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Jesús López Cobos, nos ha dejado un excelente kapellmeister

Francisco Villalba Talavera

Lejos de aquí, en Berlín, ha fallecido Jesús López Cobos. Allí fue muy reconocido, ostentó el cargo de director musical de la Deutsche Oper desde 1981 hasta 1990 y se le concedió la Cruz del Mérito de Primera Clase de la República Federal de Alemania (Verdienstorden der Bundesrepublik Deutschland)

Quizá, con Frühbeck de Burgos, ha sido el director español de más renombre internacional, siendo el primero de esta nacionalidad que dirigió en los grandes coliseos líricos del mundo, Metropolitan de Nueva York, Royal Opera House Covent Garden de Londres, Ópera de París, Teatro alla Scala de Milán

En Francia recibió el título de Oficial de las Artes y las Letras y en España el Príncipe de Asturias en 1981 y en 2001 la Medalla de Oro al mérito en Bellas Artes.

Pero en esta España, como casi siempre con sus artistas, fue objeto también de la ingratitud y la envidia.

El primer encontronazo lo sufrió cuando se hizo cargo de la Orquesta Nacional de España que dirigió desde 1984 a 1988. La ONE entonces era una institución obsoleta y provinciana que necesitaba de “nuevos aires” para remozarse. Él intentó hacerlo pero todo acabó en un choque frontal con la rigidez de la institución y aseguró que tras aquello no regresaría a España ni de veraneo cosa que cumplió durante diez años, en los que se hizo cargo de la Orquesta de Cincinatti y afianzó su carrera tanto en USA como en Europa.

En 2003, por fin, acepto ponerse al frente de la dirección musical del Teatro Real de Madrid, donde permaneció hasta 2010. Cuando por razones en absoluto justificadas fue eliminado de la institución para ser sustituido por otros directores musicales más del gusto de la nueva directiva que decidió que “sus amigos directores musicales” eran más idóneos para este menester. Las explicaciones que se dieron fueron tan vagas y mendaces que López Cobos decidió llevar el asunto a los tribunales que rechazaron su demanda en primera instancia pero siguió con ella si darse por vencido. Y así fue el maestro en todo muestra de ello fue su férrea voluntad de seguir adelante como si la enfermedad que le minaba no existiese.

Durante sus años al frente de la dirección musical en el Teatro Real, dirigió La Traviata, Macbeth, Luisa Miller, Don Carlo, Un ballo in maschera, Simon Boccanegra  de Verdi, Elena y Constantino de Carnizer, Lohengrin, Tristan und Isolde, Tannhäuser, Fliegende Holländer, de Wagner, Dialogue de carmelites de Poulenc, Luisa Fernanda, Ariadne auf Naxos, Salomé,  de Richard Strauss, Cavalleria y Pagliacci, Boris Godunov e Idomeneo y Nozze di Figaro de Mozart. Lo que demuestra que no se limitó a un exclusivo repertorio y que, como los maravillosos Kapellmeister alemanes del pasado, fue capaz de recrear obras de todos los estilos con resultados, en general buenos, y, en ocasiones, excelentes. Creo que en el repertorio alemán fue donde obtuvo mejores resultados, su Lohengrin, aunque un poco frío, fue notable, no obstante su Boris y su Dialogue de Carmelites fueron de una inspiración, delicadeza y emotividad extraordinarios.

Tras su marcha el gran repertorio que el frecuentaba pasó a mejor vida, siendo sustituido por lo novedoso y experimental, para satisfacción de snobs y decepción de muchos otros. Menos mal que pasados esos años de “mucho ruido y pocas nueces” las cosas en el Real parecen volver a su cauce.

Sin embargo hay que decir que ninguno de sus sucesores ha podido sustituirle por muy renombrados que fuesen. Y ninguno de ellos ha entregado tantas horas de su calendario a obras tan importantes como las que López Cobos nos ofreció y, en general, con tanto acierto.

Nos ha dejado el mejor director de ópera que ha dado este país y será difícil que algún otro pueda borrar su memoria.

Bravo maestro.

domingo, 1 de abril de 2018
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