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La hermana de Alfredo

Jorge Binaghi

No es la primera vez que me ocurre encontrarme en un programa con un personaje operístico 'nuevo', en el sentido de que conocía su existencia, pero no que fuera necesario un intérprete para representarlo. En las postrimerías del reino de Mortier en Bruselas (sí, todo tiene un final, o no hay mal que dure cien años, etc.) recuerdo que tuve una de mis primeras perplejidades al ver que en la Tetralogía wagneriana ideada por Wernicke figuraba el nombre de ´Grane', el caballo de Brunilda, ese que es famoso por la invocación en la escena de la inmolación final del Ocaso. Bien; se trataba de un excelente actor-bailarín disfrazado de caballo que aparecía en el segundo acto de La Valquiria sentado en la silla-trono de Wotan y que llevaba un lazo rojo que era el del destino. Se desplazaba según los acontecimientos...

Me acordé de él hace unos días en Munich cuando en una puesta en escena bastante insulsa de Traviata (ya estrenada; fui a ver el primer Germont de Keenlyside, acompañado de Kaufmann y -supuestamente - de Gheorghiu que tras una primera función al parecer brillante no se encontró en disposición física para afrontar las otras dos, de modo que hubo una Violetta por función, pero no era de eso que deseaba hablar ahora) me encontré en el programa con "Alfredos Schwester" como último personaje del reparto. Ya, todos sabemos que Alfredo tiene una hermana, que es la principal razón de la presencia de su padre en la ópera. Pues bien, aquí es un personaje de carne y hueso, naturalmente mudo (ese será un próximo paso; mientras tanto, no me parece mal que se ofrezca un puesto de trabajo temporal más en época de dificultad económica, aunque no sé si es una razón de peso 'artística'), que aparece de la mano de papá, que le ordena continuamente retirarse (Violetta parece no verla), y que luego se reencuentra con entusiasmo con su hermano en el momento de la desilusión por la carta en que se le anuncia el abandono de su compañera. Da la lata durante toda el aria del barítono, cabaletta incluida (y no de las mejores de Verdi francamente; hay cortes que convendría mantener), pero cuando la esperaba en la fiesta o en el final para tener la reconciliación completa desapareció. Si el director de escena Günter Krämer lo desea, podría hacer buen uso de esta idea genial en Lucrezia Borgia y hacer aparecer a 'la Negroni' en el acto final, o a la madre de ´don José' en Carmen. Hay un dicho catalán que dice que cuantos más seamos más reiremos: a lo mejor es la clave para las enormes posibilidades del "repensamiento" (?) actual de las óperas clásicas. No me pregunte nadie por su "valor añadido" porque no lo sé, como no sea el de que habría que cobrarles impuesto a la genialidad….

miércoles, 01 de julio de 2009
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