Ritmo "On Line"
País musical
RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS

52 Semana de Música Religiosa de Cuenca

52 Semana de Música Religiosa de Cuenca
Reseña: Mayo 2013

Una primera parte de altura

Tuvo lugar la inauguración de la 52 Semana de Música Religiosa de Cuenca en la iglesia parroquial de Villaconejos de Trabaque. Por razones que no vienen al caso no pude estar allí, pero tengo elementos de juicio suficientes para asegurar que la velada protagonizada por The Royal Wind Music fue memorable. Es este un consort de flautas de todos los tamaños y especies que desearíamos ver pronto en el Auditorio Nacional de Madrid, pues por estilo y técnica (flautas, recuérdese: no hay quién afine) los resultados se salen de lo común. Me consta que fue un extraordinario inicio para una edición que de manera milagrosa pasó de no haber sido a ser quizá una de las mejores de los últimos años. Ya en la presentación de la misma en Madrid se percibió un especial empeño por parte de la Consejería de Cultura de la Comunidad, e incluso más, la implicación directa de la propia presidenta. No asistió esta al primer concierto en Cuenca (celebrado en el Auditorio, el 24 de marzo), pero no se perdió, el Martes Santo por la mañana, la Visita Acústica a la Catedral, una interesante actividad paralela que es lo que su propio nombre indica: un pequeño coro canta en unas capillas escogidas, y se escucha a los dos órganos.

El eficaz Paul Dombrecht y su no menos correcto grupo Il Fondamento (extraordinario el Coro de Cámara del Palau de Barcelona), dieron esta vez un buen campanazo, mostrándonos una pieza de Rösler/Rosetti que alguno de los asistentes calificó de “larga”, pero que a un servidor le pareció un auténtico hallazgo. El oratorio Der sterbender Jesus salió de la pluma de su autor en 1786, es decir, más de 10 años antes que La Creación, de Haydn, quien por cierto había sido seducido por la belleza de las sinfonía del compositor checo. Hago referencia a esas fechas porque la pieza recuerda en más de un momento al estilo suelto y elevadamente positivo del último Haydn coral. Lo que desde luego es más que suficiente para dar saltos. Un acierto.

El lunes pude asistir a dos conciertos, cada uno en su estilo, de quitar el hipo. Graindelavoix es un grupo de siete jóvenes (contando a su director y cantante Björn Schmelzer), que presentó en la Iglesia de Santa Cruz una obra única (con muy buen criterio no hubo bises), la muy especial Messe de Nostre Dame, de Guillaume de Machaut. Siempre he pensado que esta es una música “de marcianos”, dicho claro está en sentido figurado: su modernidad trasciende siglo a siglo hasta llegar a un tiempo, el nuestro, en el que sigue superando en imaginación, recursos vocales, originalidad, etc. a muchas de las músicas escritas ahora. El grupo (que en un par de días tenía planificada la primera sesión de trabajo para grabar la obra para el sello Glossa) es magnífico. Es una agrupación de mezcla étnica (americana, francesa, belga, estonia) que no admite (palabras del propio Schmelzer a este comentarista) “las influencias de Marcel Peres, prefiriendo situarse en otros terrenos, quizá un mediterranismo de mayor mestizaje”. Sea como fuere, su trabajo fue espeluznantemente conmovedor, pero de una fuerza intelectual en nada inferior a su impronta expresiva, realmente impresionante.

Tras el “chute Machaut”, nos metimos en la Iglesia de San Miguel para dar un salto de 500 años. ¿Protagonistas? Otra vez gente joven de mucho talento; esta vez españoles, chicos de oro de una generación de oro y diamantes de nuestra historia reciente, y que, a pesar de las injustas dificultades a que está siendo sometida, parece no agotarse. Hablo de Adolfo Gutiérrez y Javier Perianes, que hicieron un magnífico e inolvidable concierto. Comenzó este con una rareza de Ernst Bloch, tres oraciones agrupadas sobre un discurso chelístico de la habitual fácil sentimentalismo que suele exhibir la música del autor de Schelomo. Vino luego una incisiva y magníficamente tocada por los dos Sonata Op.5/2 de Beethoven, seguramente no la mejor literatura chelística de su autor, al menos no toda la obra, que tras un maravilloso movimiento lento se pierde luego en excesivo divertimento. Pero claro, tocada así es como un lujo. La segunda parte de la velada fue redonda; en música y en interpretación. Dio  comienzo con un extracto del Cuarteto para el fin de los tiempos de Messiaen (Louange à la Éternité de Jésus), cuya existencia conoció una buena parte del público asistente, y que la celebró con entusiasmo. Y finalizó con una soberbia interpretación de la Op.38 de Brahms. Para mí, aunque por razones personales nada gratas, la mejor despedida de una SMRC que está alcanzando uno de sus mejores resultados artísticos. 

