Ritmo "On Line"
Revista Ritmo
Las grandes óperas
Selección de grandes óperas con el detalle de sus personajes, trama, comentario y versiones discográficas de referencia. Cada mes un nuevo título.

Janáček: Jenufa

Janáček: Jenufa

Los personajes

Jenůfa. Es la hijastra de la Sacristana, y a la vez prima de Laca y Steva, que son hermanastros y, al mismo tiempo sobrinastros de Sacristana. Papel para soprano con notas de lírica pero con carácter de spinto. Kostelnicka (Sacristana). Rol de soprano dramática que debe interpretar una cantante “mayor”. La Silja ha hecho historia con este papel. Laca Klemen. Enamorado sin condiciones de Jenufa. Un tenor spinto. Steva. Mujeriego y borracho atraido físicamente en tiempos por Jenufa. Otro tenor spinto.Buryja, la abuela y lider de la saga. En la actualidad es suegra de Sacristana y abuela de Jenufa, Laca y Steve. Una mezzosoprano sin especiales requerimientos vocales. 

La trama

Seguramente el lector que haya llegado hasta aquí estará perplejo ante las extrañas relaciones de parentesco de esta nada convencional familia: Buryja tiene dos hijos. Jenufa es hija de uno de ellos –con una mujer que no interviene en la ópera–, y que después se casa con Sacristana. Steva es hijo del otro hijo de Buryja, que ha tenido con una mujer, quien a su vez tiene otro hijo con un tal Klemen, padre de Laca. Ése es el lío, y a tal lío, tal dramática historia.

Jenufa quiere estar con Steva, a quien ama y la ha dejado embarazada. Sacristana, que quiere a Jenufa como a una hija carnal, decide matar al hijo que le ha nacido a Jenufa, pues sabe que Steva no lo va a reconocer. Al tiempo tantea a Laca para que se case con Jenufa. Éste acepta. Pero en el momento de celebrarse la ceremonia de la boda se descubre el cadáver del niño. La Sacristana confiesa su crimen, Jenufa acepta su circunstancia con resignación y Laca se muestra contento por haber conseguido a Jenufa. 

Comentario

No me cansaré de defender la singularidad de Leos Janácek como creador, y en más de un aspecto. Personalmente he de decir que, a pesar de que hace mucho tiempo que he dado por sentados el interés, la importancia y la calidad de su música, sólo recientemente he comenzado a apreciar (a entender) su verdadera dimensión. En otras palabras: sólo hace poco ha comenzado a gustarme aquélla de verdad (decir esto es muchísimo, pues “cuanto más viejo, más pellejo”, es decir, mucho más selectivo), abandonando así la pose que adopté durante años (inconsciente, pero pose), al manifestar todo eso sin haberlo entendido antes. Pasa mucho, y reconozco que a mí me ha sucedido esto con Janácek, un autor que llevo escuchando desde hace 35 años. Conclusión: o yo soy muy tonto o Janácek demasiado bueno. Permítanme la pedantería: lo segundo, claramente, y hay más de una razón para justificarlo.

Pienso que, fundamentalmente –y quizá Jenufa sea su ópera que mejor lo revela–, porque la belleza de su música más madura (que es casi toda: Janácek no fue famoso hasta entrado en años) no proviene del folclore, ni de la escuela, ni tampoco de los salones burgueses y demás centros de “poder intelectual”; más bien de esa mezcla de pasión desgarrada –trágica, letal– y sencillez vital que define el mundo sentimental del medio rural, al cual él perteneció por derecho propio: desde Brno, donde pasó mucho más que su juventud, pocos mensajes creativos novedosos pudo enviar a una Europa en el aspecto musical mucho más preocupada por romper con todo; por hacer la revolución fuera del sistema. Janácek, desde su pequeño y deshabitado rincón, representa otra línea muy diferente, que además le costó sudores definir de manera práctica. Sus primeras músicas fueron antirrománticas, pero no rupturistas: gran fallo; sin quererlo se situó al borde de lo convencional. Pero acabó evolucionando –heroicamente– hasta llegar a su gran etapa, la de sus hoy celebradas y ayer siempre denostadas, si no ignoradas, óperas; la parte de su Obra en la que su estilo se manifiesta con todo el esplendor: no es expresionista ni verista, y orquestalmente está en las antípodas de la “escuela wagneriana” pero el mensaje sonoro es tan denso como el de un Richard Strauss. Janácek es extremo y desgarrador en las historias que escoge, y así es también su música, tan realista como la del mejor Puccini, pero en el otro extremo del sentimentalismo; y es tan “eficaz” expresivamente como Strauss, el primer Schoenberg o el Berg de Wozzeck, pero sin participar del desquiciamiento dramático, de la histeria social de Lulu o el desbordamiento mental de Moisés y Aarón. Es, en fin, diferente; maravillosamente diferente, pero, para mí, tan acongojante como difícil.

