Los personajes
Sir John Falstaff. Un viejo de imponente volumen físico, patéticamente presumido, un punto ridículo y siempre dispuesto a jugar con ventaja. Un auténtico bribón... pero que rezuma la retranca filosófica propia de los sabios del pueblo. Debe ser un excepcional cantante, y mejor actor. Un barítono o un bajo cantante con amplios recursos (a menudo se le exigen susurros y falsetes) y timbre oscuro. Ford. Celoso marido de Alice, con la que comparte una hija, Nanetta. Un barítono lírico que conviene que temga un timbre más claro que el de Sir John. Ha de desplegar una gran musicalidad y ser muy expresivo. Alice Ford. Una soprano lírica pero ancha, con ductilidad y facilidad para el legato y el spianato. Quickly . Una comadre. Vecina de los Ford. Una mezzo o una contralto. Una una voz adulta con importante vis cómica. Mrs. Page. Otra vecina y comadre. Papel menor de mezzosoprano. Nanetta y Fenton. Pareja de enamorados. Dos voces claras de soprano y tenor lírico-ligeros (o ligero),que se presten con desenvoltura al rubato y la fioritura. Dr. Caius, Bardolfo, Pistola, Hotelero, Robin. Personajes secundarios
La trama
Sir John Falstaff, un viejo gordinflón y bebedor que se cree irresistible al sexo femenino, urde un plan para seducir a dos honorables y bellas señoras casadas, Alice Ford y Meg Page, enviándoles a ambas la misma carta. Como es de sobra sabido, el asunto acaba mal. O bien, pues si Falstaff resulta apaleado,Ford incurre en un engaño todavía peor: le casan a su hija contra su voluntad. Falstaff postula: “Tutto nel mondo è burla”.
Comentario
El primer –y único- antecedente en sentido estricto de Falstaff en la obra de Verdi es su segunda ópera, Un giorno di regno, cuyo estreno en 1840 fue un sonado fracaso. Verdi intentó justificar el fiasco echando la culpa a los pobres medios de que dispuso, pero lo cierto es que la obra resultó aburrida y falta de alma. Verdi, no obstante, dejó en ella más de una huella pre-Falstaff. Como, después, otras en Rigoletto, en la que el tratamiento del personaje del Duque, entre la ironía, la burla y la villanía, se aproxima claramente al arquetipo cómico en más de un momento; o en Trovatore, en el alegre cuadro gitano; o en en los interminables concertantes de Luisa Miller; o en la misma Forza del destino, cuyo fraile Melitone es un incandescente bufo. Es pues más que plausible que aquel fracaso actuara durante toda si vida como un latente acicate para escribir una ópera cómica.
Fue Boito quien sugirió a Verdi la composición de una ópera basada en Falstaff, un singular personaje shakesperiano metamorfoseado desde las dos comedias en las que aparece por primera vez, Enrique IV y Enrique V, y Las alegres casadas de Windsor, donde es presentado como protagonista principal. Y fue en el verano de 1889, a punto de cumplir su 50 cumpleaños como operista, cuendo Verdi fue requerido por el autor de Mefistofele para tal empresa. Sin embargo, seguramente éste llevaba ya tiempo dándole vuetas al asunto; prácticamente, unos veinte años atrás, desde poco después de finalizar su oscura y triste Don Carlo. E incluso antes, a finales de la década de los 50, ya hay alguna noticia al respecto.En todo caso, cuando Boito le planteó la posibilidad de dar vida al barrigudo Verdi reaccionó como era de esperar: gruñendo, primero (“¿Has pensado alguna vez el enorme número de mis años”?), y, a continuación, poniéndose a trabajar como un poseso en la obra. Iba a cumplir 76 años cuando esto sucedía y tenía casi 80 la primera vez que se representó la ópera.
