya que a sus costas aparecen el Rey Marke o Gurnemanz, Orestes, pues, en su aparición junto a Electra, rígido e imponente en Was willst du, fremder Mensh, voz caudalosa y rigurosamente matizada.  Se quedaba José Manuel Montero, para su breve aportación como Egysto en su escena con Electra He! Lichter! Lichter! Al borde de su fatídico final, al menos, se pudo apreciar su posibilidad para medirse ante un papel de tintes heroicos.

Un empeño o una obsesión de Paul Daniel frente a estos monstruos en sus desmesuras, en la encrucijada de un siglo presto a las convulsiones que en breve, arrastrarán en plenitud a las artes escénicas y es que Electra, como su pareja en dimensiones estéticas Salomé, no podrá evitar las intensas vivencias que el psicoanálisis emergente en la Viena del momento, encuentre en ella un paradigma necesario de la época. El personaje de la propia Electra musicalmente, cabalga a lomos de las fronteras del atonalismo. Pasajes decisivos serán sin duda los monólogos de Electra y Khrysothemis, necesarios para ahondar en las psicologías respectivas, resueltos por el autor a plena conciencia, usando dos voces de soprano de características distintas, una más dramática y otra más lírica. Inmensas por su desmesura, son las escenas entre la propia Electra y Orestes.  

Ramón García Balado

María Ruiz, Ann Marie Backlund, Marta Infante, Richard Wiegold, J. Manuel Montero/ Real Filharmonía de Galicia /Paul Daniel (versión de concierto). Electra Richard Strauss.
Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela.

Foto: Ann Marie Backlund.

Lo que hay que oír... - Valencia

Lo que hay que oír... - Valencia

Reseña: Mayo 2018

Pudimos asistir recientemente en el Palau de les Arts de Valencia al espectáculo de danza flamenca Carmen, creado por Antonio Gades y Carlos Saura en 1983 a partir de la obra homónima de Prosper Mérimée (que también dio origen a la famosa ópera de Bizet). Fue muy laureado en su día, tanto en su versión cinematográfica como en la adaptada al formato teatro, y nos complace que se haya incluido en la programación. Resultó un éxito en cuanto a asistencia y aceptación por parte del público valenciano. Sentimos no poder emitir juicios profesionales sobre la danza pero no queremos dejar de expresar nuestra enhorabuena a todo el reparto por lo que nos pareció un estupendo trabajo.

En cuanto a la parte musical, la aportación de los guitarristas Antonio Solera y Ramón Jiménez fue excelente y sus guitarras amplificadas sonaron realmente bien. Muy buen trabajo también de los cantaores María Carmona, Manuel Palacín y Enrique Bermúdez. Para las partes orquestales se recurrió al uso de música pregrabada, lo que en este caso, incluso disponiendo de una plantilla de músicos extraordinaria en Les Arts, estaba justificado. Entre otras cosas porque la forma en la que se encajaba con la acción llevaba en algún momento a su desvanecimiento y reaparición, lo que resultaría impráctico y hasta aberrante con la orquesta en el foso. Ahora bien: si escoger, pongamos por caso, a un segundo fagot puede dar pie a varias audiciones, muchas deliberaciones y pruebas de distintos profesores, no entendemos cómo escoger un equipo de reproducción y amplificación de sonido puede ser considerado un asunto irrelevante.

Cuando el ciudadano medio dispone de alta fidelidad en su domicilio, ¿cómo es posible que tras desplazarse al "Palacio" de la música en el que siempre se habla de "excelencia" tenga que sufrir un equipo de "baja fidelidad" inferior al estándar de calidad exigido en una humilde verbena? Es inasumible que Les Arts no tenga en propiedad, para estas y otras ocasiones, un equipo de amplificación de características similares a lo que en piano sería un Steinway & Sons, con mínima distorsión armónica. Es decir: que si emite música grabada por una orquesta, se perciba con absoluta nitidez cada timbre en todas las tesituras de todos los instrumentos  y no una masa borrosa sin graves, sin agudos y con medios distorsionados. Con el presupuesto que maneja, eso no debería ser un problema. Y no olvidemos la posibilidad de que, en pleno siglo XXI, la electricidad se contemple por fin como  fuente de creación sonora con fines tan artísticos y nobles como cualquier música de cámara o sinfónica. Sería lo normal a estas alturas de la tecnología y de la historia. Pero parece que eso acaba resultando imposible sólo por ser inconcebible para los programadores al uso, ya que les obligaría a quitarse una venda de los ojos con la que están muy cómodos. Y así, tuvimos que pasar de la fascinación de la escucha directa de palmeos y taconeos a la decepción de un audio deficiente.

