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La política en el mundo de la cultura

Publicado: noviembre 2011

Un reciente editorial de Ritmo nos alertaba sobre la "injerencia" de la política y los políticos en la vida cultural y, en especial en la musical.

Nos parece bastante necesario –y muy urgente– que los protagonistas de la cultura musical española (el país cultural entero, más bien) hagan una seria reflexión sobre la relación entre posibilidades y recursos, a la hora de transmitir los contenidos que le son propios. Y por más decir, en el caso de la música, música, y no otras cosas, entre otras adoctrinamiento cultural. De izquierdas o de derechas, pero adoctrinamiento en suma. Tenemos la impresión de que, mucho más que nunca, hay un serio y planificado intento de que la política con minúsculas entre en el mundo de la cultura, y aunque, en plena crisis económica y, por consiguiente, en un enrarecido clima, quizá sea pronto para aventurar resultados, parece que, una vez más, el consumidor prefiere estar al margen de semejantes operaciones.
 
El consumidor va muy por delante de los acontecimientos. Sobrelleva con heroico estoicismo los males endémicos de la música española, entre los que el más importante sigue siendo la raquítica educación musical que el Estado (convidado de piedra en los parlamentos autonómicos donde se tratan estos asuntos) regala a los jóvenes hijos de sus mayores contribuyentes. Pero estos, impasibles, siguen apañándoselas, aun en medio de semejante ceremonia de la confusión. Se les dice: se va a crear tal o cual escuela de tal o cual disciplina musical. Y ellos, sonriendo, recuerdan a sus adentros la de veces que han escuchado tal cosa antes sin que, por ahora y que se sepa, tales arcangélicos y ambiciosos proyectos hayan tomado cuerpo. Sonríen. Y piensan. Y se dan cuenta de que todo eso la mayor parte de las veces queda en agua de borrajas por la incapacidad de los políticos para ponerse de acuerdo en materias tan sensibles como la educación. O por horteras quítate tú que me pongo yo. O porque hay cosas que son inadmisibles si no están pergeñadas desde una cordura nacionalista hecha a la medida de las auténticas fuerzas del auténtico Poder.
 
¿Y cómo? ¿Cómo se las apaña el sufrido consumidor para sortear tantos obstáculos en tan apasionante carrera? Pues, pasando. O mejor dicho, borrando del disco duro de su cabeza las idioteces y tomando la senda más corta –y lógica– para vivir de verdad la cultura y, particularmente, la música: mostrándose, dejando claro que está ahí.
 
Toda la antedicha reflexión viene a cuento de tres datos concretos que llegaron a la redacción de Ritmo. El primero, que el director artístico del Teatro Real tiene pensado crear una escuela de canto en el Teatro. Magnífico. Pero llevamos mucho tiempo escuchando cosas parecidas a los respectivos directores que han pasado por la Casa. O sea, la educación musical de nuevo creando estragos, porque ni que decir tiene que el asunto fue furibundamente atacado –si no ridiculizado– desde diversos medios de Prensa. Dos: la nueva temporada del CNDM (Centro Nacional de Difusión Musical) y que hay en ella una auténtica inflación de ciclos y conciertos. Efectivamente, el consumidor va a lo suyo, y menos mal que algunos lo entienden así. Y en fin, el tercer dato es todavía más revelador: según el EGM (Estudio General de Medios),  Radio Clásica, nuestra querida y admirada emisora, ha crecido casi en un 30 por ciento en cuanto a oyentes se refiere. La friolera de 36.000 nuevas parejas de oídos sentadas ante el receptor es algo que nos viene a dar la razón en nuestras tesis: el consumidor está en otro y mejor mundo. Y como no tomemos nota de ello, moriremos en nuestros laureles. Porque es evidente: algo se mueve, y no está claro que sepamos entenderlo en toda su magnitud.
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