Pedro González Mira

Selección de dulces

Varios conciertos marcaron la segunda parte de las SMR de Cuenca; una recta final que dejó un buen sabor de boca, con momentos estelares y otros prescindibles, y un saldo positivo entre los oyentes. Philippe Herreweghe ha evolucionado desde su magnífica y referencial versión de La Pasión según San Mateo grabada en 1985. En 2013 utiliza coros más escuetos y huye, sobre todo por razones económicas, de primeras figuras vocales. Su fraseo incide aún más en el detallismo, lo cual es peligroso pues puede perder el sentido global. El caso es que me gustó mucho el trabajo del Collegium Vocale Gent y la idea general del director belga, sobre todo por el sentido dramático conseguido y por el crescendo expresivo que acabó de forma magistral.

El Mozarteum de Salzsburgo y el Orfeón Donostiarra ofrecieron una de cal y otra de arena. El Viernes Santo, una pobre Misa en do menor de Mozart, junto a unos sufridos y mal cantados Motetes para un tiempo de penitencia de Poulenc, donde se mostró el encorsetamiento del director Leopold Hager, lo que llevó a un desbarajuste generalizado y a potenciar los defectos técnicos de los cantantes, tanto solistas como corales. Bastante mejor y con la ayuda de la peculiar acústica de la catedral, sonó la Novena de Beethoven. La brillantez de la orquesta austriaca y la capacidad sonora monolítica de los donostiarras se adaptó mejor a este repertorio que supuso un broche brillante para la 52 edición.

Algunos conciertos fueron descubrimientos inolvidables. El Cuarteto Bretón nos sorprendió por su sobresaliente nivel en la interpretación de la obra de Gubaidulina, así como por la puesta en valor del excelente Cuarteto n. 2 de Guridi. Exquisito en lo tímbrico y en lo expresivo fue el resultado del Rose Consort of Viols, el contratenor Mark Chambers y Andrés Cea desde el curioso claviórgano. Curioso en lo formal y excelente en lo coral fue el concierto del Vocalconsort de Berlín.

Manuel Millán de las Heras

Foto: Adolfo Gutiérrez y Javier Perianes tocaron obras de Bloch, Beethoven, Messiaen y Brahms.

Dos talentos al servicio de Beethoven

Dos talentos al servicio de Beethoven
Reseña: Mayo 2013

La violinista Viktoria Mullova es una de las protagonistas del ciclo “Retratos de artistas” que esta temporada está llevando a cabo el Auditori de Barcelona y en el cual algunos solistas escogidos, que vienen a tocar con la OBC, ofrecen también, a lo largo del curso, uno o dos programas más de cámara.

En la Sala Oriol Martorell del Auditori, Mullova interpretó, junto con el pianista Paolo Giacometti, tres de las sonatas para violín y piano de Beethoven, las Sonatas ns. 4, 5 y 9. Las suyas fueron unas versiones impecables. Bien es verdad que Mullova parece adusta y rígida cuando toca, pero su técnica es asombrosa y sus interpretaciones (y ahí da igual el repertorio) distan mucho de ser frías o lineales.

En este concierto sirvió un Beethoven fresco, generoso y sobrado de ideas. Y lo hizo con la complicidad de un músico que, sobre el escenario, es todo lo contrario que ella: expresivo e inquieto, a pesar de lo cual la compenetración entre ambos fue total. Ante el fortepiano, Giacometti hizo maravillas. Más que tocar, parecía que jugara con él, pero la pulcritud de sonido, la calidad del fraseo y la intención dada a cada pasaje demostraban que, tras ese aparente juego, hay mucho talento e inteligencia.

Juan Carlos Moreno

Foto: Viktoria Mullova actuó con Paolo Giacometti en el Auditori de Barcelona.

De Bach a Berio

De Bach a Berio
Reseña: Mayo 2013

Andrea Bacchetti volvió a demostrar su doble faceta artística como pianista virtuoso y buen conocedor de la música de J. S. Bach en el Auditorio Nacional de Madrid. Interpretar a Bach es todo un reto para cualquier intérprete.

Bacchetti es consciente de ello y asumió este desafío para el Ciclo “Bach Modern”. Bacchetti sabe que en situaciones como esta debe conseguir que el público enfoque toda su atención en su piano, con el particular y atractivo sonido que produce, pero también con su gran potencia sonora.

