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Crítica - Un día de locos (de la música) - Nueve Novenas - CNDM

Crítica - Un día de locos (de la música) - Nueve Novenas - CNDM
Publicado: junio 2017

Ni playa ni piscina, el pasado sábado 24 de junio el plan tenía nueve razones de peso para asistir en masa al Auditorio Nacional, para ir de sala en sala como el que está en una feria y pasa de atracción en atracción. Reparar en las caras de la gente (muchas con seguridad pisaban el Auditorio por vez primera), radiantes de felicidad, comentando cada concierto y ansiosos de asistir al siguiente, demuestra que esta idea de agrupar en un solo día y en un solo escenario (Auditorio Nacional: ambas salas, la sinfónica y la de cámara, más el hall con diferentes puestos para aperitivos y el exterior con un patio repleto de butacas con pantalla grande para seguir lo que se cocía en la sala sinfónica y poner el punto final con fuegos artificiales), bajo una temática (la de este año, Nueve Novenas Sinfonías dirigidas por el mismo maestro a diversas orquesta residentes en Madrid), es una excelente idea, que ha contado con el apoyo de todos los medios y con una difusión muy grande activa en redes sociales.

A la par que la sala sinfónica acogía la gesta de Víctor Pablo Pérez dirigiendo las Nueve Novenas, en la sala de cámara se producía otro hito, las Nueve Sinfonías de Beethoven en la transcripción de Franz Liszt por cinco pianistas, Miguel Ituarte, Juan Carlos Garvayo, Eduardo Fernández, Miriam Gómez-Morán y José Menor.

El concierto al que asistí del ciclo de piano fue a las 17.30 horas, cuando en la sala conjunta resonaba con fuerza una Novena de Bruckner… Horas curiosas para estas músicas, quizá hasta mejor por la sorpresa y novedad del horario, de hecho, la sala de cámara estaba repleta de público para escuchar la proeza que Eduardo Fernández, sin partitura, realizó con las Sinfonías ns. 4 y 6, la Pastoral.

Inteligentemente, su conocimiento del original para orquesta le motivó “completar” algunos pasajes que Liszt no recalca. No es fácil suplir todas las voces y planos sonoros en el piano, hay que ayudarse del pedal y de canalizar el sonido hacia una dirección, un punto que enfoque la idea general de cada pasaje (por ejemplo, todo el desarrollo del movimiento inicial de la Cuarta). Un músico se ve si ahonda en el movimiento lento de esta obra, o en el inicial de la Pastoral, y ahí Eduardo estuvo inmenso, a pesar de que el riesgo de tocar sin partitura ante tamaño reto le jugara alguna sorpresa pero bastante leve. La tormenta, por ejemplo, fue llevada con elocuencia y sentido del original orquestal.

En estos casos, se podría decir que el pianista Eduardo Fernández dirigió al piano estas Sinfonías de Beethoven… Tras este ejemplo de adecuación pianística, tocaba pasarme de sala para engancharme a las Novenas. Les cedo la palabra a mis colegas…

Gonzalo Pérez Chamorro

Eduardo Fernández, piano. Obras de Beethoven-Liszt.
CNDM. ¡SÓLO MÚSICA!-NUEVE NOVENAS. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

Primera y novena

Sábado. Once horas de la mañana: ¡Las once en punto de la mañana! Hora que, sin ser la torera y lorquiana, resulta más habitual para un ensayo, un general con público, por ejemplo, que para el clásico concierto. Tras preámbulos, fanfarrias y algún “agasajo postinero” en el vestíbulo y fachada del Auditorio, entramos en la sala sinfónica. Una sala que se encontraba entonces a rebosar para atender a la Orquesta Sinfónica de Madrid y el Coro Nacional de España con Víctor Pablo Pérez al frente. Pero es que en atriles se sostenían las diferentes partes de la Novena sinfonía de Beethoven: ¡sí, la Novena por antonomasia! Hoy la primera, eso sí… la primera Novena… No parece haber atractivo mayor. El público es sabio.

