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Las grandes óperas
Selección de grandes óperas con el detalle de sus personajes, trama, comentario y versiones discográficas de referencia. Cada mes un nuevo título.

Berlioz: Los troyanos

Berlioz: Los troyanos

Personajes principales

[Primera parte: La caída de Troya]

Eneas. Hijo de Venus. Héroe de Troya. Exigente papel para tenor dramático, con extensión entre el Miy el Do 4. Casandra. Su esposa. Profetisa troyana, hija de Príamo. Una soprano dramática de enorme tesitura (Dobal Si 4). Corebo. Príncipe asiático. Prometido de Casandra. Barítono con notas graves. Ascanio. Hijo de Eneas. Soprano. Príamo. Rey de Troya. Un bajo. Hécuba. Su esposa. Una mezzosprano. Heleno, sacerdote troyano, hijo de Príamo, un tenor; Polixena, hermana de Casandra, soprano; la Sombra de Héctor, hijo de Príamo, bajo; Panteo, sacerdote amigo de Eneas, bajo; Andrómaca y Astianax, personajes mudos.

[Segunda parte: Los troyanos en Cartago]

Dido. Reina de Cartago. Potente mezzosprano- o soprano dramática- con agilidad. Ana, hermana de Dido, contralto; Narbal, ministro de Dido, bajo; Iopas, poeta de la corte de Dido, tenor; Hilas, un joven marino frigio, tenor; dos soldados, el dios Mercurio, sacerdotes, ninfas, sátiros, faunos,espíritus del bosque, sombras invisibles…

La trama

Los dos primeros actos se desarrollan en Troya. La ciudad está sitiada, pero los griegos no encuentran la manera de asestar el golpe definitivo. Es el famoso episodio del caballo, mediante el cual engañan a los troyanos. Sólo la cauta Casandra siente inquietud ante el inmenso “animal de madera regalado”. Troya sucumbe y sus habitantes son pasados a cuchillo. Sólo Eneas pervive, salvado por su madre Venus. La sombra de Héctor le ordena que funde una nueva patria. Casandra prefiere morir antes de caer prisionera de los griegos.

Los tercer, cuarto y quinto actos tienen lugar en Cartago. Allí Eneas es alojado por la reina Dido, que ha rechazado la oferta de matrimonio del rey de los númidas, pero que siente sola tras la muerte de su marido. Surge el amor entre ambos pero el dios Mercurio recuerda a Eneas las palabras de Héctor. Eneas decide abandonar a Eneas para cumplir su deber, y ésta, al enterarse,  se inmola en una gran pira, que premoniza la destrucción de Cartago por Roma. 

Comentario

Los troyanos es la gran ópera de Berlioz. Y grande en todos los sentidos, desde su duración hasta las prestaciones vocales y orquestales exigidas, pasando por las dimensiones del tema escogido, nada más y nada menos que La Eneida virgiliana. Proporciones todas ellas muy del gusto de un incomprendo Berlioz, que a toda costa quiso participar en el gran banquete de la creación de la obra de arte total. ¿Lo consiguió? A juzgar por la aceptación de la pieza en su momento, no (quizá sus paisanos franceses estaban demasiado ocupados aplaudiendo Tannhäuser),pero afortunadamente 200 años son más que suficientes para aclarar la vista y el oído y darse cuenta de lo contrario. El camino transitado por esta obra singular, en todo, ha sido largo y costoso.

De los cinco actos de que consta la partitura Berlioz sólo logró ver en escena los tercero, cuarto y quinto (muy cortados), o sea, la segunda entrega la página, la parte de Cartago, en noviembre de 1863. La primera parte, sobre la caída de Troya,  tuvo su tarde de gloria (aunque sólo en versión de concierto) en diciembre de 1879, o lo que es lo mismo 10 años después del fallecimiento del autor. La pieza completa fue estrenada en 1890, en Alemania (Karlsruhe), pero no empezó a escucharse -y poco- hasta que Colin Davis comenzó su cruzada berlioziana a finales de la década de los 60 del siglo pasado. La grabación discográfica de su versión para el Covent Garden fue, y sigue siendo, crucial para el conocimiento de la obra.

Estoy en absoluto desacuerdo con los que mantienen la teoría de que Los troyanos es una obra desigual y gradilocuente; lo sería tanto como, pongo por caso, Lohengrin. Es decir, no lo es. Más bien al contrario, se trata de una pieza teatral de gran fuste para una música excepcional y muy moderna. Es de otro tiempo seguir defendiendo que la influencia de Gluck –que la tiene; ¿recuerdan lo mucho que se interesó Wagner en el asunto? - lastra esa modernidad, como también seguir sosteniendo que su escritura, su entramado sinfónico, su tejido armónico son poco modernos, y que sólo en la idea última del libreto (escrito por el mismo Berlioz, como Wagner hacía con los suyos, por supuesto) está la parte “avanzada” de la obra, es decir, una declaración filosófica según la cual se defiende libertad del escogido; libre hasta del amor, como Wagner nos recuerda machaconamente en sus óperas románticas. Los troyanos es una ópera maltratada por el tiempo, el anterior y el posterior, porque su envergadura la hace difícil. Pero su contenido sonoro es de aúpa; me recuerda –salvando las diferencias estilísticas- al caso de San Francisco de Asís de Messiaen, otro “mastodonte” maravilloso que se lleva mal por su desorbitada medida. Esta ópera debe de escucharse y verse en la clave que su autor definió para ello, sin concesiones ni al canto (la tendencia a darla en versión de concierto es maligna) ni a la escena. Pero también se puede intentar (como en muchas de Wagner) el ejercicio de escucharla como una gran sinfonía, como una pieza orquestal pura donde el sonido y la armonía alcanzan importantísimas cotas de creatividad y originalidad. De cualquiera de las maneras, se trata de una obra fundamental e imprescindible a la que hay que dedicar más tiempo. 

