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Crispación andaluza

Se aproximan elecciones municipales. La crispación suele hacer mella en semejantes circunstancias, pero en esta ocasión más aún: la crisis que nos sigue sacudiendo, a la que se unen los graves casos de corrupción descubiertos en el seno de nuestros dos principales partidos, alienta a unos a desgastar al gobierno con la mayor agresividad posible y a otros a defenderse a base del puro contraataque. El resultado es que el debate político está alcanzando cotas impensables de mediocridad. Las cuestiones musicales, como no podía ser menos, se ven igualmente enturbiadas.
 
En Andalucía la cosa está que arde: por primera vez en la historia de la democracia reciente, el Partido Socialista está a punto de perder su mando en la comunidad autónoma a favor del Partido Popular de Javier Arenas, que según todas las encuestas podría alcanzar la mayoría absoluta. Para crispar el ambiente se ha rescatado a un viejo enemigo: la conspiración judeo-masónica, es decir, la alianza entre Daniel Barenboim y el PSOE. Se puede y se debe discutir, como ya dijimos hace poco más de un año en este mismo blog, la enorme inyección económica que la Junta realiza a la Fundación Barenboim-Said para proyectos que incluyen talleres, escuelas de música, cursos de formación especializados, publicaciones y -lógicamente- la West-Eastern Divan Orchestra, en unos momentos en los que los principales teatros y orquestas andaluzas han disminuido sensiblemente la cantidad y calidad de su programación. La controversia es lógica y el debate necesario. Pero el PP ya ha tomado su decisión: suprimir la referida fundación en cuanto llegue al poder.
 
Y es que para los populares decir Barenboim es decir socialismo. Tampoco vamos a ocultar la amistad entre el argentino y Felipe González y sus buenas relaciones con la Junta: su presencia anual en el Festival de Granada se explica de esta manera. Además, eso del “diálogo de civilizaciones” es un concepto que inquieta a la derecha española, y ahí está la foto del Trío de las Azores para demostrarlo. Todo apunta a que la decisión de mandar a Barenboim a casa (suponemos que también dejarán de contar con él en la Alhambra) no se debe tanto a cuestiones económicas como a circunstancias ideológicas, aunque el discurso electoralista hace referencia, por descontado, a cómo el director de la West-Eastern Divan está “saqueando” las arcas andaluzas. En estos tiempos de crisis es fácil dirigir el odio colectivo. Resulta además significativa la manera en que los rotativos andaluces minimizan cualquier dato positivo hacia la figura de Barenboim y su proyecto, no recogiendo noticias tales como la exclusiva con DG y Decca, la concesión de la Legión de Honor, la gira este mayo de la WEDO por La Scala, Santa Cecilia, la Musikverein, la Salle Pleyel y la Philharmonie berlinesa (¡nada menos!) o la filmación el próximo agosto de la integral sinfónica de Beethoven en Colonia. Incluso las malas lenguas comentan que las notas de prensa enviadas desde la Fundación Barenboim-Said van directamente a la papelera en algunas redacciones. Al enemigo, ni agua.
 
Con este asunto está relacionado el de la Orquesta Joven de Andalucía, que en los últimos tiempos ha visto duramente mermado su presupuesto. No hace mucho lanzaron la noticia de que la intención de la Junta era fusionar OJA y Barenboim-Said. Las clases ya no las darían nuestros profesores de conservatorio sino los miembros de la Staatskapelle de Berlín que acuden a la Academia de Estudios Orquestales del de Buenos Aires, por cierto muy bien pagados: motivo más que suficiente para que los catedráticos de turno se levanten en masa. Y a la Orquesta Joven se la dejaría languidecer, con cada vez menos encuentros anuales, hasta ser sustituida por los chavales de Barenboim. Incluso quisieron interpretar el concierto conjunto que dieron en Málaga el pasado enero los dos grupos de estudiantes, los de la OJA y los de la Academia, bajo la dirección de Yaron Traub, como un primer paso para la presunta fusión-absorción. La prensa contribuyó decididamente a inflamar estas cuestiones, a veces comparando cifras de manera muy cuestionable, y el Consejero de la Junta de Andalucía, Paulino Plata, aumentó la confusión con declaraciones inconcretas y hasta contradictorias. Puede que se tratase de globos sonda, tal vez algunos periodistas malinterpretaran la información o la ofrecieran de manera sesgada, quizá pudo influir la recogida de firmas, pero lo cierto es que al final no ha habido ni fusión ni desaparición: la reciente convocatoria de un buen número de plazas para la próxima temporada de la OJA así lo demuestra, independientemente de que se siga hablando de colaboraciones entre las dos instituciones, lo que por lo demás parece muy sensato.
 
Otra cuestión es el despido de Michael Thomas como director artístico de la OJA, llevado a cabo de mala manera, esto es, sin dar explicaciones. No sabemos si se debe cuestiones económicas -si así fuera tendrían que demostrar que realmente se ahorra algo-, si a la calidad del ex componente del Cuarteto Brodsky como director de orquesta o a algún tipo de desencuentro entre el músico y las instituciones de turno. Lo cierto es que a pesar de la cerrada defensa de buena parte de sus alumnos, la Junta le ha sustituido por un consejo asesor, en el que se encuentran Pedro Halffter y Edmon Colomer, titulares de las orquestas de Sevilla y Málaga respectivamente, que se encargará de seleccionar las batutas. No parece una mala idea, aunque insistimos en que los modos en que se ha realizado la operación son censurables y han alimentado la aversión que muchos sienten hacia el partido que lleva décadas en el poder autonómico. Una lástima que algunas acciones de la propia Junta ofrezcan argumentos a quienes están decididos a practicar un crescendo no precisamente musical -a veces da miedo abrir la prensa- en los meses que nos quedan hasta las elecciones. Gane quien gane, la música saldrá perdiendo.

 

viernes, 1 de abril de 2011
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