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Dos cosechas: DVD y televisión

Angel Carrascosa Almazán

Las grabaciones de música clásica en CD van últimamente de capa caída, como todos los melómanos sabemos; al menos las que se hacen en DVD no disminuyen, por el momento, sino más bien lo contrario.

Es un consuelo, pero no las sustituyen por completo, porque, aunque las imágenes sean un complemento, algo que se añade al sonido, hay muchas personas para las que esto no es una solución, pues escuchan música por ejemplo en el coche, o mientras trabajan, y los DVDs exigen atención no sólo del oído, sino también de la vista; si bien en casa, mientras se trabaja, se puede escuchar un DVD sin verlo, con la pantalla apagada, en el coche esto ya no es posible. Al paso que vamos, quienes sólo quieren escuchar, sin ver, me temo que se van a tener que conformar con CDs de hace tiempo, porque cada vez se hacen menos grabaciones sólo en audio. ¡Los artistas actuales y del futuro próximo van a ser mucho menos conocidos que los de generaciones anteriores!
 
Pero volviendo al asunto de los DVDs, me gustaría en esta ocasión hacer saber (a quienes no sean lo suficientemente conscientes de ello) la buena cantidad de filmaciones de gran interés que pueden conseguirse grabándolas de emisoras de televisión, mayormente extranjeras. Además de emitir grabaciones editadas comercialmente en DVD, transmiten conciertos y representaciones operísticas de alto nivel y, lo que es muy importante, con una calidad de imagen y sonido muy satisfactoria.
 
A este respecto, baste un ejemplo: el 1º de enero de 2008 grabé en directo, de una cadena alemana, el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena (el dirigido por Georges Prêtre) con una calidad que, unas semanas después, no superó la edición “oficial” de Deutsche Grammophon.
 
Para quienes tenemos gran curiosidad por conocer cómo cantan, tocan o dirigen éste, aquél o el otro intérprete por el que estamos interesados, la televisión nos ofrece oportunidades únicas de conocerlos mejor. Para dar una idea de la magnitud del fenómeno del que hablo voy a dar un resumen de algunas de las grabaciones, no editadas comercialmente, que de la caja-no-tan-tonta he conseguido por mí mismo o, sobre todo, a través de otros amigos melómanos, de sólo los últimos meses. No todas las he podido escuchar aún con calma, pero de las que sí lo he hecho les voy a dar algunas sucintas opiniones.
 
Del Festival de Lucerna 2008 se pudo captar el concierto con La tempestad de Tchaikovsky, el 2º Concierto de Rachmaninov (con una gloriosa Hélène Grimaud) y una brillantísima suite 1919 de El pájaro de fuego, dirigiendo Claudio Abbado la Orquesta del Festival.
 
Del de Salzburgo 2008 ha habido transmisión de una velada memorable: los Valses nobles y sentimentales de Ravel; el Primer Concierto para piano de Bartók en el que Daniel Barenboim, la Filarmónica de Viena y Pierre Boulez llegaron, cuarenta años después de grabarla juntos, a lo más hondo que se haya escuchado jamás en esta obra; y El pájaro de fuego completo, en el que el compositor-director francés volvió a dictar otra lección magistral comparable a su filmación con la Sinfónica de Chicago en Colonia.
 
De la edición anterior del mismo festival se han divulgado dos actuaciones de la Orquesta del West-Eastern Divan con Barenboim: una en la sala grande, con tres portentosas interpretaciones: la Leonora III de Beethoven, las Variaciones op. 31 de Schönberg (creo que la cima de la velada) y una demoledora a Sinfonía “Patética” de Tchaikovsky (se aplaudió, por cierto, tras el tercer mov.: ¡en todas partes cuecen habas!). La otra, en el Mozarteum, con una modélica Sinfonía concertante para viento de Mozart, lieder de Schumann y Wagner por Waltraud Meier, el Concierto op. 24 de Webern y la Historia del soldado de Stravinsky narrada por Patrice Chéreau (!) y tocada de forma asombrosa por solistas de la orquesta juvenil andaluza-palestina-israelí.
 
Quien muy probablemente es el mayor intérprete haydniano vivo, Sir Colin Davis, no ha grabado, inexplicablemente, La Creación. Pues bien, una transmisión la BBC ha dado a conocer su sensacional recreación del gran oratorio en el Barbican londinense el año 2007, con una maravillosa Sally Matthews, un espléndido Dietrich Henschel y un no tan acertado Ian Bostridge, además de los magníficos Coro y Orquesta Sinfónica de Londres.
 
Los “Proms” de la capital británica son una mina: de 2006 he visto y escuchado un concierto de la Orquesta Filarmónica de Londres (con el Coro correspondiente más el Philharmonia) con un infrecuente programa dirigido por el talentoso Vladimir Jurowski: A Relic of Memory de Turnage, el Segundo Concierto para piano de Prokofiev (con un poderoso y fulgurante Nikolai Lugansky) y Las Campanas de Rachmaninov.
 