La minimalista puesta en escena de Saura a base de espejos y mucho espacio vacío es ya un clásico, y en ella, la dirección artística de Stella Arauzo brilló en los bailes de grupo y dio pie al lucimiento de los principales del reparto: Esmeralda Manzanas como Carmen, Miguel Ángel Rojas en el papel de su marido, Jairo Rodríguez como el torero y José Huertas como Don José. Ávidos de más danza en Les Arts, felicitamos la iniciativa y el buen resultado en casi todo lo relativo a esta representación.

Ferrer-Molina

Esmeralda Manzanas, Miguel Ángel Huertas, Jairo Rodríguez, José Huertas, María Carmona, Manuel Palacín, Enrique Bermúdez, Antonio Solera y Ramón Jiménez. Compañía Antonio Gades. Dirección artística: Stella Arauzo. Carmen de Antonio Gades y Carlos Saura. Palau de les Arts, Valencia.

Foto: Carmen de Antonio Gades y Carlos Saura. 

Brandemburgo al sol de Valencia - Valencia

Brandemburgo al sol de Valencia - Valencia

Reseña: Mayo 2018

En una serie de dos conciertos, sucedidos en los días 11 de marzo y 6 de abril de 2018, el insigne violinista italiano y autoridad en repertorio barroco Fabio Biondi, acompañado por varios profesores de la Orquesta de la Comunidad Valenciana y algunos invitados, ofreció los seis Conciertos de Brandemburgo de Johann Sebastian Bach. Cada uno de los dos programas duró alrededor de una hora y en la primera entrega se interpretaron los tres primeros, pero en orden inverso y, de igual forma, los tres últimos en la segunda.

Ambas veladas sucedieron en un espacio llamado "Los Toros" del Palau de les Arts de Valencia, que cuenta con la peculiaridad de que a través de su techo acristalado penetra la luz natural. Consideramos la ubicación un acierto en sí porque las condiciones acústicas fueron adecuadas y las performativas posibilitaron la escucha cercana, tal y como era habitual en la música palaciega de aquellos días. Se pudieron seguir así los juegos espaciales de los motivos musicales, que se suelen perder en la distante y clínica escucha del hermético auditorio moderno, y se percibieron bien los instrumentos menos potentes, como las flautas de pico.

Con cambios de plantilla en cada concierto buscando combinaciones instrumentales audaces, dinámicas orgánicas de evoluciones en forma de oleajes, y grandes dosis de calidad, se fueron sucediendo las seis magistrales piezas. Los tutti utilizaron instrumentos actuales pero asieron los arcos alejando su mano derecha del talón para imprimir a la música un carácter y un colorido más barroco. Siguiendo indicaciones de Bach, el virtuoso italiano cambió al violín pícolo para los tres primeros tiempos del primer concierto, lo que aportó un color especial. Entre rapidísimos détachés, arpegios vertiginosos y pasajes cantábiles, comandó a otros magníficos solistas, que respondieron, bien con la sensibilidad necesaria para dar interés a unas pocas notas largas, bien con la precisión requerida para construir un presto fugato, siendo algunos de los más destacados: en el tercer concierto, Susanna Gregorian y Eri Takeya, violines; en el segundo, Petr Zejfart, flauta de pico, Rubén Marqués, trompeta pícolo y Pierre-Antoine Escoffier, oboe; en el primero, Christopher Bouwman, oboe y Bernardo Cifres y David Sánchez, trompas; en el sexto, Sergio Sáez y Andrey Ovchinnikov, violas y Arne Neckelmann, chelo; en el quinto, Magdalena Martínez, flauta travesera y en el cuarto, Petr Zejfart y Marco Scorticati, flautas de pico.

