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País musical
RESEÑAS SELECCIONADAS DE CONCIERTOS Y ACTOS MUSICALES CELEBRADOS EN EL PAÍS

De los Ballets Rusos a Navidad

De los Ballets Rusos a Navidad
Reseña: Febrero 2012

La exposición que el CaixaForum de Barcelona dedica a los Ballets Rusos de Diaghilev tuvo su traducción musical en el concierto que ofreció la OBC en el Auditori.

El programa era especialmente atractivo pues permitía escuchar dos obras poco frecuentes, como son, por un lado, el Carnaval de Schumann, orquestado por compositores rusos como Glazunov, Rimski-Korsakov o Nikolai Tcherpnin, por citar solo los conocidos, y por otro Le chant du rossignol, de Stravinsky, interesante por su refinadísima tímbrica, pero que agota las fórmulas que hacen de El pájaro de fuego una obra maestra.
 
Flanqueando ambas, las Danzas polovtsianas de El príncipe Igor, de Borodin, y La valse, de Ravel. François-Xavier Roth fue el encargado de traducir a sonidos estos pentagramas y lo hizo buscando sobre todo la claridad y el color, con óptimos resultados por parte de la orquesta.
En su siguiente programa, la misma OBC ofreció un extraño concierto de Navidad. Básicamente por la gratuita decisión de empalmar la Gymnopédie núm.3 de Satie (en la orquestación de Debussy) directamente con el Concierto para piano núm. 2 de Chopin, y la Gymnopédie núm.1, con el segundo acto de El cascanueces de Tchaikovsky…
 
 La dirección corrió a cargo del joven Kirill Karabits, quien imprimió a sus interpretaciones una fuerza y unos decibelios no siempre justificados, sobre todo en Chopin, en el que el ímpetu contrastaba con la elegante lectura del solista Nikolai Demidenko.
 
Juan Carlos Moreno
Foto: El joven director Kirill Karabits.
Acred.: Sussie Ahlburg.

 

Infrecuente dúo de contrabajo y piano

Infrecuente dúo de contrabajo y piano
Reseña: Febrero 2012

Organizado por la Asociación de Amigos de la Música de Alcoy, en el Centro Cultural Mario Silvestre, escuchamos, para piano: Arabeske op.18 y Novelletten núm. 8 op. 21, de Schumann; Intermezzo núm.2 op. 118, de Brahms; Polonesa op. 53, de Chopin; Liebesträume núm.3, de Liszt, y Widmung, de Schumann/Liszt; y para contrabajo y piano: Kol Nidrei op. 47, de Bruch; Sonata Arpeggione D.821 (Allegro moderato), de Schubert, y Elegía y Variaciones sobre un tema de Bellini, de Bottesini.

Larissa Tedtoeva, excelente pianista, de amplia y sólida formación, con técnica de primera, y con criterio, fuerza y carácter, mostró un romanticismo bien moldeado en Schumann y Brahms, con sentido en Liszt, y con poderío y brillantez en Chopin.
 
Lástima que el piano (el concierto hubo de cambiar de local) no tuviera la calidad necesaria. Para Bruch y Schubert pensamos en el violonchelo, pero cuando el contrabajista ofrece el sonido cuidado, la técnica y la musicalidad de Nazaret Kiourtchian, se escucha sin incomodidad; y cuando el contrabajo, ya en Bottesini, canta, como en la Elegía, o muestra el virtuosismo de sus Variaciones, muy a gusto, y máxime  si el acompañamiento es del nivel que fue y la compenetración entre los intérpretes alcanza el grado que alcanzó.
 
Enrique Bonmatí Limorte
Foto:Imagen de uno de los momentos de la actuación de Larissa Tedtoeva y Nazaret Kiourtchian.

 

Las batutas hispanas

Las batutas hispanas
Reseña: Febrero 2012

El repertorio clásico es problemático para las nuevas generaciones. Por ello constituyó una grata sorpresa la Cuarta de Beethoven de Andrés Orozco-Estrada con la Filarmónica de Gran Canaria, en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas.

