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Revista Ritmo
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RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS
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Palau 100 baja el telón de la temporada
La Sinfónica de Londres, con Daniel Harding al frente, visitó el Palau de la Música Catalana de Barcelona en el que fue el último concierto del ciclo Palau 100.
Y lo hizo con un programa de lo más variopinto. En primer lugar, el Preludio y muerte de amor de Isolda, de Wagner, del que Harding dio una versión de una milagrosa transparencia sonora, de dinámicas muy cuidadas y desarrollo equilibrado, pero sobre todo atenta a transmitir la pasión que se desliza por estos pentagramas.
Le siguió Aerial, un concierto para trompeta y orquesta firmado por HK Gruber que provocó un elogio unánime hacia la apabullante labor del solista Hakan Hardenberger, pero también división de opiniones ante la propia composición. Una obra que, en el fondo, lo único que quiere es ser un vehículo de lucimiento para el instrumentista, lo que consigue plenamente. El único problema es que parece que a muchos la música de hoy simplemente no les gusta o, peor aún, no aceptan que una obra “clásica” pueda contaminarse con ritmos del jazz, el music-hall o el cabaret, como es el caso. Banal o no, Aerial es un espectáculo pirotécnico para la trompeta, y Hardenberger supo explotarlo con absoluto magisterio.
Como colofón, la Sinfonía núm.8, de Dvorák, de la que Harding dio una lectura monolítica, fogosa y acelerada, sin ese lirismo ni calor bohemios tan propios del compositor.
Juan Carlos Moreno
Foto: Daniel Harding clausuró el ciclo Palau100, con un concierto irregular.
Acred.: A.Bofill. |
Anne-Sophie Mutter, sílfide arrebatadora
Presencia de sílfide enfundada en un entallado vestido azul celestial, Anne-Sophie Mutter actuó en el Teatro Colón de A Coruña, dentro del programa del Xacobeo Classics, y dio cuenta de cuatro obras temperamentalmente distanciadas, a las que contribuiría en mayor intensidad por su estudiada complicidad con su confidencial Lambert Orkis, con quien calibra hasta el menor detalle el concepto de los tempi en juego.
Un Debussy por su Sonata en ssol menor para violín y piano, obra intrincada por sus recovecos, compleja de más en sus zingarismos ibéricos y en especial en su Interméde, muy propia para lucimiento de dominios expresivos. La idea de concluir con la Fantasía sobre la Carmen bizetiana, de Sarasate, sería un excelente recurso cara a la galería, más aún por el temible torbellino de resolución.
La Mutter parecía a gusto, por esos cuatro bises a mayores, comenzando por “It ain´t necessarily so”, de Porgy and Bess, de Gershwin, antes de divagar con desparpajo total por la esencia de las danzas húngaras brahmsianas y encariñarse con una delicadeza de Debussy.
No faltó Brahms precisamente por su Sonata en Fa mayor. El pianista Lambert Orkis y la divina lograron un tándem que se encumbra a lo divino, con detallismos que resultaron como producto evidente de un análisis profundamente meditado. De Mendelssohn ofrecieron su Sonata en Fa mayor, que cerró el programa.
Ramón García Balado |
Fanny por el Alexander
La Sociedad Filarmónica de Bilbao viene conmemorando los bicentenarios de Mendelssohn y de Schumann. Pero a modo de apéndice de ellos se coló en su programación una página de Fanny Mendelssohn, el Cuarteto en mi bemol, posiblemente una de sus mejores obras.
De sus mejores entre las conocidas, porque su producción más ambiciosa –llegó a escribir también oratorios, cantatas y otras partituras sinfónico-corales–sobrevive sólo en forma de manuscrito y jamás ha llegado a sonar, que se sepa.
Sí, es cierto que Fanny era la “hermana de”, y como tal se comporta en su Cuarteto, que debe mucho a Felix en su planteamiento –uso de las tonalidades, materiales temáticos próximos a sus dos primeros cuartetos–, y en su realización –el Scherzo es un vivo retrato suyo–.
No deja de ser una página, todo lo menor que se quiera, pero de interés indudable, aunque sólo fuere por su hermosísimo movimiento lento, original, inspirado, logrado. ¡Ah, si hubiese estado a su altura en los demás!
El veterano Cuarteto Alexander, que se apuntó un tanto programándolo en su concierto en el Palacio Euskalduna de Bilbao, completó su concierto con el Op.41/1 de Schumann, y el último de Mendelssohn, Felix ahora sí, una de las obras más extraordinarias no sólo de las suyas, sino de la música de cámara de todos los tiempos.
Carlos Villasol
Foto: El Cuarteto Alexander. |
Los vientos del clasicismo
La Sociedad Filarmónica de Las Palmas cerró su actual temporada de conciertos, en el Paraninfo de la Universidad de la capital canaria, con el grupo Moonwind, conjunto de viento liderado por el clarinetista Joan Enric Lluna, con una plantilla que varía según las exigencias de cada programa, reuniendo a algunos de los mejores músicos de viento del país.
