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Tomás Marco

Tomás Marco
Publicado: Septiembre 2017
Espíritu renovador

Tomás Marco es un compositor de ideas claras con una mente brillante. Se acerca al concepto humanista del Renacimiento, que maneja diversas ideas y disciplinas y las pone al servicio de su obra. Disfruta de un gran momento profesional, ha recibido el Premio Tomás Luis de Victoria, la próxima temporada estrenará una zarzuela y ultima la edición de un nuevo libro. Repasamos para RITMO los pilares de su trayectoria.

Para comenzar, ¿podría situarnos en la España musical de sus inicios?

Durante aquellos años tratamos de recuperar el tiempo perdido en la guerra, intentando asimilar a Stravinsky, el Serialismo o el Dodecafonismo. Enseguida percibí que las consecuencias de estos movimientos, tanto en Europa como en América, serían grandes. En España, Luis de Pablo, Cristóbal Halffter o Ramón Barce se habían iniciado en este camino y cuando los conocí comencé a trabajar con ellos.

¿Qué estilo le impresionó más?

Mientras el Serialismo integral daba paso a la Aleatoriedad, emergió una vanguardia europea que provenía de Europa del Este; las iniciativas de Lutoslawski o Penderecki llamaron mi atención poderosamente porque me permitieron seguir un lenguaje más personal.

¿Qué queda de aquella ruptura?

Un tipo de pensamiento que incitaba a investigar continuamente, gracias al cual existe ahora un lenguaje abierto y ecléctico. Cuando el compositor comienza a trabajar en una obra debe tener a mano todas las técnicas y posibilidades que estén a su alcance y aplicar la más conveniente.

¿Queda algo por descubrir?

Sí, en algunos momentos se llega a encrucijadas en las que parece que todos los caminos están agotados, pero siempre surgen otras opciones; a partir del Impresionismo no se sabía si habría continuación y de repente apareció la Atonalidad. Estamos en un momento en el que se ha avanzado mucho pero todavía quedan cosas por hacer, o eso espero.

¿Una opción sería volver a utilizar los elementos primarios de la música?

Sí, desde luego. Durante el siglo XX la música ha ido adquiriendo un material sonoro diferente, que contempla la utilización del ruido como elemento musical, de forma que en el XXI se cuenta con lo nuevo y con lo anterior. La música de este siglo transcurre por terrenos experimentales que, a su vez, utiliza herramientas tradicionales.

¿Podría concretar hacia donde se dirige?

Es difícil vaticinarlo, aunque hay indicios que lo muestran. Una vez que se ha conseguido este lenguaje que conjuga pasado y presente, hay que considerar el fenómeno de la globalización. Hoy día es posible saber qué está haciendo un colega australiano en tiempo real, lo que provocará una integración de culturas. Existen algunas muy distintas a la nuestra y músicos capaces de manejar ambas, como el japonés Takemitsu, que las combinaba con excelentes resultados. Esta será una de las opciones estilísticas del futuro.

¿El centro cultural se trasladará a Oriente?

No, depende de muchos factores. Los núcleos que concentran un determinado momento artístico se van trasladando conforme se desplazan los económicos, porque suelen estar donde hay un gran centro de poder.

¿España está capacitada para asimilar las próximas novedades?

Es conveniente que estemos preparados para evitar que nos desplacen. Se están llevando a cabo ideas interesantes, como la simbiosis entre proyectos experimentales, proyecciones con sintetizadores sobre música y palabra que se secuencian y se ven en otro ámbito. Estos planteamientos están conviviendo con buenos resultados.

¿La formación como músicos estará a la altura de las circunstancias?

La formación musical ha mejorado mucho en España, aunque se ha deteriorado en los últimos años. Lamentablemente, el estado de la formación obligatoria sigue en una situación tan pésima como la del siglo XX. No se ha avanzado a la hora de culturizar a la población e incluso se ha retrocedido: hace unos años el bachillerato incluía música y ahora no. Sólo se introducen iniciativas fútiles, como tocar la flauta, que sirve para aburrir a los padres.

Entonces ¿cómo se incorporará la música del siglo XXI a esta sociedad?

Habrá que hacerlo de manera personal. Esperar a que lo hagan las instituciones académicas va a ser complicado y, además, España es un país de individualidades.

¿Existe algún problema de fondo?

En realidad hay una banalización de la cultura y del arte, no solo en España sino en otros sitios de Europa y América. Aunque en su caso las grandes élites formativas universitarias siguen teniendo un enorme impacto mientras que aquí se está instaurando una mediocridad que se extiende al ámbito universitario.

¿En este sentido la música está en desventaja con las demás artes?

No, de hecho en este momento la música está por delante de la pintura y la literatura tanto a nivel nacional como internacional. El verdadero problema en España es que la asimilación de la música se ha deteriorado, es un arte menos accesible que otros y el ciudadano no está acostumbrado a su consumo. En este sentido es conveniente observar el lugar que ocupa en los medios de comunicación porque, en el fondo, sólo se conoce lo que dan los medios.

