Ritmo "On Line"
Discos para la historia
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HAYDN: Sinfonías ns. 94 “Sorpresa”, 92 “Oxford”, 88 y Sinfonía Concertante.

HAYDN: Sinfonías ns. 94 “Sorpresa”, 92 “Oxford”, 88 y Sinfonía Concertante.

Publicada en OCTUBRE 2018 / número 922

Orquesta Filarmónica de Viena / Leonard Bernstein. Director: Humphrey Burton.
CMajor 746408 (DVD)

La crítica

Grande

Cuando Leonard Bernstein dirigió estos Haydn, entre los años 1984 y 1986, ya estaba muy enfermo. El abuso de toda clase de sustancias (medicinas sin receta médica, alcohol, tabaco y estimulantes) y la inmensa pena que le produjo al muerte de su esposa Felicia, de la que se sintió responsable por su inestabilidad matrimonial fruto de su furibunda homosexualidad, hicieron de su vejez en la última década que vivió (falleció en 1990), un periodo complicado para sus familiares, amigos y colegas, que vivieron al Bernstein más deteriorado pero más sabio, aquel que pagaba de su bolsillo las horas extras de ensayos con los músicos y que reforzaba a su costa a las orquestas si era necesario. El mismo que abroncaba a los músicos estrella si no estaba conforme con ellos, tuvieran el apellido que tuvieran.

Con la Filarmónica de Viena se enamoró, como quien dice, a primera vista. Fue en los cincuenta. Y después vinieron las inolvidables colaboraciones discográficas, que prácticamente arrancaron con un Falstaff hoy todavía idolatrado, que debería reposar ante la tumba del mismo Verdi. Cuarenta minutos de aplausos cuentan… Pero con Haydn ocurrió algo similar, ya que fue un compositor de cabecera para Lenny. Si tuvo que gritarle a Richard Nixon que parara la guerra de Vietnam, fue con la Misa en tiempos de guerra, y si tuvo que engrandecer la unión de los pueblos en la Europa que se deshacían de la cicatriz del Muro de Berlín, además de Beethoven, fue con La Creación. Así hablaba Bernstein, a través de la música, porque si le dejaban el micro, como sabemos, resultaba tan magnético y atractivo como el mejor de los presentadores.

Comunicador nato, esas ganas de comunicar son constantes en su forma de hacer música, como se muestran en las maravillosas interpretaciones de muchas Sinfonías de Haydn con la Filarmónica de Nueva York, en las décadas de los sesenta y setenta. Ya daba en la clave Mr. Bernstein con uno de los compositores más difíciles de todo el repertorio. Y lo hacía mostrando dos cosas: grandeza y chispa. ¿Cuántos directores conocemos que afrontan Haydn con mucha chispa y riqueza tímbrica, pero sin grandeza? Hoy en día, casi todos…

La calidad audiovisual de estas grabaciones es muy alta, especialmente en la Sinfonía n. 94, la mejor grabada. El amaneramiento de Lenny es incuestionable, pero funciona; Haydn suena eléctrico en su belleza, siempre repleto de agudeza y, como en un parque de atracciones, la cantidad de cosas que ocurren mientras avanza la música serían difíciles de narrar por su variedad. Y si en la interpretación musical emplear el adjetivo “perfecto” es arriesgado, este Haydn es la absoluta perfección, vista desde todos los ángulos posibles: sonoro o plástico (repetir el Finale de la 88 dejando que los vieneses toquen solos, con los acuosos ojos del director marcando las entradas, es un momento irrepetible).

Escuchar los movimientos lentos (un lento en Haydn no es como en Mozart, no se desciende a lo más profundo, pero se avanza hacia un más allá) es una experiencia total, especialmente el de la “Oxford”, que ha dejado sin palabras al que escribe. Solo se me ocurre lo que titula esta “crítica”: Grande.

Gonzalo Pérez Chamorro

Puntuación

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