Personajes
La viuda Leocadia Begbick, el cerebro. A ella se le ocurre la idea de fundar la ciudad. Una contralto que también puede cantar una mezzo. Fatty, el apoderado. Secuaz de la viuda. En el juico-farsa del tercer acto es el “abogado defensor”. Un tenor. Tinity Moses Junto con Fatty, es el encargado de “llenar” la nueva ciudad de hombres para engañarles y sacarles el dinero. Un barítono. Jenny Smith. Importante papel para una soprano que ha de cantar como es debido y, al mismo tiempo, lucir unas indispensables dotes de actriz. Es la cabeza más visible del grupo de prostitutas que colmarán de placeres a los nuevos habitantes de la ciudad. La seis chicas y hombres. Diversas tesituras para papeles que, como sucede en la versión que se va a ver en el Real, suelen cantar miembros del coro. Seis leñadores, los primeros moradores de la ciudad. Jim MacIntyre (tenor), Jack O´Brien (tenor), Bank-Account Bill (barítono), Alaska Wolf (barítono). Toby Higgins (tenor). Presunto asesino reconvertido en acusador, tras comprar su absolución en el mencionado juicio organizado contra Jim.
La trama
Primer acto. La fundación. La “madame” Begbick y los delincuentes Fatty y Moses huyen de la policía, recalando en el desierto. Fundan allí Mahagonny para seguir extorsionando y engañando. Sus víctimas serán los nuevos habitantes de la ciudad. La primera medida que toman para el buen desarrollo y consecución de los objetivos perseguidos es abrir un prostíbulo. Begbick lo oraganiza todo; es una buena conocedora de los gustos de cada hombre reclutado, y a todos les ofrece –a considerable precio- aquello que desean. Pero, sin saber nadie por qué, la pequeña y feliz sociedad así organizada entra en crisis. Y cada uno la interpreta a su manera y busca su propia, personal e individual solución: Begbick quiere seguir montando negocios en otra parte; allí ya no le queda mucho “donde rascar”; Fatty, más práctico y conservador, prefiere no salir de la ciudad para evitar reencontrarse con la policía; en cambio a Jim , un hiperactivo que no sabe lo que quiere porque siempre lo quiere todo, Mahagonny le parece un punto aburrida…. De repente, la Naturaleza ataca; un huracán amenaza la ciudad. Pero al impasible Jim le sigue dando todo igual, con tal de que la vida le sonría, es decir, con tal de poder hacer lo que le venga en gana.
Acto segundo. El pelotazo. El huracán pasa de largo. La ciudad vuelve a prosperar, o sea, cada vez funciona mejor la filosofía bajo la que fue fundada: comida, sexo y alcohol para todos. Y, de vez en cuando, un buen combate de boxeo para desfogue y disfrute de la ciudadanía. Moses y un amigo de Jim llamado Joe van a combatir, en medio de una orgía sexual global. Joe, por quien su amigo ha apostado todo su dinero, cae de bruces cao, y muere. La respuesta ante tal eventualidad es otra orgía, esta vez de alcohol. Todos gastan todo su dinero, y Jim queda sin blanca. Al reclamarle Begbick el dinero que le debe por los servicios prestados por Jenny, Jim proclama su ruina. Pero en una ciudad como Mahagonny esas cosas tienen un precio. Jim va a la cárcel.
Acto tercero. Los juicios, el caos y la caída. Moses es el fiscal; Fatty, el abogado defensor, y Begbick, la juez. Antes del que va a acabar condenando a Jim, se celebra otro juicio, digamos modelo, a un asesino llamado Toby Higgins. Es absuelto por orden de la juez, que por supuesto ha cobrado una buena cantidad por ello. Jim, abandonado por todos, Jenny a la cabeza, es condenado a una pena menor por alborotador, por ser culpable de la muerte de Joe, por seducir a Jenny y por cantar canciones soeces. Pero la pena capital sólo se le aplica por no pagar sus deudas. Un último juicio, divino y apocalíptico, sume en el caos a la corrupta, desangelada y desértica Mahagonny.
Comentario
Desde muy pequeño siempre me fascinó ver la tierra desde la ventanilla de un avión, minutos después del despegue o poco antes de aterrizar. Siempre me ha impresionado poder comprobar que la mayor parte del planeta es agua o tierra sin habitar, sin ciudades, sin lugares en los que el hombre pueda vivir en grupo. De manera que cada vez que se me habla de “una nueva colonia en medio del desierto”, pienso: ¿Pero es que hay alguna que no esté en el centro de su particular desierto?
Ascenso y caída dela ciudad de Mahagonny es la historia de una de esas ciudades –como Las Vegas o, indirectamente, Dogville (el surrealista espacio escénico de la maravillosa película de Lars von Trier)- montadas en medio de un desierto, para buscar toda clase de fortunas materiales. Cueste lo que cueste y caiga quien caiga, con tal de que “nosotros, los autores del invento, nos forremos hasta las cachas”. ¿A qué les suena todo esto? Piensen lo que ha sido Europa hasta el año 2008, y lo que le está sucediendo en estos momentos a países como a Grecia o Rumanía. O a España.