Su interpretación tuvo nervio, tensión y un firme pulso rítmico, pero también delicadeza y misterio en la introducción al primer movimiento y el adagio. Las Danzas de Galanta vibrantes, pero sin el sonido zíngaro que le otorgan los maestros húngaros y el Concierto para flauta, arpa y orquesta, de Mozart, donde Johanne-Valérie Gélinas y Catrin Mair Williams, solistas de la orquesta, revalidaron su condición de excelentes músicos, con una batuta que no cayó en la trampa del Mozart pimpante, completaron la velada.
 
Ros Marbà inició el último concierto de abono del año, con el Scherzo de la Filla del marxant de Toldrà, ofrecido con la maestría del que es uno de sus principales defensores.
 
Eldar Nebolsin en el Segundo Concierto de Chopin tocó con nervio y carácter, controlando mucho el rubato y los contrastes dinámicos, mientras la batuta sacó oro de una parte orquestal generalmente desatendida,  resaltando los solos de las maderas y sus diálogos con el solista.
 
En la Quinta de Tchaikovsky, Ros Marbà, mostró su lado más temperamental, entregándose a las emociones más extremas, sin caer en la desmesura, con una orquesta entregada.
 
Juan Francisco Román Rodríguez 
Foto: Eldar Nebolsin tocó con nervio y carácter.

 

Encuentros con la OCG y Alejandro Posada

Encuentros con la OCG y Alejandro Posada
Reseña: Febrero 2012

La XVII edición de los Encuentros Manuel de Falla fue clausurada con un concierto de la Orquesta Ciudad de Granada, que tuvo como director invitado a Alejandro Posada.

El concierto se abrió con una deliciosa interpretación de Claro de luna, de Debussy, página pianística perteneciente a la suite Bergamasque que disfrutamos en un arreglo orquestal de André Caplet. Como obra central del programa figuraban las Noches en los jardines de España, quizás la obra más impresionista de Manuel de Falla.
 
La interpretación concebida por Alejandro Posada estuvo muy acertada. Supo trabajar con cada timbre orquestal y exprimir al máximo la capacidad expresiva de los múltiples motivos de la partitura. Más desigual fue la parte solista; la pianista croata Martina Filjak acometió una versión de la obra muy marcada y, por momentos, demasiado incisiva. Los pasajes virtusísticos no siempre estuvieron bien definidos, y por momentos su interpretación estuvo saturada.
 
La segunda parte del concierto se destinó por completo a la Sinfonía núm. 6 “Pastoral”, de  Beethoven. Nuevamente, Alejandro Posada demostró un alto grado de exigencia y una gran capacidad de trabajo con los efectivos de la OCG, ofreciendo una magnífica versión de una sinfonía que no es desconocida para nadie.
 
Gonzalo Roldán Herencia
Foto: La dirección de Alejandro Posada fue muy acertada.

 

Pahud, Mullova y Trpceski, solistas sobresalientes

Pahud, Mullova y Trpceski, solistas sobresalientes
Reseña: Febrero 2012

Citas 4, 5, 6 y 7 de abono de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León en su sede Auditorio de Valladolid.

En el primero, el polaco Michal Nesterowick, director invitado que marcó bien y claro, planteó un monográfico sobre “Escuela polaca de Composición”, interesante pero duro por su temática lúgubre general: Música fúnebre de Lutoslawski (cuerdas), Agnus Dei que Penderecki incluyó luego en su Requiem, Orawa de Kilar (breve juego sobre folk rural) y la Sinfonía núm.3, “De las Lamentaciones”, de Górecki, con Olga Pasichnyk, soprano, graves bien apoyados, expresiva, quizá con exceso de portamentos por el texto.
 
