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Crítica - Cuenca (II)

Crítica - Cuenca (II)
Publicado: abril 2017

56 Semana de Música Religiosa

Jueves Santo plenamente italiano

Italia generó todas las notas musicales surgidas en los conciertos del Jueves Santo en las SMR (salvo el “bis” bachiano del recital de la mañana). Dos momentos extremos, separados por dos centurias y por dos conceptos antagónicos de la expresión musical. El de la mañana –el mejor del festival hasta la fecha— fue un sublime canto barroco al violonchelo, con las primeras (y muy desconocidas) piezas originales para este instrumento a solo. El de la tarde tuvo como protagonista el Stabat Mater de Gioacchino Rossini, una partitura para el frenesí del coro, la orquesta y los solistas vocales. Una obra de un autor retirado del éxito operístico y que decidió dedicar las últimas décadas de su vida a comer y escribir “para Dios y para los amigos”.

IL PROFUNDO SENTIRE DELL´ANIMA. INOLVIDABLE

El convento de San Pablo –hoy espacio Torner— ha fascinado a todos los que han tenido el privilegio de interpretar o escuchar un concierto. Su belleza gótico tardía envuelve una acústica que reverbera pero no distorsiona; amplifica y no molesta. Es mágica. Si a eso añadimos a un intérprete con mayúsculas como el italiano Gaetano Nasillo la combinación es plena. El repertorio puede ser desconocido, pero su belleza cautiva. Casi todas las piezas eran exquisitas y el fraseo tan detallista que abrumaba. El resultado fue hipnótico, envolvente, intenso y cautivador. Hasta el detalle del cambio de arco (más tenso) para la interpretación de las obras de estética más tardía dejaba a las claras la profundidad metódica del intérprete transalpino. Todo culminó en lo sublime.

PODEROSO STABAT MATER DE ROSSINI

Escuchar esta obra para los habituales de las SMR nos lleva a la inolvidable interpretación del año 2003 con el recientemente fallecido Alberto Zedda al frente de la JONDE, el Coro Nacional de España y solistas de la talla de Isabel Rey, Daniel Barcellona, Juan Diego Flórez y Orlin Anastassov. Eran tiempos de abundancia, diferentes a los actuales. Sin entrar en comparaciones específicas y estériles, les explico que a mí me pareció muy poderosa la interpretación de ayer. Una versión firme, serena en los tempi pero con una notable concepción general  muy expresiva. Miguel Ángel Gómez Martínez jugó a la perfección con esta partitura escrita de manera indiferente al texto, operística, bellcantista, brillante y lírica a partes iguales.

Equilibrar todo es complicado y se consiguió. Bien la Orquesta y Coro de RTVE, éste último superándose en cada intervención hasta el excelente final. El cuarteto solista cantó con solvencia, a pesar de algunas exageraciones en los agudos, algo gritones, de la soprano Marjukka Tepponen.

En resumidas cuentas: disfrutamos de un buen Stabat Mater rossiniano, una música que hace feliz a quien la escucha cuando se interpreta con esta profesionalidad.

Lazarus y el inicio de una idea

No conocía esta obra inacabada y apenas interpretada del vienés Franz Schubert. El compositor romántico— cuya vida fue segada por la sífilis a los 31 años— tuvo una creación amplia y errática para su corta vida, lo que causó que muchas páginas no estén concluidas, incluso muchas de las más interpretadas, como la Sinfonía nº8.

La obra es realmente buena, de las que deberían sonar en los repertorios habituales. Creo que Schubert no pudo entrar en el  circuito de la ópera (que era lo que más deseaba) y el oratorio no por falta de talento, que le sobraba a raudales, sino porque no terminó de entender el funcionamiento de la música incidental al servicio de la historia. Eso y, principalmente, porque no tuvo el suficiente tiempo vital.