Gérard Mortier se ha cansado de decir a todo aquel que quisiera escucharlo que esta ópera goza de una actualidad radical. El pelotazo, la sociedad capitalista y la de consumo, etc. fueron ferozmente criticados en la versión que pudo verse en Berlín, oeste y este, respectivamente en 1985 y 1999. En una se ponía a caldo al regimen capitalista, y, en la otra al comunista. O sea, políticamente Mahagonny vale lo mismo para un roto que para un descosido, o, dicho de otra manera, esta ópera nos quiere hacer ver que la corrección o incorrección políticas no están en los políticos ni en los sistemas políticos sino, sencillamente, en la política, es decir, en la vida misma. Eso es Mahagonn, una paráfrasis destructiva que viene a recordar que el hombre es producto de su propio pecado original, el de simplememte ser. La búsqueda de un espacio distinto y a ser posible tan distante como aislado, la huida de todo en busca de la satisfacción de los sentidos, la negación del pensamiento, etc. son los motores de la locura, el egoísmo, el maltrato físico y la degradación ética del ser humano cuando las reglas por la que se rige son únicas y hechas a medida de cada individuo. Mahagonny es la constatación de la imposibilidad del ser humano como experiencia aislada, sin referente colectivo; la negación, en suma, de la individualidad. Y por eso es una obra ideológicamente muy discutible. Lo mismo vale, digo, para exaltar la economía de mercado que la de planificación centralizada. Un roto o un descosido, según Brecht y Weill.
LAS VERSIONES DISCOGRÁGICAS
- Schlemm, Lehrberger, Hirtem, Silja, Neumann, Mayer, Wolfrum, Franzen. Coro de la Hochschule für Musik Köln. Orquesta de la Radio de Colonia. Dir.: Jan Latham König.
Capriccio, 10160/61. 2 CDs
- Jones, Smith, Pauley, Malfitano, Hadley, Holdorf, Duesing, Peeters, Spence. Coro de la Ópera de Viena. Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera. Dir.: Dennis Russell Davies.Arthaus, 100092. DVD
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- LuPone, Wörle, Griffey, McDonald, Albert, Easterlin, Ulrich, Humes. Coro y Orquesta de la Ópera de Los Ángeles. Dir.: James Conlon.
EuroArts, 2056258. DVD
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No está mal servida esta ópera en disco, aunque más bien por la notoriedad que adquiere en los teatros de ópera en los años noventa del siglo pasado y la presente década. Ya que dos de las tres versiones que recomiendo son tomas de funciones en vivo, y, que yo sepa, no hay otra versión de estudio en cedé, además de la de Jan Latham König para Capriccio (difícil de encontrar en nuestro país), tercera de las opciones que incluyo en la lista de arriba.
Comenzando por esta última, un registro que salió al mercado en 1988, diré que se trata de una muy buena versión en lo vocal y quizá algo menos en lo que se refiere a la dirección musical, algo tímida: habida cuenta de la historia que se está contando, ha de exigirse una dirección que puede ser cualquier cosa menos eso. Todos los cantantes cumplen con creces, pero hay que destacar sobre todo la creación de Anja Silja como Jenny Smith, siempre mucho más al límite que su parco director. Excelente Wofgang Neumann como Jim McIntire, y, ya digo, correcto el resto.
El DVD de Arthaus recoge la versión de Salzburgo del año 1998, un encargo debido precisamente a Gérrard Mortier, a la sazón director del Festival. Interesa menos todavía la dirección musical de Dennis Rusell Davies, esta vez no ya por tímida sino simplemente por descentrada y, sencillamente, floja. Pero sin embargo la puesta en escena y los cantantes principales la animan hasta el extremo de poder disfrutarla. La puesta enescena es sencilla y llena de símbolos (la caída del Muro de Berlín todavía flota en su aire polìtico), pero lo que más la valoriza es la presencia de la imponente Catherine Malfitano, soberbia cantante y soberebia actriz. Cada vez que ella está presente el escenario se llena de luz, y de la luz correcta y deseada. Una maravilla de mujer. Después tenemos a una Gwyneth Jones con los restos de su voz, pero que es otra que de tal pie pisa: ella y la Malfitano se bastan y sobra para llenar todo el escenario. También Jerry Hadley compone un Jim de gran planta escénica, aunque vocalmente deje algo que desear. Y en fin, el resto está servido con corrección y cordura.
Con todo, la versión más recomemdable de las tres es la contenida en el DVD de Euro Arts, una representación en la Ópera de Los Ángeles de marzo de 2007. Además, tiene subtítulos en español, cosa que no le sucede a la de Arthaus. No conozco a ninguno de los cantantes, pero todos son excelentes, y excelentes actores, una Audra McDonald en Jenny a la cabeza. La puesta de John Doyle es igualmente magnífca, llena de guiños políticos alusivos a las diferentes crisis que padecía el mundo, con la económica ya llamando a las puertas, pero con otra, moral, mucho más presente en unos EE.UU a punto de jubilar a un presidente no ya conservador sino administrador de unos valores absolutamente retrógrados. Con todo, quizá lo mejor de la versión sea la dirección musical de James Colom, quizá el único director que haya escuchado hasta ahora que haya hecho justicia a la parte musical. Ardo en deseos de escuchar la de Pablo Heras-Casado.
Por Pedro González Mira