En esta ocasión se dedicaron al clasicismo vienés, con un arreglo para conjunto de viento de la ópera Una cosa rara, del valenciano Martín y Soler, y dos serenatas de Mozart.
La interpretación fue modélica en las tres piezas, pero fue en la Gran Partita, ejemplo de la mejor música del salzburgues, donde se alcanzaron las más altas cotas, haciendo gala de una sonoridad redonda y homogénea, una variada dinámica y una amplia libertad rítmica.
Juan Francisco Román Rodríguez
Foto: El clarinetista Joan Enric Lluna. |
Primer Gran Concierto
El XXIII Festival de Música Española de León abrió sus puertas con la original y sorprendente actuación del ensemble vocal francés Soli-Tutti, en el Auditorio. Formado por doce voces mixtas profesionales y dirigido por Denis Gautheyrie, realiza un interesantísimo trabajo con la música contemporánea.
Muestra de ello fue esta actuación, donde pusieron en atril obras de Consuelo Díez, Joaquín Quintero, Carlos Guastavino, Enrique Muñoz, Krzysztof Penderecki e Igor Stravinsky. Este ensemble, nada convencional, juega con el espacio para ubicarse siempre de manera diferente, de modo que las voces nunca se hallan en el mismo sitio y cada pieza es un momento único.
Destacó especialmente el estreno de la obra Destellos, de Consuelo Díez, para doce voces mixtas y viola sobre un poema de Antonio Martín-Carrillo que el Festival, dirigido por Miguel F. Llamazares, ha encargado para esta edición. También contó el Ensemble para la ocasión con la coreografía y danza de Gianni Joseph y Francisco Velasco.
Tanto la Elegía para viola sola, de Stravinsky, como en la última obra, Amor Oscuro, de Enrique Muñoz, que cerró brillantemente el concierto, contaron con la presencia de la danza que ilustró los poemas de Lorca con una plasticidad asombrosa.
Julia Elisa Franco Vidal
Foto: El ensemble vocal francés Soli-Tutti. |
Constantes… y sonantes
Bernaola y Barce recibieron cumplidos homenajes con obras propias, que a veces esto puede ser toda una novedad onomástica si póstuma, en el marco de la programación Centro para la Difusión de la Música Contemporánea en el Auditorio 400.
Santiago Serrate, al frente de Modus novus, junto con la soprano Dinana Tiegs, presentaron con solvencia y virtud Constantes y Galatea, Rocinante y Preciosa e interludio instrumental, A mi aire, del de Ochandiano, y Soledad primera y Canciones de la ciudad, paréntesis Música fúnebre, del madrileño. Unamuno, Cervantes, Góngora y Elena de Andrés firmaron Cristales,las Ejemplares, Soledad… que inspiraron el aura literaria de la velada.
Un breve ciclo Música e imagen ofreció la oportunidad de saborear su potencia de retroalimentación incluso en relativa autonomía sonora y visual. Equilibrio de María de Alvear y de Isaac Julien Ten Thousand Waves: The Tale of Yishan Island fundieron propuestas y estreno con Atelier Gombau, bajo la dirección de Carlos Cuesta.
El taller VocaalLAB y sus Emociones vocales del futuro, haciendo honor al epíteto, ofrecieron en cuidada disposición y eficaz continuidad dramáticas y comicidad cómplice rematada por estreno, Le Voisin d’en Face de Álvaro Martínez León, bocado suculento de rigurosa contemporaneidad estética con protagonismo vocal.
Luis Mazorra Incera
Foto: Imagen de Ten Thousand Waves, de Isaac Julien. |
Walter Weller y Joaquín Achúcarro
Concierto de la Orquesta de Valencia en el que Joaquín Achcúarro volvió a presentarse en el Palau de la Música de Valencia, esta vez con las Noches en los Jardines de España, de Falla. El programa lo completaban Les quatre dances i una albada, de V. Asencio, y la Sexta de Glazunov.
La Orquesta titular del Palau de la Música de Valencia, dirigida esta vez por Walter Weller, director asociado desde 2004, mantuvo su nivel, con quizá alguna laguna sobre todo en el tercer movimiento de la Sexta de Glazunov, pero en general, más que aceptable.
Si bien, en la obra interpretada de Asencio, compositor local del siglo XX, faltó algún que otro ensayo, pero es de agradecer la ejecución de estas piezas, que raramente aparecen en los programas. Walter Weller continúa su colaboración con la Orquesta de Valencia de una manera efectiva, completando el trabajo de Traub y trabajando algunos aspectos como la sonoridad y los diálogos entre las diversas secciones.
De Joaquín Achúcarro casi nada podemos añadir; fue una interpretación un tanto plana. Quizá es que esperábamos algo más, pero pese a la siempre correcta interpretación, le faltó un poco de alma; en Valencia siempre ha añadido ese plus que esta vez debió quedarse en el camerino.