Jenufa, de 1903, no sólo es su primera ópera relevante; abre una línea estilística que contiene claramente todas las características dramáticas y musicales deducibles de lo expuesto más arriba. Janácek estaba a punto de cumplir 50 años, y, tras esta soberbia musica, sorprendentemente, todavía tenía casi todo por hacer. 

 Las versiones discográficas

  • Elisabeth Söderström, Eva Randová, Wieslav Ochman, Petr Dvorsky, Marie Mrazová. Coro de la Opera Estatal de Viena. Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: Sir Charles Mackerras. Decca, 4144832. 2 CDs.
     
  • Gabriela Benacková, Nadézda Kniplová, Vilém Pribyl, Vladimir Krejcik, Anna Barová. Coro y Orquesta de la Ópera de Brno. Dir.: Frantisek Jílek. Supraphon, 1027512. 2 CDs.
     
  • Roberta Alexander, Anja Silja, Philip Langridge, Mark Baker, Menai Davies. Coro de Glyndebourne. Orquesta Filarmónica de Londres. Dir.: Andrew Davis. Puesta en escena: Nikolaus Lehnhoff. Arthaus, 100208. DVD.
    (+ info - comprar) 
     

Con las dos grabaciones de audio más arriba descritas sucede aquello de que para saber cuánto de buena es una versión lo mejor es comparar. La segunda, una interpretación quizá más “localista”, es espléndida; nada nos indicaría su rechazo a la hora de las recomendaciones. La Beňačková está muy bien (más convincente desde el punto de vista dramático que otra cosa; vocalmente no es redonda) en el papel de la heroína, y del resto del reparto con decir que se trata de un equipo muy centrado ya sería suficiente; aun con los altibajos vocales corrientes en una empresa de este tamaño. La labor de František Jílek a la batuta es, además, igualmente excelente. Pero es que está la otra, la de Mackerras, un hombre que por su afinidad particular con el lenguaje musical de Janácek (y no sólo en su obra dramática; de las bastantes muy buenas misas galgolíticas, por ejemplo, que hay en disco, la suya está entre las primeras) pronto se convirtió en un reputado especialista en la materia: aquí está ya en plena madurez de esa faena, pues la grabación es del año 1983, o sea, cuando el director australiano había ya cumplido 58 años. Ciertamente, ésta sería la versión de referencia, pues por añadidura el reparto es de enorme altura. Las dos mujeres principales están soberbiamente defendidas por una Elisabeth Söderström que hizo de Jenufa uno de los más brillantes logros de su carrera y una Eva Randová que en aquel entonces estaba dando lo mejor de sí misma en cada teatro que cantaba. Y los dos tenores, por su parte, extraordinariamente guiados bajo la intuición dramática de Mackerras, bordaron sus roles. No me extenderé más sobre esta versión. Sólo recordaré que se enclavó dentro de un proyecto de grabaciones de Decca de las óperas de Janácek, cuyos resultados no han sido hasta hoy superados. Estas cosas sucedían antes, desde luego.

Completo el trío de versiones escogidas con una Jenufa para –además de escuchar– ver: la espléndida puesta en escena de Nikolaus Lehnhoff para el Festival de Glyndebourne del verano de 1989. Lo que más llama la atención de este DVD es, efectivamente, la muy sencilla y acertada concepción escénica, que sirve para ahondar seriamente –y no a base de salvas artificiales– en las claves del drama. El espacio, los colores, pero, sobre todo, el acertadísimo movimiento escénico y concepción sicológica de los personajes son modélicos. Las voces no andan atrás: espléndidas Roberta Alexander, Anja Silja y Philip Langdrige; buenos los demás. ¿Por qué no la subo al cielo, entonces? Pues, sencillamente, por la anodina dirección de Andrew Davis, un intérprete frecuentemente “bajo en calorías” que aquí sigue, tristemente, su dieta de siempre. A pesar de ello, lo bueno de esta Jenufa es tan bueno, que me atrevo a recomendar la compra del DVD. 

Por Pedro González Mira

Esquina inferior izquierda Esquina inferior iderecha
Portal web DotNetNuke por DOTWARE tecnología a punto   GEN. 0,5292968 s