Publicado: abril 2011
El año 2011 traerá nuevos aires al veterano Festival de Música Contemporánea de Alicante, en un momento de gran debate sobre la repercusión social de la música contemporánea.
En noviembre del pasado año la revista Ritmo reflexionó en su página editorial sobre Alicante y su Festival, quizá este es un buen momento de volver sobre el tema, una vez consolidado el nuevo Centro Nacional de Difusión Musical del INAEM.
El Festival de Música Contemporánea de Alicante alcanza en 2011 su vigesimoséptima edición. Ha pasado por diferentes etapas, en cada una de ellas, como es lógico, marcado por la personalidad de su director. ¿Se puede afirmar que los resultados globales hasta este momento arrojan un balance positivo? Sí, sin la menor duda. Pero, ¿significa eso que no hay ningún problema, que todo anda bien y mejor no cambiar nada? No estamos seguros.
Alicante es una ciudad muy agradable. Vive de cara al mar y goza de una temperatura media anual absolutamente envidiable; sus gentes defienden con uñas y dientes esa calidad de vida. Pero también para muchos, y quizá cada día más, acaba resultando un punto aburrida. En ese sentido, es cierto que políticos y demás fuerzas vivas del lugar han hecho en los últimos años serios esfuerzos para dotarla de una infraestructura cultural sin la que una ciudad de ese tamaño es difícil supere el corrosivo provincianismo que a su vez genera tan placentera forma de ser. Tienen todo el sentido del mundo, pues, cualesquiera intentos de dinamizar su vida intelectual, creativa y, en general, cultural. El Festival ha venido siendo uno de ellos (no el único, y eso lo saben bien allí) durante las dos últimas décadas, y creemos merece la pena conservarlo y mejorarlo. No estamos de acuerdo, por ello, con las voces (sin duda autorizadas y respetables) que piden su desaparición, o, sencillamente, su traslado.
Pero pensamos que necesita importantes retoques. Para nosotros, su problema más vistoso es cómo año tras año la ciudad y sus gentes lo han ido marginando, hasta el extremo de, prácticamente, ignorarlo. El diagnóstico más sencillo para semejante enfermedad es que no interesa. Si embargo, tal conclusión nos parece en exceso simple y, desde luego, poco autocrítica. Porque, nos preguntamos: ¿qué se ha hecho desde la propia organización para imbricar al festival en la vida cultural de la ciudad? Hablamos de música de vanguardia, o sea de música nueva y por ello difícil, y hablamos de programas confeccionados con un buen número de estrenos, es decir música para escuchar “a primera vista” (¿hay que recordar cuántas personas asistieron al estreno del Cuarteto op.132 de Beethoven?). Nos seguimos preguntando: ¿cómo y quién decide qué compositores y qué músicas han de ser esos y esas? ¿Qué participación se tiene en la ciudad en la toma de decisiones a la hora de escogerlos y escogerlas, e incluso de definir el concepto general del festival? ¿Se ha intentado alguna vez involucrar al mundo de la enseñanza (conservatorios y universidad, con la concesión de créditos para sus estudiantes?) ¿Alguna vez se ha buscado algún tipo de complicidad con la Sociedad de conciertos de la ciudad, que por cierto tiene más actividad de lo que se cree? ¿Alguien se ha parado a pensar qué se puede hacer para atraer más al público, para explicar a este de alguna manera por qué para su ciudad es estupendo tener algo así? Y más: ¿por qué la música que genera un festival de este tipo puede llegar a ser mucho más atractiva de lo que dicta el tópico de –por decreto- su manifiesta incomprensibilidad? En resumen: mucha más pedagogía y entrega a la causa de la difusión y menos esperar a verlas venir. Una muestra de este tipo se convierte automáticamente en algo muerto si el único objetivo es que unos pocos aficionados pasen el rato –su rato- escuchando la música de cuatro escogidos.
Aviso a caminantes. Se acaba de inaugurar el Centro Cultural “Las Cigarreras”. La ciudad dispone de dos teatros más que suficientes para conciertos de pequeña y gran plantilla. Y en breve abrirá sus puertas el nuevo Auditorio. No parece, pues, que falten medios para que se pueda seguir programando el festival. A día de hoy, y con la nueva estructura definida a través del Centro Nacional de Difusión Musical, nada se sabe al respecto. Nosotros desde aquí, y por todo lo expuesto arriba, deseamos su pervivencia. No obstante, más que otra programación “nueva”, lo que esperamos es una re-programación en toda regla.
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