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Entrevista con Antonio Moral, director del CNDM

Entrevista con Antonio Moral, director del CNDM
Publicado: Septiembre 2014
Proyectos itinerantes al frente del CNDM

Más vivo que nunca, el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) afronta su cuarta temporada con la dirección de Antonio Moral. La apuesta es clara, diversificación de conciertos por todo el territorio nacional, apuesta por los creadores e intérpretes españoles y mucha música de un sitio a otro, tal como nos refirió Antonio, recién llegado de un viaje y con la maleta a cuestas, pequeña metáfora de lo que a él y su equipo les espera desde septiembre. En RITMO queríamos volver a encontrarnos con Antonio Moral, que nos contara de primera mano, y en eso pocos pueden competir con su capacidad narradora, cómo se ha gestado este milagro de programación y donde están los límites. Pasen y lean... 

Pedro González Mira: 250 conciertos, 21 ciudades… ¿Es esta una buena manera de paliar el hambre musical de este país?

Por primera vez en esta ocasión tenemos más conciertos fuera de Madrid que dentro. El 58% se hace fuera de la capital de España. Son 250 conciertos y 301 actividades…

Gonzalo Pérez Chamorro: Se cumple, pues, el apellido “Nacional” del Centro…

Por primera vez. Este era uno de los objetivos. En mi caso el diseño estaba pensado para que así fuese y así ha sido. Todo necesita su tiempo. Donde ahora coproducimos, fueron lugares en los que antes hicimos uno o dos conciertos para comprobar que efectivamente había un público, que la producción funcionaba y que nuestros socios tenían interés en el proyecto. En todos esos sitios habíamos organizado antes algo y nos había convencido su funcionamiento.

P.G.M.: Esto puede ocasionar un agravio importante, ya que su labor es mucho más interesante que las que se centran solo en Madrid y, sin embargo, a la hora de ver las subvenciones que tiene cada uno, ustedes creo que salen perdiendo.

Nosotros no tenemos subvenciones, tenemos un presupuesto. Esto es una actividad del INAEM, no nos concede dinero el INAEM. Como del mismo modo la OCNE y el Teatro de la Zarzuela son actividades del INAEM. Como actividad del INAEM, se me marcó unos objetivos concretos. Primero, que fuera un centro nacional; segundo, que se recuperara y se difundiera, en la medida de lo posible, nuestro repertorio musical; tercero, que se apoyara a la creación contemporánea, mediante encargos y difusión de obras de nuestros compositores, aunque dejamos las puertas abiertas a los extranjeros, algunos de ellos grandes desconocidos; y  cuarto, que nos ocupáramos de todas aquellas músicas que no tienen que ver con el repertorio, o con el gran repertorio, es decir, músicas como el jazz o el flamenco, para las que antes no había unos ciclos tematizados como tenemos nosotros. En estos ciclos la mitad del aforo se abona un año antes, es todo un éxito. Es una mecánica inusual, es otro tipo de público que compra con mucha antelación. A esto se añade el enorme interés de los intérpretes por actuar en una sala de acústica tan buena como la sala de cámara, acostumbrados a todo tipo de salas de dudosa calidad acústica… Y con el jazz ha ocurrido exactamente igual, es un público que además se está acercando a otros ciclos a los que antes no habría asistido. Recíprocamente hay un público del clásico que antes no se habría acercado a ciclos de estas características, pero que ahora han cruzado la línea. Todo esto produce mezcla de públicos muy interesantes. Ahora, al iniciar nuestra cuarta temporada, vista con la perspectiva de las tres anteriores, una de las claves del éxito de este proyecto es precisamente esto.

G.P.C.: Se comenta mucho que Antonio Moral se ha convertido en un mecenas para los intérpretes jóvenes de este país, que esperan y tienen oportunidades de actuar en los ciclos del CNDM…

Siempre me he preocupado de que los jóvenes tengan oportunidades en todos los sitios que he estado. El objetivo no es solo apoyar a los intérpretes españoles, es apoyar a los jóvenes intérpretes españoles. Hay que darles la oportunidad, ya que tienen una preparación extraordinaria. Un ejemplo es La Ritirata de Josetxu Obregón, que en el primer proyecto importante que hizo con el grupo grande y no con el Trío fue con nosotros. Hoy, La Ritirata funciona en toda Europa. Esta temporada presentamos a Ímpetus, el conjunto barroco de Yago Mahúgo, que casi no se ha estrenado públicamente. O el plan que hemos desarrollado con nueve pianistas españoles de una generación que oscila entre los 25 y 40 años, que harán la integral de las Sonatas de Beethoven, después de haberlas hecho aquí en Madrid. Es lo que les decía antes, primero pruebo las cosas, si funcionan, como fue este el caso, las giro. Con los compositores, igual, queremos que estrenen las obras, pero aún más que se reestrenen, que circulen. Todo esto viene bien para el intérprete, porque madura la obra; para el compositor, porque ve que su obra no es flor de un día y que la escuchan otros públicos y para que esos otros públicos tengan la oportunidad de escuchar ese estreno.