Para lograrlo contó con un repertorio muy agradecido: la Suite inglesa n. 5 y Suite francesa n. 5 del gran maestro alemán, a las que añadió la Toccata en mi menor y el primer preludio de su gigantesco El clave bien temperado. También se eligió para este concierto el Aria en sol mayor del Libro de notas para Anna Magdalena Bach, que precisamente Bach tomó más tarde como punto de partida para sus Variaciones Goldberg.

Bacchetti es también un magnífico intérprete de la música de su compatriota Luciano Berio. Interpretó una de sus primeras obras, la Petite suite para piano y tres de los seis Encores, combinando múltiples estructuras armónicas con un gran juego de “autocitas”. Bacchetti consiguió una gran ovación del público, al que persuadió hasta el final con pasajes de gran virtuosismo y con la gran agilidad que mostraron sus dedos. Ofreció una gran interpretación por la enorme complejidad técnica de la que hizo gala. El público madrileño está deseoso de volverle a escuchar.

Nuria Torres

Foto: Andrea Bacchetti fue ovacionado en el Auditorio Nacional de Madrid. 

Sokolov sigue sorprendiéndonos

Sokolov sigue sorprendiéndonos
Reseña: Mayo 2013

Grigori Sokolov volvió a maravillarnos en el Ciclo Grandes Intérpretes del madrileño Auditorio Nacional. Este año el pianista ruso se centró mucho más en el repertorio tradicional: Schubert y Beethoven. Da lo mismo. Sokolov sigue siendo capaz de sorprendernos, incluso en obras tan visitadas como los Cuatro Impromptus de Schubert o la Hammerklavier de Beethoven.

En ambas piezas el ruso nos hipnotizó. El primero de los Impromptus fue ejecutado con una lentitud casi al límite de la partitura. La sensación de melancolía se extendió por la sala, como una manta de oscuridad. Por el contrario, las Tres piezas D 946, que cerraban la primera parte, resplandecieron. Iluminaron la sesión. Nada nos distraía de la tensión a la que nos sometía la crepuscular partitura de Schubert (ni siquiera el concierto paralelo de toses y móviles).

Quizás lo más destacado de la sesión fue la Hammerklavier. De auténtica referencia. Qué difícil resulta oír esta partitura con tanta devoción y técnica desbordante (la mayoría de sus competidores pecan de cansancio a lo largo de la obra). Programa oficial de más de dos horas. Y pese a todo, Sokolov siguió con su retahíla de propinas. Qué generosidad y qué energía desbordante.

Detallismo y equilibrio absolutos

Apenas una semana después del fantástico recital de Sokolov, y sin apenas tiempo de recuperarnos, el Ciclo Grandes Intérpretes nos ofreció el que podría ser el otro gran concierto de esta temporada: Mitsuko Uchida junto a la Orquesta de Cámara Mahler. Éxito arrollador. No solo por la preciosista y casi definitiva ejecutoria de Uchida en Mozart, sino también porque sus compañeros de la Orquesta Mahler realmente impresionan.

Juntos interpretaron los conciertos para pianons. 17 y 25de Mozart. El Mozart de Uchida (tanto al piano, como a la batuta) es de un detallismo y de un equilibrio casi absolutos. Los andantes resultan sobrecogedores. Mientras los allegros iluminan la sala con una vitalidad que solo el Mozart final ha logrado en nuestra historia musical. Pianista y orquesta, hermanados en todo. Fascinante.

 Igualmente espectacular resultó el Divertimento para cuerdas de Bartók, interpretado por la orquesta en solitario. La misma vitalidad. Nos hizo recordar los años dorados de la Orquesta Orpheus. Un concierto para recordar.

Juan Berberana  

Foto:Mitsuko Uchida y la Orquesta de Cámara Mahler interpretaron obras de Mozart y Bartók en el Auditorio Nacional.

 

Diálogos

Diálogos
Reseña: Mayo 2013

Seguimos disfrutando en el Auditorio de León del lujo que supone el presente ciclo de Músicas Históricas, titulado Diálogos Barrocos II: El Esplendor Mediterráneo (patrocinado por el INAEM a través del CNDM). En esta ocasión la soprano Marta Almajano en unión con el ensemble barroco Ave Fénix, hicieron un viaje por algunas de las Cantadas del archivo de la Catedral de Málaga (1716-1737).

Cuatro cantadas de José de Literes fueron presentadas al público leonés, que supo apreciar el buen hacer de nuestra soprano y el alto nivel técnico y musical del ensemble que la acompañaba. Jan Willem Jansen al clave nos regaló dos preciosas piezas a solo (de Cabanilles y Scarlatti) aparte de su alto nivel como continuista que, en perfecta coordinación con el cellista R. van der Meer, se paseaban por los bajos más virtuosos como si de redondas se tratara.

