Revista Ritmo
Editorial
Revista RITMO
JULIO-AGOSTO 2016 / número 898

Terminado el mes de junio, la práctica totalidad de las orquestas del país, los teatros de ópera, los auditorios, los ciclos musicales y los más destacados festivales ya han presentado sus nuevas temporadas y programaciones para 2016/17. En el caso de Madrid nos encontramos con una circunstancia, cuando menos curiosa, que se repite año tras año en el seno del Auditorio Nacional de Música. Nos estamos refiriendo al muy contestado “segundo turno”, que vemos se mantiene en su nueva programación.

Como es costumbre, el Auditorio Nacional ofrece en alquiler sus dos salas, la sinfónica y la de cámara, a entidades y organizaciones musicales privadas. El horario de ocupación de estas suele ser por las tardes, de lunes a viernes, en primer turno a las 19.30 y, en segundo turno, a las 22.30, pudiendo alojarse cuatro conciertos en una misma tarde-noche, dos por sala. Los sábados y domingos también puede haber conciertos en horario de mañana, con lo que la oferta puede llegar hasta los seis conciertos en un mismo día.

El dato que nos gustaría señalar desde esta página editorial es la pérdida progresiva de público en el segundo turno del Auditorio Nacional de Música, un turno que siempre está supeditado a la terminación puntual del anterior concierto, produciéndose situaciones curiosas, como la ocurrida no hace mucho tiempo, en la que la Orquesta Nacional de España, que tiene reservado el derecho a utilizar siempre el primer turno, terminó su concierto mucho más tarde de lo previsto, no pudiendo comenzar el segundo (asignado en esa ocasión a una entidad privada que alquiló la sala, como es habitual) a la hora programada, a las 22.30, retrasándose hasta las 23.30. Las once y media de la noche no parece ser la mejor hora para escuchar música clásica, o para asistir a cualquier otro espectáculo cultural fuera de casa, por mucho que estemos en España. Pues bien, en el caso que comentamos, se armó la marimorena ya que, por una parte, el público del primer turno no tuvo casi tiempo de poder aplaudir a la orquesta, pues fue desalojado con prisas y sin demasiados miramientos y, los del segundo turno, ansiosos y cansados, esperaban desde hacía una hora el inicio de su concierto sin noticias sobre lo que pasaba. Se produjo entonces un pequeño caos, impropio de una organización como el Auditorio Nacional, en el que el aficionado a la música, comprador de su entrada, totalmente ajeno a lo que sucedía, sufría pacientemente las consecuencias de esta anómala e inesperada situación, fácilmente previsible por la organización.

Las orquestas internacionales que llegan a Madrid desde entidades privadas, y que les toca sufrir el “segundo turno”, se sorprenden cuando comprueban que su concierto es a una hora tan inusual en el resto de Europa. La única justificación que vemos para este horario es la sobreexplotación del los espacios del Auditorio Nacional, que no el servicio al aficionado. En el frío inverno madrileño, la hora de este “segundo turno”, no es de recibo ni para espectáculos y encuentros culturales y, ni mucho menos, para sus respetables audiencias.

La gran cantidad de conciertos que hay actualmente en la capital de España, y que tiene como marco su Auditorio Nacional, nos hacen pensar que, quizá, Madrid estaría necesitando ya de otro espacio multiusos de gran aforo para la música. Un nuevo espacio que pueda albergar a todos aquellos que se ven desplazados, en el Auditorio Nacional, a un horario más propio de tapas, cenas y copas que no de sala de conciertos clásicos. Este nuevo espacio cultural en Madrid vendría acompañado de un nuevo público, que estaría lejos del marco del Auditorio Nacional, permitiendo a los programadores mantener la ilusión, tantas veces vendida y soñada, de encontrar nuevos aficionados, nuevas audiencias, de las que tanto se hablan los programadores en todas y cada una de las presentaciones anuales de las temporadas musicales.

En el “segundo turno”, la fractura público-horario es evidente. El histórico organizador privado de conciertos “Ibermúsica”, en palabras de su fundador y director, se queja reiteradamente de la disminución de la venta de entradas para el “segundo turno” que le asignan en sus conciertos, perdiendo también a sus abonados ya que estos ceden sus localidades, al no poder asistir al concierto, dado el horario nocturno de los mismos.

Llama igualmente la atención que hay orquestas, con sede en el Auditorio Nacional, que  realizan su programación muy condicionadas por el horario. Antes de fijar nombres y artistas, cierran días libres en el calendario comercial del Auditorio para el “primer turno” y, así, no tener que programar en el temido “segundo turno”.

Cuenta la leyenda urbana del Auditorio Nacional de Música que en un concierto que había comenzado a las diez y media de la noche, que se alargó hasta la una de la madrugada, el pianista, uno de los grandes nombres del momento, totalmente entregado al público, regalaba bises una y otra vez, cuando uno de los trabajadores del Auditorio, no sin gracia, antes de abrirle la puerta para volver a recibir los aplausos, le comentó: “¡ni una propina más maestro, que mi mujer me va a matar…!”

Y es que, no son horas…

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