Al margen de otras consideraciones de tipo social, cultural o didáctico, que aquí quizás sean las más importantes, dicho sea de paso, fue una interpretación remarcable. Una interpretación animosa, matutina o no -pensemos en la hora y en las voces-, por implicación, intensidad y compromiso con la que se empleara estos orquesta, coro y solistas vocales, en este gran envite inaugural del que se preveía, un largo día de record y novenas. Sin entrar en comparaciones, porque todos en la Sinfónica y el Coro rayaron a muy buen nivel, por citar algunos detalles: unos segundos activos al quite, y, sobre todo, unos bajos primordiales con una cuerda de violonchelos destacada, compacta, dinámica y soberana. Voces resueltas y eficaces en el cuarteto solista, cuya prestancia se desempeñó sin desequilibrios, entre sí y frente a la orquesta y coro.

Fue, no sé si sin quererlo, un anticipado broche de oro que, no diría que preludiara porque ya estaba todo dicho, sino que, de inicio, remataba a la inversa, todo un esfuerzo de programación y ejecución festivo que cada año auspicia, ésta es su IV edición, el Centro Nacional de Difusión Musical con el fausto motivo de la conmemoración del Día europeo de la música al cierre de temporada.

Tras apenas una hora larga, ya rezaban nuestros relojes la una y media, la Orquesta de la Comunidad de Madrid con idéntico podio, su titular, versaban una telonera Novena de Ramón Garay y la Grande de Schubert. Sin entrar de nuevo en otras consideraciones, ya nos hemos referido a esta sinfonía cuando pasó recientemente, un poco por sorpresa, por el programa de conciertos de esta agrupación sinfónica madrileña, obra concisa la del avilesino. No sé si se le hace o no un favor, a él y al repertorio patrio, al incluirla entre este ramillete de joyas del catálogo sinfónico. Yo creo que sí. Y lo aplaudo, aunque sólo sea como señal representativa de la nutrida producción oculta de estos siglos opacos en España. A Arriaga, poco más o menos coetáneo, no le dio tiempo más que de legarnos una… excelente, eso sí.

Un melodismo apreciable el de Garay, perseverante y notorio, sujeto a una circunspecta estructura formal clásica entre cándida y algo tosca para el gustoso caudal melódico que soporta. La Grande de Schubert no llegó a las cotas alcanzadas por su predecesor beethoveniano de primera hora. Tampoco era imprescindible con una ocupación de sala bastante más discreta, canícula extramuros del Auditorio y una intensidad expresiva más física, risueña e imperativa que la metafísica que Beethoven despliega. A la postre pues: tesis, pulso y resolución.

En paralelo, la sala de cámara del Auditorio albergaba un ciclo igualmente portentoso. Quizás más, si me apuran… Allí se levantaban, con mayor humildad de aforo, las monumentales versiones pianísticas de Liszt a partir de la integral sinfónica de Beethoven. Ya en plena tarde y a una hora usual de concierto, se convocó finalmente su cuarta velada a las siete y media: Miriam Gómez-Morán se aprestaba a interpretar sus Séptima y Octava sinfonías. Un amplio despliegue técnico el que desarrollaran tanto, otrora, su arreglista y consumado virtuoso romántico, como la pianista en el día de hoy, con un obligado y contumaz empleo de una (casi-) omnipresente técnica de brazo, octavas y acordes placados, en disposiciones que tratan de abarcar, con cierta saturación tímbrica, la mayor cuantía posible del tesoro musical que estas obras atesoran. Como verdaderos Sísifos del teclado, estos cinco espléndidos músicos y pianistas españoles, mostraron con celo y coraje, durante todo un día de recitales sucesivos, uno de los puntos culminantes del esplendor del desarrollo técnico decimonónico al teclado pianístico: las nueve Sinfonías Beethoven-Liszt.