También es de destacar Paolo Grazzi, oboísta del grupo, que estuvo perfecto en afinación con todos sus compañeros, además de obsequiarnos con su bellísimo sonido. Nuestra soprano lució, como siempre, una gran calidad de dicción y expresividad, y una gran naturalidad en su técnica, dando muestra de que es una de las grandes.

Julia Elisa Franco Vidal

Foto: Marta Almajano.

Rossini en estado puro

Rossini en estado puro
Reseña: Mayo 2013

Un segundo después del último acorde, los aplausos fervorosos del público donostiarra del Kursaal rubricaron el éxito del concierto de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, centrado en un Stabat mater rossiniano de altura. Tal logro fue consecuencia del justo equilibrio entre los tres elementos fundamentales del concierto, a saber, una orquesta briosa y enérgica, bajo la batuta de un sobresaliente José Miguel Pérez Sierra; un cuarteto solista equilibrado pero donde cabe destacar a la soprano Carmen Romeu y al tenor Shi Yijie y, sobre todo, un Orfeón Donostiarra intachable, capaz no ya de apianar hasta el silencio o de agrandar el sonido en los fortes sino, sobre todo, contrastar, matizar, es decir, cantar. Sirva como ejemplo el espectacular Finale.

Frente a este vendaval musical la primera parte pasó sin dejar huella entre los oyentes. Se componía de otro Stabat mater, el de Juan Crisóstomo Arriaga, de interés relativo y las Antiche danze ed arie, Suite n. 3, de Respighi donde la sección de cuerda de la Orquesta estuvo notable en una página de inspiración discutible y que aportó el lado profano a un programa religioso.

Frialdad aplastante

El décimo concierto de abono de la OE descansaba sobre la figura de Beethoven, lo que supone una garantía absoluta. Sin embargo, quizás fue el concierto donde se vivió menor emoción. Comenzamos con el Concierto para piano y orquesta n. 2, que fue delineado por el joven polaco Rafal Blechacz con una seguridad aplastante, aunque un servidor le pediría más poesía e imaginación. Supongo que con el tiempo sustituirá seguridad por emoción.

La parte del león del concierto se la llevaba una Sinfonía “Pastoral” que la directora portuguesa Joana Carneiro dirigió de forma tan ampulosa y exagerada que terminaba causando en el espectador, si cabe la expresión, cansancio visual. Gesto grandilocuente para una obra cargada de intimidad en una aparente contradicción, que provocaba cierto desconcierto.

El concierto dio inicio con otra obra inmersa en el Proyecto Tesela, que ha propuesto tantos estrenos esta temporada. En este caso asistimos a Calles y sueños, de la alemana Isabel Mundry, que presenta una fotografía desestructurada de la ciudad donostiarra. La recepción del público asistente fue aún más fría de lo habitual.

Enrique Bert

Foto:  La directora portuguesa Joana Carneiro dirigió a la OE en el Kursaal donostiarra.
Acred.: Gulbenkian FCG/Rodrigo Souza

Original y reconfortante recreación

Original y reconfortante recreación
Reseña: Mayo 2013

En la Sala de Cámara del Auditorio de la Región de Murcia, con muy poco público, dentro del ciclo Residencia 2013, el Cuarteto Saravasti (Gabriel Lauret, Diego Sanz, Pedro Sanz y Enrique Vidal) interpretó Las siete últimas palabras de nuestro Salvador en la Cruz Op. 51, la versión para cuarteto de cuerda que el propio Joseph Haydn hiciera de la obra orquestal que compuso por encargo de la cofradía de la Santa Cueva de Cádiz.

En original recreación, con la sala oscurecida, con una luz en cada atril, con una voz en off que decía el texto evangélico y cada “Palabra”; y con proyecciones de la escultura de “La oración en el huerto”, de Salzillo (Introducción); siete visiones de Cristo en la Cruz, en pinturas de Dalí, Tiziano, Giotto, Friedrich, Goya, El Greco y Velázquez (las siete Sonatas), y un “Descendimiento” de Rubens (El terremoto). Y en ejecución de muy buen nivel, e interpretación estimable, cercana, íntima; con conjunción, equilibrio y proporción; con la variabilidad expresiva justa, siendo todo adagios menos el final, y sin tensiones añadidas. Y, fuera de programa, con “La Piedad” de Miguel Ángel de fondo, otro adagio de Haydn, este de un ‘cuarteto’, el Op. 20 n. 5.

Enrique Bonmatí Limorte

Foto:El Cuarteto Saravasti actuó en el Auditorio de Murcia.
Acred.: Mtnez. Bueso.