La música se olvida incluso desde las instituciones culturales…

Las instituciones son un reflejo de la sociedad, que deberían trabajar para mejorarla. Estamos en una democracia en la que las instituciones se constituyen con las personas que elegimos; si fueran buenos profesionales deberían mejorar la base educativa.

¿Qué le pareció la iniciativa del INAEM en favor de los compositores?

Me parece bien, es una manera de reconocer que la composición actual tiene algo que decir y por otra parte ha sido un foco de atención.

Con este presente y la perspectiva del tiempo, ¿cómo valora el camino que tomó?

En aquella época había que ser valiente, si no todavía estaríamos dando vueltas alrededor de lo mismo, hubo batallas y conciertos muy sonados que han pasado a la historia. Fue un momento importante en la cultura española.

Usted no se decidió por la enseñanza…

Yo estuve tres años en el conservatorio sustituyendo a Luis de Pablo cuando se fue a Canadá. Pero prefiero la gestión, creo que es importante, y es mejor si la hacen los músicos que los políticos…

Gestión, composición… ¿Cuál de sus facetas le parece más relevante?

La composición es lo fundamental, pero mi trabajo de investigación también es importante. Estoy a punto de sacar un libro sobre cómo escuchar la música actual. Es el producto de las conferencias que hice el año pasado en la fundación BBVA: aprender a escuchar por parámetros para saber contar los cambios en cada obra. Está indicado para personas a las que les interesa la cultura, no es necesario tener conocimientos específicos sobre música.

También dirigió el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, ¿cómo está en la actualidad?

Pertenece al Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), que lo lleva Antonio Moral y creo que lo está haciendo bien a todos los niveles, pero no es un centro específico de música contemporánea como el que había y eso no es positivo porque hace falta una institución más centrada en lo experimental.

¿Hoy día existe la música contemporánea como concepto de modernidad?

Sí, pero antes se entendía por contemporánea una música más estricta técnicamente, relacionada con la ruptura.

¿La ruptura estaba relacionada con la edad o con las circunstancias?

No es una cuestión de edad sino de personalidad. La edad te da experiencia, nada más. Hay jóvenes que son muy innovadores y otros que son muy clásicos. Yo he sido rompedor y lo voy a seguir siendo, antes innovar era hacer un cuarteto como Aura y en 2017 es hacer una zarzuela.

¿Se está restaurando lo anterior a la vanguardia?

Parece que se está recomponiendo de alguna manera, aunque movimientos como Fluxus ya no tienen sentido, porque su objetivo era provocar y ahora nadie se escandaliza de nada.

¿No es provocativa esta vuelta al XIX?

Supongo que sí y me imagino que el que yo haga una zarzuela va a escandalizar muchísimo, independientemente de cómo sea la obra. Se vuelve, pero en espiral; se recuperan ciertas ideas pero de otra manera, y así se crea la nueva vanguardia, que ya no es la anterior.

Esta espiral, ¿asciende o desciende?

Aspiraría a que fuera hacia arriba, pero que lo diga la crítica, o mejor dicho, la musicología del futuro.

Precisamente la crítica es otra de las actividades a la que se ha dedicado…

Sí, aún sigo escribiendo, pero hoy día la prensa musical diaria ha desaparecido de España por desinterés de los periódicos. En la época de Fernández Cid el ABC sacaba como mínimo una crítica diaria. Ese terreno se ha perdido, sobre todo en Madrid, donde apenas se publica nada; en las provincias todavía se publican artículos, aunque allí no quedan buenos críticos, nunca los ha habido. El futuro de la prensa escrita es complicado.

¿Quiénes han sido los responsables de ello?

Los medios de comunicación se han desinteresado de la música. Es un problema relacionado con la formación de los españoles, si el director de un periódico no tiene la música entre sus objetivos, evidentemente no aparece. Pero no es el único responsable, también interviene el entorno; por ejemplo, a ningún medio de comunicación se le ocurriría eliminar el fútbol de la programación, independientemente de que les guste o no.

Sin embargo, hay espacios relacionados con la música que siempre aparecen, como el Real…

La aparición del Real en los periódicos no está relacionada con el hecho musical. Es un asunto social, se ha abierto el Real y se ha convenido que es importante lo que sucede allí.

¿Y el esfuerzo de los gestores?

Ellos han trabajado mucho porque el Real parezca importante y lo sea, pero realmente no es solo eso. Es un ambiente social que ha decidido que el Real está en una cúspide compartida con Plácido Domingo.

El Minimalismo también ha conseguido captar la atención de los medios…

El Minimalismo triunfó gracias a los canales del pop, pero el estilo es más amplio que la música repetitiva de corte americano que lo ha hecho famoso. Glass triunfó con un público diferente al de la música clásica y aprovechó esta situación para seguir componiendo.

¿Está de acuerdo en darle al público lo que quiere?

