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CRÍTICA - Cuatro cuartetos y una macro-forma de concierto (CNDM)

CRÍTICA - Cuatro cuartetos y una macro-forma de concierto (CNDM)
Publicado: noviembre 2018

El Cuarteto Pražák volvió a acudir, en menos de una semana, a su cita con el público madrileño. En esta ocasión el marco elegido fue el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, siempre dentro de la programación del CNDM, hoy en su vertiente más “vanguardista”: Series 20/21.  El programa en atriles, eso sí, un tanto ecléctico… heredero de las glorias romántica y post-romántica, erigió como protagonistas a tres músicos, compositores enmarcados en la primera mitad del siglo XX, en la órbita estética de Praga y, sobre todo, de Viena: Berg, Ullmann y Zemlinsky. Junto a ellos, una obra mucho más reciente -2014- de Parera Fons, iniciando así una segunda parte, al margen de aquella unidad técnica y estética que dominara.

Cuatro cuartetos que se ofrecieron así, insertos sabiamente en una especie de macro-forma imaginada, ¿un “macro-cuarteto”?: el propio programa de concierto al completo. Así, de esta forma, los cuatro cuartetos, a su vez, pudieron ser entendidos como cuatro movimientos de una obra… el concierto mismo.

Su primer “macro-movimiento”, Viktor Ullmann -Tercer cuarteto-. Un lenguaje heredero del romanticismo, pero buscando ya sus salidas, sus finas e ingeniosas heterodoxias. Una buena piedra de toque para todo el concierto, que impregnara ya definitivamente el tupido carácter en el que éste se desarrollara. Tras él, cierta –no demasiada- relajación, con el consumado lirismo “bergiano” -su Cuarteto op. 3- como alternativa poética. Mayor comprensión de la estética y la forma, en una obra que limaba, con más naturalidad, aquellas asperezas retenidas y trabadas.

Tras el descanso, el tercer macro-movimiento, que podríamos, grosso modo, equiparar al… scherzo de esta velada. Y así es que aportó en todo momento, una mayor ligereza armónica en su propuesta estética ecléctica, que benefició sin duda la severa ligazón del resto. Aplausos para su autor, presente en la sala, que se levantó y accedió a la primera fila de la grada a agradecer aquella congratulación de público e intérpretes: Tercer cuarteto “Mediterránea” de Antoni Parera Fons.

Para finalizar este concierto, ciertamente ilustrativo, generoso en sus ingredientes y bien pertrechado, volvimos a la densidad formal y las estéticas relativamente decadentes iniciales, con Alexander von Zemlinsky y su, también Tercer cuarteto -hoy la cosa parece que iba de “terceros” cuartetos y números tres de opus-. Nuevamente lenguaje trabado y denso, resuelto con savoir-faire por sus intérpretes, en una obra de mayores ambiciones formales, idónea para cerrar programa.

Una estética conjunta, pues, donde el cuarteto Pražák -Jana Vonášková, Vlastimil Holek, Josef Kluson y Michal Kanka-, se movió a las mil maravillas, además de ofrecer esa rara sensación de autenticidad, al margen de su incontestable idoneidad técnica en este repertorio. Una autenticidad que tanto se echa en falta a menudo, en el mundo globalizado del, mal llamado, concierto clásico. Empaque de lujo pues, para unas obras con abultada y consentida coherencia, para las que el respiro de la obra “Mediterránea” fue toda una bendición.

Luis Mazorra Incera

Cuarteto Pražák -Jana Vonášková, violín; Vlastimil Holek, violín; Josef Kluson, viola; y Michal Kanka, violonchelo.
Obras de Berg, Parera, Ullmann y Zemlinsky.
CNDM. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

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