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CRÍTICA - Nuestro Boccherini, nuestro CNDM

CRÍTICA - Nuestro Boccherini, nuestro CNDM
Publicado: octubre 2018

Un año más comienza el Ciclo Universo barroco en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional con el letrero de ‘Localidades agotadas’, no solamente para este concierto, sino para el ciclo completo de la Sala de Cámara. Este sorprendente resultado mercantil responde a la extraordinaria labor realizada por al Centro Nacional de Difusión Musical a lo largo de estos nueve años de andadura, que ha acercado enormemente la música antigua con criterios historicistas al gran público. Nos preguntamos si no será necesario programar una segunda fecha en las próximas ediciones del ciclo. Sea como fuere, comenzaba esta nueva temporada en una abarrotada Sala de Cámara impaciente del comienzo del concierto.

Las notas del programa de mano se titulan ‘Un italiano en Madrid’. Debemos cambiar radicalmente este concepto. Boccherini nació efectivamente en Italia, en donde comenzó sus estudios musicales, pero rápidamente, con 14 años, emprende una serie de viajes por Europa, primero por Viena y después por Francia, que culminarán en su destino vital definitivo: España, estableciéndose en varios lugares hasta definir su residencia definitiva en Madrid hasta su fallecimiento en 1805. Es, pues, un claro ejemplo de músico europeo, al modo de Haendel, pero que termina por desarrollar una vida y obra en España. Tal riqueza vital se plasma de forma inequívoca en su obra, que incorpora claramente elementos propios de la música española a su obra, como ocurre en las extraordinarias obras que hemos podido disfrutar esta noche, de la mano de La Ritirata y de Nuria Rial, espléndidos ejemplos de la actual generación de músicos historicistas tan en boga en nuestro país.

Comenzaba el concierto con el Quinteto en si bemol mayor, op. 39 nº 1 G 337, magnífica obra compuesta en Madrid. Boccherini 125 quintetos de cuerda, de los que tan solo 3 son para cuarteto de cuerda y contrabajo. El resto son para una formación del clásico cuarteto de cuerda al que se añade un segundo violonchelo. En esta velada pudimos disfrutar de la riqueza que el contrabajo aporta a la textura del quinteto. En su inicio pudimos evidenciar ciertas diferencias con respecto al tempo, en donde las cuerdas agudas parecían sentir el pulso más rápido que sus compañeros, lo que provocó ciertos desajustes rítmicos que se solucionaron en el segundo movimiento, especialmente en el Grave, en donde Josetxu Obregón mostró un bellísimo sonido y un fraseo modélico en su solo, que apaciguó las ansias de diversos tempi.

A partir de entonces, en el tercer movimiento, el grupo instrumental demostró una cohesión ejemplar, como en los peculiares dúos entre violín I y violoncello del Rondeau, en donde la tesitura del violoncello es sorprendentemente más aguda que la del violín. Los demás miembros de La Ritirata demostraron ser unos formidables cómplices: Hiro Kurosaki con su larga y exitosa carrera internacional demostró una vitalidad y liderazgo sin fisuras, Pablo Prieto fue un segundo violín de lujo, siempre atento a la articulación, dinámica y expresión de Kurosaki, Daniel Lorenzo, viola, mostró un carnoso e integrador sonido  e Ismael Campanero al contrabajo exhibió las cualidades que le han hecho ya indispensable en el panorama español de la música antigua: seguridad, afinación, musicalidad y ligereza, más propia esta última de un violonchelo.

Tras el breve discurso de agradecimiento de Josetxu Obregón por abrir el flamante Ciclo Universo Barroco, dio comienzo la obra central del programa: el espléndido Stabat Mater op. 61, G 532 en su primera versión, de 1781, para soprano y quinteto de cuerda (con contrabajo), compuesta en Arenas de San Pedro (Ávila). La soprano que la estrenó fue su propia esposa, Clementina Pelicho, y el propio Boccherini tocó la parte de violonchelo. Al autor le debió gustar tanto esta composición que en 1801 escribió una segunda versión, para dos sopranos y tenor, a los que añade una formación más amplia de cuerda.

La soprano Nuria Rial fue la encargada de dar vida a esta magnífica composición. Rial deslumbró a la audiencia madrileña con su bellísimo timbre, su expresividad, su fiato y sus agudos facilísimos. Tras una profunda y precisa entrada de Ismael Campanero, comenzó el primero, de una factura espléndida, aunque breve, de los ritornelli previos a los distintos movimientos. Aunque en los dos primeros movimientos pareció que la expresión estaba lejos de un texto tan trágico como el del Stabat Mater, al ser una música un tanto ‘danzable’ ayudada por los movimientos de la solista, que ayudaron a establecer un tempo estable, lo que cambió a partir de Quae moerebat et dolebat, en donde el dramático texto se transmitió realmente, y en donde Nuria Rial exhibió un fantástico fiato. La influencia de la música española se hizo patente al comenzar el Eja Mater, fon amoris, cuyo ritornello introductorio nos recuerda a una danza cortesana de la España dieciochesca con un espléndido diálogo entre Kurosaki y Obregón que dio paso a la sólida técnica de la soprano que se paseó por las agilidades.

Quizá el momento más bello de la jornada fue Virgo virginum praeclara, en donde después de un inspirado comienzo instrumental con el violonchelo en pizzicato, Nuria Rial nos enamoró con su dulcísimo timbre,legato, y con una breve cadenza muy aguda en pianissimo de una facilidad superlativa, algo similar a lo que aconteció en Fac ut portem, con una entrada instrumental con un brillante solo de violonchelo y con unas preciosas vocalizaciones sobre la vocal ‘a’ de la soprano que terminó en otra cadencia hermosísima. El movimiento final, Quando corpus morietur, fue introducido con un carácter de desolación por parte de los instrumentos, que desembocó en la línea de la soprano, otra vez cargada de expresión, fiato y facilidad en los agudos.

Soberbio comienzo de esta nueva temporada del ciclo Universo Barroco del CNDM con espléndidos músicos españoles interpretando música española de altísima calidad. Este camino nos gusta.

Simón Andueza

Stabat Mater op. 61 (primera versión 1781), Quinteto en si bemol mayor, op. 39 nº 1 G 337.
Nuria Rial, soprano. La Ritirata, Hiro Kurosaki, violín, Pablo Prieto, violín, Daniel Lorenzo, viola, Ismael Campanero, violone, Josetxu Obregón, violonchelo y dirección.
Ciclo Universo Barroco del CNDM. Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música, Madrid, 10 de octubre de 2018, 19:30 h.
 

Foto: Nurial Rial (foto de Merce Rial)

 


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