Boito entregó a Verdi un borrador, que le entusiasmó; a los pocos días éste ya estaba abrumando al autor de Mefistofele con sus sugerencias para desarrollar el texto. Y en poco más de un mes ya tenía escrita la fuga para el final de la obra. En el mes de noviembre del mismo año Boito había dado carpetazo a los dos primeros actos, y cuatro meses más tarde, al tercero; Verdi, para entonces, ya había completado la música del primero. Todo a mil por hora. Pero a partir de ahí, el trabajo adquirió otro ritmo; efectivamente Verdi tenía los años que tenía y era plenamente consciente de dos cosas: sería su última ópera y sería una ópera que nada iba a tener que ver con el resto (su mujer, Giuseppina Streponi, habló de “un nuevo género”). Trabajó en la composición de la obra de forma intermitente, con interrupciones de hasta cuatro meses, producidas unas veces por la fatiga o la enfermedad, otras por la depresión que le causaba ir viendo cómo sus amigos iban desapareciendo y otras por el tiempo que le ocupaban sus asuntos económicos. Hizo cambios y cambios, hasta poco antes del estreno, que se produjo en el teatro de La Scala, de manera impropia, pues es un teatro demasiado grande para que el público pudiera aproximarse por primera vez a una música y un texto como los de Falstaff. Verdi y Boito concibieron en ella su más elevado y sutil canto nacionalista, al indagar en los orígenes italianos de las comedias de Shakespeare. El uno, así, escribió una música muy extraña a los oídos del gran público, y, el otro, textos abigarrados y arcaicos que con frecuencia tendrían que ser cantados por varios personajes al mismo tiempo. El estreno, el 9 de febrero de 1893, fue un acontecimiento. Pero es muy dudoso que constituyera un éxito. Por supuesto nadie se atrevió a proponer la más mínima pega, pero, adulaciones hacia Verdi aparte, que fueron abrumadoras, ¿quién realmente entendió, y, lo que es peor, disfrutó, la obra? Bien; hasta hoy: Falstaff es la obra más esteticista de Verdi, está en el pensamiento oculto de la mayoría; y desde luego el gran público, aunque no se atreva a decirlo, prefiere Tovatore, Rigoletto o La traviata. U Otello, que, en el fondo, no es más que la “fase A” de un camino emprendido hacia Falstaff, obra en la que el proceso de condensación dramática iniciado en la anterior alcanza ahora un grado tal que se necesitaría un microscopio para descrubrirlo.
Las versiones discográficas
- Dietrich Fischer-Dieskau, Regina Resnik, Ilva Ligabue, Rolando Panerai, Graziella Sciutti, Juan Onicina, Hilde Rössl-Majdan. Coro de la Ópera Estatal Vienesa, Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: Leonard Bernstein. Sony, M2K 42535. 2 CDs.
- Renato Bruson, Katia Ricciarelli,Brenda Boozer,Leo Nucci, Barbara Hendricks, Dalmacio González, Lucia Valentinki terrani Coro y Orquesta de la Royal Opera House. Dir.: Carlo Maria Giulini. NVC Arts,5051442049428. DVD
- Gabriel Bacquier, Karan Armstrong, Marta Szirmay,Richard Stilwell, Jutta-Renate Ihloff,Max-René Cosotti,Sylvia Lindenstrand. Coro de la Ópera de Berlín.Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: Georg Solti. DG, 004400734080. DVD
Desde que el legendario Victor Maurel estrenara la obra ha llovido mucho.La evolución del personaje a través del siglo ha sido apabullante.Valdengo, Stabile o Gobbi dejarían desbrozado el terreno para que Giuseppe Taddei creara un primer retrato moderno del personaje shakesperiano. Pero hay que esperar a Dietrich Fischer-Dieskau, el otro gran referente de los 50-60, para encontrar al primer Falstaff integral.Se ha dicho que su visión carece de idioma. Una tontería, pues tal inconveniente, de ser una realidad, queda totalmente contrarrestado por una linea de canto y una interpretación únicas. El cantante berlinés ha profundizado como nadie en los resortes cómicos del personaje con una elocuencia y profundidad sicológica inalcanzables por sus colegas (los de su tiempo,los de antes y los de después). Leonard Bernstein, por su parte, apostó por una dirección muy marca de la casa; una interpretación convulsa, nerviosa, pero de clara beligerancia sinfónica. Una visión muy personal y atractiva.
De los otros Falstaff de posible recomendación (Karajan/Taddei –particularmente por Taddei, la antítesis de Fischer-Dieskau, pero para los ortodoxos el númereo uno en Falstaff-,Gobbi/Karajan, Van Dam/Solti, Pons/Muti, o Evans/Solti) no he incluido ninguno en la lista. De todos ellos el de Solti con Van Dam es el mejor, pero he preferido incuir dos funciones en DVD. Una de ellas con el mismo Solti. Se trata de un magnífico montaje de Götz Friedrich (1979)en uno de esos filmados que tanto se llevaban en aquella época. La dirección de Solti es algo inferior a la de audio para Decca,y la visión de Bacquier (quizá algo en demasía bufa) para algunos discutible. Pero lo que se ve es de tal verdad, que no tengo dudas en recomendar la versión como espectáculo.
El otro DVD que puede usted llevarse a casa (si es que lo encuentra; pruebe en Internet, si no) es el de la producción del Covent Garden (Ronald Eyre) para Carlo Maria Giulini. Es bastante convencional, pero musicalmente es excelente. Bruson hace un Falstaff reflexivo y de gran poder intelectual, apoyado por los estupendos trabajos de Katia Ricciarelli (Alice), Lucia Valentini-Terrani (Quickly) y Barbara Hendriks (Nanetta). El Ford de Nucci,la pura ortodoxia verdiana.
Por Pedro González Mira