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Revista Ritmo
Las grandes óperas
Selección de grandes óperas con el detalle de sus personajes, trama, comentario y versiones discográficas de referencia. Cada mes un nuevo título.

Verdi: Simon Boccanegra

Verdi: Simon Boccanegra

Los personajes

Simon Boccanegra. El gran Dux. Padre de Amelia, enemigo irreconciliable de Fiesco. Es un barítono de gran resistencia: Verdi puro de oliva. Va del Do2 al Sol3 .Amelia. La hija de Simon. Una soprano lírico-dramática, también de resistencia. Ha de cantar con mucho aire y amplio fraseo. Tesitura: desde el Sib2 al Do3. Gabriele Adorno. Noble genovés, enamorado de Amelia. Un tenor lírico o spinto con notas. Va desde el Do2 al Sib3. Fiesco. El enemigo de Simon, padre de Maria, abuelo de Amelia. Es un bajo solemne, que ha de cantar en la zona grave con gran fraseo y plasticidad. Abarca desde el Fa1 al Fa3. Paolo Albiani. Patricio del partido popular de Génova. Un barítono de extensa tesitura. Tiene escrito un Fa3.
 
La trama
 
Prólogo. En éste se hace la presentación de los personajes y se esbozan los conflictos que los relacionarán en los tres actos de que consta la obra. Jacobo Fiesco es un noble genovés que está enfrentado al republicano Simon Boccanegra no sólo por cuestiones políticas sino por un asunto familiar: este último ama a Maria, hija de Fiesco, a la que su padre mantiene en cautiverio. De la relación entre Simon y Maria ha nacido una niña, Amelia, que es reclamada por su abuelo y por su padre: parece que nadie sabe dónde se encuentra. Simone tampoco sabe que, en realidad, Maria ha muerto, cosa que llega a comprobar de manera brusca. Por otro lado, los patricios Paolo y Pietro han urdido una trama de intrigas para conseguir que Simon sea proclamado Dux. El prólogo finaliza con la proclamación de Simon.
 
El primer acto comienza cuando han transcurrido 20 años desde los acontecimientos anteriores. Amelia Grimaldi (en realidad, Maria Boccanegra), ya una mujer, está enamorada del joven noble Gabriele Adorno, que es rival de Paolo, enamorado también de Amelia. Fiesco (que ahora se hace llamar Andrea y es el tutor de la joven Amelia, hija del malogrado conde Grimaldi) y Gabriele están en el mismo bando, es decir, en el de la conspiración contra Simon. Éste quiere que Amelia se case con Paolo, y Gabriele pide a Fiesco la mano de Amelia. Pero Andrea/Fiesco le revela que Amelia no es una Grimaldi. Simon reconoce a su hija por un retrato y se la lleva, anulando la boda con Paolo, que decide raptar a Amelia y esconderla en casa de un usurero.
 
El segundo cuadro comienza con el asesinato del usurero a manos de Gabriele y Fiesco, pensando que él había sido el autor del rapto. Antes de morir involucra a Simon. Gabriele se dirige a palacio para matarlo, pero es detenido. Aparece Amelia quien aclara que ni Gabriele ni Simon son culpables. Simon sospecha de Paolo, al que le tiende una trampa: ha de maldecir al culpable, con lo que, para evitar ser acusado, se maldice a sí mismo.
 
Segundo acto. Paolo quiere ahora que Gabriele y Fiesco, que están en prisión preventiva, le ayuden a matar a Simon. Fiesco no acepta, pero Gabriele, al que Paolo convence de que Simon es el amante de Amelia, accede. En la siguiente escena Simon y Amelia quedan solos y son observados –desde fuera– por Gabriele, quien malinterpreta sus gestos de cariño. Gabriele intenta matar al Dux; Paolo, por otro lado, le ha envenenado el agua. Amelia impide que Gabriele mate a Simon, quien confiesa al joven Adorno que Amelia es su hija. Éste, ahora, ya no quiere participar en la conjura contra Simon.
 
Acto tercero. Paolo ha sido apresado; Simon comienza a morirse por los efectos del veneno. Fiesco ha recobrado la libertad. Amelia se casa con Gabriele. Simon confiesa a Fiesco que Amelia es su nieta. El Dux, que sigue muriéndose, nombra a Gabriele como su sucesor. Fiesco lo acepta. Simon, por fin, expira.
 
Historia
 
¿Es Simon Boccanegra un paso atrás en la carrera dramática de Verdi? Son muchos los estudiosos del autor de Busseto que han mantenido esta tesis; aquí y ahora, más de un siglo después de que la versión reformada echara a andar, el asunto no parece tan obvio; a mi entender, si bien el asunto central de la pieza sigue siendo tan infumable como el primer día, los matices, las cuestiones paralelas al mismo y sobre todo una interpretación cabal de la música que da vida a ese texto, nos revelan una obra grande, plena, de un terrible humanismo y de un perfume político bastante alejado del panfleto, que en principio es lo que parece. La pieza, en un prólogo y tres actos, fue estranada en 1857 con un libreto de Francesco Piave, basado en la tragedia homónima de Antonio García Gutiérrez; pero, como ya se ha indicado, Verdi, que la tildaba de “mesa coja”, la revisó más de 20 años después. Para ello contó con la inestimable colaboración de Arrigo Boito.
 