G.P.C.: Es de los pocos que asisten a los conciertos que organiza…

Fundamentalmente me gusta la música. Y voy al concierto, a los conciertos, porque son el resultado de todo lo que hemos pensado. Trabajamos casi dos años una serie de proyectos que culminan precisamente en el concierto. Y hay conciertos a los que asistimos que no son en Madrid para luego, por su éxito, culminar en Madrid, y viceversa.

G.P.C.: De este modo conoce bien los públicos, como el de Madrid, si es que hay varios públicos…

En Madrid no hay un público. En Madrid hay muchos públicos…

P.G.M.: Eso es un titular, Antonio…

…Tenemos nueve ciclos diferentes en Madrid, a los que asiste un público muy distinto a cada uno. Yo les invito a que se vengan con la idea de estudiar los públicos para que lo comprueben de primera mano. Existe un pequeño público, no más de doscientas personas, que asisten a todo lo que se hace, pero es una minoría, no es “el” público de Madrid.

P.G.M.: Pero ahora estamos en crisis, y a la hora de escoger dónde asistir se lo piensan más…

Lo de la crisis es un “cuento chino”…

G.P.C.: Otro titular…

…La crisis en música ha tenido una incidencia relativa. Todos los grandes proyectos que se hacían, organizados de una forma seria, son proyectos que continúan. Evidentemente, algunos de esos proyectos han sufrido una merma a consecuencia de la crisis. Hablamos de mermas de un 10 o un 15% en la bajada de los abonos o en la disminución de algunos conciertos. Hay gente a la que le ha afectado, eso es cierto. Pero han nacido nuevos ciclos en esta época de crisis. Por ejemplo, en el Auditorio Nacional, los de Ibercamera, La Filarmónica o Excelentia. Cuando la situación estaba peor que nunca, hace un par de años, ¡nosotros salimos al mercado con nueve ciclos distintos! ¡Y tenemos más del 85% de ocupación! La clave está en la diferenciación. Lo que es un error es hacer más de lo mismo. No tiene sentido que en Madrid haya hasta once ciclos distintos de música sinfónica, en los cuales se ofrecen prácticamente las mismas obras por orquestas intercambiables, que se escuchan sucesivamente cada año. Creo que hay un problema de crisis, pero en el espectador, que está harto de escuchar siempre lo mismo. Cuando uno ha escuchado en los últimos cinco años dieciséis veces la Cuarta de Brahms o la Quinta de Tchaikovsky, la saturación es evidente. Cuando veo el folleto informativo del mes en el Auditorio Nacional, veo que otra vez se programan estas obras, cuando ya habían sido programadas en bastantes casos el mes anterior… Entonces, ¿qué es lo que ocurre? Ahora no es lo mismo que hace  veinticinco años, cuando venía una orquesta importante a Madrid, con un director importante, o hacía una obra poco frecuente o una obra de repertorio. Para nosotros era todo un acontecimiento que Mravinsky hiciera la Quinta de Tchaikovsky con la Filarmónica de Leningrado. Pero hoy, eso se produce de una forma natural. Ibermúsica tiene 24 conciertos, hay pocas ciudades en el mundo que tengan 24 conciertos sinfónicos de primer nivel que ofrezcan el gran repertorio. Si a esto le añades los programas de la Orquesta Nacional, el de la RTVE, de la Sinfónica de Madrid, de la Orquesta de la Comunidad y varias de las instituciones privadas, dense cuenta de la tremenda oferta. Hay días que el Auditorio Nacional tiene dos sesiones de tarde, y en los dos casos el aforo está prácticamente lleno. Me hablaban de crisis, señores…

P.G.M.: Me consta que algunos privados van a tener serios problemas en vender abonos…

De esto se ha hablado hace años. Tal vez el problema no esté en vender el abono, sino en cómo venderlo. Es un público, y vuelvo a insistir, al que se le ofrece la misma cosa una y otra vez. ¿Por qué tiene tanto éxito el Barroco? Porque es nuevo. ¿Y por qué tiene éxito el Barroco entre un público más joven? Porque al público joven le gusta lo nuevo, lo más desconocido, lo que es una sorpresa. Hay músicas que son difíciles de clasificar, véase nuestro ciclo “Fronteras”, que es por lo que a la gente precisamente le atrae.

P.G.M.: Lo que usted hace lo hace desde un puesto público. La pregunta sería, ¿se puede hacer esto desde la privada?

