Si piensa que el jazz es una música sin sentimiento, monótona o exhibicionista es que no ha escuchado a Bill Evans. El pianista americano está considerado –con razón y no siempre ha sido así- como uno de los más importantes e influyentes de la historia en su terreno. Evans me recuerda a Arrau; un pianista que, sin hacer mucho ruido, es capaz de desplegar una serie de recursos que, más allá de la velocidad o la fuerza con que se puede llegar a tocar, dejan a uno anonadado. Es decir, poseen una verdadera y completa técnica. La formación clásica que recibió tuvo influencias además sobre su modo de concebir el jazz: la introspección, el lirismo, la poesía, los sentimientos –contenidos- hechos sonido o los ritmos disueltos entraron a formar parte de un mundo que ya había trascendido barreras en una dirección, pero que quedaba por explorar en esta otra.
Su reputación crece tras participar en el mítico Kind of Blue de Miles Davis, pero su verdadera dimensión como músico queda patente en las grabaciones con el malogrado Scott LaFaro y Paul Motian, en un trío absolutamente irrepetible donde batería, bajo y piano hablan de tú a tú en auténtico diálogo camerístico repleto de melodías “cantadas”, medias voces y emociones contenidas. Waltz for Debby o Sunday at the Village Vanguard recogen momentos sublimes del “poeta del piano” y constituyen un legado de incalculable valor musical. Imprescindible.
Discografía seleccionada:
Sunday at the Village Vanguard (1961). Bill Evans Trio. (Riverside)
Waltz for Debby (1961) .Bill Evans Trio. (Riverside)
Portrait in Jazz (1959). Bill Evans Trio. (Riverside)
Conversations with myself (1963). Bill Evans, piano. (Verve)