¿Qué añade Simon Boccanegra a los logros de su famosa trilogía de principios de los años 50, Rigoletto, Trovatore y Traviata? Aunque aparentemente Simon, como aquéllas, es una obra de personajes, la línea dramática ahora se dirige más a indagar en las situaciones, por lo que se complica considerablemente: las razones políticas se entremezclan con las sociales, y ambas con los conflictos amorosos, tanto paterno-filiales como de pareja. Verdi, en definitiva, va adentrándose en un terreno de compromiso político que si bien estaba ya esbozado implícitamente en Rigoletto, ahora, más hilado con los conflcitos amorosos, adquiere un magnífico esplendor: la escena del Consejo, tal y como quedó después de la reforma es un impresionante ejemplo de ello. Y lo que, al fin y al cabo, es auténticamente importante: para una historia de tan marcado contenido político-social, Verdi idea una música no mejor pero sí muy diferente a la de sus anteriores títulos; sobre todo en el aspecto tímbrico: la orquestación en Simon es un importantísimo valor, como en las anteriores, pero no como un “añadido” al complejo sonoro vocal; se superpone a él formando un todo orgánico que, si bien al receptor no alertado le es difícil de asimilar, de comprender, alcanza un imponente potencial emocional. En otras palabras, Simon Boccanegra es una de las óperas más difíciles de Verdi –también menos popular–, porque musicalmente añade a la habitual maravilla melódica del mejor estilo verdiano una riqueza sonora extraordinaria.
 
Las versiones discográficas
 
  • Piero Cappuccilli, Mirella Freni, Nicolai Ghiaurov, José Carreras, José van Dam. Coro y Orquesta del Teatro de La Scala, Milán. Dir.: Claudio Abbado. D.G., 4497522. 2 CDs.
     
  • Piero Cappuccilli, Katia Ricciarelli, Ruggero Raimondi, Plácido Domingo, Gian Pietro Mastromei. Coro y Orquesta RCA. Dir.: Gianandrea Gavazzeni. RCA, RD70729. 2 CDs.
     
  • Leo Nucci, Kiri Te Kanawa, Paata Burchuladze, Giacomo Aragall, Paolo Coni. Coro y Orquesta del Teatro de La Scala, Milán. Dir.: Sir Georg Solti. Decca, 4256282. 2 CDs.
 
Estamos en uno de esos casos en los que tener que escoger tres versiones de una obra es difícil. Quiero decir: lo fácil sería escoger una, y punto, porque ocurre muy pocas veces que una interpretación operística sea redonda. O sea, lo que sucede en este caso: la versión que hizo Abbado en 1977 sigue imbatida. En primer lugar por la dirección orquestal, que es ideal en lo que es suntantivo a la música de la pieza: el variado y rico, pero siempre oscuro, color. También por el concepto dramático, en manos de Abbado de una solidez y verdad impresionantes. Y en tercer término, por los cantantes. Cappuccilli es un Simon convincente de arriba abajo: he aquí uno de sus (¿no muchos?) inolvidables momentos discográficos; un Simon con este carácter y tamaños conflictos emocionales se convierte en uno de los cuatro o cinco momentos indispensables del todo Verdi. A su lado, Mirella Freni y José Carreras desplegaron todos sus recursos creativos, una interminable lista: estilo, elegancia, maravillosa línea... Y no anduvieron muy alejados Ghiaurov y Van Dam, respectivamente un Fiesco cuya componente oscurantista dio el primero con su característico timbre “leñoso”, y un Paolo de auténtico lujo. Es bien difícil juntar tantas cosas buenas en unos mismos discos.
 
A otro nivel, pero con considerables y a veces espectaculares virtudes, se encuentra la grabación capitaneada por Gianandrea Gavazzeni, un registro de casi una década después. Repitió Cappuccilli, y lo hizo bien aunque ya con menos medios. Sorprendentemente la Ricciarelli también estuvo bien, y Raimondi incluso muy bien. Pero lo más llamativo de esta versión, y lo mejor con diferencia, fue el Gabriele de Plácido Domingo, una auténtica exhibición de medios vocales y estilo. Ésta es, así, una buena segunda opción para Simon Boccanegra.
 
La tercera grabación que he escogido tampoco es reciente. Data  de sólo tres años después que la anterior, es decir de 1989: ahí se lo “muerto” que está el mercado discográfico de ópera. Hablamos de la interpretación de Solti. Si por el trabajo de éste fuera, habríamos de recomendar vivamente esta versión. Pero no lo haré porque falla en más de uno de los personajes. O por mejor decir, en los cantantes que les dan vida. Seguramente será una cuestión subjetiva, pero no soporto las voces del estilo de la de Paata Burchuladze; y extraídas de su medio natural, la música eslava, menos todavía: aquí destroza sistemáticamente el papel de Fiesco. A su lado, y lo que no sé si es peor, Leo Nucci compuso un Simon insignificante, una nota tras de otra, y poco más. A Aragall se le escuchó bien; se percibe a lo largo de la parte la habitual tensión a la que somete el canto –tanto que a veces le cuesta dar la nota correctamente- pero estuvo artista. Kiri las pasó regular por tesitura, pero también cumplió, y Paolo Coni “recitó” a su tocayo con la habitual desgana con que suele interpretar. ¡Qué pena que para todo este cortejo se dispusiera de un director como Solti! ¡Qué manera de desaprovechar la música que salía de las puntas de los dedos del húngaro! En fin: así han sido algunas grabaciones de ópera. Bueno, por lo menos entonces se seguían haciendo...
 
Por Pedro González Mira
 
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