Ritmo "On Line"
Las grandes óperas
Selección de grandes óperas con el detalle de sus personajes, trama, comentario y versiones discográficas de referencia. Cada mes un nuevo título.

Richard Wagner: Sigfrido

Richard Wagner: Sigfrido

Los personajes

Sigfrido. Es quien trae la paz, porque no conoce el miedo. Es hijo de Segismundo y Siglinda, pareja de gemelos semidioses engendrados por Wotan, el dios de dioses, unido carnalmente con una mortal para crear la estirpe de los welsungos. Es el héroe que con su fuerza y arrojo estará llamado a recuperar el oro que el gigante Fafner retiene en la caverna. Salvará a Brunilda del sueño eterno a que fue condenada por su padre, Wotan, que la rodeó de fuego por haberle desobedecido al defender a su hermanastro Segismundo. Es un tenor heroico de enorme resistencia; en ese aspecto, el más “terrible” de todos los wagnerianos, salvo quizá Tannhäuser.

Brunilda.  La walkiria favorita de Wotan. Junto a sus hermanas forman un ejército de vírgenes guerreras engendradas por este y Erda, protodiosa madre de la Naturaleza. El beso de Sigfrido, que escalará la roca de fuego donde yace, la librará de su sueño. Cuando esto suceda, Sigfrido conocerá el miedo (porque se enamorará) y ella, aun con reticencias, también acabará vencida por el amor. Es una soprano dramática de enorme resistencia, a la que se le pide todo,  flexibilidad, potencia, color, sicologismo… La cumbre del canto femenino wagneriano, con permiso de Isolda, naturalmente.

Alberico. Jefe de los Nibelungos, un elfo nocturno que reina en las profundidades de la tierra. Es un ser deforme y repulsivo que ha renegado del amor para obtener la riqueza y el poder. Robó el oro a las hijas del Rin, con el que mandó construir el Anillo, que después maldijo. Un bajo-barítono.

Mime. Hermano de Alberico. Es el orfebre que forjó el Anillo y el yelmo mágico que hace invisible a las personas y cosas. Su hábitat es la fragua, en la cueva del bosque, donde cuida a Sigfrido con el objetivo de que recupere el oro para él. Es un tenor cómico, un característico que ha de poseer una notable capacidad histriónica.

El Viandante. Wotan, en realidad, que recorre el mundo dirigiéndose  inexorablemente hacia su autodestrucción, junto a los demás dioses. Se enfrenta, sin éxito, a su nieto Sigfrido: este parte su lanza en dos, mata al ladrón del oro (el gigante Fafner convertido en dragón) y despierta y saca a Brunilda del fuego mágico. Un bajo-barítono de mucho recorrido.

Fafner. De la pareja de gigantes que construyó el castillo del Walhalla por orden de Wotan (y a cambio de Freia, la diosa de la juventud) el menos torpe, más ambicioso y menos enamoradizo. Después de matar a su hermano, se hace con el oro y no quedarse con Freia. Adopta el cuerpo de dragón para cuidar el oro y el Anillo. Es un bajo-bajo que canta fuera de escena.

Erda. La gran diosa de la Naturaleza. Duerme enterrada en las profundidades. Lo sabe todo y es madre de las tres Nornas, que fueron creadas en el origen de todo; también de las walkirias. Una contralto de espeso y penetrante color.

Pájaro del bosque. Un mirlo cuyo canto se convierte para Sigfrido en palabras,  cuando este ensucia su boca con la sangre del dragón.


La obra

Sigfrido es el centro de la Tetralogía. Mirado hacia atrás, el poema contiene los hechos que provocaron el caos en que la Naturaleza se encuentra ahora, y algunas de las arbitrarias y tramposas soluciones aportadas por el responsable de todo, el irresponsable Wotan. Y mirado hacia delante, el que está anunciando la gran tragedia de la destrucción total, provocada por tanto despropósito. El centro es el héroe, el mito de Sigfrido, el salvador, transformado en ser viviente de carne y hueso, pensante pero incapaz de tomar decisiones que no sean otras que las que su propio destino le marcan: forjar la espada de su padre, vencer a Wotan, matar a Fafner, recuperar el anillo y el oro y, tras salvar del sueño y el fuego mágicos a Brunilda, enamorarla, para más tarde, al obrar sobre él mismo la maldición del anillo, traicionarla. De manera que, si Sigfrido goza de la más recias virtudes de su padre, el bello welsungo Segismundo, es decir, del arrojo de este al recuperar la espada clavada en el fresno del mundo, igualmente se adueña de los peores defectos del abuelo, Wotan, o sea, de su facilidad para cambiar de opinión, para engañar, para ponerse al mundo por montera, pasando por encima de las reglas tan creadas por él mismo, y por ello para él y sólo para él, que su incumplimiento se convierte en norma. Y solo con un objetivo: poseer el poder y la voluntad para dominar.