Yo he estado programando esencialmente desde la iniciativa privada hasta que he llegado al CNDM. En el Teatro Real, que es un puesto público con planteamientos de funcionamiento privados, cuando fui director artístico, y en otros lugares donde también la iniciativa era privada, programaba de este modo. Y ahora, que he llegado a un puesto completamente público, me sirve todo mi bagaje anterior en la privada para desarrollar mi actividad. Intento ser coherente, honrado con el público, intentar que el público tenga lo que creo que el público quiere y necesita, sin intentar nunca educarlo. Achacar a la crisis la falta de ventas de entradas y abonos es un argumento para ocultar en muchas ocasiones la falta de imaginación del programador.

P.G.M.: Hay mucha música sinfónica muy buena que apenas o nunca se escucha…

Si yo tuviera hoy en día la responsabilidad de programar una orquesta sinfónica, que no es el caso del CNDM, que cubre formatos más reducidos, estoy seguro de que mi programación sería muy distinta de la que hacen mis colegas programadores de ciclos sinfónicos.

G.P.C.: Y si fuera privado ¿pensaría igual?

El privado es un señor que tiene una cuenta de resultados. Tiene que dar sentido a esa cuenta y detrás tiene la espada de Damocles, que si no hay rendimiento, no puede continuar, simple. Alfonso Aijón (Ibermúsica) hace muy bien lo que hace, porque además es lo que tiene que hacer. Y además es valiente, porque muchos de sus programas son muy atrevidos. Pero no le puedes pedir a Alfonso que te programe la integral de las Sinfonías de Glazunov o Weinberg. No, no se lo puedes pedir. También es verdad que hay un cierto público, muy abundante, que demanda ese tipo de programación “conservadora”. Pero hay muchos públicos…

G.P.C.: Que el CNDM tiene cazados…

Para estos públicos vamos a hacer La fida Ninfa de Vivaldi, Adriano in Siria de Veracini (el libreto, de Metastasio, generó más de veinte títulos homónimos en otros compositores -nota de este entrevistador-), también ignota en España; vamos a escuchar una ópera de Agostino Steffani, que hoy se ha puesto de moda, Niobe, Regina di Tebe, que creo nadie ha podido escuchar y menos completa…

G.P.C.: Y sin la Bartoli…

Eso, sin la Bartoli…. Haremos también King Arthur de Purcell, una preciosidad que creo no haber visto programada en Madrid. También habrá repertorio como la Alcina de Haendel…

P.G.M., G.P.C.: Si llama repertorio a Alcina

Vale vale, cómo son ustedes… Pero al menos se conoce bastante más que las anteriores. Y en los últimos veinticinco años no se ha puesto ni en versión de concierto ni por supuesto representada. Y haremos una Pasión de Bach, pero será la Pasión según San Juan, que se hace mucho menos que la de San Mateo. Qué quiero decirles con esto, pues que tenemos un ciclo “popular”, nos dicen, pero esta nueva temporada casi todo van a ser estrenos de obras totalmente desconocidas, eso sí, por intérpretes de primera.

G.P.C.: ¿Cómo nacen estas ideas?

Estas ideas nacen después de hablar mucho con unos y otros y de saber que se está haciendo por ahí fuera, meterse en coproducciones con varios teatros, como es el caso de La fida Ninfa, que con Andrea Marcon se hará en distintos lugares de Europa para recalar finalmente en Galicia. Partimos de un proyecto que, al unirse otras ciudades, ha sido posible. En definitiva, estos proyectos surgen estando en contacto constante con muchas personas involucradas.

P.G.M.: ¿Y no sería posible que el CNDM dispusiera de alguna orquesta, también del INAEM, ya que todos están en el mismo barco, con la que pudiera hacer ese tipo de repertorios menos frecuentes, léase por ejemplo los de la Nacional? Desde RITMO pedimos a las instituciones responsables que tomen nota…

Ese no es mi proyecto, yo trabajo para el CNDM. Respeto a mis colegas, desde aquí no voy a criticar a nadie ni entrar en un asunto que no es de mi competencia.

G.P.C.: Pero sí han acogido al Liceo de Cámara, que sin su amparo habría desaparecido…

En los dos últimos años había tenido problemas, pero en un último momento surgió el milagro y alguien se ocupaba del ciclo, salvando la siguiente temporada. Luis Gago, su director artístico, ya me había dicho que no lo iba a hacer. Pero uno pensaba que finalmente lo retomaría… Pero a finales de marzo vi que la cosa se iba a perder irremediablemente y decidimos, de común acuerdo en el INAEM, de ocuparnos nosotros del Liceo, cambiando un poco la idea, llamándolo Liceo de Cámara XXI, que es una ligera adaptación de lo que yo ya tenía hecho con las Series XX-XXI que hicimos en la sala de cámara. He tenido que matizar algunos programas, no otros. En el futuro lo readaptaremos con una vocación diferente.

