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Revista Ritmo
Las grandes óperas
Selección de grandes óperas con el detalle de sus personajes, trama, comentario y versiones discográficas de referencia. Cada mes un nuevo título.

R. Strauss: Salomé

R. Strauss: Salomé
Personajes principales
 
Salomé. Es hija de Herodías y el hermano, muerto, de Herodes; hijastra, por consiguiente, del lascivo monarca. Su obsesión es besar los labios de Yokanaan. Lo consigue, aunque para ello haya de pedir su cabeza. Papel para una soprano dramática de gran envergadura y resistencia. Ha de bailar y desnudarse en escena. Herodes. Tetrarca de la provincia romana de Galilea. Desea desesperadamente a Salomé. Accede a entregarle la cabeza de Yokanaan, a cambio de regocijarse con la danza de los siete velos que Salomé baila para él. Un tenor dramático que puede ser cantado por un spinto. Herodías. Esposa de Herodes; el único personaje que ni desea ni es deseado. Una mezzosoprano de traza hosca.Yochanaan. El profeta Juan el Bautista. Está preso. Salomé lo persigue. Le pide poder besarlo, pero él, casto defensor de valores morales, se opone. Ella vencerá en la pugna. Papel para un barítono que vaya bien por abajo. Narraboth. El jefe de la guardia. Está enamorado de Salomé. Acaba suicidándose ante el desdén de la princesa. Un tenor.
 
Historia
 
Antes que Salomé Richard Strauss sólo había escrito dos óperas; después vinieron otras doce. Las dos anteriores, Guntram, de 1894, y Fuersnot, de 1901, nacieron al rebufo de Wagner; y en el grupo posterior se integran trabajos como Elektra (1909), El caballero de la rosa (1911), Ariadna auf Naxos (1912-rev. 1916) y La mujer sin sombra (1919). ¿Es, pues, Salomé un punto de partida? Pues no: esta obra primeriza encierra una compleja síntesis de valores musicales y teatrales que marcan una sorprendente madurez en un autor de poco más de 40 años. Dramáticamente supone la superación definitiva del fantasma wagneriano: nada de mitos, de mensajes moralmente edificantes, nada de redenciones y demás remedios femeninos. La opción Salomé pasa por un opresivo discurso expresionista en perfecta sociedad con el no menos agobiante de Óscar Wilde, un “moderno” decadentismo moral que se sitúa en la antípoda wagneriana. Y Strauss, que para entonces ha puesto a punto su orquesta con poemas sinfónicos como Don Juan, Muerte y Transfiguración, Así hablaba Zaratustra, Don Quijote o Vida de héroe, ya está preparado para dar el salto. El resultado (cuya esencia sonora y dramática se concretizará más en Elektra) es una obra que, además de maestra, es significativa de su tiempo; de un tiempo nuevo para la música alemana, ya no un enlace con el futuro (con la segunda Escuela de Viena) sino el futuro mismo: otros, o el propio Strauss, podrán hacer avanzar más la forma, el lenguaje (en La mujer sin sombra, sin duda), pero no el espíritu, en cuyo sentido Salomé es una de las piezas fundamentales del siglo XX, sólo éste recién nacido.
 
El asunto
 
Enloquecimiento, descontrol pasional, sangre y sexo esparcidos por la escena dominan el ambiente de esta excitante hasta el límite ópera, no en vano para la cual Richard Strauss apenas toca el texto original de Wilde (en traducción al alemán de Hedwig Lachmann), ya en sí mismo portador de cuantas turbadoras y provocativas bellezas uno pueda imaginar. El resultado es, además de una soberbia música y una maravillosa ópera, un auténtico monumento al erotismo, quizá inigualado en el género hasta ese momento.
 
Nos hallamos ante una provocativa magnificación del sexo, de la satisfacción del deseo carnal al precio de la muerte; una nueva visión del complejo eros-tánatos que supera la espiritualidad de lo tristanesco para inscribirse en un mundo real en el que todo huele a sangre.
 
Vemos a un hombre (Herodes) loco, obnubilado, por la belleza de un cuerpo de 15 años (Salomé), y que se pliega a todo para hacerlo suyo; y a la chica –igualmente deseada por Narraboth, del cual a su vez está enamorado el paje de Herodías–, que no muestra menos pasión por un hombre para ella inconseguible (Yochanaan) por su propia rebeldía espiritual. Es decir, una suerte de tensísima incomunicación sexual en cadena que conduce a la ruina, a la destrucción y la muerte, todas perfectamente físicas, nada simbólicas. Testigo constante: la luna, el astro que alumbra y da color a semejante orgía corporal.
 