El titular Bringuier dirigió los programas quinto y sexto, con Emmanuel Pahud, magnífico solista del Concierto para flauta de Dalbavie (1961), sugerentes melodías sobre distintas manchas tímbricas orquestales y, con poder, nobleza, virtuosismo y técnica respiratoria; Fantasía sobre aires de Carmen, de Borne, curiosa orquestación enlazando distintos temas, y Syrinx, de Debussy, como pedido y gran regalo; con Viktoria Mullova, violín, arco amplio, energía, buen gusto y dinámicas increíbles, Concierto en Re mayor, de Brahms; personal y delicado su Bach de encore; Lionel ha crecido en madurez en 2 años, notoria en su nueva visión de la Sinfonía núm. 1 del hamburgués que tuvo drama y mirada global, con sus músicos atentos, flexibles, “oyendo”.
 
 Como volvieron a hacer con su principal invitado Petrenko, que los exprimió en una Pastoralde Beethoven de relaciones y descriptiva perfectas, y en el Concierto núm. 2 de Liszt donde el genial pianista macedonio Simon Trpceski, formó un todo con éllos (soli destacados) en lo poético y en lo dramático en versión sensata y viva; añadió obligado quizá un vals de Chopin con gran finura; V. Petrenko acrecienta su benéfica influencia por portentosa técnica y personalidad.
 
José María Morate Moyano

Foto: Lionel Bringuier ha crecido en madurez en 2 años

 

Gergiev por partida doble

Gergiev por partida doble
Reseña: Febrero 2012

Valencia: faltaron ensayos

No critico en absoluto a la orquesta ni al coro, que en realidad son héroes en esta historia. Porque aunque la orquesta sea la de la Comunidad Valenciana, el coro sea el de la Generalidad Valenciana y el director sea el mismísimo Valeri Gergiev, habiendo demostrado su gran valía todos ellos en incontables ocasiones, son necesarias un mínimo de horas de ensayo para que una partitura que presenta las complejidades técnicas del Roméo et Juliette de Hector Berioz salga correctamente.
 
Desde luego no fue una catástrofe, pero desde el primer fugado en la cuerda se pudo apreciar que no se estaba al nivel habitual. Que no salía limpio. Que el sonido era apretado. Que fallaba la cuadratura. Cuando se incorporaron el resto de las familias de la orquesta los ataques de los acordes no salieron bien sincronizados. Cuando entró el coro se pudo escuchar su inseguridad. Por supuesto que todo ello trajo también consecuencias en la afinación y en el timbre. A lo largo de la hora y media larga que duró el Roméo et Juliette que pudimos escuchar el pasado ocho de diciembre en el Palau de les Arts de Valencia, se fueron alternando momentos brillantes con momentos deficientes, hasta llegar a un final sin unanimidad en el que unos miembros del coro terminaron antes que otros su última nota para que inmediatamente después sucediera lo mismo con la orquesta. Y es que cuatro horas escasas de ensayos, incluyendo el general, no dan para más. Lástima, porque sin todos estos problemas la versión del maestro ruso hubiera sido ejemplar. La mezzo Ekaterina Gubanova, el tenor Kenneth Traver y el bajo Mijaíl Petrenko exhibieron buenos instrumentos e interpretaron bien sus papeles.
 
Tras otro pase en Valencia, viajaron a Madrid para ofrecer el programa en el Teatro Real, con un segundo concierto añadido, donde seguramente saldrá todo de maravilla al estar ya todos familiarizados con la obra y con la peculiar gestualidad del director, para lograr un éxito de crítica y público. Ese es el estado en el que se debió haber presentado la obra de Berlioz en el estreno valenciano.
Ferrer-Molina
 

Teatro Real: problemas encauzados

El incansable y omnímodo maestro ruso nos ha visitado en esta ocasión con dos programas diferentes en el espacio de tres días, al frente de dos extraordinarias orquestas y con programas diferentes pero con alguna similitud.
 
