La crítica
CHOPIN: “Recital en Varsovia”. Fantasía en Fa menor. Sonata núm. 2. Barcarola. Berceuse. Nocturno núm. 8. Polonesa núm. 6 “Heroica”. Valses núms. 3, 4, 6 y 7. Mazurca núm. 7.
Daniel Barenboim.
91’ - DVD Accentus ACC201102
(Ferysa)
ACONTECIMIENTO CHOPINIANO
Aunque en su juventud tocó mucha música de Chopin, el nombre de Barenboim no se halla muy asociado al del genial polaco. Mientras sus discos como pianista se cuentan por decenas, de Chopin sólo grabó, además de la Sonata para cello (con Du Pré, EMI 1973), los 26 Preludios, las Sonatas 2 y 3 y un disco con la Fantasía, Barcarola, Polonesa-Fantasía, Berceuse, Variaciones brillantes y Souvenir de Paganini (EMI 1974-76). Interpretaciones no demasiado citadas que convendría revisar, pues no siguen al pie de la letra la tradición: son renovadoras y más que interesantes. Tampoco la siguen los 21 Nocturnos (D.G. 1982), pero éstos gozan sin embargo de una gran –y justificada– reputación. Y eso es todo, aparte de alguna propina en este o aquel recital en DVD. Pues bien, este año del centenario, Barenboim ha tocado los Conciertos de modo memorable en numerosos centros musicales (de ellos existe una filmación con la Filarmónica de Berlín extraída de la transmisión de la propia orquesta). También ha dado en numerosas ciudades dos recitales Chopin con dos programas diferentes. Conociéndole, era de esperar: si después de tantos años, a estas alturas, se interesa por algo nuevo en su repertorio es porque tiene algo especial que decir. Así es: yo diría que estamos ante todo un acontecimiento, dada la extraordinaria altura y personalidad de las interpretaciones. El ambicioso y variado programa empieza por todo lo alto, con una Fantasía op. 49 de una potencia tremenda (es quizá la obra más orquestal de su autor), se repliega en el intimismo del Octavo Nocturno –un prodigio de hondura introspectiva– para volver a la impetuosa y tremenda Sonata núm. 2, para la que su experiencia beethoveniana resulta decisiva: ¡qué desarrollo del primer movimiento! ¡Qué fuerza y pasión! Impresionante. La Marcha fúnebre, más rebelde que, como en Kissin, serena o reflexiva, no alcanza a la genial, irrepetible, recreación del pianista moscovita. El brevísimo finale es un desideratum en toda regla. La segunda parte comenzó con una Barcarola absolutamente excelsa, quizá, como la Fantasía, la más genial que haya escuchado. ¡Qué inconmensurable riqueza de expresión! Siguieron tres Valses, los opp. 34/3, 34/2 y 64/2 en los que las aportaciones personales son constantes: elegancia, gracia, humor, melancolía, con una flexibilidad en el tempo y en la dinámica en extremo sutiles. Los tres son antológicos. La Berceuse se beneficia de un sonido bellísimo, de exquisitez y ternura infinitas. Como colofón, la más épica, poderosa y elocuente Polonesa Heroica imaginable, de una fuerza y dramatismo descomunales, en la que también se cuela el lirismo. Se despidió con una impecable Mazurca op. 7/3 y con el Vals op. 64/1, especialidad de la casa. ¡Qué enorme artista del piano, también en Chopin!
A.C.A.