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Crítica - Honesta Lucrezia

Crítica - Honesta Lucrezia
Publicado: abril 2017

Valencia - Palau de les Arts

El pasado 8 de abril pudimos asistir a la última función de la Lucrezia Borgia  del Palau de les Arts, primera producción propia de la presente temporada. Primera en toda su andadura, además,  que se emitió en directo por streaming (en The Opera Platform) lo que, a falta de interés por parte de TVE y desconociendo si la renaciente televisión autonómica mostrará alguna querencia por este tipo de contenidos, puede ser un medio idóneo para dar difusión a los generalmente buenos resultados del coliseo valenciano. Esto podría contribuir a crear una buena imagen de la Valencia actual, aunque en esta ocasión, y al margen de todas las maravillas que se podrían contar de su esplendoroso siglo de oro, incidamos en su leyenda más oscura. Presenta a una Lucrezia Borgia que envenena por docenas a sus contemporáneos, incluyendo al fruto del incesto con su propio padre el Papa Alejandro VI y que, por alejado que todo ello pudiera quedar de los hechos reales, dramatizada por Víctor Hugo, reconvertida en libreto por Felice Romani y musicada genialmente por Gaetano Donizetti, se convirtió en una magnífica ópera estrenada en Milán en 1833. Una vez hecha ópera, juzguémosla como tal.

Victorioso salió del reto el director de escena Emilio Sagi, cuyo eficiente equipo desarrolló una brillante propuesta visual. El motivo principal de la escenografía de Llorenç Corbella fueron grandes paneles móviles rectangulares con retículas de colores metalizados y superficies translúcidas iluminadas desde su interior, que fueron disponiéndose en diferentes configuraciones por operarios visibles, según requirieron las diversas escenas. En  mucho contribuyó la iluminación de Eduardo Bravo con cambios en el color de la luz que emitían los mismos. Con esos y otros elementos mínimos y sin recurrir a nada fijo se consiguió, por ejemplo, la monumentalidad propia de un palacio. Destacaron especialmente el descenso del techo mientras morían los personajes, asfixiando la escena y ayudando a su dramatismo, y la alineación de los paneles hacia el fondo del escenario creando perspectiva de punto de fuga y causando sensación de enorme profundidad. Tanto el resto de objetos (hombre de Vitrubio, máscaras venecianas, mobiliario contemporáneo...) como el vestuario de Pepa Ojanguren (mayas y mangas del renacimiento, chaquetas y abrigos desde el romanticismo hasta la actualidad...) consistieron en una mezcla ecléctica de estilos de varias épocas pasadas con el presente y consiguieron la imposibilidad de adscribir la acción a ningún momento histórico concreto. Todos los ropajes fueron siempre negros con la excepción de los de Lucrezia, en la que recayeron los acentos de los colores  blanco, plata y, sobre todo, rojo. Actuaciones creíbles hasta del último extra. Movimientos y emplazamientos perfectos. Ninguna estridencia gratuita ni nada que perjudicase la comprensión de la trama.

En cuanto a lo que se pudo escuchar, solemos asociar al maestro Biondi al estilo barroco, sin embargo ofreció una  versión bastante romántica y con más protagonismo de la orquesta que el tiene en otras lecturas exclusivamente centradas en lo vocal. Los tempi fueron es ocasiones algo lentos. El sonido de la O.C.V. fue siempre limpio, destacando los metales, y el coro volvió a brillar tanto en lo vocal como en lo escénico. Todo ello fue una perfecta base para el objetivo fundamental del repertorio belcantista: las voces. Y de las cuatro principales, tres nos dieron una gran noche, quedando la del tenor William Davenport, en el papel de Gennaro, algo por debajo en potencia y no transmitiendo el arrojo de un bravucón dispuesto a batirse con cualquiera y a morir en cualquier momento. Marko Mimica cuajó un magnífico Alfonso d'Este con su voz de bajo natural, clara, ancha y bien timbrada. La valenciana Silvia Tro Santafé volvió a convencer en su tierra encarnando de nuevo a un personaje masculino; con cuerpo en graves y agudos y todo tipo de matices al servicio de su indiscutible musicalidad. Pero la gran triunfadora, con un asombroso estado de voz para sus extraordinariamente bien disimulados casi 69 años fue Mariella Devia en el papel protagonista de Lucrezia Borgia. Su legato, sus dinámicas, la limpieza de sus coloraturas perfectamente afinadas, sus nítidos sobreagudos, su conmovedora interpretación y su honestidad nos dejaron una lección y una audición impagables.

Ferrer-Molina

Marko Mimica, Mariella Devia, William Davenport, Silvia Tro Santafé, etc. Orquesta de la Comunidad Valenciana y Coro de la Generalitat Valenciana / Fabio Biondi. Dirección de escena: Emilio Sagi, escenografía: Llorenç Corbella, vestuario: Pepa Ojanguren, iluminación: Eduardo Bravo. Lucrezia Borgia de Gaetano Donizetti.

Palau de les Arts, Valencia. 

Foto: Lucrezia Borgia de Gaetano Donizetti, en el Palau de les Arts, Valencia (foto de Tato Baeza / Palau de les Arts Reina Sofía). 

 

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