Para el primero nos ha traído “un producto nacional de primera categoría”, la Orquesta y Coros de la Comunitat Valenciana, las mejores agrupaciones sinfónica y coral del país, para ofrecernos el Roméo et Juliette de Berlioz. Es una obra que rara vez se escucha y por ello el haberla programado me parece un acierto.
 
Se trata de una sinfonía coral que nos brinda todas las grandezas, indudables, del gran músico francés, tales como una orquestación deslumbrante, una vena melódica extraordinaria, pero, como casi siempre con este músico, también una desmesura evidente. Berlioz comienza un tema capaz de arrobar por su belleza e inspiración, pero lo alarga a extremos de hacerlo tedioso; solo Schubert ha tenido el genio de repetir un tema hasta la saciedad sin perder el pulso sinfónico ni el emocional. De repente el francés es capaz de asombrarnos con una orquestación apabullante y grandiosa, pero no puede evitar que lo que se escucha me suene desmesurado; siempre me recuerda este músico al Eugéne Delacroix de “La muerte de Sardanápalo”, magnífico, pero excesivo.
 
Los intérpretes vocales Ekaterina Gubanova, Kenneth Tarver y Mijail Petrenko cumplieron en sus intervenciones con solvencia, sobre todo este último que compuso con medios limitados, pero con gran expresividad, el papel de Fray Lorenzo.
 
La orquesta y los coros estuvieron impecables, y eso con Berlioz ya es una alabanza porque la endemoniada partitura necesita de un control de instrumentistas y voces casi milimétrica para no convertir lo que se escucha en un maremágnum de sonidos. Extraordinarios.
 
Gergiev estuvo más acertado en los momentos más brillantes y llevó con soltura los líricos, pero sin alcanzar el nivel de poesía que requieren. Con todo una excelente interpretación.
 
En la segunda sesión el maestro se trajo a “su orquesta”, la espectacular del Mariinski de San Petersburgo y con un programa que les iba, tanto al maestro como a la orquesta, cono anillo al dedo. El programa fue en su integridad ruso y qué programa, integrado por tres obras cumbres del repertorio eslavo y, para mí, de la música de todos los tiempos. Dos ballets de Stravinsky que con el paso de los años cada vez se hacen más grandes, Petrushka y la incomparable La consagración de la primavera. Ambas obras sonaron con tal poderío, incisividad y brillantez que me dejaron perplejo; fue una exhibición de cómo se toca ese repertorio a la rusa, es decir, como a mí me gusta; algunos podrán encontrar reprochable el sonido áspero del conjunto, pero no es una aspereza gratuita (el conjunto logra casi el prodigio en todas sus secciones), sino una concepción estilística; la música de Stravinsky después se civilizó, se occidentalizó y perdió la inigualable genialidad de sus inicios. Pero en estas obras aún era el  grandioso y violento escita capaz de romper todos los moldes occidentales con unas obras que cambiaron el discurso musical de la historia. La orquesta del Mariinski se ha resistido a la “globalización” y suena con un estilo tan propio que se la puede distinguir, cosa que no ocurre con el resto de las orquestas del mundo, por muy extraordinarias que sean, a excepción de la de Dresde.
 
El programa se completó con esos cuatro monumentos que son los Cantos y danzas de la muerte de Mussorgsky, cuatro canciones de una intensidad, profundidad y belleza que por sí solas son una de las mayores glorias de la música; cuatro relatos con música tan grandes y conmovedores que creo no tienen parangón en el repertorio vocal. Las sirvió con intensidad Mijail Petrenko (y en este caso la intensidad y las dotes interpretativas son tan importantes o más que las cualidades vocales), sustituyendo al enfermo Evgeni Nikitin.
 
Gergiev estuvo a sus anchas y logró un éxito grande, concediendo como propina un fragmento del poema sinfónico Baba Yaga de Anatoly Lyadov, uno de los profesores de Stravinsky. 
Francisco Villalba

Foto: Valery Gergiev se ha convertido en un asíduo visitante en Valencia y Madrid.