La modernidad en Salomé es interpretable como signo de libertad, de la libertad que el ser humano necesita para quitarse de encima espiritualidades virtuales, y aceptarse como una máquina inteligente, pensante y sintiente. La Salomé de Wilde encierra, en ese sentido, un mensaje profundamente amoral y arreligioso, una tesis auténticamente subversiva. Pero Richard Strauss lo acentúa todavía más con su agresiva y cantuda orquestación y su violento discurso rítmico-melódico-tonal.
 
Podremos, en fin, enamorarnos de Sophie, o llorar con Mimí o Butterfly, después de “eliminar” de nuestras mentes a la desestabilizadora Salomé, pero quede claro que tal cosa no será sino un revelador signo de nuestro propio envejecimiento. Salomé, al contrario, conservará para siempre la inconsciencia y toda la fuerza carnal pura y desatada de la juventud. 
 
Las versiones discográficas
 
  • Hildegard Behrens, Karl-Walter Böhm, Agnes Baltsa, José van Dam, Wieslaw Ochman. Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: Herbert von Karajan. EMI, 7493582. 2 CDs.
     
  • Catherina Malfitano, Kenneth Riegel, Hanna Schwarz, Bryn Terfel, Kim Begley. Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: Christpoh von Dohnányi. Decca, 4441782. 2 CDs.
     
  • Teresa Stratas, Hans Beirer, Astrid Varnay, Bernd Weikl, Wieslaw Ochman. Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: Karl Böhm. D.G., 004400734339 
     
Hay un buen número de versiones en disco, y ya en DVD, para esta ópera; otra cosa es que se puedan recomendar muchas. En audio, creo que las dos más modernas son las de Sinopoli –para D.G., con la Studer y Terfel– y la de Von Dohnányi, para Decca, con la Malfitano y el mismo Terfel; ninguna de las dos puede considerarse redonda –o casi: ya se sabe que en ópera grabada la redondez es una aspiración rara vez conseguida–. Sin embargo, esta última es una versión de valores, como veremos luego.
 
Para mi gusto, la ya algo antigua de Karajan para EMI es la versión más completa en sólo audio. Puede que a algunos no le acabe de convencer la romántica y un punto narcisista dirección orquestal del salzburgués, pero es de justicia reconocer que la factura sonora de la misma es de auténtico lujo asiático.La Behrens es una maravillosa Salomé, vocalmente muy aceptable y dramáticamente concebida como una mujer adulta, de mil matices e intenciones. Es esto discutible, pero bastante plausible si tenemos en cuenta cuál era el rol sexual de una “jovencita” en los tiempos de Herodes, 30 años después de la persecución infantil ordenada por éste. Van Dam y Baltsa la secundan fenomenalmente, pero la grabación tiene un verdadero punto negro en el Herodes de Kart-Walter Böhm. La dirección de Christoph von Dohnányi, por su parte, es más expresionista que la de Karajan, pero menos rotunda, lo que en una obra de semejante orquestación supone una pérdida expresiva importante; no por el volumen, sino por la densidad sonora, el tratamiento de las transiciones, la superposición de planos (muy particularmente) o el propio diseño de las texturas. La Malfitano es una espléndida cantante-actriz que gana mucho en escena Vocalmente el personaje le queda algo grande, lo que en disco agudiza el problema (hay una versión en DVD con dirección escénica de Petr Weigl y musical de Sinopoli en la que está exultante). Terfel –una voz muy adecuada para el rol de Yokanaan– y Riegel están muy centrados.
 
Menos reciente es la de Zubin Mehta, con una quizá algo pesada Eva Marton, y de las de antaño, podríamos hablar también de la versión de Solti, con la Nilsson, una soprano que, en todo caso, no parece ideal para este papel. Y tampoco es de mucha actualiadad que digamos la de Leinsdorf –para RCA- con la Caballé como auténtica protagonista. La  concepción de ésta es exactamente contraria a la de Behrens: sensualidad juvenil en grado sumo. Lógico, dadas las características vocales de la catalana, que desde luego utiliza en toda su gama con una esplendorosa maestría. El resto del reparto cumple, a excepción del histriónico Sherrill Milnes, que hace un Yokanaan a mi juicio fuera de estilo. Erich Leinsdorf, por su parte, compone una interpretación de gran fuerza dramática y veracidad.
   
La tercera de las versiones consignadas arriba (Böhm, con la Stratas, un montaje de Gotz Friedrich) es la más recomendable en DVD. Pero, otra vez, sin ser perfecta. Me encanta la encendida pero a la vez contenida dirección musical de Böhm; me gustan mucho la Herodías de la Varnay y está muy bien Weikl como Jochanaan. La puesta en escena de Friedrich es magnífica. Y me encanta ver a Teresa Stratas, que compone una Salomé dramáticamente espléendida. Pero... vocalmente no llega a estar igual. 
 
O sea, sigue sin haber una versión redonda de este título.  
 
 
Por Pedro González Mira
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