Ritmo "On Line"
Revista Ritmo
Las grandes óperas
Selección de grandes óperas con el detalle de sus personajes, trama, comentario y versiones discográficas de referencia. Cada mes un nuevo título.

Bizet: Carmen

Bizet: Carmen
Los personajes
 
Carmen. La gitana cigarrera, protagonista indiscutible de la ópera. Una mezzosoprano, pero también lo puede cantar –ejemplos los hay por decenas– una soprano que se mueva bien en la zona grave. Es un papel para cantar, cantar, pero que debe inscribirse en un marco teatral de mucho fuste: la gitana ha de reír, bailar, seducir, pero también saber mostrar un rostro adusto, dramático e indistintamente fuerte e inseguro. Es uno de los papeles femeninos más completos y grandes que puedan imaginarse, porque en la sencillez de sus reacciones emocionales están escritas las características sicológicas más definitorias del sexo femenino.
 
Don José. Un antagonista de enorme sutileza: no hace más que negar aquello que pide Carmen, pero siempre anguladamente, descargando sobre ella los orígenes de sus personales conflictos. Musicalmente maravilloso, desde el punto de vista dramático es un personaje de una debilidad y endeblez crispantes. Si en Mérimée es un hombre noble y digno, los libretistas de Bizet lo hunden en el más hondo pozo de la ñoñería masculina. El papel es para un tenor spinto que abarca desde Mi2 hasta el Sib3.
 
Escamillo. Guapo y viril, el puro objeto del deseo personificado en un torero: no hay más que echar un repaso a las llamadas prensa del corazón y telebasura del idem para darnos cuenta de lo poco que han cambiado las cosas en cuestiones amorosas toreras. Musicalmente imposible: es un papel para barítono que en la famosa canción del “toreador” ha de llegar a un Sib1.
 
Micaela. El reverso de Carmen, o sea, la falta de carácter, el candor, la ingenuidad, el amor puro, es decir, ¡ajeno al sexo!... Un rol que dramáticamente es un monumento a la blandura pero que todas las líricas desean cantar porque tiene una de las arias de más fácil aplauso nunca escritas.
 
Frasquita, Mercedes, Remendado, Dancaire, Zúñiga, Morales... todos ellos papeles secundarios de escaso protagonismo.
 
La obra
 
Todo el mundo conoce la historia de la cigarrera primero enamorada del cabo Don José, rápidamente desengañada del bandolero Don José, conquistada por los irresistibles encantos masculinos del torero Escamillo después, y, al final, pasada a cuchillo por el loco despechado e intolerablemente posesivo oficial, incapaz de aceptarla como una persona libre para elegir pareja o amante. Sin embargo, resulta gratificante darle vueltas al asunto, pues siempre se vuelven a descubrir razones que inciten a la reactualización del mito. Conviene recordar, por ejemplo, que la trama en la ópera Carmen se aleja considerablemente de la de la pequeña novela de Prosper Mérimée.
 
Éste visitó España en 1820 y automáticamente quedó fascinado por cosas y acontecimientos cuyo “exotismo” no podía llegar a captar con el matiz necesario. En aquella España de pandereta y charanga auténticas sucedían tremendas historias de amor cuyo arcaico perfume inspiraron textos de toda extracción y más alta o más baja calidad; la novela de Mérimée se puede situar en un generoso término medio. En ésta, la figura de Don José está mejor perfilada, aunque tiene menos fuerza, porque su enamoramiento hacia la gitana es más conservador y mucho menos arrebatado. En la novela Don José acaba con la vida de Carmen porque no puede tolerar que se le escape el objeto por el cual ha renunciado a sus valores (es navarro y muy católico, y ha dado plantón a Micaela, con quien ha dejado de casarse como Dios manda por culpa de la gitana), mientras que en la ópera la mata porque no puede poseerla, lo que teatralmente da mucho más juego, pues el sexo es más creativo cuando no se puede practicar que cuando se ejerce sin oposición. Carmen, una “supermujer”, como decía Nietzsche, se convierte así en la ópera en un símbolo de libertad, aunque, todo hay que decirlo, de libertad gitana, que es menos libre. Y en el escoramiento hacia la interpretación racial o neutra del personaje radica el posible interés por la reactualización del símbolo, mirando hacia lo femenino de manera más o menos reivindicativa. Creo que hoy por hoy no se hace imperiosamente urgente la universalización del personaje en busca de esa reivindicación, porque lo femenino es un valor no solo universalizado, y bien universalizado, sino en verdadera alza como concepto y como fuerza creadora.
 