Es muy discutible afirmar que Wotan es el gran protagonista del Anillo, como lo sería afirmar eso acerca de Sigfrido o Brunilda. Pero es necesario recordar que Wagner hizo nacer el poema desde la muerte de Sigfrido, hacia delante (poca cosa más, la destrucción de los dioses, que por cierto mucho le costó incluir), y hacia atrás, para explicar las razones que provocarían la propia existencia de Sigfrido. Este es, pues, el centro de todo el drama, y la ópera que le da nombre, también. Y hay un detalle que confirma que musicalmente también sucede eso: contiene muchos menos motivos conductores originales que las dos óperas anteriores, y muchos más “derivados”. O dicho en otras palabras, más desarrollo musical que inspiración temática. O sea, quizá no mejor, pero sí más música, e importante música. Por ello, con toda lógica, es la más difícil y menos popular de las cuatro óperas del conjunto.

 

Las versiones discográficas 

  • Windgassen, Stolze, Hotter, Anderson, Greindl, Varnay, Von Ilosvay, Siebert. Orquesta del Festival de Bayreuth. Dir.: Hans Knappertsbusch. Goldem Melodram, GM 10052. 
  • Jerusalem, Clark, Tomlinson, Von Kannen, Kang, Evans, Svendén, Leidland. Orquesta del Festival de Bayreuth. Dir.: Daniel Barenboim. Teldec, 4509941932.
  • Windgassen, Stolze, Hotter, Neidlinger, Böhme, Nilsson, Höffgen, Sutherland. Orquesta Filarmónica de Viena. Dir.: Sir Georg Solti. Decca, 4555652.

Hay que ver lo poco que se han movido las cosas en la discografía de esta obra. Y no solo de ella sino del Anillo completo. Por eso, lo que se recomienda aquí son tres Tetralogías y no tres Sigfridos. No obstante, si alguien quiere sus óperas sueltas, las puede encontrar en los casos de Solti y Barenboim. Hablemos ahora, de todas las maneras, sólo de las versiones de Sigfrido.

Hay una clarísima evolución con las fechas (también ha de tenerse en cuenta  que la de Knappertsbusch procede de una función en sentido estricto -Bayreuth’58-, la de Barenboim de varias tomas de varias funciones -también de Bayreuth y también disponible en DVD- y la de Solti del estudio puro y duro). Pero hay que matizar esa evolución. En las direcciones, desde la de Kna hasta la de Barenboim (¡34 años entre ambas!) se va produciendo un claro enconamiento de las tensiones, una clara progresión de lo lírico a lo más extremo emocionalmente. Kna pone de relieve los aspectos más inocentes del personaje de Sigfrido, Solti lo hace evolucionar a un terrero más pícaro y oportunista (y por consiguiente más espectacular y ruin), mientras que Barenboim lo lleva al límite, transformándolo en un diosecillo desesperado y confuso, bruto de fuerza y de mente, que todo lo hace más con el corazón que con la cabeza. Musicalmente esto último es de una efectividad indiscutible, totalmente fulminante, pero eso no quiere decir que sea la mejor (o siquiera la mejor dramáticamente) opción: estamos ante uno de los Barenboim que hemos conocido y conocemos a través de los últimos cuarenta años, el más extremo, el buscador perenne de la situación límite como objetivo prioritario. Y esta forma de plantear las cosas tiene innumerables virtudes, pero también, a veces, genera problemas en el control de los medios. Por ejemplo, una virtud: cómo exprime a los cantantes, que con unos medios claramente inferiores a aquellos con los que antaño contaron Kna o Solti, dan sin embargo más credibilidad a los personajes: la Brunilda de Evans compite así muy seriamente con la de la Nilsson o la de la Varnay, siendo vocalmente muy inferior a las de estas. Otro ejemplo: el  Viandante de Tomlinson (un cantante con gravísimos problemas de emisión, entre otros) se sitúa frente al de Hotter con mayores posibilidades expresivas. Por el contrario, el equilibrio sonoro de Kna, que Solti ya rompe bastante, queda hecho añicos por Barenboim.

En fin. Esto es Wagner. Un rostro musical de mil caras. Estas tres Tetralogías han de estar en nuestras discotecas; las tres nos informan sobre un montón de cosas; de las tres se extrae placer y disfrute. No hay que dudarlo.

Por: Pedro González Mira

 

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