Desenfadado historicismo

Desenfadado historicismo
Reseña: Mayo 2013

La Pasión según San Mateo de Bach sigue siendo una pieza fetiche. Así lo demostró Ton Koopman, al frente de los Orquesta y Coro Nacionales de España, con una versión fiel a su activo, presto y algo desenfadado historicismo. Una obra de la que se ofreció, en el Auditorio Nacional, una traslación personal y cálida, especialmente en los números dispuestos en la segunda parte.

Antes escuchamos tres conciertos de corte disímil: Yuja Wang fue una increíble solista: precisa, ubicua, hercúlea en el portentoso Segundo de Prokofiev. Lionel Bringuier fue su director, que acometió, primero, Mi madre la oca, de Ravel: bien trazada; y, después, Concierto para orquesta de Bartók en resuelta expresión. Josep Pons convergió en una “Escocesa” de Mendelssohn de tempi exigentes en su extenso primer movimiento, en un programa que arrancó con Las Hébridas para acometer Tonades, de Feliu Gasull, que actuó como solista, y el interesante Concierto para flauta de Nielsen por Juana Guillem.

Sorprendente la animada apuesta de Lawrence Foster que, tras el Vals del Emperador, precioso detalle haydniano y lucido Hindemith sinfónico, contó con la vital colaboración de una Ute Lemper persuasiva en Los siete pecados capitales, de Weill, y generosas propinas de lucimiento.

Luis Mazorra Incera

Foto: Ute Lemper participó como solista en Los siete pecados capitales, de Weill. 

Interioridades

Interioridades
Reseña: Mayo 2013

 La Orquesta Sinfónica de Galicia, con su titular Víctor Pablo Pérez, ofreció en el Auditorio de Galicia el Concierto para piano n. 1,  de Tchaikovsky, con Alice Sara Ott como solista. La pianista germano-japonesa pudo explayarse sin previsibles condicionantes de escuela para dejarnos al descubierto las interioridades de una pieza que la intérprete hizo suya.

Un programa relativamente distinto al seguido en Santiago, que estaría integrado por las Tres pequeñas piezas para orquesta de J. Bal y Gay, obras de carácter lírico, ligeras y con tintes localistas. La Sinfonía n. 15 de Shostakovich coparía el momento de respiración contenida en sus agobiantes exigencias, bien tamizadas en sus tensiones por un planteamiento al que nos tiene acostumbrados Víctor Pablo Pérez.

El Shostakovich que vacía su visceral angustia de la que no obstante sabe distanciarse y que en sinfonías como esta no duda en conceder otras autocitas. Se eterniza su despedida, no por esperada, menos embargante, para que el oyente claudique ante semejante desmesura de sinfonismo que mantiene el mismo ideario que sus angustiosos cuartetos.

Ramón García Balado

Foto: Alice Sara Ott  tras su actuación con la OSG.
Acred.: Xurxolobato.

Homenaje a Sofia Gubaidulina

Homenaje a Sofia Gubaidulina
Reseña: Mayo 2013

Con una definición excepcional, técnica y musicalmente, de la ambiciosa página Seven Words, el grupo BCN 216, con la colaboración, agradecida expresamente in situ, de la Camerata 432, ofrecieron en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música de Madrid un homenaje a la reconocida compositora de origen tártaro, Sofia Gubaidulina. Concierto organizado por el CNDM en su ciclo Series 20/21, donde se dieron cita, la homenajeada, en lugar estelar pese a su encomiable discreción, y los solistas: de acordeón, Iñaki Alberdi, director a la sazón; de violonchelo, Marc Galobrades; de flauta, David Albet, y de violín, Elena Rey. Obras de porte variado que abarcaron un abanico convincente de su catálogo. In croce fue la cuidadosa piedra de toque inicial de un recital donde, si bien el sonido del acordeón fue protagonista, el espíritu general trascendía esta pretensión instrumental, alcanzando la poderosa personalidad musical de Gubaidulina. Una estela insondable de extraño misticismo, concentración de gesto, austeridad de elementos, modernidad y trascendencia. La obra más reciente fue su Kadenza para acordeón, oportuno enlace con un curioso Impromptu que parece acercar su lenguaje con el de su compatriota Schnittke.

Luis Mazorra Incera

Foto:Iñaki Alberdi y Sofia Gubaidulina en uno de sus viajes por nuestro país.

El otro Festival de Canarias

 El otro Festival de Canarias
Reseña: Abril 2013

“Hemos perdido íntegramente la subvención que teníamos del INAEM y, sin embargo, todo el mundo está de acuerdo en que esta edición ha consolidado el  Festival. Miro hasta el último euro; estamos haciendo un enorme esfuerzo de contención en el gasto, y seguimos trayendo a grandes orquestas. Y hemos abierto de verdad el Festival a las islas más pequeñas”. Estas palabras fueron dichas a este comentarista, tras asistir al concierto que Pedro Halffter ofreció en el Auditorio de Santa Cruz de Tenerife. Y, naturalmente, salían de la boca de Candelaria Rodríguez, la directora del Festival.