Sólo de 2008, la cosecha audiovisual de los “Proms” es abundante y repleta de tesoros: Chicago Remains de Turnage y una granítica y equilibrada pero poderosa y sobrecogedora Sexta de Mahler por la Sinfónica de Chicago y Bernard Haitink; La Ascensión (por el organista Olivier Latry) y Et exspecto resurrectionem mortuorum de Messiaen más la Sinfonía con órgano de Saint-Saëns con la Filarmónica de Radio Francia dirigida por Myung-Whun Chung (mucho mejor las dos primeras obras que esta última); el Concierto de Beethoven con uno de los más grandes violinistas surgidos los últimos años, Nikolaj Znaider, que realiza la interpretación más bella, lírica e interiorizada que he escuchado en lustros (superando de lejos su grabación con Mehta) y una sólo correcta Segunda de Sibelius, ambas partituras con Colin Davis dirigiendo la Orquesta Juvenil Gustav Mahler.
 
Simon Rattle, por su parte, volvía a su país al frente de “su” Filarmónica de Berlín para dirigir dos grandes sinfonías: una muy convincente Tercera de Brahms y una impactante Décima de Shostakovich; el pujante Lang Lang ofrecía un recital con desiguales interpretaciones, con tendencia al exhibicionismo, de Mozart, Chopin, Liszt, Debussy y Rachmaninov, cuyo punto culminante era, sin duda, la bellísima Fantasía D 940 de Schubert al lado de un pianista chino de ¡nueve años!, Marc Yu, al que me parece que esa actuación basta para considerar una mente musical superdotada hasta lo inexplicable.
 
Barenboim ofreció con su “Diván” una modélica Sinfonía concertante de Haydn, unas Variaciones op. 31 de Schönberg casi tan extraordinarias como las de Salzburgo y una Cuarta de Brahms de inmensa emoción; la propina fue quizá lo mejor, un arrebatador Preludio I de Los maestros cantores.
 
Tan formidable como el que más entre los conciertos de los Proms fue el de Boulez con el Coro y la Orquesta Sinfónica de la BBC en un programa Janácek: aunque Boulez ha dirigido poca música del autor de Jenufa (creo que sólo ha grabado, y recientemente, en DVD Desde la casa de los muertos), aquí se revela como un intérprete colosal de la Sinfonietta, el Capriccio y la Misa Glagolítica, una de las más radicales y antirrománticas y al tiempo seguramente la más emotiva que haya escuchado, que contó con actuaciones sensacionales de la soprano Jeanne-Michèle Charbonnet y el tenor Simon O’Neill (¡atentos a este nombre!).
 
También se ofrecen conciertos celebrados hace tiempo, por ejemplo un programa desde el Theater des Westens de Berlín: una actuación de la Junge Deutsche Philharmonie (1983) con el Tercer Concierto de Beethoven y la Novena Sinfonía de Schubert. Daniel Barenboim y Lorin Maazel en la única colaboración conjunta de la que teníamos noticia. O un programa Monteverdi en Saint Denis con madrigales e Il Combattimento, a cargo de Patrizia Ciofi, Rolando Villazón y Topi Lehtipuu, Le Concert d’Astrée y dirección desde el clave de Emmanuelle Haïm, apasionante interpretación en paralelo con su grabación (sólo en audio) para Virgin.
 
A diferencia de las casi siempre grises transmisiones españolas (que ofrecen, por ejemplo, diversas grabaciones de Igor Markevitch con la Sinfónica de RTVE), la mayoría de las citadas tienen una calidad notable o sobresaliente; el volumen sonoro con el quedan grabadas directamente en el DVD recorder suele ser bajo (lo que no es gran problema cuando se dispone de un buen equipo de reproducción) y, algo más grave, a veces la compresión dinámica (el acercamiento entre los mayores fortes y los pianos más suaves) es apreciable, cuando no considerable; esto último no tiene arreglo. Aun así, la mayoría de las veces la música se ofrece en condiciones suficientemente disfrutables.
jueves, 01 de enero de 2009
Comentarios
vicente acuna
# vicente acuna
viernes, 16 de enero de 2009 12:25
Despues de años comprando grabaciones piratas a precios altisimos, las televisiones publicas estan poniendonoslo mas facil editando autenticas joyas, pero deberiamos de seguir insistiendo, no solo en Europa sino en EEUU, con orquestas fabulosas de los 50, 60 y 70.Es una lastima que las grabaciones de Celibidache salgan a cuentagotas, con la cantidad de fondos en soporte video que hay del rumano.Y para cuando exhumaran grabaciones de la extinta URSS??El mercado del disco languidece pero porque no hay mas que ganas de vender la novena de beethoven por Karajan, y asi no se puede ir.
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