Todo un privilegio haber podido presenciar estos conciertos de Brandemburgo de primer nivel, que bien merecerían una edición discográfica, de la mano del maestro palermitano fundador de la muy influyente agrupación, dedicada a las músicas creadas entre 1600 y 1750, "Europa Galante".

Ferrer-Molina

Fabio Biondi, profesores de las Orquesta de la Generalitat Valenciana, etc. Obras de Bach.
Palau de les Arts, Valencia. 

Foto: Fabio Biondi.

La Luna Disco-Show - Valencia

La Luna Disco-Show - Valencia

Reseña: Mayo 2018

El Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo del Palau de les Arts de Valencia, continuando con su línea de actuación, estrenó recientemente un nuevo espectáculo en el teatro Martín y Soler del coliseo valenciano, lo que supuso la segunda ópera de Haydn en la historia de la institución. Si en la pasada temporada nos deleitamos con las marionetas de Philemon und Bacius, en esta ocasión disfrutamos de la comedia de enredo Il mondo della luna, gracias a una coproducción de la Ópera de Montecarlo con el Teatro Arriaga de Bilbao. Allí fue estrenada en 2013 por el maestro recientemente desaparecido Jesús López Cobos, a quien se dedicaron todas las funciones. 

Emilio Sagi creó una vez más una escena vistosa que acercó la acción a tiempos recientes sin destrozar el original, lo que contribuyó sin duda  a hacer la obra más digerible para el público actual. Pasamos del interior de un domicilio de los años 80, con su cocina, su sofá y sus electrodomésticos, a un escenario propio de un cruce entre espectáculo de revista con discoteca macarra: con escaleras por las que descender y bailar, repleto de neones y bolas de espejos, con bailarinas y boys tatuados. Las astutas artes del falso astrónomo Ecclicito hicieron creer al ingenuo Buonafede que aquello era la vida cotidiana en la Luna, a donde se habían desplazado volando. Y sobre todo ello, detalles divertidos, como encajar  los picos agudos de las coloraturas con los tirones de pelo que, haciendo de peluquera, dispensaba una de las hijas de Buonafede a la otra. 

Imaginamos que pocos talleres de ópera dispondrán de una orquesta de esas características. La cuerda de la O.C.V., reducida a las posibles dimensiones de una orquesta barroca, consiguió una sincronización perfecta en cada nota y adorno, desde violines primeros hasta contrabajos, logrando que se percibiera nítido y compacto cada fraseo a lo largo de las casi tres horas. A ello se sumaron el dominio del clave de Husan Park, vientos y percusión, todos ellos bajo la dirección de Jonathan Brandani. Y sobre ello, las voces. Se pudieron detectar individualidades en el coro, de sólo ocho chicos, en su primera intervención en unísono, pero a partir de ahí empastaron a la perfección. La solista que más destacó, por el timbre de su voz, su línea de canto y su calidad de actriz, fue Nozomi Kato en su papel de la criada Lisetta. Al tratarse de una antigua alumna del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo, bien vale como prueba del éxito del proyecto. Todos los demás son alumnos actuales: Vicent Romero, Olga Syniakova, Jorge Eleazar Álvarez, Annya Pinto, Giorgia Rotolo y Andrés Sulbarán. Exhibieron todos ellos grandes dotes para la escena y en general salieron bien parados de sus exigentes papeles ricos en agilidades y con frecuentes trinos con notas a distancia de tono, que resolvieron limpiamente. 

Ferrer-Molina 

Vicent Romero, Olga Syniakova, Jorge Eleazar Álvarez, Annya Pinto, Giorgia Rotolo y Andrés Sulbarán. Cor de la Generalitat Valenciana, Orquestra de la Comunitat Valenciana/ Jonathan Brandani. Dirección de escena: Emilio Sagi, escenografía: Daniel Bianco, vestuario: Pepa Ojanguren, coreografía: Nuria Castejón, iluminación: Albert Faura. Il mondo della luna de Joseph Haydn. Palau de les Arts, Valencia. 

Foto: Il mondo della luna de Joseph Haydn en el Palau de les Arts, Valencia.