Lazarus posee una tensión creciente. El segundo acto es extraordinario, el pináculo expresivo lo encontramos es el aria para bajo «O könnt ich, Allegewaltiger», de escritura soberbia y que es un auténtico precedente de los mejores momentos de los dramas musicales de Richard Wagner. Los coros destilan audacia armónica y expresividad y la trama está bien hilada con recitativos y arias cercanas a la melodía infinita, sin apenas cortes.

LA ACADEMIA

Una de las novedades de la nueva gerencia de las SMR ha sido crear este proyecto en el que se ha convocado a jóvenes músicos mediante prueba de acceso para crear una orquesta y un coro. Es probable y deseable que éstos sean el germen de una agrupación estable en las SMR. Por tanto, no es un grupo “trabajado” y “hecho”, pero el resultado sonoro y expresivo fue excelente. Se percibía claramente la implicación de todos y la ilusión de estar haciendo algo grande. El sexteto vocal sonó equilibrado, las seis voces eran bellas y complementarias. El director José Sanchís mantuvo la tensión de la partitura así como el orden y las funciones de todos en esta asociación naciente. Creo que se ralentizaban algunas intervenciones vocales, cuestión lógica ante la novedad de la agrupación y la dificultad de la partitura.

Sábado Santo dispar

El Hospital de Santiago es el marco barroco perfecto para cualquier concierto. Su acústica es una de las mejores de la ciudad, perfecta para la polifonía. En ese marco escuchamos por la mañana la segunda intervención de la Academia de las SMR, esta vez sólo la parte coral (a pesar de estar anunciada también la instrumental, error de bulto que no se debe repetir). El programa era la Misa en Re Mayor Op. 86 del checo  Antón Dvorak y una pequeña selección de corales de la Pasión de Johann Sebastian Bach.

No puedo juzgar como una agrupación estable a unos jóvenes músicos que acaban de superar unas pruebas de selección y que están trabajando a toda velocidad para montar un repertorio en tiempo record.  Su trabajo es encomiable y los resultados muy interesantes y que adelantan todo su potencial. Critico algo más la selección de las obras de ayer. El musicólogo Marco Antonio de la Ossa explica en sus excelentes notas al programa que la obra de Dvorak «trató de agradar a su amigo sin incluir innovaciones». Evidentemente, la obra no posee ni innovaciones ni interés alguno.  Tan plana en la concepción que hace muy difícil no serlo en la interpretación. Con un breve descanso para que el organista cambiara el órgano moderno por el positivo, cantaron los bellísimos corales bachianos, envueltos en esa acústica impagable.

POLIFONÍA RENACENTISTA Y CANTO GREGORIANO EN LA CATEDRAL

La catedral fue el marco del segundo concierto del día. Muy enraizado en la tradición del festival y con todos los ingredientes para disfrutar de un momento profundo y perdurable. La música giró alrededor de la Missa Pro Victoria del genial compositor abulense Tomás Luis de Victoria. Junto a esta pieza, sonaron fragmentos de canto llano, dos obras organísticas a dúo de Sebastián Aguilera de Heredia y Jusepe Ximénez y una página instrumental de Juan García de Salazar. La puesta en escena, la típica del director de Schola Antiqua Juan Carlos Asensio, armoniza la sencillez con la espiritualidad: entrada en procesión, posicionamiento en el coro, combinación permanente de  monodia, polifonía y música instrumental. La polifonía vocal estaba en parte realizada por instrumentos originales, bellísimamente interpretados por  los Ministriles de Marsias. El empaste siempre funcionó y los colores que surgían de las distintas combinaciones se fusionaban con los de las vidrieras y la maravillosa iluminación de la catedral basílica. Una belleza.

El Sábado Santo se cerró con un concierto centrado mayoritariamente en un cantautor muy importante en la historia de la música popular española. No me siento capacitado para hablar de ello, principalmente por dos cosas: la primera es que no soy experto en ese campo y la segunda es que podría legitimar este tipo de ocurrencias en los años sucesivos.

