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Revista Ritmo
Las grandes óperas
Selección de grandes óperas con el detalle de sus personajes, trama, comentario y versiones discográficas de referencia. Cada mes un nuevo título.

Mozart: Las bodas de Fígaro

Mozart: Las bodas de Fígaro

Los personajes

Herederos de los de El barbero de Sevilla, la primera comedia de Beaumarchais dedicada a ese exótico país llamado España, y que, con afinado criterio, prácticamente desapareción en el texto que Da Ponte escribió para Mozart.       

Conde de Almaviva. Lindoro ya de cierta edad. Felizmente casado con Rosina (ahora ya la Condesa), pero con los ojos –y las manos- en continua búsqueda de chicas más jóvenes. Debe conjugar la elegancia, la finura y la sutileza con los bajas artes de la conquista por decreto. Un barítono de buen recorrido, ágil y, a ser posible, de timbre claro.

Condesa. Todavía está enamorada de su marido, pero tras años de matrimonio su vida sexual ya no es lo que era, y como sigue conservando su belleza y poder de seducción no le hace ascos a la aventura. Papel de compleja expresividad, pues ha de mostrar decadencia y vida en perfecta convivencia. Una soprano lírica de amplia linea.

Fígaro. Criado de Almaviva. Un pícaro. Quiere casarse con Susanna, y está celoso del Conde, a quien pretende engañar para que renuncie a ejerecer su derecho de pernada. Un barítono, como Almaviva, del que se ha de diferenciar en el carácter y el timbre. No debe de ser tosco, pero sí un tanto rústico.

Susanna. La novia de Fígaro y criada de la Condesa. Quiere a Fígaro, pero juega con muchas barajas. Es más calculadora y menos “deliciosa” de lo que puede parecer. Una chica de nada fácil sicología. Soprano de flexibilidad, buena agilidad y fácil linea de canto.

Cherubino. Un paje. Joven casi adolescente, atractivo, romántico, soñador, siempre dispuesto ante el amor sin distinguir edades o condiciones sociales. Un chico que, de tan bello, no sólo bien puede pasar por jocencita sino creerselo. Su mayor attactivo es esa permanente y velada invitación a la bisexualidad. Mezzosoprano con coloratura, muy expresiva.

Marcellina. La criada y amante del Dr. Bartolo, ambos ahora padres de Fígaro.Una mezzosoprano a la que Mozart regala una espléndida aria.

Dr. Bartolo. Es el médico de la casa. Antes tutor de Rossina y amante de su criada. Un bajo bufo.

Don Basilio. Antes cura, ahora maestro de música. Un tenor, que tiene un aria que suele supimirse.

Antonio y Barbarina. El jardinero del Conde y su hija, que persigue a Cherubino.Un bufo y una ligera.

Don Curzio. El notario. Tenor cómico.

Comentario

Sí, una obra genial, una música genial, etc. Dicho ha quedado en todos los idiomas posibles y en tantas ocasiones como se haya hablado de ella en los últimos 200 años. ¿Qué más? Gran obra y gran música en un conjunto único, sí, pero ¿se puede añadir algo más?  No lo sé. Quizá alguna reflexión más. Quizá alguna observación hecha con vocación utilitaria, en absoluto trascendente y, mucho menos, con aspiración literaria…

Las bodas de Fígaro es seguramente la primera ópera en clave de comedia en la que está todo dicho en su música con asombrosa precisión y claridad. Todo. Lo fundamental y lo accesorio y, en su momento, necesariamente ineherente al género.  Pura incandescencia, chispas que saltan por todos los lados convirténdose en teas incendiarias de cuanta norma o precepto puedan regir la vida del común de los mortales. Incandescencia amorosa, sexual, social, política (a pesar de la limpieza a que es sometido el texto original, absolutamente prohibido en toda Europa), el puro desorden del orden establecido. Todos los personajes queriéndolo todo de todos, todos confundidos con todos, todos con todos sin importar la máscara que se haya de usar en cada momento para complacer al contrario. La ausencia de moral, de principios, o mejor, la burla, el escarnio de unos principios que no sirven, la transmutación de valores, físicos, sicológicos, sociales, de nuevo políticos. El enredo como procedimiento para conseguir lo que se quiere, el lío permanente, un todo revuelto que permite sentirse a cada uno dentro y fuera del sistema al mismo tiempo. Pura subversión., un tremendo follón humano. Primera linea: los amos. Un noble que quiere seguir siendo dueño de su esposa pero que hace de la infidelidad norma. Ella, la condesa, una insatisfecha a veces lánguida a veces dominadora, harta de la sinpasión de su marido y receptiva a la carne fresca. Segunda linea, los criados que están cerca: Fígaro y Susana, dos pícaros, listos como el hambre, capaces de engarñar al mismo diablo para conseguir lo que desean; muy sueltos de corazón… y de cuerpo. Tercera línea, los criados –y asimilados- de segunda, más alejados del poder, los Marcellina, Basilio, Bártolo, Antonio, Barbarina y Curzio. Son los elementos a través de los cuales maniobran el Conde, la Condesa, Fígaro y Susana. Y, por último, Cherubino, ni carne ni pescado, un ser libre entre tanta maraña, hombre o mujer, pero qué importa eso para semejante fuego de la naturaleza. Pues bien, tómese todo ello, embálese convenientemente en un maravilloso texto en recitado, trúfese con las correspondientes no menos celestiales arias, y se obtendrá una de las óperas clave de la historia del género.