 Carmen es una ópera de penetrante contenido emocional, un cruce de amores y deseos, de disgresiones y convencionalismos humanos y sociales , pero sobre todo es una obra musicalmente irresistible, apasionante por todo, por su melodismo cantado, por su potente armazón orquestal, por su colorido y espesura tímbrica... Fue concebida como una ópera con diálogos, perdidos luego, y que hoy se suelen volver a dar. A Bizet casi le costó la vida, pues su estreno en 1875 y posteriores representaciones constituyeron un verdadero fracaso. Para muchos hoy, se trata de uno de los cuatro o cinco títulos fundamentales de la historia de la ópera.
 
Las versiones discográficas
 
  • Berganza, Domingo, Milnes, Cotrubas. Ambrosian Singers. Orquesta Sinfónica de Londres. Dir.: Claudio Abbado. D.G., 4196362. 3 CDs.
     
  • Horne, McCracken,Krause, Maliponte. Coro de la Ópera de Manhattan. Orquesta de la Ópera del Metropolitan, Nueva York. Dir.: Leonard Bernstein. D.G., 4274402. 3 CDs.
     
  • Bumbry, Vickers, Paskalis, Freni. Coro y Orquesta de la Ópera de París. Dir. Rafael Frühbeck de Burgos. EMI, 5753202. 2 CDs.
 
Es una pena que sólo sean tres las versiones que puedo escoger; me encantaría recomendar alguna más (la de Karajan para RCA con Leontyne Price, de 1963, por ejemplo, o la de Kleiber con Obarztsova y Domingo en Golden Melodram, o alguna versiónen DVD, como la de la Baltsa y Carreras del Met ). Pero por necesidades de formato lo dejaré así, y con una observación añadida: son las tres muy antiguas, pero les juro que no porque yo sea un antiguo, sino porque hace ya años que no se graba ninguna que les llegue a éstas a la suela del zapato.
 
Con el tiempo, la versión de Claudio Abbado (1977) ha ganado en interés. Creo que, sobre todo, por su magnífica dirección de orquesta, uno de los trabajos más importantes de su carerra, pero también por las impagables intervenciones de Teresa Berganza en el rol de la gitana y de Plácido Domingo en Don José. Siempre se puede poner “peros” a una interpretación vocal, pero cuando se canta como lo hace la mezzo madrileña en este caso, hay que rendirse a la evidencia, aun bajo una interpretación dramática del personaje que puede ser discutible: Berganza explicó hasta la saciedad en su día las claves del personaje, pero no estoy seguro de que después hiciera lo que dijo que había que hacer, aun con un resultado tan admirable. Domingo, por su parte, fue, con diferencia, el mejor Don José de los 70 (y de buena parte de los 80, naturalmente), y en esta grabación no hizo sino confirmarlo. El resto del reparto fue de gran talla, con un Milnes suficiente y una maravillosa Cotrubas en la angelical Micaela.
 
Berstein llevó Carmen al disco cuatro años antes. La versión interesa sobre todo por su muy heterodoxa concepción musical (más de uno pensará que estoy loco por recomendarla; pues vale, pero cada vez lo tengo más claro) . De tempi endemoniadamente lentos, la orquesta se desliza a través del tiempo como si no fuera con ella lo que sucede en la escena, como si añadiera una increíble gran sinfonía teatral a las partes cantadas que una potente y brava Marylin Horne y un personal aunque como siempre discutible McCracken defendían con uñas y dientes. Es, en fin, una versión rara, muy especial, pero de un descomunal poder creativo.
 
Por razones en cierta medida contrarias defiendo la versión que protagonizó Grace Bumbry en 1970, con, también, un irregular Vickers como Don José. Aquí, frente a una dirección orquestal plana, aburrida, lo verdaderamente resaltable –y por eso hemos de tener esta Carmen en nuestra discoteca- es la redonda concepción vocal y dramática de la soprano norteamericana, una voz de color especialmente adecuado para el personaje que, sobre una línea vocal maravillosa, impecable tácnicamente, fue puesta al servicio de una idea dramática cuya máxima virtud fue el equilibrio entre la arrabalería gitana y el espíritu femenino puro.
 
En conclusión, la Berganza sigue siendo la Berganza; Abbado, Abbado, y el resto, para aficionados que quieran profundizar más o practiquen el coleccionismo. Una vez más quiero alertar a quienes tras leer este artículo crean que se ma ha olvidado nombrar siquiera a algunas Carmenes famosas de la historia del disco. No voy a dar nombres; sólo diré que no se me ha olvidado.
 
Por Pedro González Mira
 
Esquina inferior izquierda Esquina inferior iderecha
Portal web DotNetNuke por DOTWARE tecnología a punto   GEN. 0,21875 s