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CRÍTICA - Triunfante Radamisto en el cierre de Universo Barroco Madrid (CNDM)

CRÍTICA - Triunfante Radamisto en el cierre de Universo Barroco Madrid (CNDM)
Publicado: abril 2018

G.F. Haendel obtuvo un apabullante éxito con el estreno en Londres de Radamisto en 1720, logrando afianzar la ópera italiana en la capital británica. De hecho en ese mismo año, el compositor, modificando la música y las tesituras de los principales roles, la reestrenó consiguiendo que los más afamados divos del momento desembarcaran en Londres para interpretarla.

En la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional pudimos disfrutar de esta revisión de la ópera, en versión semiescenificada, con los cantantes entrando y saliendo del escenario en las distintas escenas, interactuando teatralmente entre ellos, aunque sin escenografía alguna, y con la partitura en mano. Esta forma de interpretación, además de abaratar enormemente la producción, permite al público disfrutar de la trama con bastante facilidad, a lo que se suma la inestimable ayuda de los sobretítulos proyectados en varios espacios de la sala.

Carlos Mena desempeñó el papel de Radamisto, protagonista de la trama. El rol fue concebido para uno de los castrados  con más fama de todos los tiempos, Francesco Bernardi, más conocido como Senesino. Esta circunstancia obliga a que el cantante tenga que enfrentarse a una escritura endiablada, con un registro amplísimo y unas frases de gran longitud, además de pasajes de extremo virtuosismo. Carlos Mena demostró por qué es uno de los contratenores más reconocidos y demandados internacionalmente. Desde su primer recitativo hizo gala de una enorme expresividad y dominio de la partitura que le habrían permitido despojarse del papel. Ya en Cara sposa amato bene, dio gala de una espléndida línea de canto y de un poderoso instrumento.

Las cualidades virtousísticas de los castrati quedaron bien exhibidas en arias como Perfido, di a quell’empio tiranno o en Vanne, sorella ingrata, en donde Mena dominó totalmente las agilidades en un tempo rapidísimo, algo que no impidió la perfecta dicción del texto. En Ombra cara di ia sposa, sus larguísimas frases fueron resueltas cómodamente con una demostración de  gran fiato y donde quedó patente la extrema tesitura de la que Senesino hacía gala, obligando a Mena a cambiar al registro de pecho en los graves, y alcanzar notas muy agudas en el falsete, algo que hizo con facilidad. Nuestro protagonista hizo alarde de una gran musicalidad y estilo, en los números a dúo, como en Se teco vive il cor o en el bellísimo duetto final Non ho più affanni, no.

Patricia Bardon fue Zenobia, la esposa de Radamisto. Esta mezzosoprano, mundialmente conocida, de bello timbre y poderosa voz, destaca sobre todo en música de siglos posteriores, ya que se hicieron patentes algunas carencias estilísticas, olvidándose en ocasiones del fraseo y de hacer música en conjunto, como en los duetos con su esposo en la ficción, en los que, además estuvo muy pendiente de la partitura. En los recitativos echamos en falta un tratamiento elegante de la forma y una comunicación mayor con el espléndido bajo continuo. Además, en las arias de carácter legato y reposado fue la orquesta la que debió acomodarse a su tempo.

En toda ópera que se precie existe un antihéroe. En Radamisto el villano es Tiridate, Rey de Armenia, encomendado aquí al barítono Florian Boesch. Actoralmente fue una delicia, manteniendo una presencia realmente desafiante en todo momento. Vocalmente mostró un bellísimo timbre con mucha proyección, aunque quizás se echó en falta a un bajo con registro más graves en algún aria, como en Como la strage de’ nemici. En los recitativos mostró una dicción muy inteligible, además de una expresividad fantástica.