Es estrictamente cierto lo que la directora dice acerca de la apertura de la muestra a las otras islas, y no solo a las más cosmopolitas Lanzarote y Fuerteventura; también a La Palma, La Gomera, El Hierro… y hasta La Graciosa. Por allí se han dejado caer el Cuarteto Brentano, la Orquesta de Cámara Checa, Europa Galante con Fabio Biondi, sin ir más lejos. Y nosotros quisimos comprobarlo en el sitio.

Así, me desplacé a un lugar que tiene fama de ser un paraíso, y desde luego pude comprobar que no se exagera lo más mínimo. Hablo de La Palma, isla en la que se celebran conciertos en su capital, Santa Cruz, pero también en ese lugar singular llamado San Andrés-Los Sauces, una fusión de municipios construidos entre interminables plantaciones de plataneras, y a orillas del mar a medio camino entre Santa Cruz y el bravío norte de Barlovento, con sus preciosos poblados. Yo estuve en Sauces, y allí, en la Casa de la Cultura, escuché al Cuarteto Brentano un muy exigente programa. Unas cien personas dieron repetidas muestras de entusiasmo a lo largo de la velada (lo bueno: el entusiasmo mismo, el disfrute sin condiciones; lo regular: la excesiva reiteración en el aplauso a destiempo).

Los Brentano, un grupo que podríamos tildar de todo un clásico, comenzaron el concierto con una excelente y muy medida versión de cuatro de las Fantasías para conjunto de violas da gamba de Purcell. Excelente, por su espíritu; medida, por las piezas escogidas, cuya combinación alcanzó el equilibrio sonoro justo. Tras Purcell hubo un gran salto, que además supuso el punto de mayor calidad e interés del concierto: una personal interpretación del Cuarto de Béla Bartók.

Se entendieron muy bien los cuatro, pero estuvieron especialmente centrados e inspirados, la segundo violín, Serena Canin, y la violonchelista Nina Maria Lee, que creo es el último atril en llagar al grupo. Ignoro, por su parte, si el primer violín, Mark Steinberg, es miembro fundador, porque, de poner alguna pega al grupo, los tiros vendrían por ahí. Es un poco corto en volumen, aunque el sonido es bonito, y de dedos, a veces un poco justo. Algo que se notó más en el resto del programa, el Op. 33/2de Haydn (ya saben, “La broma”, ¡menudo eufemismo!) y el Op. 18/2 de Beethoven.

 Y mejor si cabe estuvieron aquí, sin embargo, los mencionados segundo violín y chelo, a los que añadió buenísimas labores el viola Misha Amory, un verdadero torrente de sonido.

 

Inolvidable Sinfonía Fausto de Liszt en Tenerife

Seis días más tarde, y tras haberme recuperado de la borrachera de naturaleza que supuso dar un vuelta por la Caldera de Taburiente, el Parque Nacional de Garajonay (en La Gomera) y las Cañadas del Teide (ya en Tenerife), asistí en el Auditorio de Santa Cruz a un extraordinario concierto: con la Filarmónica de Gran Canaria y su director titular Pedro Halffter, tuve el placer de disfrutar de una notabilísima interpretación de la compleja Sinfonía Fausto de Liszt. Hubo propina: una obertura de La forza verdiana que todavía dejó más clara la perfecta conjunción existente entre orquesta y director. Este hizo maravillas con todos y cada uno de los  miembros de la agrupación. Inolvidable.

Pedro González Mira

Foto: El Cuarteto Brentano, un grupo que podríamos tildar de todo un clásico. 

Emocionante despedida

Emocionante despedida
Reseña: Abril 2013

El Tokyo, uno de los cuartetos más importantes y mejores de nuestro tiempo, cuelgan sus instrumentos. Es de esperar que sus miembros (al menos los más jóvenes) se dediquen a la enseñanza, y en concreto a transmitir sus conocimientos y experiencias para la formación de nuevos grupos.

En el primero de los dos conciertos de despedida tocaron con el pianista español Javier Perianes. En realidad fue este el que más trabajo tuvo en la velada, pues estuvo presente en todas las obras que se interpretaron. Comenzó Perianes tocando dos Preludios y Fugas de El clave bien temperado. No sé si fue él quien los eligió, pero si así fuera, tal elección fue acorde con sus maneras interpretativas. Me refiero a que es un hombre cuya preocupación por trascender está cada vez más presente en su creatividad, lo que, a mi entender, es un inequívoco signo de prematura madurez. Para lo bueno y lo menos bueno: en la segunda parte hizo las Escenas de niños de Schumann, y en las partes más intimistas e introvertidas estuvo fantástico, pero a las más humorísticas no supo darles el tono, algo, por otro lado, que suele sucederle a casi todos con el difícil y enigmático Schumann.