Un Requiem Alemán claramente romántico

Desde 2008 no escuchábamos en las SMR esta obra sinfónico-coral, calificada por Óscar del Canto –responsable de las notas al programa— como «Sagrada Trinidad de cantos fúnebres del repertorio sinfónico-coral». Aquel año los responsables fueron Philippe Herreweghe,  la Orchestre des Champs-Élysées y el Collegium Vocale Gent, una versión muy detallista, historicista y alejada de las más habitual tradición romántica. En la presente edición pudimos escuchar una versión radicalmente distinta. La Orquesta de RTVE y los coros de la Comunidad de Madrid y el propio de la RTVE, bajo las órdenes del director granadino Miguel Ángel Gómez Martínez propusieron una versión centrada en los fraseos largos, juego de masas y gran intensidad dinámica.

El Requiem Alemán es una obra religiosa no litúrgica que marca una de las cumbres de su autor, Johannes Brhams, y todo el periodo romántico. En él todo es audacia armónica, técnica orquestal y vocal, expresividad y, por qué no decirlo, espiritualidad. Como el creador era enemigo de la ópera (y del matrimonio) nunca se centró en el género que se disputaban sus contemporáneos Wagner y Verdi. En el Requiem Alemán admiramos al operista que no fue, a sus maravillas melódicas, a sus manejos corales de fuerza y sutilidad inimitables, a su fidelidad al texto.

Miguel Ángel Gómez Martínez dirigió, como siempre, sin partitura. Me gustó su concepción global, ya indicada en el primer párrafo: amplio fraseo, cierta contención en los tempi y un juego casi extremo de las posibilidades dinámicas del doble coro. Abrumaron muchos momentos del segundo y sexto movimiento por la potencia coral. También fue interesante la idea de cantar sentados el quinto, cuando intervenían junto a la soprano, consiguiendo un mayor equilibrio.

Los dos solistas mantuvieron un buen nivel. La soprano Ruth Iniesta posee un bello timbre y un fraseo natural. El barítono José Antonio López cantó con gran expresividad y potencia sus difíciles intervenciones.

Música Ficta culmina la 56 SMR con un concierto sublime

El título del artículo es el mejor resumen del concierto de clausura de las SMR. El marco fue la iglesia románica de Arcas, siempre hermosa y perfecta. Los responsables musicales fueron los componentes del grupo vocal especializado en música renacentista y barroca Música Ficta, dirigido por Raúl Mallavibarrena. Este conjunto español  vino a nuestro festival hace más de una década para interpretar un fabuloso Requiem de Tomás Luis de Victoria, cuya grabación es uno de las referencias históricas.

En Arcas lo bordaron. En un concierto titulado Gemini interpretaron obras de los siglos XVI y XVII para doble coro, con acompañamiento de dos arpas. La belleza de las obras interpretadas están a la par de su dificultad, pues fueron afrontadas con absoluta desnudez, utilizando una voz por cuerda. Eso hace que también exista mayor capacidad de plasticidad y detallismo. Todo funcionó como debe. Los evidentes nervios iniciales se fueron asentando y el concierto evolucionó en un crescendo expresivo imparable. Los momentos de magia se sucedieron, como el que surgió en el Ave Maris Stella de las Vísperas Beata Vergine de Claudio Monteverdi, escueto, lírico, austero y directo a la emoción. Algo parecido sentimos con la inenarrable Ave María para doble coro de Victoria. Cada voz en sí misma era un mundo y como grupo sonó como la combinación de los mejores mundos posibles.

Si el concierto fue memorable, el “bis” desató todos los bravos con una versión inmensa del no menos inmenso Ave Verum Corpus del polifonista inglés William Byrd. Concierto para la memoria.

Manuel Millán de las Heras

http://www.smrcuenca.es/

Foto: Cristóbal Soler, director de la 56 Semana de Música Religiosa. 

 

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