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BRAHMS: Las 4 Sinfonías

BRAHMS: Las 4 Sinfonías

Publicada en JULIO-AGOSTO 2017 / número 909

Boston Symphony Orchestra / Andris Nelsons.
BSO Classics (3 CDs)

La crítica

TAN JOVEN Y TAN BRAHMS

Ya que Deutsche Grammophon parece no animarse, lo ha hecho la propia Orquesta Sinfónica de Boston: publicar (en soporte físico y mediante descarga, que puede ser en alta resolución) las cuatro Sinfonías de Brahms por Andris Nelsons, cuyos Brahms anteriores me habían entusiasmado. Este ciclo confirma que estamos ante un intérprete brahmsiano de primer orden, si bien creo que me esperaba aún un poco más.

De entrada, me parece que Nelsons apenas aporta nada personal a lo ya conocido; tal vez es muy difícil, casi imposible, aportar algo nuevo a Brahms, sobre el que se han pronunciado prácticamente todos los grandes directores. Pero tampoco es necesario pedir a todo el mundo que aporte algo: hacerlo muy, muy bien no es poco. Y es lo que logra Nelsons.

El director letón, que tiene 38 años, parece aquí mayor, muy maduro, sereno, hondo, destilador y transmisor de grandes bellezas. Si aportar es lo que hace poco hizo Chailly en su ciclo para Decca con la Gewandhaus, prefiero que no se aporte nada nuevo. Pues frente al atolondramiento y la sosa, insípida superficialidad (cuando no empalago) del italiano (de más de 60 años cuando hizo su grabación), el letón ofrece lo contrario. Por no hablar de eso, tan difícil de explicar cómo fácil de apreciar, de sonar a Brahms: mientras Chailly no logra extraer ese sonido tan personal del compositor hamburgués, a Nelsons parece brotarle de forma natural.

Entraré solo en algunos detalles: en el primer movimiento de la Primera Sinfonía, Nelsons no se alza al nivel de los más grandes, pues no logra el dramatismo y la tensión que me parecen necesarias. El lento, en cambio, como los otros tres de la serie, es maravilloso por su hondura y su belleza: no hay más remedio que acordarse de Giulini.

El primer movimiento de la Segunda consigue compaginar de modo ideal contemplación y dramatismo. El Adagio es de antología. Probablemente la Segunda que tiene en DVD/Blu-ray (Accentus 2015) con la Orquesta del Festival de Lucerna es aún más maravillosa, seguramente la que más de toda la discografía tras las dos últimas grabaciones de Giulini (Filarmónicas de Los Angeles y Viena, ambas DG).

En el arranque mismo de la Tercera sorprende que Nelsons no haga el menor rubato, ese recurso que puede crear una especial sensación de expectación y de pathos. Tampoco este primer movimiento me parece especialmente memorable, aunque sí lo es el segundo, acaso el episodio más logrado de todo el ciclo. El tercero, por supuesto, está maravillosamente cantado, sin caer en la menor dulzonería. También el Finale es, tal vez, como el primero, en exceso contenido. Pero es de todo punto irreprochable. Para mí se confirma, una vez más, que esta Sinfonía Op. 90 es la más difícil de desentrañar de las cuatro.

La Cuarta sí que es una de las cumbres de la discografía, sin nada de especial que añadir a la tónica general descrita. Sí que le agradezco en particular que no caiga en el error de hacer la coda final ampulosa o al menos grandiosa, lo que para mí empaña varias grandes interpretaciones. No hay que olvidar que Brahms prescribe, a un tempo que ya era allegro, un Più allegro, y no maestoso o algo parecido. Nelsons obtiene así una conclusión abiertamente rabiosa, con tintes de desesperación. Que, estoy convencido, es como debe ser (Bernstein así lo explica, aunque luego ¡no es capaz de cumplirlo!).

La Sinfónica de Boston, que ya tenía en su haber un soberbio ciclo Brahms con otro brahmsiano de pro, Bernard Haitink (Philips 1991-96), no es, por sus características sonoras, una orquesta especialmente idónea para este compositor, pero ya el gran maestro holandés lograba superar esta dificultad. Mejor aún lo ha resuelto quizá Nelsons, que logra aunar (casi la cuadratura del círculo) transparencia con densidad, gracias sobre todo esto último a una cuerda grave particularmente presente y de sonido profundo, marca de la casa Nelsons, que se agradece mucho aquí. Maravillosas en especial las maderas, de tradición (desde la época de Munch y Monteux) francesa.

Ahora bien, he de señalar un problema, un desequilibrio (seguramente de balance en las tomas) en el que casi seguro los técnicos de DG no habrían incurrido: la excesiva presencia de los timbales, que en los movimientos finales de la Segunda Sinfonía, y más aún de la Cuarta, llega a ser muy excesiva y cargante. Es una lástima que esto empañe unas tomas de sonido por lo demás espléndidas. En cualquier caso y resumiendo, estamos ante uno de los mejores ciclos sinfónicos Brahms de los últimos 25 o 30 años, si bien yo esperaba que pudiese ser mejor aún (a tenor de sus Conciertos para piano con Hélène Grimaud para DG, de la citada Segunda Sinfonía y Segunda Serenata de Lucerna, más una Cuarta y un Concierto para violín -Guy Braunstein- con la Filarmónica de Berlín difundidos por Digital Concert Hall). Creo que no logra desplazar a los dos mejores de los existentes, que son para mí los de Bernstein y Giulini, ambos con la Filarmónica de Viena y ambos DG. Pero, ay, a ambos les reprocho la solemnidad de la coda del final de la Cuarta

Angel Carrascosa Almazán

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