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BACH: Suites francesas. Obertura en estilo francés. András Schiff.

Publicada en MAYO 2011 / número 841 
BACH: Suites francesas. Obertura en estilo francés. Concierto italiano.
András Schiff, piano.
EuroArts, 2058138 (2 DVDs)
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La crítica
El hombre tranquilo
Aquel joven integrante, junto con Dezsö Ránki y Zoltán Kocsis, de lo que fue promocionado a los cuatro vientos como el fresco y floreciente joven triunvirato de la escuela pianística húngara ya peina canas. András Schiff es el protagonista de un memorable concierto ofrecido en la Iglesia Protestante Reformada de Leipzig en el marco de la Bachfest celebrada en la ciudad sajona en 2010. Allí tocó el 11 de junio nada menos que las seis Suites Francesas y la segunda parte del Clavier-Übung de Bach. Con el gran pope Christoph Wolff sentado en primera fila (puede vérselo claramente justo al comienzo del concierto y en los aplausos finales), Schiff impartió su enésima lección magistral interpretando esta música. Muchos madrileños recordarán a buen seguro la serie de recitales que el pianista húngaro ofreció en el Teatro de la Zarzuela hace varios años, dedicados monográficamente a la obra para teclado de Bach. Schiff ha crecido con esta música, de la que ya nos legó grabaciones memorables para el sello Decca (luego recopiladas en un álbum cuya escucha lo convierte en verdaderamente adictivo), y que toca como si la música fuera suya, no de otro. De memoria, por supuesto, Schiff consigue varios milagros en uno: el primero y fundamental, que jamás añoremos el clave y que el piano nos parezca en todo momento el medio ideal para otorgar vida sonora a esta música. Con una pulsación nítida, sin un solo exceso, con un empleo ni parco ni excesivo de la ornamentación, el húngaro parece hacerse a un lado y dejar que la música brote con la naturalidad y fluidez con que fluye el agua de un manantial. Schiff no explica la música, pero sus interpretaciones son un dechado de claridad y equilibrio en las que resulta imposible percibir una sola arista, un solo roce, una mínima incongruencia. El segundo milagro es que el Bach de Schiff es eminentemente racional y sereno, pero al tiempo profundamente melancólico. Escuchamos la música de un creador portentoso, a la vez que increíblemente cercano. Es un “learned musician”, por utilizar el título de la biografía de referencia de Wolff, pero al mismo tiempo un hombre cuyos perfiles van adivinándose según va avanzando la música. Schiff, a pesar del esfuerzo físico y mental de tocar semejante cantidad de música en una sola velada, no pierde jamás la concentración, ni la compostura, ni la hondura que imprime a todos y cada uno de los compases. Ni un aspaviento de más, ni un silencio de menos. Todo parece que tiene que ser justamente como dictamina Schiff, que representa un ejemplo casi único de sintonía perfecta con un compositor. Su Bach es casi un paradigma y, como tal, es inimitable. En el segundo DVD podemos escucharle hablar sobre Bach con una sabiduría y una perspicacia que no hacen sino confirmar que, para tocar así, hacen falta no sólo dedos sino, a partes iguales, una cabeza muy bien amueblada y una sensibilidad a flor de piel. El (quizá sólo aparentemente) impasible Schiff anda sobrado de una y de otra.
LG
Puntuación