A última hora de la noche, las diez y media, un esperado fin de fiesta: la Novena de Mahler. Obra sinfónica de abultada trascendencia en un lenguaje de romanticismo algo hiper-dilatado, aunque no tan decadente y visionario como se ha dicho. Justamente el origen de aquella superstición numérica, referida por Schönberg, leve fundamento histórico de todo el entramado de este día: su novena Novena. Como no podría ser de otra forma, a su cargo, la agrupación más entusiasta: la Joven Orquesta Nacional de España siempre bajo la batuta de Víctor Pablo Pérez.

Un conjunto instrumental versátil en permanente evolución y refresco que, día sí día también, exalta -a veces se diría que exhuma- los valores más apreciados y básicos de filantropía, ímpetu y entrega que rodean, o deberían rodear, al concepto y, ante todo, la práctica artística. Otra forma de intensidad algo más dispersa que la que inaugurara luminosamente este día, la que transmite esta juventud presta, solícita y acuciante, que no siempre encuentra los mejores conducto y paño para su lucimiento. Hoy se trató de un Mahler algo agónico para sus intrépidos e ilusionados talantes naturales, aún así siempre oportunos en estos foros.

Doce y cuarto de la noche, ya casi de madrugada: los fuegos de artificio a la salida, en la plaza de su fachada sinfónica, recogieron los últimos impulsos de una fiesta musical que no acaba fuera del Auditorio… sólo se transforma.

Luis Mazorra Incera

Orquesta Sinfónica de Madrid y Coro Nacional de España, Orquesta de la Comunidad de Madrid y Joven Orquesta Nacional de España / Víctor Pablo Pérez. Raquel Lojendio soprano; Marina Rodríguez Cusí, mezzosoprano; Gustavo Peña, tenor; y David Menéndez, barítono. Miriam Gómez-Morán, piano. Obras de Beethoven, Garay, Liszt, Mahler y Schubert.
CNDM. ¡SÓLO MÚSICA!-NUEVE NOVENAS. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

Maratón sinfónico

La IV edición de ¡SÓLO MÚSICA!-NUEVE NOVENAS, en su sesión de tarde del sábado 24 de junio, presentó las correspondientes Novenas de Mozart, Bruckner, Shostakovich y Dvorák repartidas en los veladas Sinfónico III y IV. El maestro Víctor Pablo Pérez interpretó las dos primeras con la Orquesta Sinfónica RTVE y las dos restantes con la Orquesta Nacional de España.

Muy bien elegida como comienzo de la primera jornada vespertina, en este auténtico maratón sinfónico, la de Mozart resaltó por su equilibrio y gracilidad. El maestro realizó una versión certeramente ponderada en efectos dinámicos, carácter, tempo, contrastes tímbricos entre cuerdas y maderas y, sobre todo, por el elegante y delicado fraseo, exponiendo con total naturalidad la fina escritura y claridad formal que el genio de Salzburgo mostraba ya en este género a tan temprana edad.

Continuó el concierto con la 9ª Sinfonía de Bruckner, verdadero plato fuerte de esta primera sesión de tarde. Todos los que conocen de cerca la trayectoria de Víctor Pablo Pérez saben la pasión que el maestro procesa ante la producción sinfónica del gran compositor austriaco, inigualable constructor de macroestructuras sonoras. El dominio que Bruckner muestra al desplegar el material sonoro en los dilatados movimientos de sus sinfonías es siempre un reto para cualquier director y formación orquestal.

Víctor Pablo, que conoce y vive profundamente esta música, acometió sin titubeos, y con la firmeza y seguridad de convicción que sólo un director muy experimentado puede exhibir, la interpretación de esta monumental obra. Ya desde los primeros compases del Feierlich, Misterioso se vislumbró lo que iba a ser una magnífica y personal visión de la partitura, perfilando gradualmente cada uno de los bloques sonoros y temáticos con gran claridad expositiva. La orquesta mantuvo en todo momento el balance idóneo permitiendo que las diferentes capas contrapuntísticas, temáticas y tímbricas fueran percibidas con total nitidez desde los sutiles pianíssimos hasta los más contundentes tutti.

