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Kurt Moll (11 de abril de 1938 - 5 de marzo de 2017)

Kurt Moll (11 de abril de 1938 - 5 de marzo de 2017)
Publicado: marzo 2017

Homenaje - El bajo abisal

Sinceramente no sé si en mi vida fue primero Richard Wagner o Kurt Moll, esa irrepetible y aristocrática voz quebrada el pasado día 5, que la monumental Colonia viera nacer y también morir, justo cuando estaba a punto de cumplir los 70. De lo que sí estoy seguro, es que este bajo legendario y único, fue el transmisor del virus wagneriano en mi organismo. Él fue mi inesperado regalo por alcanzar la mayoría de edad. Mi padre decidió que ya era hora de enfrentarme a mi primer Wagner escénico. A regañadientes me sentó frente al televisor una mágica y larguísima tarde de 1989 para ver el Tristán e Isolda que retrasmitían desde el Teatro de la Zarzuela (su adorada Montserrat Caballé participaba).

Pese a que prácticamente no me enteré de nada de lo que expelía mi tele, de repente apareció un gigantesco y desconocido señor vestido todo de blanco para entonar el monólogo del Rey Marke. Mi reloj vital se detuvo. El corazón empezó a bombear oxígeno de forma trepidante. Estremecido, mis oídos caían esclavizados ante esa misteriosa voz que me atravesaba la carne y que tanto retumbaba en mi pequeña salita de estar (con el consiguiente cabreo de mi madre).

Cuando la última nota se difuminó sobre las empapeladas paredes, fui consciente que mi vida iba a cambiar para siempre. Era cuestión de tiempo saber si para bien o para mal.

Hablar de Kurt Moll es rememorar una parte gloriosa y eterna del Arte de cantar. El término Bajo Profundo (más correcto sería el de Bajo Noble) se le queda muy pequeño a ese porte ciclópeo y monolítico. Como los Christoff, List, Weber, Greindl, Frick, Böhme, Ghiaurov o Talvela su registro pedía a gritos una subdivisión de la tesitura hasta el Bajo Abisal. Hoy el único que aún sobrevive de esta irremplazable estirpe (en su adiós nunca dejan discípulos) es el gran Matti Salminen, a punto también de tirar la toalla para siempre.

Su registro grave fue portentoso, puro mármol de Carrara, con un timbre sobrehumano que parecía surgir de los mismísimos confines del averno. Su hercúlea resonancia, potencia en decibelios, dilatado agudo, nobilísimo metal, alpina reverberación y esa cálida forma de frasear y humanizar la línea de canto, hicieron que su voz fuera fácilmente identificable entre mil. La emisión natural y homogénea, nunca forzada o destemplada, conseguía ponernos el corazón en un puño.

Moll se retiró de escena en 2006 (en sus últimos años se dedicó a la bendita docencia) con el candil de sereno en Munich (Meistersinger), curiosamente el mismo personaje con el que debutó en la colina sagrada de Bayreuth, templo donde con el tiempo transferiría imborrables Fafner, Hunding, Pogner y regios Marke. Y es que Moll parecía haber venido a este mundo para dar vida (como si la suya le fuera en el empeño) a los personajes wagnerianos.

Ahí está su oceánica discografía para dar fe del milagro. Entre sus gemas reluce el aterciopelado Rey Marke para Carlos Kleiber (tanto en el registro de estudio como en los que dirigiera en Bayreuth) o si alguien desea verle en escena (aunque ya algo mayor) su grabación con Mehta en Munich. Fastuoso y pedregoso también su Gurnemanz esculpido en cuarzo (Karajan y Kubelik en audio, Levine en DVD). Su figura grandullona y bonachona, con esa cara de buena persona, le vino de perlas para esculpir en el tiempo su insuperable Barón Ochs (ahí están Karajan o Kleiber para testificarlo). Pero si hay un personaje indestructible en mi memoria, ese es sin duda el Osmin del Rapto en el Serrallo. Oírle junto a Böhm o gozarlo en imágenes con Solti es uno de los grandes placeres que otorga este mundo, empeñado en seguir teniendo amos y esclavos. Tampoco hay que perderse sus innumerables y fascinantes Sarastros o sus proverbiales registros bajo la alargada sombra de Lenny Bernstein, pues su admiración fue mutua (Beethoven y Haydn).

En su despedida y como homenaje íntimo a este hombre al que le debo mucho, garabateo estas palabras escuchando su adelgazado, pero conmovedor Winterreise y se me eriza el vello cuando justo al final me canturrea aquello de “anciano misterioso, ¿me voy contigo? ¿Quieres tocar tu zanfona mientras yo canto?” Allá donde tú cantes yo iré siempre. Algún día nos encontraremos en el Valhalla. Gracias por tanto. Leb wohl!

Javier Extremera

https://es.wikipedia.org/wiki/Kurt_Moll

Foto: Moll en Munich 2005 como el padre Guardiano de La Forza del Destino (© Wilfried Hösl).


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