Ritmo "On Line"
Discos para la historia
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MICHAEL BARENBOIM.

MICHAEL BARENBOIM.

Publicada en ABRIL 2018 / número 917

TARTINI: Sonata "El trino del diablo". PAGANINI: Caprichos nos. 1, 6, 9, 16, 17 y 24. SCIARRINO: 6 Caprichos. BERIO: Sequenza VIII, para violín solo. Michael Barenboim, violín.
Accentus ACC30431 (CD)

La crítica

EL GRAN VIOLINISTA “CONTEMPORÁNEO”

El concertino de la Orquesta del West-Eastern Divan Orchestra fue recibido en sus comienzos como solista por varios críticos un tanto miopes con indisimulada frialdad y aires despectivos como “el hijo de Daniel Barenboim”. Pues bien, tras unos cuantos años de carrera se ha significado como valiente y lúcido intérprete de muchas de las obras más difíciles y esquivas del repertorio del siglo XX, desde el Concierto de Schoenberg y la Sonata de Bartók al Concierto de Ligeti o Anthèmes II de Boulez. Sin por ello olvidar el siempre comprometidísimo Concierto de Beethoven, que pudo escuchársele en Madrid de modo ejemplar con la Sinfónica de la Radio Bávara y Maazel. Hoy ha debutado ya con orquestas como las Filarmónicas de Viena, Múnich o Berlín y la Sinfónica de Chicago, y con batutas como las de Boulez o Mehta, además de con su padre. Con estos datos no es preciso insistir en su talla musical.

En este segundo disco suyo para el sello Accentus (en el anterior figuraban Bach, Bartók y Boulez) vuelve a afrontar grandes y muy variados retos, mirando a la Italia de los siglos XVIII, XIX y XX. Los 6 Caprichos (1976) de Salvatore Sciarrino (n. 1947) son piezas de vanguardia que podrían calificarse de extrema, que extraen del violín posibilidades ciertamente insólitas, lo que puede también decirse de la Sequenza VIII de Luciano Berio (1925-2003), compuesta un año más tarde. En ambas obras no solo despliega el violinista un mecanismo deslumbrante y con tintes demoníacos, sino una variedad de colores asombrosa y una fuerte intensidad pasional. También posee elementos demoníacos, claro está, la impresionante Sonata Il trillo del diavolo de Giuseppe Tartini (1692-1770), compuesta hacia mediados del siglo XVIII, que aquí se interpreta sin el clave (o el piano) que suele acompañar (acompañar solamente, sí) al violín. Michael Barenboim, en una interpretación fantástica e hipnótica, la muestra como un antecedente clarísimo de Paganini.

De este mítico virtuoso ha seleccionado seis Caprichos (publicados entre 1801 y 1807), en los que su mecanismo es impactante, pero no parece que demostrarlo sea lo que más le motiva a interpretarlos, pues sus versiones tienen una inventiva y una personalidad que me han traído a la memoria la singular grabación de Julia Fischer (Decca, 2010): una y otro parecen apartarse conscientemente de sus ilustres colegas, de Michael Rabin a Perlman, Accardo, Mintz, Midori, Malikian o Markov, quienes, pese a su indudable musicalidad, parecen movidos ante todo por la exhibición pirotécnica. Con Michael Barenboim (París, 1985) estamos ante un violinista ya maduro, consumado y sensato pero nada convencional.

Ángel Carrascosa Almazán

Puntuación

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