Serata Lírica - Valencia

Serata Lírica - Valencia

Reseña: Mayo 2018

Normalmente en la ópera muere gente. Suele haber una situación dramática en la que el barítono o el bajo se entrometen en el amor imposible del tenor y la soprano, y al menos uno de los dos no llega vivo al final del tercer acto. No sucedió así en la exquisita Serata Lirica del viernes 20 abril en la Sala Iturbi del Palau de la Música de Valencia. Ni Mozart, ni Rossini ni Donizetti tienen la costumbre de matar a sus personajes, salvo en el caso de Don Giovanni que quizá se lo tuviera merecido, pero que no cantó esa tarde. Sin duda, quien acudió a esta  gala lírica a cargo de unos excepcionales cantantes, acompañados por la Orquesta Eutherpe bajo la dirección de Francisco Valero-Terribas, no echaría de menos esas impresiones fuertes porque el repertorio escogido no dio lugar más que a emociones placenteras, disfrute estético y a las sonrisas.

Unos cantantes de prestigio internacional, J. Miquel Ramón y Elena de la Merced, con sus contrastadas voces supieron dar un fresco toque de comicidad a sus personajes. Para goce del público, Mozart, Rossini y Donizetti tuvieron prácticamente una representación semi escénica, en la que se pudo "entender" perfectamente el diálogo de cada aria o duetto. Es ocioso calificarles, porque incluso después de un aviso previo de que la soprano Elena de la Merced no se encontraba en plenitud por un catarro primaveral, el público pareció no entenderlo así finalmente, tras escuchar su coloratura ágil, su voz amplia y bella, y su presencia escénica esa tarde.

Calidad vocal la hubo por duplicado. J. Miquel Ramón estuvo también ágil y sobrado de voz especialmente en sus graves. Tras unos fantásticos roles mozartianos como Leporello y Conte D´Almaviva, abordó con gran frescura, colores y gracia en el escenario, una segunda parte aún más escénica y cómica que la primera, con esos inevitables momentos musicales de canto a toda velocidad rossiniana. Pero el regalo fuera de programa, consistente en el dúo “Pronta io son”, del final del tercer acto de Don Pasquale entre Norina y Malatesta, rindió definitivamente con su desenfado a toda la Sala Iturbi. Fue un magnífico fin de fiesta. Todo el mundo salió de la sala más feliz que cuando había entrado. Cosas de la música. 

La presencia predominante de jóvenes ante los atriles se correspondió también con un público algo más joven de lo que suele ser el habitual en esa sala ante esa clase de conciertos con la etiqueta de “clásicos”. Un rejuvenecimiento y relevo generacional hacia un público nuevo, que debería ser un claro objetivo en toda gestión musical de un auditorio que se precie, y que desde luego es objetivo y seña de identidad de los proyectos de Eutherpe.

En cuanto a la Orquesta de Cámara Eutherpe, ésta ofreció un sonido con cuerpo, bien empastado, matizado y siempre muy vivo, en el que cada crescendo o diminuendo de las conocidas oberturas del programa, se vivían con la tensión precisa que siempre sabe imprimir el Maestro Valero-Terribas. Esa tarde, especialmente desde las primeras filas, se pudo apreciar su especial don para dirigir de memoria, su matizado y sobrio lenguaje gestual, en el que a veces una mirada y una sonrisa cómplice le transmite mucho más a los músicos que un potente movimiento de brazo.

En cualquier caso resultó obvia su conexión y empatía con los miembros de la orquesta, así como su capacidad para la dirección de ópera, ya contrastada en las exitosas representaciones de La Traviata, tan recientes en Valencia, y aún en la memoria de todos. Memorable será también esta Serata Lírica. Así se percibía claramente en los comentarios finales del público y en la alegría de todos, músicos y espectadores, a la salida del concierto.

Alvaro López-Jamar Caballero

Palau de la Música de Valencia (Sala Iturbi)
20 de Abril de 2018 a las 19:30h.
Gala Lírica, con obras de Mozart, Rossini y Donizetti
Orquesta de Cámara Eutherpe
Elena De La Merced. Soprano
Josep Miquel Ramón. Bajo
Francisco Valero-Terribas. Director 

Foto: Francisco Valero-Terribas.

 

 

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