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Villamarta: vergüenza e impotencia

Todos los teatros del mundo, todos, reciben críticas tanto positivas como negativas. Habrá, por descontado, medios afines y medios digamos “en la oposición”, como también críticos más o menos duros, más o menos profesionales y más o menos de conveniencia, pero a la postre caricias y palos se terminan repartiendo de manera relativamente equilibrada en función de los resultados. En todos los teatros del mundo excepto en uno, el de mi ciudad natal: el Villamarta. De unos años a esta parte, el noventa por ciento de las críticas que recibe tanto en los medios locales como en los especializados son positivas o muy positivas. Existen dos explicaciones posibles. Una, que el teatro jerezano ofrece una programación globalmente superior a la de la Philharmonie berlinesa en música sinfónica, a la del Cadogan Hall londinense en repertorio de cámara y a la del Festival de Salzburgo en repertorio lírico, cosa bastante improbable dada la feroz reducción presupuestaria que ha venido experimentando. La otra es la que ustedes se imaginan. Y yo siento vergüenza y bochorno de que esto ocurra precisamente en mi tierra, además de una gran impotencia al comprobar que no se puede hacer nada por culpa de la amplia red de intereses creados. Y así seguirán las cosas, hasta que algunas personas pongan la dignidad personal y profesional por encima de otras circunstancias bastante más terrenales.

martes, 1 de marzo de 2011
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