Blogs / Foros

NOTA:
Comentarios sólo Socios del Club.
Inscríbase, es gratis.

Autores blogs
Últimas entradas

Los peligros del exceso

Francisco Villalba Talavera

Rolando Villazón comenzó una carrera fulgurante hace unos años, no muchos; un gran sector de público y crítica le adoraban, otros, entre los que me encuentro, bastante menos. Nunca negaré que poseía una comunicatividad extraordinaria y que cada vez que aparecía en el escenario se dejaba la piel. Pero desde un principio me pareció que forzaba una voz “per se” lírica enmascarándola con sonidos propios de un tenor spinto. Por eso culpo en gran parte de lo que le ocurre en la actualidad a algunos que le lanzaron en sus inicios sin aconsejarle debidamente. Sobre todo cuando dos de esos algunos fueron Plácido Domingo y Daniel Barenboim. Sé que es difícil resistirse al triunfo rápido, a la adulación, al aparato publicitario que hoy rodea a algunos cantantes de ópera, salvo cabezas tan bien organizadas como la de Netrebko que es una rarísima “avis”, pero aún así, Villazón siempre me ha parecido un kamikaze del canto que se lanzaba a tumba abierta en una carrera imparable hacia el fracaso.

Todo esto viene a colación tras escucharle su último concierto en Salzburgo, en el Gossesfestspielhaus, el pasado día 15 de Agosto acompañado por ese enorme pianista que es Gerold Huber, al que tantas veces hemos escuchado en Madrid con el grandísimo, este sí, Christian Gerhaher. El programa constaba de una primera parte con el Diechterliebe de Schuman y una segunda con La vie antérieure, Chanson triste y Le manoir de Rosemonde de Henri Duparc, Chanson de l’adieu de Tosti, Après un reve de Fauré, Ouvre tes yeux bleus de Massenet y cuatro canciones de Obradors: Al Amor, Corazón, por qué pasáis,  Del cabello más sutil y Chiquitita la novia.

Pues bien, como es habitual en los recitales de este cantante, se anunció que el tenor había decidido cambiar el orden del programa, dejando el Diechterliebe para la segunda parte. Hasta aquí todo aceptable. Pero lo que nos ofreció con el primer bloque fue lamentable; su voz está rota, sin agudos, con un medio opaco inaudible y sobre todo una absoluta carencia de estilo. Como siempre, cantó “Andrea Chenier” y nada más alejado de la melodía francesa que ese constante exceso, esa extroversión sin sentido. No se le escuchó un piano, un matiz, todo fue bramado y vulgar; tres cuartos de lo mismo ocurrió con las obras de Mompou en las que no se le entendió ni media palabra. Pero lo peor estaba por venir ¿A quién se le ocurre cantar el Dichterliebe en la ciudad donde lo han hecho los más grandes especialistas de los que se tiene memoria y ante un público de lengua alemana? Solamente a un suicida y pagó las consecuencias.

Sus incondicionales le aplaudieron pero la mayoría del público no y la crítica le ha masacrado en su mayoría comparando además su “desastre” con la gloriosa actuación del Netrebko y Beczala en Romeo y Julieta de Gounod. ¿Qué necesidad tenía Villazón de ofrecer un espectáculo tan lamentable? Le han exprimido como un limón; ya veremos cuando vean que le falta el jugo lo que se le avecina.

Todo esto lo escribo con verdadera pena porque bien aconsejado podía haber sido un cantante, quizá con menos relumbrón, pero notable. Una verdadera lástima.

miércoles, 01 de septiembre de 2010
Comentarios
Sólo puede participar con sus comentarios si es socio del Club. Inscríbase, es gratis.
Esquina inferior izquierda Esquina inferior iderecha
Portal web DotNetNuke por DOTWARE tecnología a punto   GEN. 0,125 s