 

Murray Perhaia cierra el ciclo Grandes Intérpretes

Murray Perhaia cierra el ciclo Grandes Intérpretes
Reseña: Febrero 2012

Esta vez el ciclo Grandes Intérpretes, que se celebra en el Auditorio Nacional de Música, dejó a un peso pesado para su final de temporada. El nuevo Murray Perahia (o habría que decir mejor, el renacido), pasados más de 10 años desde su traumática lesión en la mano, sigue auto inventándose tanto en la selección del repertorio, como en su visión del mismo.

Frente al Perhaia de antaño, centrado de manera primordial en Mozart y Schubert, el nuevo salta a otros repertorios que parecían menos afines a su personalidad, como Bach o Schumann. Y es en estas obras donde brilló de manera electrizante.
 
Una Suite francesa núm. 5, de Bach, que si parecía interpretada desde el prisma clásico de Mozart, nos dejó sin respiración. Pero curiosamente, también su Beethoven (la inusual Sonata núm.27), pareció tomar como referencia a Mozart.
 
La segunda parte nos dejó maravillados, con un Schumann (Escenas de niños) y una selección de piezas cortas de Chopin (incluidas las propinas), que demuestran esa otra cara del americano, la de virtuoso del equilibrio, donde se entiende la conexión que muchos críticos hacen de su piano con el de Horowitz.
 
El público respondió como pocas veces hace (quizás solo con Sokolov…). El año próximo se plantea más que interesante. Vuelve Sokolov, pero también Zimerman.
 
Además, entre los grandes descubrimientos de los últimos decenios, vuelve también el francés Aimard y el siempre inquietante Richard Goode (ese extraordinario beethoveniano).
 
Juan Berberana
Foto:Murray Perhaia deslumbró en el Auditorio Nacional.

 

Hispanismo sinfónico

Hispanismo sinfónico
Reseña: Febrero 2012

Los conciertos navideños constituyen un género por sí mismos. Sus programas, ora religiosos ora festivos y profanos, abundan en el repertorio más brillante de la literatura sinfónica.
 El ciclo “Excelentia” con la Orquesta Clásica Santa Cecilia celebraron en el Auditorio Nacional esta periódica efeméride anual con un concierto “con sabor español”.

Y sí puede decirse que, como destacara el propio director Cristóbal Soler presentando una propina, “la” propina por antonomasia de la música española, el intermedio de La boda de Luis Alonso de Gerónimo Jiménez, se trataba de españolismo musical “de pata negra” visto, eso sí, tanto desde dentro: Turina y Rodrigo; como desde fuera: Chabrier y Rimsky-Korsakov.

Versiones dinámicas, carácter y pujanza vernáculos, con una continuidad sinfónica eficaz entre intervenciones de eximio rol solista que prodigaron los atriles empezando por los admirables solos de violín del postrer Capricho español.

El incombustible Concierto de Aranjuez contó con un sutil Fernando Espí en su papel estelar a la guitarra. Procesión y tres Danzas fantásticas fueron las propuestas de Turina hasta eclosionar, ya en segunda parte, con una España de Chabrier felizmente clarificada y resuelta, y el citado Capricho de Rimsky.

Luis Mazorra Incera
Foto: El director Cristóbal Soler.

 

Indagaciones del Cuarteto Emerson

Indagaciones del Cuarteto Emerson
Reseña: Febrero 2012

Indagaciones y parámetros perfilados en las lecturas del Cuarteto Emerson dentro de las actividades del Galicia Classics, en el Auditorio  Novacaixagalicia  de  Santiago de Compostela.