Las versiones discográficas 

  • Jon Vickers, Josephine Veasey,Berit Lindholm, Peter Glossop, Heather Begg, Roger Soyer, Anthony Raffell, Anne Howells, Ian Partridge, Pierre Thau, Elizabeth Bainbridge, Ryland Davies, raimund Herincx, dennis Wicks, David Lennox. Wndsworth School Boys´ Choir. Royal Opera House, Covent Garden. Dir.: Sir Colin Davis. Philips, 4164322. 4 CDs
     
  • Jon Villars, Russell Braun, Tigran Martirossian, Robert Lloyd, Ilya Levinsky, Gaele Le Roi, Deborah Polaski. Coro de la Opera de Bartislava. Coro de la Ópera de Viena. Orquesta de París. Dir.: Sylvain Cambreling. Arthaus, 100350. 2 DVDs
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  • Susan Graham, Anna Caterina Antonazzi, Renata Pokupic, Gregory Kunde, Ludovic Tézier, Nicolas Testé, Laurent Naouri, Mark Padmore, Stéphanie d´Oustrac, Topi Lehtipuu, Fernand Bernadi, rené Schirerr, Danielle Bouthillon, Laurent Alvaro, Nicolas Courjal, Benjamin Davies, Robert Davies, Frances Jellard, Lydia Koniordou, Quentin Gac. Coro Monteverd. Orquesta Revolucionaria y Romántica. Dir.: Sir John Eliot Gardiner. Opus Arte, OA 0900 D. 3 DVDs 
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Colin Davis ha llevado al disco esta ópera en dos ocasiones. Traigo aquí la primera de las dos (Philips) por su importancia histórica; la segunda, para LSO, y con un espléndido Ben Hepner, suena algo mejor, pero me parece, además, algo resabiada, menos fresca. Por otro lado, no quiero dejar de nombrar el registro de Charles Dutoit para Decca, con un equipo de cantantes algo inferior, pero con una dirección orquestal ciertamente espléndida. He escogido las otras dos de la lista de arriba, sendas funciones de Salzburgo y París, por razones parecidas: son los montajes más importantes de los últimos años, y por tratarse de una pieza tan maldita para la escenea, su sola existencia es altamente celebrable.

Colin Davis fue en su momento (años 60-70 del siglo XX) un protagonista destacado en la puesta al día de la obra lírica de Berlioz. Y esta grabación de Los Troyanos (octubre de 1969) se encuentra en el centro del mismo. Con Jon Vickers y Josephine Veasey a la cabeza del reparto (que casi no tiene fisuras), traza aquí un Berlioz fundamental; un Berlioz de la mejor planta sonora, inserto en un discurso que mantiene la tensión a lo largo de las cuatro horas que ocupa. No es ésta una frase hecha, de crítico retórico; ésa es la más grande virtud de su trabajo, porque supone una brillante solución a la más determinante dificultad (que no problema, como se ha dicho hasta la saciedad) de la obra: la lógica de su línea dramático-musical. Esto quiere decir (aviso para navegantes) que como en pocas ocasiones estamos ante una ópera a la que se pueda aplicar la gracia aquélla de que “no hay mala música, sino deficiente intérprete.

Ninguna de las otras dos versiones que me atrevo a recomendar tiene la altura musical de la de Colin Davis. Cambreling es un voluntarioso director que aceptó el reto de dirigir en Salzburgo (2000, en la era Mortier) la pieza y se la estudió bien, pero sin pasar de ahí. El montaje de Herbert Wernicke, con la sobriedad y la buena economía como mejores señas de identidad, y los detalles pequeños como elementos desubicadores como princpal defecto, se dejó ver bien. Del grupo de cantantes.-un importante grupo de voces serie B- destacó Debora Polaski, que dobló su trabajo al encargarse de los personajes de Casandra y Dido; Jon Villars, por su parte, fue un tenue Eneas.

Más interesante, en general, me parece la versión de Gardiner (Châtelet, 2003), en un bien resuelto, vistoso y de inteligente plástica montaje de Yannis Kokos. Gardiner no se priva de “historificar” la música de Berlioz pidiendo a los músicos de la Orquesta Revolucionaria y Romántica buenas dosis de rusticidad. Sin embargo, el resultado es satisfactorio; no en vano hablamos de Berlioz, no de Mozart, Gluck o Beethoven. Otra baza importante de la versión son los cuatro cantantes principales, que están francamente bien: una entregada y emocionante Casandra en la voz y el cuerpo de Anna Caterina Antonazzi; una magnífica Dido, de gran dimesión dramática, protagonizada por Susan Graham; un Eneas de Gregory Kunde al menos adecuado vocalmente, y un estupendo Corebo de Ludovic Tézier.

Espero que a Gergiev le salga el día en Valencia, que los cantantes den todo lo que sus nombre prometen, que Pradissa y los suyos estén inspirados y que el Palau de les Arts no dude en grabar la representación. Es la mejor ocasión para tener una versión moderna en condiciones.

Por Pedro González Mira

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