Bueno, realmente no sabemos si al público se le está dando lo que quiere o lo que las grandes multinacionales les están ofreciendo y desean para ellos. Cuando la música se convierte en un negocio el gusto no es personal, sino dirigido.

Pero en este caso se basa en la música clásica…

Sí, pero hay muchos aspectos de la música clásica que se han visto como negocio. El éxito que tuvieron los “Tres Tenores” fue enorme, aunque musicalmente su alcance no fuera significativo. También hay figuras que han transcendido a un ámbito diferente del artístico, como Dudamel, que no solo es un director de orquesta sino un icono que representa a Venezuela. No dudo de su capacidad profesional, pero hay algunos profesionales de su talla y no tienen tanta relevancia mediática.

¿Aceptaría que una multinacional comercializase con su música?

Mi música está ahí para que la use el que quiera, lo complicado sería meterme en un negocio teledirigido con mi aquiescencia. Por ejemplo, Górecki, cuyo estreno de la Sinfonía de las Canciones Tristes no fue trascendente, años después se convirtió en un hit internacional. Le vino bien económicamente, pero tuvo que empezar a hacer obras como esa que no le importaban a nadie. Dudo que merezca la pena.

En el hipotético caso de que su zarzuela Policías y Ladrones, que estrenará la próxima temporada el Teatro de la Zarzuela, se convirtiese en el objetivo de una multinacional…

Eso no va a ocurrir. Policías y Ladrones es un esfuerzo grande por estrenar una nueva zarzuela que comenzó el director anterior y ha continuado el actual. Ha sido un reto, una estructura clásica con música del siglo XXI. El problema radica en que la zarzuela es un género que se ha convertido en histórico y tiene pocas posibilidades de incorporar nuevos elementos; por otra parte, independientemente de que sea buena o mala, tenga éxito o no, el circuito ya ha marcado las representaciones que va a haber en Madrid y después no habrá más.

¿Cuál es el tema de Policías y ladrones?

Es una zarzuela en el sentido formal, con partes habladas, cantadas y números cerrados que trata sobre la corrupción política. Un libreto escrito por Álvaro del Amo, en cierta medida dramático y humorístico, en el que hay personajes actuales como un político corrupto, un policía que lo persigue y acaba en la cárcel, los hijos que salen de Erasmus, la señora despistada que no sabe nada y todo le parece bien… Aunque Álvaro lo ha escrito en su totalidad, hemos trabajado entre los dos y en algunos cantables yo daba bocetos, igual que se hacía en la época. Podría afirmar que ha sido un trabajo de libretista-compositor en el que lo hemos pasado muy bien.

¿Le satisface recibir encargos y seguir en activo?

Sí, es estimulante, aunque uno sigue en activo a pesar de que no tenga encargos. Quiero seguir escribiendo y componiendo, y si a alguien le interesa, mejor.

También ha sido galardonado con el premio Tomás Luis de Victoria

Es una satisfacción porque a este premio no se presentan las candidaturas personalmente, sino que se lo dan. Cuando te conceden un galardón porque te reconocen los méritos es un honor, y en este caso se compite en todo el ámbito iberoamericano. Aunque también se puede pensar -ya están haciendo el réquiem- pero si uno no se abstrae de esos pensamientos, se agradece el reconocimiento y sigues adelante.

¿Cómo percibe la evolución de la tecnología y la electrónica?

Fue una revolución en su momento, principalmente a partir de que aparecen el moog y los sintetizadores, porque la posibilidad de manejar el sonido por ordenador se amplió y se ha extendido enormemente a todo tipo de música, desde el flamenco hasta el pop llevan sintetizadores. Es un método más para componer.

¿No tienen un fondo de falsedad?

No, son lo que son, máquinas electrónicas. El piano o el violín también son máquinas complicadísimas. Todos lo son excepto la voz. La gente que no sabe manejar el instrumento puede llegar hasta un nivel y no avanzar más, en ese punto se encuentran los que están a la misma altura, y al final se percibe que no saben usarlo correctamente.

¿El público puede intuirlo?

El público no existe, existen los públicos. En este caso probablemente lo sabe pero no le importa. 40.000 personas que van a un concierto de pop o rock con un enorme montaje electrónico tampoco van exactamente a escuchar sino de juerga. Se oye, no se escucha.

¿Hay público suficiente para que un compositor viva de su trabajo?

En principio no. Lo normal es que se viva de otras cosas, por eso se enseña o se gestiona. Estoy convencido de que si diera mucho dinero nadie enseñaría, se dedicarían exclusivamente a la composición. Hay muchos profesionales con talento que componen, pero cada vez es más sencillo estrenar ciertas cosas y más difícil darse a conocer. Si se repasan los nombres de la música española desde los que tienen más edad hasta los más jóvenes, hay más músicos pero son menos conocidos.

Después de tanto tiempo ¿le ha perdido el respeto al mundo de la música?

Es peligroso perdérselo y yo no lo voy a hacer. Por consideración a la música.

Gracias maestro, ha sido un placer.

http://www.tomasmarco.com/

por Esther Martín

 

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