 Partimos de Mozart por tres de sus obras, en especial por su Cuarteto en Si bemol mayor K.589 y el Adagio y fuga para cuerdas en Do menor K.546, vivo ejemplo de obras  de estilo fugado producto de su fascinación ante el encuentro de los repertorios de Bach y Haendel.
Beethoven se añadía por su Cuarteto en Do op.131, y así nos encontramos con la obra de prueba ante el oyente: los violinistas Eugene Drucker Philip Setzer, simbiosis por actitud de protagonismos y el complemento del viola Lawrence con el chelista David Finckel.
La aparente serenidad contrasta para mayor ahondamiento con una visión traslúcida de un repertorio en el que se manejan como sus colegas del LaSalle. Quizás, el mejor acierto, la planificación del programa en escalonada cadencia febril.  Descomunal obra sin un respiro en sus siete movimientos al tiempo que no deja espacio para las pausas.
 
Las variaciones del cuarto movimiento o el agobiante presto caprichoso. Quedémonos con la respiración sostenida y el singular colorido conseguido para la lectura en conjunto.
 
La cuadratura del círculo se precisaría por el bis en el Bartok del Scherzo alla bulgarese de su cuarteto quinto. Tras el Allegro final del Op.131, la perfecta culminación de intensidades: Bartok consuma en su asimilación de modelos rítmicos la densidad conclusiva beethoveniana.
 
Ramón García Balado
Foto: Magníficas lecturas del Cuarteto Emerson.

 

La música espacial

La música espacial
Reseña: Febrero 2012

Mientras los solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla nos ofrecían tres conciertos “guiados”, atendiendo a la parte más didáctica del proyecto, como orquesta completa atendían a la recuperación del patrimonio musical barroco de Andalucía, en estrecha colaboración con las universidades andaluzas.

Con la velocidad de las cosas de palacio, pero armados de tesón incuestionable, se había llegado por fin a la grabación del primer CD, dedicado a Juan Francés de Iribarren, maestro de capilla de la Catedral de Málaga; luego a un segundo de Pedro Rabassa para la catedral de Sevilla, y finalmente –de momento- a este último, dedicado a la música que Juan Manuel de la Puente compuso en la primera mitad del XVIII para la catedral de Jaén, de la que sería maestro de capilla durante 42 años.
 
El aislamiento que tuvo con respecto a los grandes centros musicales hizo que su personalidad musical se acusase, centrándose sobre todo en villancicos y cantatas sacras; pero a esto ha de añadirse una concepción espacial de su música para reflejar los vivos contrastes y todo tipo de “juegos” barrocos, cuya plasmación observamos en el ágil “repartimiento de coros”, pensado vivamente para la acústica amplia de las iglesias.
 
Por una vez, la de la Anunciación, de resonancia demasiado abierta, servía como ninguna para suplantar la reverberación catedralicia que debía albergar la alternancia y ecos de los hasta cuatro (pequeños) coros que se llegaron a formar. Nada de esto podría haber adquirido la majestuosidad y prestancia que tuvo de no ser por la dirección una vez más sublime de Enrico Onofri, ese enjuto abogado de lo por descubrir, así como de los extraordinarios solistas (María Espada, Marta Infante y Jesús García Aréjula), el Coro “Juan Manuel de la Puente” (que incluía las mejores voces del Barroco de Andalucía, ambos obra de Lluis Vilamajó), y solistas del mismo.
 
La orquesta, en su habitual estado de gracia, rubricaba un estreno ciertamente espectacular, que fue grabado para el disco, pero donde será difícil plasmar las mágicas sonoridades de un templo real.
 
Carlos Tarín
Foto: Éxito de la Orquesta Barroca de Sevilla, a las órdenes de Enrico Onofri.

 

Un gran concierto de Gerhard

Un gran concierto de Gerhard
Reseña: Enero 2012

Aunque sin el renombre de otras orquestas que pasan por Palau 100, la Real Filharmonía de Galicia cuajó un más que interesante concierto en el Palau de la Música Catalana de Barcelona.

