Francisco Villalba Talavera
El Festival de Salzburgo, el primer festival de música del mundo; lo sigue siendo aunque algunos lo pongan en duda, parece haber recobrado la cordura. No están los tiempos para aventuras, ni experimentos arriesgados, ya que lo esencial en nuestros días para las salas de conciertos y los teatros de ópera es en primer lugar vender sus aforos cosa nada fácil, aunque en el Festival de Salzburgo, merced a una eficacísima gestión financiera, esto no sea un problema. Salzburgo aunque haya perdido el esplendor de los tiempos de Karajan; eso que los últimos años del gran director fueron unos esplendores empañados por las producciones obsoletas y la reiteración, no por ello ha dejado de ser un lugar de referencia. Con Mortier hubo cosas buenas a nivel artístico, pero sobre todo, escándalos a diestro y siniestro. Su sucesor, el compositor y director musical Peter Ruzicka, se encontró de entrada con un recorte drástico del presupuesto; sin embargo durante su mandato, de 2002 a 2006, aunque no se elevó el nivel artístico del Festival sí se alcanzaron los mayores ingresos y la mayor afluencia de visitantes desde tiempos de Herbert von Karajan; apartados ambos que habían disminuido con Mortier. En 2006 tomó las riendas de la institución el renombrado director teatral alemán Jürgen Flimm que se mantendrá en el puesto hasta 2011 aunque ya en 2010 se hará cargo de la dirección artística de la Ópera Estatal de Berlín. Flimm ha hecho su trabajo sin brillantez pero con solvencia; las aguas parecen haberse calmado pero como hombre de teatro ha dado barra libre a sus amigos de profesión para que hagan en el Festival aquello que les inspirase su “genio creador”, y ha acentuando la parcela teatral del mismo lo que no ha impedido que se hayan producido roces entre él y el director del teatro en prosa del Festival, el autor y dramaturgo Thomas Oberender.
Para suceder a Flimm se ha pensado en un austriaco, Alexander Pereira, nacido en Viena el 11 de Octubre de 1947, actual director artístico de la Ópera de Zurich, institución que rige desde 1991. Pereira es un vienés descendiente de una familia de origen portugués que en el Siglo XVII había huido de la Inquisición, junto con el filósofo Spinoza y se había asentado primero en Holanda y posteriormente en Austria, donde fueron banqueros de la emperatriz María Teresa, a la que financiaron las guerras contra Federico el Grande de Prusia. Pereira se muestra orgulloso de que en la casa de sus antepasados se alojase Mozart mientras componía el Rapto en el serrallo, y posteriormente lo hicieran Beethoven y Goethe. Hijo de diplomático, cuando propuso a sus padres hacer la carrera de canto, su madre fue de la opinión de que debería previamente estudiar “algo más respetable”. Por eso al acabar sus estudios “mas respetables” comenzó a trabajar en las oficinas de Londres y Frankfurt del Consejo de Turismo austriaco. Posteriormente fue contratado por el departamento de ventas de maquinaria y ordenadores de Olivetti en Berlín y Frankfurt, ciudades en las que por once años compaginó sus actividades profesionales con la carrera de canto y en ellas comenzó a organizar conciertos. En 1984 fue nombrado Secretario General de la Casa de los Conciertos de Viena donde se hizo responsable de asuntos artísticos, organizativos y financieros. Ya entonces mostró estar muy capacitado para renovar la atmósfera de la vida musical de la sala y logró atraer una nueva audiencia joven. En 1989, tras el fallecimiento de Herbert von Karajan, su nombre fue mencionado como posible director artístico del Festival de Salzburgo, nombramiento que finalmente recayó en Gérard Mortier. Por fin en 1991 se confirmó su puesto como director de la Opernhaus de Zurich, donde comenzó su mandato con una sensacional representación de Lohengrin de Richar Wagner, conmemorativa del 100 aniversario de la inauguración del teatro con dicha ópera, dirigida en lo musical por Ralf Weikert y en lo teatral por Robert Wilson con un reparto excepcional encabezado por Gösta Winbergh como Lohengrin, Lucia Popp como Elsa, Anja Silja como Ortrud, Rolf Haunstein como Telramund y Matti Salminen como König Heinrich. Pereira, en un tiempo record, fue capaz de que en el teatro se hiciesen excelentes representaciones, logró reducir sus millonarias deudas en francos suizos e incluso comenzó a obtener beneficios, convirtiendo en unos años a la Opernhaus de Zurich en uno de los teatros de ópera más importantes del mundo. Con él hemos visto como, mientras los teatros en Francia y en Alemania reducían sus actividades por recortes de presupuestarios, la Opernhaus de Zurich las ampliaba. Alexander Pereira opina que las compañías de Europa no pueden confiar en un constante aumento de las subvenciones y que deben generar los beneficios por si mismas y afirma; “Ahorrar reduciendo actividades no lleva a ninguna parte” “Hay que invertir en el propio teatro, hay que hacerlo atractivo a la gente para que acuda a él” y para lograr esto considera esencial contratar cantantes de renombre y programar obras infrecuentes junto a Carmen, Tosca o Don Giovanni.
