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La imparable dictadura de los directores de escena

Francisco Villalba Talavera

En otros tiempos se anunciaban las temporadas de ópera mencionando los nombres de los cantantes y de los directores de orquesta. Hoy las cosas han cambiado y parece que los que prima en las representaciones son los directores de escena, pasando a un segundo plano la parte musical. Por supuesto que la ópera es teatro potenciado por la música, pero tal primacía de los registas nos está llevando a un camino peligroso. Vemos como en casos contados estos señores respetan las creaciones que se les encomiendan y consiguen resultados satisfactorios, ya que la mayoría de ellos, con su interiorización en los textos, interpertacion de los subtextos y demás circunloquios intelectualoides lo que pretenden es demostrar que llegan  mucho más allá que sus creadores, acercándola así al público de nuestros días. Para rizar el rizo tales “genios” someten a los cantantes a tales pruebas físicas que los pobres pierden el resuello y no sé como son capaces de emitir una sola nota con facilidad.

Todo esto viene a cuenta de un cartel que figura a la entrada del Teatro Real anunciando la temporada 2018/19. He aquí lo que figura en el:

  • Turandot. Robert Wilson
  • Faust. Alex Ollé
  • Das Rheingold. Robert Carsen
  • Il Trovatore. Francisco Negrin
  • Idomeno. Robert Carsen
  • Capriccio. Christof Loy
  • Falstaff. Laurent Pelly 

                

No se menciona ni a un cantante, ni a un director de orquesta, como si bastase el nombre de estos directores de escena para atraer al público de la ópera y no se al del teatro al que no le interesa en general esta forma artística por encontrarla obsoleta.

A los que defienden esta nueva tendencia me permito recordarles que aún los teatros los llenan los grandes directores de orquesta, léase Thielemnn, Kiril Petrenko, Janssons ,  Muti, y, quizá, aún más, los cantantes estrella. Basta poner a Anna Netrebko, a Jonas Kaufmann , a Bartoli en un reparto para que el teatro cuelgue el “no hay billetes” en cuestión de horas. Y eso ocurre en todas las latitudes, algo parecido ocurre con otros cantantes menos mediáticos. Wagner puede colar, mal pero cuela, con un gran director y cantantes correctos, pero Verdi, Strauss, y todo el bel canto italiano, no. No estamos sobrados de cantantes con carisma pero los hay como Abdrazakov, Pape, Garanca, Beczala, Stemme, Florez, Camarena y otros y  el aficionado quiere escucharlos, prefiriendo ver su nombre en un reparto que el de cien por cien de los registas que hoy dominan el panorama operístico. Un ejemplo lo he tenido este verano, con  el nuevo Lohengrin de Bayreuth. Thielemann dirigió la obra de forma apabullante, desde el Lohengrin en la Scala de Milan en 1981 dirigido por Abbado no escuchaba una recreación semejante de la partitura, el reparto era de ciencia ficción, Beczala,  Harteros, Waltraud Meier, Thomas Konieczny, Georg Zeppenfeld. El director de escena era Yuval Sharon,  la escenografía y vestuario de Neo Rauch y Rosa Loy. El equipo de la parte teatral fue recibido con respeto sin más; por cierto su inocua recreación de la obra nada tuvo que ver con la maravilla de Strehler en 1981 en la Scala. Sin embargo las ovaciones fueron para Thielemann, y los cantantes, a excepción de  Konieczny, como Telramund, pero las ovaciones a Harteros, por un tercer acto inolvidable y al maravilloso Beczala en estado de gracia, fueron superadas por las que recibió la “veterana” Meier como Ortrud. Se aplaudía a una de las más grandes intérpretes de los últimos tiempos, a su genio escénico, se aplaudió porque era su despedida absoluta del escenario que ella ennobleció con su arte supremo y que no pisaba desde hacía 18 años por una decisión del fallecido Wolfgang Wagner, por atreverse a compaginar Sieglinde en Bayreuth con Isolde en Salzburgo. Se sabe que en Bayreuth aplauden todo, como en Salzburgo,  pero cuando aplauden como a los intérpretes y director de Lohengrin, es casi seguro que se trata de algo excepcional. Nunca he escuchado que a un director de escena actual se le aclamase con tanto fervor, si abucheado, a excepción, en los últimos años,  de Harry Kupfer por su Rosenkavalier en  Salzburg y a Deborah Warner por su extraordinaria recreación de Billy Budd en el Teatro Real. 

Digan lo que digan todavía la música “primero”

sábado, 1 de septiembre de 2018
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