Antonio Vidal Guillén
Foto: Walter Weller, director asociado de la OV. |
Adagio sostenuto
Dos obras en el concierto inaugural del III Festival del Mediterrani que tuvo lugar en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia: el Concierto para piano y orquesta op. 54, de Schumann, a cargo de Javier Perianes, y el estreno absoluto de Qualia-Jardí blau, de Sánchez-Verdú. Hay que valorar positivamente que compositores e intérpretes españoles aparecen en la programación del festival de Zubin Metha, y que haya sensibilidad para programar obras de nueva creación.
La Orquesta de la Comunitat Valenciana, con el maestro Metha en el podio, hizo frente al mencionado programa, que comenzó con el concierto de Schumann en las manos del pianista andaluz, quien ofreció un buen andantino gracioso - se le da muy bien lo delicado y expresivo – si bien le faltó algo de energía en los tiempos inicial y final.
La obra de Sánchez-Verdú combinó textos del cristiano Ramón Llull, del judío Yehudá Ha-Leví y del musulmán Muhammad Ibn Ubada Al-Qazzaz. Superó los 50 minutos y desplegó una tímbrica basada en usos no convencionales de los instrumentos de la orquesta que para muchos oyentes resultó novedosa. Contó además con la participación del barítono valenciano Miquel Ramón, con Joan Enric Lluna como virtuoso del clarinete y con el Coro de la Generalitat Valenciana.
Orquesta, director, coro y solistas se emplearon a fondo en la defensa de la nueva partitura. El contenido estético de la obra y su capacidad evocadora fueron absolutamente divergentes de la meta que el autor se había fijado, pues el pathos resultante de lo que allí se pudo escuchar más tuvo que ver, de nuevo, con misterios, dolores y pesares. Adjetivos aplicables habitualmente a casi todas las consecuencias estéticas de un anquilosado tardo-adornianosmo.
Ferrer-Molina
Foto: El maestro Zubin Metha, director artístico del Festival del Mediterrani. |
La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, a lo grande
Dos excelentes directores se encargaron de cerrar la temporada de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, en el Maestranza. De una parte, el joven polaco Michal Nesterowicz (1974), actual director artístico de la Sinfónica de Chile, que nos condujo desde Gerok, de la vizcaína Isabel Urrutia, al Concierto para piano y orquesta núm. 1, de Chopin, en la visión exquisita, elegante, a ratos nervuda y otras de extrema delicadeza de Ludmil Angelov.
Pero como director, Nesterowicz brilló más en la Primera de Beethoven; ya sólo este comentario valdría –al menos para nosotros- para ponderar su valía: ese clasicismo personal beethoveniano fue reelaborado con detallismo de buril por este gran músico, venerando el estilo; sus tempi rápidos sólo añadían frescura y sinceridad al apasionado músico.
De otro lado, es siempre un placer oír a Jean-Yves Thibaudet, esta vez con el inusual Concierto para piano núm. 1, de Kachaturian, donde su virtuosismo mimaba el detallismo, tanto en los fortísimos con frecuencia al unísono, como en una mano izquierda exultante y a veces polirrítmica.
Y diez una vez más para Günter Neuhold, que desgranó con extraordinario empaque la obertura de Ifigenia en Áulide de Gluck (en orquestación de Wagner), acompañó el concierto con igual meticulosidad y sobre todo dirigió una Primera de Mahler maravillosamente.
¿Cómo se puede transformar de esa manera el color de una orquesta? ¿Cómo se le puede imbuir una corporeidad y entidad de conjunto mayor? ¿Cómo se puede metamorfosear así para cada una de las mil atmósferas que plantea la Titán?
Carlos Tarín
Foto: Triunfo de Günter Neuhold, al frente de la ROSS. |
Fin de ciclo con dos estrenos
Juan José Olives dirigió el concierto final de la decimoquinta temporada de la Orquesta de Cámara del Auditorio de Zaragoza-Grupo Enigma, aunque no rindieron viaje con este concierto porque la actuación les cogió de regreso de sendas actuaciones en República Dominicana y México, y a punto de partir hacia París y Moscú.
En Zaragoza interpretaron en estreno absoluto el Oboe Concerto, de Salvador Brotons. Los títulos de sus tres movimientos dan pistas sobre la obra: Obertura, Berceuse y Tarantella. Una obra luminosa, relajada y comprensible. Javier Belda demostró ser un oboísta todo terreno, acostumbrados como nos tiene a escucharle con Enigma en obras de enrevesada complejidad.
Manejó con maestría tanto las ágiles articulaciones como la expresividad en el canto. Los mahlerianos “Lieder eines fahrenden Gesellen” sonaron frescos en la versión camerística de Schoenberg, con la voz de Alfredo García, que fue aplaudido con entusiasmo.
Se estrenaba también la obra ganadora del V Concurso de Composición Universidad de Zaragoza de título Rosa y cuyo autor era José María Bru. Una obra especialmente exigente para el trío de bronces. La culminación del ciclo fue la cuidada lectura de la elegante y sensual Sinfonía de cámara, de Schrecker.
Víctor Rebullida
Foto: Juan José Olives, director de la Orquesta de Cámara del Auditorio de Zaragoza-Grupo Enigma. |
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