La parte camerística del concierto fue sencillamente espeluznante. Un Op. 44 de Schumann de descomunal fuerza juvenil, de una pieza, de irresistible expresividad, en el que los miembros del Cuarteto de Tokyo (los más jóvenes y los menos) estallaron como si fuera la primera vez que lo tocaban. Fue una versión emocionante y densa, emoción y densidad que se multiplicaron si cabe luego en el Op. 34 de Brahms. Aquí Perianes tocó con increíble autoridad y maestría, tanto es así  que a veces pareció que era él el director y los Tokyo los alumnos. Son tantas veces, y de tantas maneras, las que ya hemos escuchado esta música al Tokyo, que lo mínimo que se puede decir es que en cada reinvención logran tocar mejor y hacer más música. Se van. Qué le vamos a hacer. Pero nuestros recuerdos son imborrables.      

Pedro González Mira        
 

Abajo el telón

Como bien dice mi compañero, el Tokyo se va, se disuelve este verano. Tras 36 conciertos en el Liceo de Cámara de Madrid, se han despedido de este ciclo con la mayor humildad, en ambos conciertos con un instrumentista más, repartiéndose la gloria. El segundo concierto nos regaló un Tokyo igualmente irrepetible (adjetivo, esta vez, lástima, más cierto que nunca), especialmente en el Cuarteto de Webern y en el descomunal Quinteto D 956 de Schubert, con Gary Hoffman como segundo cello. Más allá en entrar en consideraciones interpretativas, que las hay para todos los gustos, la sensación es de un conocimiento absoluto de la música que tocan, y no solo por los dos miembros con los ojos rasgados, la actuación de Martin Beaver (difícil posición suceder a Oundjian y Kopelman como primer violín) fue de primerísima fila. Ovaciones más propias de un teatro, de hecho se ha bajado el telón del Tokyo.

 Gonzalo Pérez Chamorro

Foto: Los integrantes del Cuarteto de Tokyo.

El retorno de Foster al Auditori

El retorno de Foster al Auditori
Reseña: Abril 2013

Hacía más de diez años que Lawrence Foster no regresaba a Barcelona para dirigir a la orquesta de la que fue titular entre 1996 y 2002, y al frente de la cual inauguró el Auditori. Pero el propósito de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) de recuperar para esta y las siguientes temporadas a los directores que han sido sus titulares hizo posible el retorno del estadounidense. Y lo hizo acompañado por una de las solistas jóvenes que más está dando que hablar por sus actuaciones y grabaciones: la violonchelista Alisa Weilerstein.

 El programa se abrió con un guiño de Foster hacia la música catalana que tuvo oportunidad de interpretar en sus tiempos al frente de la orquesta como es la Desintegració morfológica de la Xacona de Bach, una de las obras más interesantes de X. Montsalvatge, de quien hasta ahora la OBC parecía dispuesta en recuperar precisamente las partituras más neutras. Foster se sintió cómodo y dio una lectura densa y contrastada de esta inventiva y brillante reinterpretación bachiana. De ahí se pasó al plato fuerte de la velada con el Concierto para violonchelo en si menor de Dvorák, en el que Alisa Weilerstein dio cuenta de su capacidad para comunicar, sobre todo en aquellos pasajes más líricos, mientras que en otros a su sonido le faltó cuerpo y consistencia. El programa se cerró con la Sinfonía n. 4 de Brahms, de la que Foster dio una versión tradicional, sin sorpresas, pero bien llevada de principio a fin.

Tabachnik volvió también al podio de la OBC

En el siguiente programa, otra batuta experimentada se puso al frente de la orquesta, la de Michel Tabachnik, cuya última actuación con la OBC data de 1984. Brahms volvió a sonar en los atriles de la OBC, pero en este caso abriendo el programa. La obra en cuestión era la Sinfonía n. 3, una composición demasiado exigente y compleja como para ser la primera en escucharse. La orquesta no estuvo fina y fue una lástima porque delante tenía un director que, desde el mismo arranque, dio la sensación que no se iba a limitar a leer las notas sino a ir un poco más allá. Pero luego ya no hubo continuidad alguna, como si la orquesta no hubiera acabado de calentar o hubieran faltado ensayos.

