Ritmo "On Line"
Discos para la historia
Selección de grabaciones fonográficas y audiovisuales de referencia, con su presentación y crítica. Cada mes diez nuevos títulos.

MARIA CALLAS LIVE. REMASTERED LIVE RECORDINGS 1949-1964.

MARIA CALLAS LIVE. REMASTERED LIVE RECORDINGS 1949-1964.

Los años la mejoran

Tras la muerte de Maria Callas el 16 de septiembre de 1977 (en este 2017, por tanto, se han cumplido 40 años) en París, rodeada de nadie, en una completa soledad para quien había sido ídolo de masas, sacrificada por esos mismos con el paso de los años, su cuerpo, envuelto en extrañas circunstancias tras su muerte, fue incinerado en el cementerio de Père Lachaise y esparcidas sus cenizas en el mar Egeo, tras recuperar la urna fúnebre de un posible robo.

La autopsia que no se le pudo realizar por estos sucesos casi cinematográficos, se ha subsanado con las miles de autopsias críticas que se han hecho de su arte, quizá la cantante que más ha recibido a lo largo de todo el siglo XX y XXI. Si no hace mucho hacíamos una autopsia a la magna edición de Warner Classics (“The Complete Studio Recordings, 1949-1969), que fue portada de RITMO en diciembre de 2014, volvemos ahora con una similar y lujosa presentación (caja de un rojo Visconti -Senso-, con 42 CD en pequeños cofres desplegables, amplio libro y 3 Blu-rays con recitales), para lo que son las grabaciones en vivo, que es donde esta señora se encontraba como en su casa.

Esta es la gran paradoja de Callas: se interpretaba a ella misma. No necesitaba asumir el dolor de sus roles, ni la desesperación de Tosca, ni el sufrimiento de Violetta; la propia Maria llevaba consigo muchos trastornos generados en su infancia, que en su edad adulta desarrollaron un estado de inseguridad que solo se subsanaba en escena: ahí es donde ella se convertía en la gran mujer que no se creía que era.

Pero solo de teatro no vive un cantante, vive de interpretar cantando, y para cantar hay que tener talento y estudiar, cosa que ella hizo durante toda su vida, hecho que le costó discusiones y discusiones con sus colegas, sin ir más lejos con su querido “Pippo”, Giuseppe Di Stefano, que en su última e innecesaria gira (1973, con la voz hecha pedazos) le recriminaba no repasarse los dúos con ella, confiando en que la experiencia de ambos y la habilidad teatral de su compañera les sacaran del atolladero si llegaba el caso.

Qué quiero decir con esto, pues que se ha sobredimensionado la facilidad y capacidad teatral de la cantante frente a la capacidad vocal e interpretativa, musicalmente hablando. Ella interpretó estos personajes de otro modo, precisamente estos audios, con una sustancial mejora en su calidad tras unos complejos y elaborados procesos de remasterización, prueban que sin imágenes el oyente percibe una grandísima recreación teatral detrás de una portentosa interpretación musical. Sin ésta, aquélla se desvanecería al minuto de la audición.

El contenido de esta caja recupera mi “queja” de la anterior edición, que al tratar grabaciones de estudio nos había omitido cosas tan fascinantes como La Sonnambula con Bernstein en La Scala (1952), como también con Lenny la Medea de Cherubini en el templo milanés en 1953. De ambas, el oyente percibe que se encontraron y se entendieron dos talentos puros, dos genios. Sigamos con grandes colaboraciones, como aquella Traviata lisboeta donde Alfredo Kraus apareció en el panorama operístico con fuerza, sin amilanarse ante la grandeza de su partenaire. Es una grabación mítica que ahora suena como nunca, salvando que la cinta original nunca fue gran cosa. 

Para el wagneriano, encontrarse con una Kundry como Callas necesita un proceso de adaptación, entre otras cosas porque es un Parsifal cantado en italiano (inenarrable escuchar a un tal Africo Baldelli “La piaga!” -“Die Wunde!” en alemán-), que contiene un Gurnemanz de Christoff al que hay que prestarle su atención… Tampoco hay que dejar pasar por alto las colaboraciones con Giulini (Alceste) o Karajan, con una impresionante Lucia de Lammermoor en Berlín (1955). Su entendimiento especial con los maestros de foso italianos (los Sanzogno, Gui o Rescigno), que le permitían todo, se amplió con señores que dirigían con más personalidad, como Gavazzeni, de Sabata o Serafin, quienes sabían extraer lo mejor de ella, como pruebas estos registros, referencias en toda regla.

Una y otra vez, esta mujer, solo con escucharla, da lecciones de canto, es decir, de interpretación musical con una fuerte presencia teatral. Es decir, que cada día canta mejor.

Gonzalo Pérez Chamorro

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