Sophie Kartháuser como Polissena demostró que la técnica belcantista no está reñida con la ópera barroca. Poseedora de un instrumento generoso, de agudo fácil, pero a la vez de mucha carnosidad y potencia, Karthäuser fue una Polissena modélica y muy elegante. Le faltó algo más de desapego a la partitura, pero se lució en arias con una gran exigencia de línea vocal, como en Tu vuoi ch’io parta o en Che farà quest’alma mia.

Los tres restantes papeles, menores, encomendados a Christian Hilz, bajo, Melanie Hirsch y Valerie Vinzant, sopranos, fueron encarnados con distintos resultados. Las dos jóvenes sopranos, Hirsch y Vinzant, mostrron un desparpajo escénico muy notable, aunque estos papeles debieran haber sido cantados por unas voces un poco más poderosas, ya que la complejidad de los roles, en las arias, es muy notable. El caso de Christian Hilz es muy distinto, ya que la voz se mostró en todo momento sin color, áfona, muy distante del nivel del resto del elenco.

La gran sorpresa de la noche fue la excelente Wiener Akademie, agrupación muy poco frecuente en España, que aunque comenzó algo comedida e imprecisa en la obertura inicial, se fue afianzando a lo largo de las tres horas de ópera. La cuerda, especialmente los violines, bien comandados por Ilia Korol, mostró un color homogéneo y muy empastado, con un gran sentido de la forma y del fraseo, que puso en bandeja las intervenciones de los solistas. En las arias de bravura se mostraron muy compactos y enérgicos.

Destacó la oboísta Emma Black, de sonido bellísimo y muy atenta a establecer un unísono perfecto en las arias a las que doblaba a las solistas, como en Lascia pur amica spene, de Fraarte o en La sorte, il Ciel amor, encomendada a Tigrane. Mención aparte merece el magnífico bajo continuo, capitaneado por el cellista Philipp Comploi -qué delicia escuchar su solo en Deggio dunque, oh Dio, de Zenobia con un sonido dolcissimo y un fraseo superlativo- y el clavecinista Jeremy Joseph, el cual aportó un rico colorido a todos los números, ya fueran arias o recitativos, además de liderar magníficamente un continuo, autónomo en la mayoría de los recitativos.

El contrabajista Walter Bachkönig aportó una entrega y vitalidad que redondearon los momentos más enérgicos del tutti. Las trompas, trompetas y timbales, con escasas intervenciones en el conjunto de la obra, brindaron un color precioso a sus números, marcial como en la sinfonía previa al Segundo Acto: Péter Harsányi se lució en la trompeta, al igual que Paul Bramböck en los timbales, con un electrizante ritmo bélico. Pero si donde hay que reseñar un precioso y variado color orquestal fue en la obra maestra Alzo al volo di mia fama, aria de Tiridate, en la que las dos trompetas establecen un formidable diálogo con las trompas con la orquesta y con el solista, con unos pasajes virtuosísticos de trompas –espléndidos Péter Harsányi y Florian Tscheppe- y trompetas.

Martin Haselböck comandó esta larga velada de un modo muy eficaz, enérgico y atento. Quizás echamos algo en falta una mayor diferencia en las dinámicas.

Un magnífico cierre a la presente temporada de Universo Barroco. Esperamos con  avidez la próxima, de la que ya se ha avanzado algo. Contará con nombres como William Christie, Harry Christophers, Fabio Biondi o Philippe Herreweghe, que interpretarán obras como la Pasión según San Juan de Bach, Israel en Egipto de Haendel, o la Misa en Si Menor de J.S. Bach.

Simón Andueza

Radamisto, de G.F. Haendel. Carlos Mena, contratenor, Patricia Bardon, mezzosoprano, Florian Boesch, barítono, Sophie Karthäuser, soprano, Christian Hilz, bajo, Melanie Hirsch, soprano, Valerie Vinzant, soprano. Wiener Akademie, martin Haselböck, director. Ciclo Universo Barroco del CNDM. Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música, Madrid, 22 de abril de 2018, 18:00 h. 

Foto: Triunfante Radamisto en el cierre de Universo Barroco.

 

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