Como ejemplo de la capacidad de este intendente para confeccionar programas apetitosos parael público tenemos que con motivo del centenario de la muerte de Verdi en Enero de 2001, en la temporada 98/99 programó Attila, Ernani, Nabucco, Traviata, Luisa Miller, I Lombardi y Ballo in maschera y en la 1999/2000 Un giorno di regno, I due Foscari, Rigoletto, Aida, Otello y Falstaff, el mayor homenaje al genio de Róncole que le tributara ningún otro teatro del orbe.
Ofreciendo 15 nuevas producciones y 24 reposiciones durante la temporada 2001/2 la Opernhaus de Zurich se hizo candidata al Libro Guinness de Records. Alexander Pereira es un caso único entre los Intendentes europeos de un teatro de ópera.
Eso que es un hombre con peculiaridades en los tiempos que corren; entre ellas se cuenta su fobia a las coproducciones, que rechaza como si de una plaga se tratase, fobia quizá solamente superada por la Festespielhaus de Bayreuth. Pereira asegura “Las coproducción en la mayoría de las ocasiones solo sirven para conseguir un cierto director de escena que se desea contratar para dirigir cierta obra y cuando esa producción llega nuestro teatro nos encontramos con que la dirección la hace un ayudante de ese director. Un espectáculo nuevo es muy costoso y al coproducirlo siempre hay que adaptarlo. Nada es igual de un escenario a otro. Mejor que ahorrar un tercio del coste en una producción que no se desea es buscar patrocinio para una nueva” y en conseguir patrocinadores Pereira es un verdadero lince.
Pero no solo financieramente Pereira ha mostrado unas facultades indiscutibles. En 2001 la prensa alemana eligió “Orquesta del año” a la de la Opernhaus de Zurich. Otro tema que cuida mucho es el de las relaciones del teatro con los cantantes por ello asegura que no le interesan con ellos asociaciones ocasionales y siempre trata contratarles para 15 actuaciones al año, lo que supone un cuarto o un quinto del total de sus actuaciones, así consigue que se den cuenta de que tienen que tomar en serio al teatro. Esto no se puede lograr con contratos para dos o tres actuaciones al año, por eso segura “Me gusta hacer muchas representaciones, pero con cuantos menos cantantes diferentes mejor”.
Con estas premisas Alexander Pereira ha hecho de la Opernhaus de Zurich un teatro que compagina la estabilidad de un antiguo teatro de de ópera de repertorio con el atractivo de un festival o de los mejores teatros de ópera de temporada.
En 2005 nada menos la Bayerische Staatsoper de Munich y la Scala de Milán le tentaron como director, cargo que en 2007 también le propuso la Wiener Staatsoper, para suceder a Hollander, pero en todos estos casos Pereira se mostró remiso a abandonar Zurich. Sin embargo no ha podido resistirse a una segunda proposición, tras veinte años, para hacerse cargo del Festival de Salzburgo, sobre todo cuando su compromiso con Zurich expira en 2012 y donde ya esta nombrado su sucesor, Andrea Homoki, el actual intendente de la Komische Oper de Berlín.
Pereira le comentaba en una entrevista concedida para la revista Opera Magazine a Matthew Gurewitsch “En este teatro (la Opernhaus de Zurich) no existen maniobras políticas, ni amiguismos, sencillamente porque siempre estamos trabajando y no tenemos tiempo para otras cosas” Esperemos que esta actitud la siga manteniendo en la ciudad del Salzach y sirva de ejemplo a tantos teatros en los que por reinar la ignorancia y el más absoluto provincianismo, se toman las decisiones a golpe de influencias y publicidad.
miércoles, 01 de julio de 2009