Lo hizo bajo la batuta de su titular, Antoni Ros Marbà, un director que como mínimo garantiza unas versiones solventes. Y más si se trata de interpretar la música de un compositor como Robert Gerhard, del que es un afamado especialista. Así, tras abrir programa con una lectura de la obertura de Oberón, de Weber, correcta pero sin sorpresas, abordó el Concierto para violín del compositor catalán.
 
Jan Liebeck fue el solista de esta partitura extensa y compleja en la que Gerhard busca un estilo propio que vaya más allá de las enseñanzas de sus maestros Pedrell y Schoenberg, o de un folclorismo que se apunta en las alusiones a la sardana del último movimiento.
 
Liebeck se volcó en poner de relieve la brillante escritura violinística de Gerhard, perfectamente secundado por un Ros Marbà atento a los más sutiles detalles de la composición. Sin duda, fue lo mejor de una velada que culminó con la Sinfonía núm.1, “Primavera”, de Schumann, servida a la manera tradicional, con una orquesta excesivamente grande y densa para transmitir el vuelo de la imaginación del compositor.
Aun así, la batuta supo extraer, sobre todo en el Larghetto, una apreciable musicalidad.
 
Juan Carlos Moreno
 
Foto: Antoni Ros Marbà supo extraer toda la musicalidad de la Real Filharmonía de Galicia en unas versiones solventes.
 

 

Christian Zacharias en el ciclo de Grandes Intérpretes

Christian Zacharias en el ciclo de Grandes Intérpretes
Reseña: Enero 2012

Un otoño más, el reencuentro madrileño con el piano de Christian Zacharias (en el ciclo Grandes Intérpretes), nos dejó el regusto del buen vino, que año tras año gana en madurez.

Zacharias, incluso en sus años de juventud, ha sabido mantener como principios básicos de sus interpretaciones la sobriedad, el equilibrio y la técnica. Por ello, el paso del tiempo no hace sino engrandecer su trayectoria, sin necesidad de exageraciones o exhibiciones técnicas postizas.
 
Este año el programa que ofrecía en el Auditorio Nacional se centraba en Brahms, Beethoven y C.P. Bach. Brahms de juventud, con una lectura rigurosa, pero no exenta de alardes técnicos (una pieza que respira Schumann…) de su Sonata núm.3, y Brahms de madurez con las socorridas Cuatro piezas op. 119 (que Perahia interpretará también en el último concierto del ciclo 10/11. Interesante comparación a realizar).
 
De Beethoven hizo una lectura realmente profunda de su Sonata num.31. Irreprochable. Pero con todo, probablemente por lo novedoso que resultó, lo más interesante del programa fueron las dos piezas de C.P. Bach: su Sonata núm. 2 y su Rondó núm.4. El uso del piano moderno permite un entendimiento de estas piezas totalmente clásico.
 
Zacharias las trató con auténtica pasión, pero siempre mirando al futuro. El riesgo era alto, ya que el más aventajado de los hijos de Bach tenía en el resto del programa una comparación que algunos podrían considerar insalvable. No fue así. Y gran parte del mérito fue de Zacharias. Como no podía ser menos, propina de Schubert (desde su grabación de juventud de la integral, Zacharias sigue mejorando su Schubert). Éxito, más que reconocido por los presentes.
 
Juan Berberana
Foto: Christian Zacharias nos dejó el regusto del buen vino.

 

Obras del siglo XX, con solista y director invitados, en Murcia

Obras del siglo XX, con solista y director invitados, en Murcia
Reseña: Enero 2012

Tercer concierto del Ciclo Sinfónico del Auditorio regional murciano y de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, con floja entrada. Con solista y director invitados.

En el Concierto en modo galante para violonchelo y orquesta, de Joaquín Rodrigo, Asier Polo tocó con expresividad controlada en el movimiento central y con el grado justo de inquietud e incisividad en los otros, y en su espléndida propina, de la Suite para violonchelo de Gaspar Cassadó, confirmó el porqué de su reconocimiento como violonchelista a nivel nacional e internacional.
 
