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Caballé. La inmensa.

Francisco Villalba Talavera

A Rufo

Corría el año 1967, y yo, un pipiolo afincado en Johann Sebastian Bach, menospreciaba la ópera italiana, mis ídolos en ópera eran Mozart, Wagner, el repertorio ruso y el Fidelio de Beethoven. Pero dio la casualidad que aquel año programaron, en el Teatro de la Zarzuela, La Traviata, el papel de Violeta lo interpretaba una soprano para mí totalmente desconocida, Montserrat Caballé. Al verla en escena pensé, no tiene la imagen que es de esperar para el personaje, pero cuando comenzó a cantar se transformó, merced a su deslumbrante voz, en el ser más etéreo que imaginarse pueda. Fue, y es, la única soprano a la que he escuchado Violeta Valery en su integridad, lirica, casi ligera, en el primer acto, para después ir evolucionando a un  canto más lírico, más expresivo,  de más peso. Salí fascinado por “Mi Moncha”;  así la he llamado siempre con el mayor cariño y admiración, y esa admiración ha ido creciendo con el paso de los años. Gracias a ella, la ópera italiana comenzó a tener espacio en mis preferencias y desde entonces ha ido acrecentándose hasta el día de hoy.

Después la he escuchado mucho y me ha asombrado con su legato,  sus portamentos,  sus inverosímiles pianos, su expresividad, si, su expresividad, porque era capaz solamente con la voz de mostrar toda la gama de sentimientos del personaje que interpretaba. ¿Se puede componer una Salomé más sensual y cruel que la suya? Una vez hablando con la inolvidable y genial Hildegard Behrens,  otro de mis amores operísticos, de ese personaje del que ella había sido un supremo exponente, me comentó “Si, lo hago  bien,  pero jamás tendré ni la belleza de voz ni la sensualidad con que lo interpreta Caballé”. Por cierto, se la ha reprochado que su alemán era defectuoso, y la directora de la Biblioteca Nacional de Austria, a mi pregunta de cómo era el alemán de la soprano me respondió” Tan bueno que hace chascarrillos en nuestra lengua”.

Se ha dicho que abordó papeles para los que no reunía condiciones, por ejemplo Turandot. Me limitaré a reproducir un comentario sobre la grabación  de la Turandot de Caballé de 1977, dirigida por Lombard, aparecido en el programa de la misma ópera, que cantó Ghena Dimitrova de forma apabullante, en la Scala de Milán en 1983

 “La protagonista indiscutible de esta grabación es Montserrat Caballé. No solo por su dominante presencia vocal,  sino porque tengo la impresión de que Caballé (la única soprano que ha grabado Liu y Turandot) ha madurado su concepción de la princesa china, con una sorprendente habilidad que la permite ser capaz de ligar sin fisuras su intervención heroíca en el segundo acto,  rodeada de coros,   con su  proclamación del amor al final del tercero, de forma  gloriosa y brillante” (Carlo Marinelli)

Inolvidable su Sieglinde en La Walkiria del año 1986 en el Teatro de la Zarzuela. Su “Der Männer Sippe” del primer acto fue escalofriante y no digamos su fabulosa escena de la entrega de la espada de Siegmund, quebrada por Wotan, a Brünhilde. Si, ya se, su Isolde fue un error. Pero hasta el mejor escribano….

También se dijo que Verdi no era para ella. Pues escuchen su Luisa Miller, su Aida, a la órdenes de Muti, su Isabel de Valois, con Giulini, o su Hernani del 69, con Gavazzeni,  sus Visperas Sicilianas, su imbatible Giovanna d’Arco, dirigida por James Levine, su Ballo in Maschera, su Forza del Destino con la más sublime interpretación escuchada jamás del “La Vergin degli Angeli” que además se permitía cantar de espaldas al público, demostrando una técnica inverosímil.

Criticaban su forma de enfocar el verismo, pues su Adriana Lecouvreur ha quedado para la historia, así como su Maddalena de Coigni, de Andrea Chénier, e incluso a la  Gioconda la dota de una nueva dimensión muy alejada de la visión truculenta que se suele tener del personaje.

Levantaba amores incondicionales. Recuerdo que en 1987 fui al Festival de Pesaro a escucharla Ermione. Fue una noche aciaga en la que eran evidentes los estragos que el tiempo  en su voz. Después de los abucheos desproporcionados por parte de un público al menos “peculiar” (algunos me aseguraron que se había fletado un autobús promocionado por Segio Segalini para contestar a la soprano) a la salida del espectáculo vi como un miembro muy joven de la orquesta agarraba de la solapa a uno de los revoltosos y le decía “¿Cómo os atrevéis a abochornar a una de las sopranos más grandes que han existido? Seguramente os hubiese gustado más Ricciarelli. Montse no había estado a la altura de glorioso pasado pero era injusto tratarla con tal groseria.

Otros,  sin embargo, la tenían manía persecutoria.  Entre ellos algunos críticos españoles que se han empecinado en tratarla a patadas y descalificarla hiciese lo que hiciese. De todo tiene que haber en la viña del señor. No olvidar que un crítico italiano cuando murió Callas comento” Al fin nos hemos librado de los ladridos en la ópera”

De lo que estoy seguro es que aún somos muchísimos que aquí y en el resto del mundo la veneraremos de por vida y gracias a sus grabaciones, sobre todo las piratas, lo seguirá siendo por las nuevas generaciones.

Pero que nadie se ponga triste por su marcha,  un pajarito me ha dicho,  que está en los cielos impartiendo clases magistrales de canto a los ángeles.

jueves, 1 de noviembre de 2018
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