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CRÍTICA - La Ritirata más espiritual

CRÍTICA - La Ritirata más espiritual
Publicado: marzo 2018

XXVIII Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid

La Ritirata. Luciana Mancini, mezzosoprano, Josetxu Obregón, violoncello y dirección. Tamar Lalo y Lobke Sprenkeling, flautas, Pablo Prieto y Daniel Pinteño, violines, Ismael Campanero, contrabajo, Daniel Oyarzabal, órgano y clave.

1 de marzo de 2018, Iglesia de Santa Bárbara, Madrid, 20:00 h.

3 de marzo de 2018, Teatro Real Coliseo de Carlos III, San Lorenzo de El Escorial, 19:30 h.

La presente edición del FIAS rinde homenaje a varios compositores de los cuales en el presente año se cumple alguna efeméride. En los dos conciertos que ha ofrecido este festival, La Ritirata, uno de los conjuntos barrocos españoles más relevantes del panorama europeo, rinden tributo a Nicola Porpora, de quien este año se cumplen los 250 años de su fallecimiento. Porpora, hasta hace bien poco muy desconocido para casi cualquier melómano, fue un magnífico compositor napolitano contemporáneo de Bach y Handel, muy afamado en su tiempo por sus óperas, en las que muchas de sus roles estaban destinados a castrados tan afamados como Carlo Broschi, Farinelli.

Pero la excelente música vocal de Porpora es mucho más que sus 50 óperas, y es lo que en estos dos conciertos se reivindica.

El primero de los conciertos, titulado Lamentatio Jeremiae Prophetae (Lamentaciones del profeta Jeremías) fue un colorista y ameno concierto, con un ensemble fastuoso, con las flautas y violines cálidos, virtuosos y bellísimos, comandados por un bajo continuo soberbio. Se puso en contexto al Porpora más desconocido con otros compositores napolitanos y otros que comparten el mismo género de las Lamentaciones.

Comenzó el concierto con la cantata Crocifissione e norte de N.S.Gesú Christo, de Alejandro Stradella, bellísima pieza que aprovecha el orgánico del conjunto, con una sinfonía introductoria en la que violines y flautas dialogaron espléndidamente. Aquí la voz de Luciana Mancini, poderosa mezzosoprano, se encontró en un registro algo grave, por lo que no destacó tanto  como en otras piezas, pero que dialogó magníficamente con un espléndido Pablo Prieto al violín.

Descubrimos dos piezas raramente interpretadas del compositor homenajeado, su Sinfonia para violonchelo, violines y continuo, que realmente es un concierto para violonchelo y grupo de cámara, con un estilo que nos recuerda  al de Boccherini. Aquí Josetxu Obregón se mostró como el gran virtuoso del cello que es, muy expresivo, unas veces dulce como en el amoroso, mostrando un bellísimo color, y otras apasionadísimo, como en el allegro, respaldado al milímetro por Daniel Oyarzabal e Ismael Campanero, un lujo para cualquier continuo, seguros y compactos. La labor de Porpora como compositor de Lamentaciones de Semana Santa, género muy extendido por toda Europa desde el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XVIII. Se nos ofreció la Lección segunda de Jueves Santo, Lamed, Matribus suis dixerunt, para alto y bajo continuo, curiosa pieza de numerosos movimientos muy breves a los que supieron sacar todo su jugo. La importantísima labor del continuo dio el carácter necesario a cada movimiento, a veces  ostinato, hipnótico, a veces contundente y armónico, a veces como bajo seguente.  

Aquí sí que pudimos disfrutar del precioso timbre de Luciana Mancini en toda su dimensión: cálido, melancólico, pero también en momentos virtuoso, demostrando una gran técnica vocal y expresividad. El movimiento final, Ierusalem, es el más elaborado de la obra con unas disonancias dolientes muy marcadas, y con una cadencia final fantásticamente realizada por Mancini.

El otro concierto instrumental de la tarde, el Concierto para flauta, 2 violines, violoncelo y continuo de Francesco Mancini, napolitano autor de óperas y de música sacra, nos mostró a la gran solista de flauta de pico que es Tamar Lalo. El concierto está lleno de contrastes, desde el largo que recuerda a los Concerti Grossi de Corelli, la Fuga en la que la flauta es casi un instrumento más del tutti, pasando por el Largo, de espléndidas melodías, hasta el Spirituoso, de un gran virtuosismo. Tamar Lalo supo aprovechar la gran cantidad de recursos variados que ofrece la composición, mostrándose a veces tierna y expresiva, y otras ágil y precisa.

El concierto terminó rindiendo homenaje a Marc-Antoine Charpentier, maravilloso autor francés bastante olvidado en estas tierras.  A modo de magnífica sinfonía que precedía la Lección de Tinieblas, se escuchó su Trois pieces  deux dessus instrumental et base continue H.520, que quizás fue compuesta para otra formación dados su escritura, pero en la que pudimos disfrutar de la preciosa escritura melódica en ocasiones, y de las alegres y vivas danzas en otras, con ricos colores de las flautas y del continuo. Para concluir esta apasionante velada, pudimos disfrutar de la Lección de Tinieblas de Jueves Santo del mismo autor, una arrebatadora pieza que junto al rico tutti de la Ritirata nos consiguió elevar un palmo de la tierra, y en la que Luciana Mancini volvió a dejarnos boquiabiertos con su dulce y bello timbre,  con un excelente fiato que permitió descubrir las largas líneas melódicas en todo su esplendor.

La velada concluyó con una propina de Juan bautista Comes, Las Coplas a Nuestra Señora de la Antigua, una alegre y rítmica pieza.

VOCE DIVINA

El segundo concierto que ofreció La Ritirata, bajo el título de Voce Divina, resultó ser un complemento al primero, esto es, basándose en los mismos aspectos temáticos del primero, pero que nos mostró un carácter mucho más íntimo de estos, por la reducida formación del conjunto, tan solo voz, y bajo continuo, esto es, Luciana Mancini, Josetxu Obregón y Daniel Oyarzábal, lo que  nos permitió disfrutar de unas obras mucho más intimistas, además con la acústica mucho más seca de la sala pudimos disfrutar de todos los detalles de estas partituras.

En la única obra repetida de ambos conciertos, la Lección segunda de Jueves Santo, Lamed, Matribus suis dixerunt, de Porpora se entendió de forma cristalina el texto y los distintos juegos tímbricos que ofreció el bajo continuo.

Las obras instrumentales, la sonata de Porretti de cello y la suite para clavecín de Fiocco fueron interpretadas con una cuidadosa atención al detalle, en donde los contrastes tan del gusto barroco fueron muy notables.

Por último las dos obras que culminaron el concierto, el aria de Porpora Pompe inutili del oratorio Maddalena al piedi di Cristo y la Lección de Tinieblas de Fiocco, supusieron un verdadero lujo para los sentidos, al contar ambas con una línea de violonchelo obligado, lo que les proporciona una textura riquísima. Además, en estas dos piezas los tres intérpretes estuvieron especialmente inspirados, con un Josetxu Obregón de un gusto exquisito en el fraseo.

Como propina se nos ofreció la conocida aria de Frescobaldi Se l’aura spira.

En definitiva, dos conciertos complementarios que hacen justicia a un repertorio todavía muy necesitado de interpretaciones y grabaciones discográficas.

Simón Andueza

Foto: La Ritirata en el XXVIII Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid


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