Francisco Villalba Talavera
Los síntomas son alarmantes. La progresiva decadencia del festival Wagner ha ido mermando su anterior prestigio y lo está dejando a niveles mínimos.
Todo, según dicen, empezó, tras la muerte de Wieland Wagner, cuando se hizo cargo de la institución Wolfgang Wagner y no les falta razón a los que han proclamado esto. Para empezar desparecieron de allí los grandes directores wagnerianos y se quiso suplir su ausencia primero con un Kleiber que dirigió unos de los mejores Tristan und Isolde de la historia del festival durante los años 1974/75/76, pero que abandonó la Colina Verde y no la volvió a pisar. Para intentar un golpe de efecto posteriormente se contrató a Pierre Boulez, que ya había dirigido un Parsifal desacralizado (ya empezábamos con las mamarrachadas) en las temporadas 1966/67/68 y 1970, para dirigir la Tetralogía y el éxito, una vez superado el absoluto fracaso del año de su estreno en 1976, fue rotundo, aunque musicalmente muy discutible para algunos, entre los que me cuento, vocalmente no superó lo mediocre y yo personalmente solo salvaría la estentórea pero siempre arrebatadora en escena Gwyneth Jones, como Brünnhilde, y la maravillosa Siegliende de Jeaninne Altmayer. Después Wolfgang intentó calmar los ánimos soliviantados por Boulez y Chereau encomendando el siguiente Anillo del Nibelungo nada más y nada menos a un monstruo de la escena británica, Peter Hall, y a un director intocable, Georg Solti, que hacía años había grabado para la historia la obra en estudio con la Filarmónica de Viena y un reparto de sueño. Los resultados fueron excelentes digan lo que digan en lo musical, menos en lo teatral y pobres en lo vocal, aunque contó con la mejor Brünnhilde en la escena de la que guardo memoria, Hildegard Behrens, una vez más la excelente Sieglinde de Altmayer y por primera vez un juvenil Jerusalem como Siegmund. En aquellos años brilló la Kundry de Rysanek en un discutido Parsifal de 1982 de Götz Friedrich y Levine, aunque mucho se ensañaron con la soprano considerándola totalmente inapropiada para el papel. El año siguiente, 1983, en la misma producción nació un mito, Waltraud Meier, en el segundo reparto de Parsifal asombrando a propios y extraños con una Kundry inmensa, que la hizo con la antorcha vocal e interpretativa que ha iluminado Bayreuth hasta el año 2000, yo diría que la única cantante que ha brillado en dicho Festival desde Behrens, gloria que solamente ha compartido en parte con un esforzado Jerusalem, un fugacísimo Pape, un luminoso Peter Seiffert y una esplendorosa Urmana como Kundry y Sieglinde. Los únicos directores musicales que ha contado en Bayreuth en los últimos años han sido Baremboim que tras unos vacilantes inicios en el Festival con un Tristan en comandita con Ponelle correcto sin más y un bisoño Anillo del Nibelungo con Harry Kupfer que adquirió una indudable madurez con el paso de los años, consiguió deslumbrarnos como nadie lo había logrado en aquellos lares desde hacía cerca de dos décadas con un Tristan und Isolde antológico, claro que para compensar posteriormente aburrió hasta el sopor con unos Maestros cantores en 1996 en clave de Götterdämmerung. Y en el año 2000 un tal Christian Thielemann se hizo cargo de los Maestros de Barenboim y se produjo el milagro; no he escuchado en vivo una interpretación de la obra semejante, aquello eran mis Maestros Cantores, los que había soñado desde siempre, la partitura sonaba como yo la concebía, los tempos en general lentos por parte del director, merced a su maravillosa modulación de la partitura sonaban con una naturalidad y sutileza inusitadas. Al concluir la representación Wolfgang Wagner salió a abrazar al nuevo “mito” como si de un “hijo redentor” se tratase. Todo parecía salvado. Thielemann se hizo con el corazón de Wolfgang y la admiración de un nutridísimo grupo del público que no era muy propicio a Barenboim (no se por qué siempre hay que desnudar a un santo para vestir a otro, pero así es) y desde entonces señorea como rey absoluto en aquellos pagos. Thielemann dirigió después un Tannhäuser muy bueno, pero no único como sus Maestros; posteriormente se afianzó con un Anillo del Nibelungo en sus inicios con momentos magníficos, pero irregular en su conjunto, aunque con el paso de los años ha logrado una interpretación del ciclo modélica y que hubiese sido histórica si el reparto vocal no rozase lo inaceptable.