En la segunda parte pudo escucharse la Suite de danzas de Bartók, un collage de melodías y ritmos populares en el que volvió a faltar esa fluidez, aunque al menos el sonido fue más pulido, y La mer de Debussy, una obra en la que Tabachnik se movía como pez en el agua y en la que procuró de nuevo ir más allá de la partitura y hacer una versión vívida. Y esta vez lo logró.

Juan Carlos Moreno

Foto: Michel Tabachnik dirigió obras de Bach, Bartok y Debussy.

Música checa muy bien expuesta

Música checa muy bien expuesta
Reseña: Abril 2013

Dentro del ciclo Grandes Conciertos del Auditorio de la Región de Murcia, con muy poco público, la Orquesta Filarmónica Checa mostró un sonido rico, equilibrado, compacto y suntuoso. En Sárka, del ciclo Mi patria, de Smetana, hubo violencia, contraste, densidad y tensión trágica, sobre todo al principio. En el Concierto en si menor para violonchelo, de Dvorák, Sol Gabetta tocó con limpieza y expresividad, con emocionante delicadeza y con un carácter de exquisita melancolía. Algún momento necesitó algo más de sonido y un arco más rotundo, pero el resultado, con el acompañamiento de director y orquesta, fue muy bueno. La solista regaló, con cuatro violonchelistas de la orquesta, una emotiva interpretación de El cant dels ocells. Krzysztof Urbanski terminó de dar la medida de su capacidad en la Sinfonía n. 7, de Dvorák, con técnica asentada, gesto claro y preciso, con autoridad y control, perfectamente seguido por la orquesta en una versión bien planteada, estructurada y construida, con coherencia interna, con una muestra aquilatada de turbulencia y dramatismo, más que de nostalgia de corte brahmsiano. Versión estimabilísima de un director joven y talentoso, con el futuro por delante, y de una más que centenaria y magnífica orquesta.

La preciosidad de Mozart, el esplendor de Bartók

Con algo más de público, poco, que en el anterior acto del ciclo Grandes Conciertos del Auditorio de Murcia, la National Symphony Orchestra (Washington D.C.) comenzó con la Gran Fuga Op. 133, de Beethoven, en la versión para orquesta de cuerda de Weingartner, con disciplina y energía de la amplia plantilla de arcos. En el Concierto para violín n. 5, de Mozart, Arabella Steinbacher tocó con línea, equilibrio y proporción impecables, y con naturalidad, elegancia y delicada musicalidad; acompañada por director y orquesta, con la cuerda convenientemente reducida, sin el menor exceso, casi como si estuvieran haciendo, todos, música de cámara. Y en el regalo de la Sonata n. 2 para violín solo, de Ysaÿe, exhibió capacidad, técnica, dominio mecánico, fuerza y virtuosismo. En el Concierto para orquesta, de Bartók, la orquesta al completo hizo una estupenda demostración de calidades individuales y de conjunto, de funcionamiento preciso y exacto; y el muy eficiente Christoph Eschenbach mostró todo el esplendor de esta música, sus matices, detalles, tensión y transiciones; con intensidad emocional, pero sin forzar. Espléndido. Y, de propina, una animada “Danza de los comediantes”, de La novia vendida, de Smetana.

Enrique Bonmatí Limorte

Foto: El polaco Krzysztof Urbanski dirigió a la Filarmónica Checa en el Auditorio de Murcia.

Un Beethoven con buen trabajo previo

Un Beethoven con buen trabajo previo
Reseña: Abril 2013

Dentro de su ciclo de abono en el Auditorio regional, y bajo la batuta de su titular, Virginia Martínez, la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia interpretó las Sinfonías Sexta y Quinta, por este orden, de Beethoven. Con más público, en buena parte distinto, que el que tuvieron la Filarmónica Checa y la Nacional de Washington en el ciclo Grandes Conciertos.

Se notó, se nota con la nueva directora artística, un trabajo de ensayo más meticuloso y mejor orientado, y un mayor rendimiento orquestal. Con tiempos rápidos, el resultado fue algo mejor en la Quinta, con fuerza, aunque agitada de más, y pese a algunos desajustes, sobre todo en el primer movimiento. La Sexta, distinta, quizás hubiera necesitado otro tratamiento más delicado; y en los momentos de la tormenta se resintió la afinación.

En ambas se notó descompensación entre una cuerda escasa y unos metales no siempre mesurados, y en especial las trompas, más fuera de sitio en la Sexta, en la que cuidaron menos el sonido. La reacción del público, que ya había aplaudido en los primeros movimientos de las dos sinfonías, podría calificarse de delirio, con ovación interminable, gritos y aclamaciones, incluso con entrega de ramo de flores a la directora desde el patio de butacas.

E. B. L.

Foto: Virginia Martínez dirigió a la OSRM en la Quinta y Sexta de Beethoven.

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