Jordi Bernàcer acompañó muy bien, aunque no llegó a conseguir del todo que no se tapara en ocasiones al solista. En la Ritirata notturna di Madrid, de Berio, sobre Boccherini, logró una graduación dinámica, crecimiento y decrecimiento bien promediados, y un aire de sugerente y serena marcialidad.
 
En la Primavera apalache, de Copland, frescura, brillantez, ritmo y, también, momentos de ternura. Y consistencia rítmica, expresividad, pasajes intensos y tensión bien dosificada, en la Sinfonía núm.1, de Carter.
 
Director preparado y con formación, sacó el máximo partido posible de una orquesta que no tiene el nivel, la disciplina y el hábito de trabajo que debería tener.
 
Enrique Bonmatí Limorte
Foto: El violonchelista Asier Polo brilló en el Auditorio de Murcia.

 

Tabea Zimmermann, Kirill Gerstein y la musicalidad

Tabea Zimmermann, Kirill Gerstein y la musicalidad
Reseña: Enero 2012

No hay ninguna duda de que Tabea Zimmermann es una de las mejores intérpretes de viola del momento, y eso lo demostró una vez más en el Auditorio Nacional de Madrid, en la que sería su primera actuación en el Ciclo Liceo de Cámara como solista. A Zimmermann ya la conocemos como miembro de Cuarteto Arcanto, pero esta vez tuvimos el placer de escucharla en dúo con el pianista Kirill Gerstein.

Y digo placer porque el sonido de la viola de Zimmermann es siempre nítido y limpio, muy equilibrado, lo mismo da que se trate de una obra de Schumann, de las ensoñaciones del Reger más tardío, de una pequeña pieza de Liszt o de la grandiosa Sonata para viola y piano op. 147, de Shostakovich. Sería en esta última sonata que Shostakovich completara poco antes de morir –el leitmotiv de esta edición es el “Opus ultimum”-  cuando el recital alcanzara su punto más alto.
 
La reflexiva interpretación de Zimmermann supo envolver a la audiencia en el sentimiento de oscura resignación, de vacío, de tragicomedia en el Allegretto, de una de las obras  más introspectivas del compositor soviético. Zimmermann posee lo mejor que puede poseer un músico: musicalidad con mayúscula.
 
Ana M. del Valle Collado
Foto: Tabea Zimmermann, musicalidad en estado puro.

 

La “Missa Salve Regina” de Victoria renace en León

La “Missa Salve Regina” de Victoria renace en León
Reseña: Enero 2012

El V ciclo de Músicas Históricas organizado por el Centro Nacional de Difusión Musical en el Auditorio “Ciudad de León” y dedicado al insigne músico Tomás Luis de Victoria, presentó a un grupo con una amplia trayectoria en el campo de la música antigua: La Grande Chapelle.

Fundado por Ángel Recasens, y dirigida actualmente por su hijo Albert, dicha formación inicia su andadura en 2005 a partir de la antigua Capilla Príncipe de Viana.
 
En el mencionado concierto, La Grande Chapelle rindió homenaje a nuestro  Victoria, desgranando la Missa Salve Regina, de 1592, en la que se alternan antífonas y motetes a 4, a 5 y a 8 voces. Acompañaron a las voces tres instrumentos de época, bajón, tiorba y órgano, que nos acercaron un poco más a música tan lejana en el tiempo y que merece, en cualquier caso, recuperar. No en vano, el abulense T. L. de Victoria es el polifonista más importante del Renacimiento español. Albert Recasens, director de gesto claro y preciso, consiguió que el público volara por las naves de la misma catedral, dándonos la sensación de que entonces se vivía sin tanta prisa e irreflexión.
 
También interpretaron, de manera muy especial, dos motetes del salmantino Juan Esquivel Barahona, contemporáneo de Victoria.
 
Julia Elisa Franco Vidal  
Foto:Albert Recasens, director de La Grande Chapelle.
Acred.: S.Menéndez Pr.

 

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