Y llegamos al 28 de Noviembre 2007 día en el que inesperadamente fallece Gudrun Wagner, la segunda esposa de Wolfgang Wagner y codirectora con él del Festival, que según las “malas lenguas” era la que manejaba todo el cotarro. Gudrun tras el fallido intento de su marido en 2001 de nombrarla su sucesora; propuesta que encontró la radical oposición de la Fundación Richard Wagner de Bayreuth que designó como sucesora a la hija mayor de Wolfgang, Eva Wagner Pasquier, logró que Wolfgang pusiese todo tipo de impedimentos para que el nombramiento no se hiciese efectivo favoreciendo así al posible futuro nombramiento de su hija en común, Katharina.
Las aguas estaban revueltas ya que además de estas dos pretendientes al trono de Bayreuth había otra aspirante, Nike Wagner, hija del prematuramente fallecido hermano de Wolfgang, el adorado por la mayoría de los wagnerianos de pro, Wieland. Wolfgang al perder con el fallecimiento de su mujer, a la que había sido báculo de su vejez, anunció en el verano del 2008 su dimisión y dejó en manos de la Fundación Wagner la elección de quien o quienes serian sus sucesores/as.
Tanto Eva como su sobrina Nike contaban con una larga experiencia en el mundo de la ópera, mucho más que Katharina, pero Wolfgang prefería a esta última y para demostrar que su elección estaba justificada la encomendó la dirección teatral de los nuevos Maestros cantores con los que se inauguró el Festival el año 2007, que a pesar de toda la operación de maquillaje a nivel de publicidad y propaganda fueron un horror defendido por cuatro paniaguados de la casa. Ya anteriormente Katharina nos había mostrado su genialidad, por supuesto autorizada por “papá”, encomendando la dirección escénica de Parsifal a un visionario propicio a los escándalos como Christoph Schligensief. Representación que fue un desaguisado aun contando con la precisa y transparente dirección de Pierre Boulez.
El curriculum de Eva Wagner de 62 años, es impresionante. En la actualidad era consultora artística del Festival de Aix en Provence y había trabajado en Londres, Paris, Nueva York y Madrid (de donde salió al revocarse el nombramiento de Lissner como director del Teatro Real). Propuesta como sucesora de su padre en 2001, fue aceptada por la Fundación Richard Wagner con 22 votos a favor y 2 en contra, uno de los cuales fue el de Wolfgang que decidió permanecer en su puesto contra viento y marea. La otra lógica candidata a la herencia era Nike Wagner, de 62 años también, considerada la más intelectual de las candidatas.
La tercera aspirante, Katharina, es la más joven. Mujer muy inteligente y acostumbrada a mandar, no es precisamente admirada por los amantes de la opera que la llaman la “Barbie de Bayreuth” o la “Bayreuth (Paris) Hilton”. Sin embargo en muchas ocasiones ha mostrado sensatez en sus opiniones y además se ha visto apoyada por el enorme aparato propagandístico de la oficina de prensa del Festival.
La cosas por fin se dilucidaron el año pasado cuando Wolfgang Wagner anunció su dimisión el 30 de Agosto y fueron elegidas para sucederle sus dos hijas, Eva y Katharina que, tras un pasado bastante reñido, parecen haber firmado el armisticio; reconciliación debida en parte a la inesperada desaparición de la madre de Katharina y al interés de las hermanas por hacerse con el control de institución tan prestigiosa, y que cuentan con el apoyo del Wunderkind de la dirección wagneriana de nuestros días Christhian Thielemann. Nike Wagner se había presentado también como candidata con el apoyo el perejil de todas las salsas operísticas, Gérard Mortier.
Habrá que esperar lo que reserva el futuro a las hermanas. De momento Bayreuth a pesar de contar con el coro para mí más fabuloso de mundo y una orquesta inigualable, ya no es punto de referencia para las representaciones wagnerianas. Los directores de escena también en el Festspielhaus de Bayreuth tiene vara alta para hacer de las suyas como elefantes en una cacharrería, el nivel de cantantes roza lo bochornoso, negándose los más prestigiosos a actuar allí y los grandes directores de orquesta, a excepción de Thielemann, brillan por su ausencia.
Espero por el bien de todos y de los acérrimos wagnerianos, entre los que me encuentro, que la cordura y sobre todo el arte recuperen, en lugar tan emblemático, el puesto que les corresponde “ad majorem gloriam” de Richard Wagner, no de una panda de advenedizos que solo buscan unas finanzas saneadas a cualquier precio.
lunes, 01 de junio de 2009