La sección de cuerda fue primordial a la hora de crear el empaste y densidad inherentes a la obra, por el expresivo lirismo de los temas en cada movimiento o los asertivos y violentos ataques de los arcos en el Scherzo. Víctor Pablo moldeó con plástica gestualidad cada uno de los motivos y bloques sonoros dando entidad a todos ellos y en su articulación con los demás. Las cesuras y respiraciones tuvieron el sentido suspensivo adecuado al igual que la construcción gradual de las tensiones en los crescendi, como quedó evidente en la coda del primer movimiento o el disonante clímax del Adagio.

El maestro tradujo, en una versión poderosa y cargada de energía vital e intenso lirismo, el universo sonoro bruckneriano sacando a relucir sus valores expresivos, apologéticos y constructivos. La Orquesta Sinfónica RTVE mostró todas sus virtudes logrando cautivar al público presente, que ovacionó largamente y con merecido entusiasmo a maestro y formación.

Tras una pausa de una hora, siguió el maratón sinfónico con las interpretaciones de las Novenas de Shostakovich y Dvorák con la Orquesta Nacional de España. La primera de ellas fluyó con naturalidad y adecuado empuje rítmico. Caben mencionar los solos de oboe,  flautín y violín en el Allegro inicial o las intervenciones de las maderas, sobre todo del clarinete y flauta solista en el Moderato. El Presto destacó por el solo virtuosístico de la trompeta y en el Largo fue el fagot el que llevó el peso del movimiento en una inspirada e intensa actuación. Las interpolaciones con la sección de metal crearon la atmósfera dramática adecuada dando finalmente paso el fagot al Allegretto final, cuyo brío y carácter irónico culminaron brillantemente la interpretación de esta peculiar producción sinfonía de Shostakovich.

Finalizó la sesión con la de Dvorák. El maestro abordó el primer movimiento con resuelto arrojo  rítmico. El Largo se mostró inspirado tanto en el fraseo del corno inglés y el clarinete como en la riqueza de matices obtenidos en las cuerdas. El Molto Vivace fue uno de los momentos más logrados de la sinfonía en el que se consiguió la perfecta unidad y fluidez requerida por los constantes contrastes de tempo y carácter. Finalmente, el Allegro con fuoco fue atacado de forma resolutiva dando el énfasis apropiado a cada uno de los temas principales. La orquesta se entregó plenamente ante los estímulos del director consiguiendo momentos de gran intensidad en los tutti o de delicado fraseo, como en la intervención del clarinete solista. Todas las secciones orquestales resplandecieron a lo largo de la obra, culminando juntas en una impactante coda final que arrancó los aplausos del público ante tan vibrante versión.

Víctor Pablo Pérez mostró, con inagotable energía, una extraordinaria versatilidad y clarividencia interpretativa al abordar obras de estéticas tan diversas, así como una grandísima ductilidad poniéndose al frente de formaciones de tan alto nivel como las que actuaron en estos dos conciertos, convirtiéndose en el agente decisivo de esta proeza musical que aún tendría continuidad en la velada nocturna que cerraría esta flamante edición de ¡SÓLO MÚSICA! 2017.

Juan Manuel Ruiz

Orquesta Sinfónica RTVE, Orquesta Nacional de España / Víctor Pablo Pérez. Obras de Mozart, Bruckner, Shostakovich y Dvorák.
CNDM. ¡SÓLO MÚSICA!-NUEVE NOVENAS. CNDM. Auditorio Nacional de Música, Madrid.

http://www.cndm.mcu.es/es/fecha/2017-06-24

Foto: Víctor Pablo Pérez, tras dirigir a la Orquesta Nacional de España en las Nueve Novenas (foto de Rafa Martín).

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