G.P.C.: Es decir, ha sido adoptado con vocación de futuro…

Claro, ha sido adoptado para que la música de cámara tenga una presencia importante dentro de la programación madrileña. Porque no debemos de olvidarnos de un detalle. Si hay doce, trece o catorce ciclos sinfónicos, solo hay uno de cámara.

G.P.C.: ¿Y con qué comenzamos ahora en septiembre?

Los conciertos inaugurales del CNDM son fuera de Madrid. Uno en Illescas por el año del Greco, en la Capilla Mayor del Hospital de la Caridad (26 de septiembre), que conserva cinco lienzos originales del Greco pintados expresamente para esa iglesia, además de realizar en Illescas un concierto cuando no se había programado ninguno por el IV Centenario del Greco. La figura del Greco me interesaba mucho desvincularla del mundo pictórico puro, ya que aun siendo un pintor religioso, se está poniendo de manifiesto que era un pintor absolutamente mercantilista, pintaba temáticas religiosas porque su principal cliente era la Iglesia, una empresa con mucho poder económico. No era un pintor interesado en la temática religiosa y ni siquiera era religioso, en el sentido católico-cristiano, porque, para empezar, era griego. El programa que hemos preparado, muy interesante, interpretado por el grupo Cinco Siglos con la soprano Delia Agúndez, es de corte instrumental y profano, con una temática sobre la iconografía de los instrumentos musicales que aparecen en los cuadros del Greco. Antonio Torralba, el director de Cinco siglos, ha preparado un programa excelente, muy estudiado y trabajado, que oscila entre el Renacimiento y el Barroco, ya que el Greco está a caballo entre estas dos tendencias. El concierto posterior a este es en Cuenca, el 27 de septiembre, un proyecto con motivo de la apertura de las II Jornadas de Zarzuela promovidas por la Fundación Guerrero. Me interesa mucho abundar en la temática de la zarzuela barroca. Este concierto lo ofrecerán la soprano Ruth Rosique, la mezzo Marta Infante y Harmonia  del Parnàs, dirigidos por Marian Rosa Montagut, que ofrecerán una panorámica de lo que era la zarzuela barroca, previamente introducidos con una conferencia sobre los oficios en la zarzuela barroca. A la siguiente semana (2 de octubre), abrimos en León, como ya venimos haciendo habitualmente, con un proyecto con un fuerte carácter pedagógico, en el cual la selección de los alumnos que se hace del Curso de Interpretación Vocal Barroca en marzo por Eduardo López Banzo, que trabaja con quince o veinte chicas y chicos, conforman la base del concierto en el marco del Festival Internacional de Órgano de la Catedral de León. En Madrid abrimos la temporada en el Museo Reina Sofía el lunes 6 de octubre con el Trío Arbós en George’s Odyssey, un proyecto videógrafico de Ana de Alvear, en el que se han encargado once composiciones a once compositores internacionales. Una ya estaba hecha, que es la que pudimos ver y escuchar en nuestra presentación, la de Jorge Fernández Guerra.

P.G.M.: Todo esto son las aperturas, pero el cierre no es menos interesante… ¿Cuánto tiempo hace que en Madrid no se escucha la integral de las Sonatas de Schubert?

Es la primera vez que se va a hacer la integral. Ya hice una vez en el ciclo de Grandes Intérpretes la integral de las Sonatas completas con Zacharias, pero en esta ocasión Elisabeth Leonskaja tocará también las incompletas. Ella cumple 70 años en junio, este es como el proyecto de toda una vida. Se va a desarrollar en varias ciudades europeas a lo largo de 2015, pero en Madrid será la única ciudad en la que se haga en un corto espacio de tiempo, un mes, conjugando con todo el piano de la Segunda Escuela de Viena, de Berg, Schoenberg y Webern. Estos conciertos, además, serán grabados para editar posteriormente una grabación en el sello con el que graba habitualmente Leonskaja. Si sintetizo, hay un tremendo trabajo detrás de cada proyecto, y este no es para menos.

G.P.C.: Para relajarse tiene su Bach Vermut

Eso va a ser la bomba. Forma parte de los actos con motivo del 25 aniversario del Auditorio Nacional y de la construcción del órgano. Tras los conciertos, montaremos un mercadillo en el hall del Auditorio, donde venderemos mojama, jamón de jabugo, tomates, quesos y nos tomaremos unos vermut comentando la jugada…

Cuente con nosotros, para Bach y para el vermut… Ha sido un placer.

Pedro González Mira
Gonzalo Pérez Chamorro

+ Info: http://www.cndm.mcu.es/

 

 

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