Pido excusas. No suelo en esta sección dejar de contar el argumento. No lo he he hecho esta vez. Pero, ¿qué argumento? En realidad la intrincada trama es sólo un indicativo; lo interesante es observar personaje a personaje, y hacerlo en música, en cada momento, en cada inflexión expresiva de cada maravilloso recitativo, de cada aria. Sólo así comprenderemos la inmensa lección de humanidad y penetración sicológica conseguidas por el tandem Da Ponre /Mozart. ¿En ese orden? Pues ni sí no, sino todo lo contrario.  

Las versiones discográficas

  • Dietrich Fischer-Dieskau, Kiri Te Kanawa, Mirella Freni, Hermann Prey, Maria Ewing, Heather Begg, Paolo Montarsolo, John van Kesteren, Willy Caron, Janet Perry, Hans Kraemmer. Coro y Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: Karl Böhm. D.G., 004400734034. 2 DVDs 
     
  • Thomas Allen, Kiri te Kanawa, Lucia Popp, Samuel Ramey, Frederica von Stade, Jane Barbié, Kurt Moll, Robert Tear, Philip Langridge, Yvonne Kenny, Giorgio Tadeo. Coro de la Ópera de Londres.Orquesta Filarmónica de Londres. Dir.: Sir Georg Solti. Decca, 4101502. 3 CDs.
     
  • Gabrie Bacquier, Elisabeth Söderström, Reri Grist, Geraint Evans, Teresa Berganza, Annelies Burmeister, Michael Langdon, Werner Holweg, Willi Brokmeier, Margaret Price, Clifford Grant. Coro John Alldis. Orquesta New Philharmonia. Dir.: Otto Klemperer. EMI, 7638492. 2 CDs
     

Esta obra está muy bien servida discográficamente hablando. Pero como siempre he escogido tres que considero, por unas razones u otras, mágicas. En primer lugar, la película de Jean-Pierre Ponnelle, disponible en dos DVDs, para la dirección musical de Karl Böhm. Se trata de la mejor versión musical que conozco, pero desde lo que podríamos considerar una postura ortodoxa. Hay comedia y hay mucha luz en la dirección del austriaco, aun descendiendo al detalle, y, por ello, al sentimiento oculto, tan determinante en el devenir de la obra. El grupo de cantantes es de lujo. Fischer-Dieskau y Te Kanawa son los condes; Prey y Freni, sus antagonistas, Fígaro y Susanna. Los cuatro cantan, interpretan musicalmente y actúan escñenicamente de manera gloriosa. Quizá el Cherubino de Maria Ewing no alcance esa altura en lo musical, pero escénicamente es igual de válido.Y el resto se mueve con enorme soltura. La toma original es de 1976; o sea, todos ellos estaban en la cima de su carrera.

Seis años más tarde Solti, también en la cúspide, llevó la página al disco, ya en versión digital y con otro extraordinario reparto. Solti hizo una versión más chispeante que la anterior, pero también menos honda. Para el Conde contó con Thomas Allen, que firmó aquí uno de los trabajos más brillantes de su carrera, y para Condesa con una Te Kanawa más madura que en la versión de Böhm y, desde luego, al menos tan maravillosa. La Susanna de Lucia Popp es ideal, y en perfecta consonancia con la idea desarrollada por Solti. Perfecta en timbre y tesitura, perfecta en intenciones dramáticas. No menos espectacular fue el Fìgaro de Samuel Ramey, al borde del ideal para este rol, por las carácterísticas de su instrumento, tan masculino y con ese punto leñoso que tan bien se adecua al personaje. Increíble el Bartolo de Kurt Moll y muy bien el Cherubino de Von Stade, a pesar de ese punto de frialdad que siempre caracterizó a la mezzo norteamericana,

En fin, me dirán ustedes: ¿cómo se le ocurrirá a este individuo recomendar una versión como la de Klemperer, tan exasperantemente lenta y “fuera de estilo? Pues por eso, por Klemperer, además de por el trabajo de algún cantante concreto. Por ejemplo, pore el más completo y mejor Cherubino que he escuchado, el de Teresa Berganza, o por la extraordinaria Condesa de Elisabeth Söderström… o, aunque sea anecdótico, la Barbarina de una tal Margaret Price. Pero vaya, sobre todo y ante todo por la descomunal dirección de Otto Klemperer. En concepción sonora, planificación de timbres y texturas y claridad armónica es absolutamente única. Por tempi, muy lentos, ha sido criticada, pero a mí me parece celestial, porque sí, la velocidad es lenta, pero la tensión y la densidad siempre son máximas.En realidad, conseguir esas tensiones a esa velocidad es una irrepetible lección de dirección de orquesta, por arriba, por abajo y por enemedio. Y claro, lo más importante, y consecuencia de todo ello, el resultado dramático: un nivel de socarronería, de ironía, de distanciamiento, de retención cómica (o sea, de sustituir con extrema e inigualble inteligencia e intencionalidad la risa por la sonrisa) absolutamente memorables.

Esto es lo que hay. Una vez más, una sola versión, aun siendo buenísima, no es suficiente.        

Por Pedro González Mira

 

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